A patear latas (12)

La casa comercial decidió contratar a otro postulante y tuvo la amabilidad de desearme la suerte de encontrar algún otro trabajo relacionado con Latinoamérica, y yo decidí postular a otro trabajo, de otra central de llamadas, por medio de una agencia de envío de personal. El jueves por la tarde fui a la entrevista y prueba de habilidades requeridas, que incluían:

  • Manejo de Office (Word, Excel, Velocidad de tecleo)
  • Dominio de español (hacer el rol de intérprete para una conversación entre una operadora de telefonía y una cliente hispanohablante que tenía prevista una mudanza y deseaba seguir con su contrato de teléfono fijo en su nuevo domicilio…)
  • Traducción por escrito (de español a japonés, dos frasecitas que parecían ser notas sobre condiciones/restricciones aplicadas a algún programa de descuento)

Y… me dieron la calificación de “excelente” y “mejor que los intérpretes ya contratados”, para sorpresa de la chica, aparentemente latina nikkei, que hizo los papeles de mis interlocutoras en la prueba de español, como también para el señor responsable de la oficina, con que afirmaron llevar adelante el trámite para enviarme como intérprete a una filial de una de las más conocidas operadoras de telefonía e internet de Japón. Bueno, debe haber sido una sorpresa que alguien como yo que había estudiado y trabajado siempre en el área de ingeniería-electrónica-informática fuese capaz de servir de intérprete de tal manera, pero el hecho es que, aunque fuera como voluntario/amateur, tengo bastante experiencia de traductor/intérprete e incluso he acompañado varias veces a amigos latinos a comprar teléfonos celulares, a hacer contratos de teléfono fijo o a preguntar cosas relacionadas, por lo que no me resultó difícil el juego de roles que me pidieron esta vez.
Así es que, si todo va bien, muy probablemente empezaré a trabajar nuevamente desde octubre o un poco antes, esta vez como intérprete profesional.
Ojalá que no cambien de parecer…

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A patear latas (11)

El jueves fui a la oficina de la casa comercial, a conversar con el encargado. Es una tienda tipo minimarket con una ventanilla de remesa de dinero al extranjero y atrás su oficina donde también se trabaja en la parte de tienda virtual, que espero se convierta en mi centro de trabajo.
La “entrevista” fue bastante relajada y entretenida, donde conversamos sobre mi anterior trabajo (de programador de microprocesadores y de administrador de sistemas), que no precisamente tiene que ver con el trabajo que ahora me podrían dar pero que no se sabe si de repente sirve en caso de que fallen sus computadoras o que necesiten instalar nuevas aplicaciones, etc. o no se sabe si fue por mera curiosidad suya; sobre mi experiencia con los latinos; y sobre mi afición de correr, que obviamente no servirá para el trabajo pero al menos será para afirmar que no tengo problema de salud y que soy más fuerte que débil, físicamente hablando. Luego el señor me invitó a mirar la tienda y me explicó las mercancías que tenían, consistentes básicamente productos alimenticios de Brasil, Perú, México, Argentina, Paraguay, etc y un poco de utensilios de cocina, como cuchillos, y para churrascos, que podían ser para restaurantes y hoteles si no para clientes individuales… De paso me presentó a los dependientes que por casualidad estaban presentes, un brasilero y unos japoneses con sus experiencias con Latinoamérica (nacido en Paraguay, o que ha vivido en Chile, o… etc).
Fue un ambiente agradable y me pareció bastante atractivo trabajar ahí, y creo que no habría ningún inconveniente para nadie…., pero el único obstáculo es el hecho de que no soy el único candidato. El señor me afirmó que había más candidatos y por eso me avisaría dentro de una semana si me eligen a mí o no.
Así que es una semana de espera, con mucha inseguridad porque no se sabe qué tipo de personas serán los demás candidatos. Si resultan ser personas más adecuadas que yo para trabajar ahí, tendré que buscar otra opción más. Tengo mucho miedo.

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A patear latas (10)

La central de llamadas no volvió a tener comunicación alguna conmigo, lo cual vendría a ser la famosa oración silenciosa o una forma de expresar su negativa. Bueno.
Sin arrastrar demasiado la secuela de los dos fallidos intentos (de la escuela de japonés y de la central de llamadas) estoy ahora postulando a una oferta de trabajo de una casa comercial especializada en productos importados de Latinoamérica. Será para operación de su tienda virtual dirigida aparentemente a clientes japoneses y no requiere conocimientos de idiomas extranjeros pero, según la descripción de su empresa, ahí trabajan compañeros japoneses y extranjeros (hispanohablantes y brasileños) con que obviamente debe ser más atractivo para quienes hablan español o portugués.
Fue en la misma página de bolsa de trabajo donde encontré lo de la central de llamadas y ahora la oferta de esta casa comercial latina, a la que primero mandé mi nombre, edad y datos de contacto sin más detalles a través de un formulario que disponía dicha página… sin guardar demasiada esperanza en realidad, sin imaginar que esa misma noche recibiría la respuesta de la empresa, que me preguntaba algo muy insólito: si postulaba ahí por algún malentendido o no (si de seguro postulaba para trabajar ahí a tiempo completo y cinco días a la semana) y si, para desear trabajar para una empresa fuertemente vinculada a Sudamérica, tenía yo algo que ver con Sudamérica, etc. Sin esperar hasta la mañana siguiente le mandé mi respuesta, donde aclaré mi condición de desempleado desde junio (para estar buscando un trabajo a tiempo completo, sí) y mi experiencia con latinos desde hace más de 20 años (amistades personales y actividades voluntarias de traductor, etc. para convivencia con los latinos en Japón) sin dejar de agregar, por si acaso, el hecho de que por casualidad existió un restaurante peruano cerca de mi anterior trabajo, a donde tuve el gusto de llevar a mis entonces colegas para que probaran los platillos típicos del país sudamericano en más de una ocasión, donde todos quedaban muy a gusto a pesar de que eran personas muy poco familiarizadas con la cultura sudamericana.
Mi respuesta, igualmente insólita, parece haberle impresionado y gustado bastante al señor encargado de la empresa, quien me ha invitado amablemente a visitar su oficina para enseñarme su centro de trabajo y conversar. Así es que conversaremos el jueves que viene.
Ojalá que me vaya bien, para empezar a trabajar en algo que realmente me interesa y me gusta, por fin.

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A patear latas (9)

El jueves fui a la entrevista del centro de llamadas multilingüe, donde, además de la conversación con los encargados, me hicieron tres pruebas:
Un pequeño examen, aparentemente sobre el conocimiento en general y sobre la personalidad del examinado,
Un test de velocidad de escritura en el teclado,
y prueba de interpretación por teléfono.
En el examen de conocimiento general fui de lo más desastroso en cuanto al conocimiento de caracteres chinos y no me fue bien tampoco en la prueba de interpretación, porque, si es para poner excusas, fue la primera vez que me hicieron traducir de esa manera, estando yo en un lado y las otras dos partes (una extranjera hispanohablante y un japonés) alternándose en el otro lado de la línea, a lo que no fui capaz de adaptarme de una vez, además de que por las informaciones averiguado de antemano, me imaginaba otra forma, una video conferencia para poder conversar las tres partes (yo, un/a hispanohablante y un/a japonés/a) mirándonos cara a cara en la pantalla. En fin, no podría quejarme si no me contratan.
Por otro lado, sí que fui excelente en cuanto a la velocidad en el teclado y… Al principio creía que era una prueba para registrar una bitácora o algo como base de datos sobre las llamadas atendidas en español pero resultó ser otra cosa: en alguna otra sección de la misma oficina necesitaban más personal para pasar no sé qué datos o documentos a la computadora y veían la posibilidad contratarme ahí como “mecanógrafo” en vez de traductor, lo cual parece muy probable porque ahí aparentemente están muy ocupados mientras que sobran candidatos para traductores de español.
Así es que, si es que no me rechazan del todo, bien puede ser que me contraten íntegramente como “mecanógrafo”, o bien como un 80% mecanógrafo y 20% traductor, etc., (con la posibilidad de que me permitan pasar completamente a la sección de traductores cuando renuncie algún otro traductor). En el primer caso no sé si aceptaré la oferta mientras que en el segundo caso, quizá sí.. no estoy muy decidido.
En cuanto a las horas de trabajo, aclaré que deseaba trabajar de lunes a viernes de 9:00 a 18:00 pero me preguntaron si podría trabajar más días o más horas, sobre todo los sábados y domingos, porque así atareados están los mecanógrafos… Bueno, yo no estoy muy deseoso porque quisiera tener el fin de semana para mis entrenamientos y carreras, pero, bueno, quizá aceptaría trabajar de vez en cuando si, al menos, es para días que no coincidan con mis medias maratones. No sé.
Y… eso de trabajar los fines de semana afectaría también lo que podía ser mi otra pretensión, la de aprender a enseñar japonés por un curso a distancia, porque sin el tiempo necesario reservado resultaría difícil planificar mis estudios a solas. En tal caso se me ocurre que sería más práctico, aunque cuesta más, asistir a un curso presencial y nocturno, y quizá puede ser la mejor manera ahora, porque por casualidad la oficina del centro de llamadas está en una zona donde se concentran numerosas escuelas de japonés, con sus cursos de formación de maestros también. Averiguo más y encuentro que una de las escuelas tiene un curso nocturno donde admite nuevos estudiantes en cualquier época del año. Si decido entrar ahí para estudiar las 420 horas de clases requeridas, conseguiré el título de maestro de japonés dentro de siete meses si es que todo va bien…, lo cual me parece muy bien.
El lunes sabré si me contrata o no el centro de llamadas (ojalá que sí… para traductor) y por ahora sigo pensando.

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A patear latas (8)

La escuela de japonés tuvo la amabilidad de enviarme lo que aquí se conoce como “mensaje de oración”, o una notificación de rechazo que típicamente termina orando por la buena suerte de la persona rechazada y de ahí el apodo de “mensaje de oración” en la jerga de los que buscan trabajo aquí.
Y… ¿qué hago? Mi deseo (sin tomar en cuenta la factibilidad) sigue siendo conseguir algún día el título de cocinero y el de maestro del idioma japonés pero a ver:
Lo más práctico para conseguir el título de maestro de japonés sería tomando un curso autorizado de 420 horas (sea, durante medio año más o menos) y cuesta alrededor de 50-60 mil yenes. Pero ahora tengo otra duda: ¿de terminar el curso de medio año, conseguiré sin mucha dificultad un trabajo más o menos estable? Por ahí creo que para ser maestro se requerirá, además del conocimiento, creatividad, habilidad de improvisar y esas cosas para así realizar clases atractivas (“atractivas” para ojos de los encargados de recursos humanos de las escuelas de japonés) y la verdad es que no sé si tendré tal aptitud. En caso mío, quizá pueda ser para pequeñas clases grupales o sin mucha formalidad… pero así no sería fácil encontrar trabajo…
Por otra parte, si es para ser cocinero, sería un curso diurno durante un año o uno nocturno durante año y medio. El diruno empieza típicamente en abril mientras que el nocturno, en diciembre. Y cuesta un millón 300-400 mil yenes. Para empezar desde octubre hay demasidado poco tiempo y para empezar en abril, sería una espera de medio año y de ahí un año de estudio… y no sé si sería conveniente pasar tanto tiempo para, recién desde el octubre de 2020 si todo va bien, empezar a buscar trabajo…

En fin… sigo mirando sitios de ofertas de trabajo y noto que al menos hay ofertas para trabajar como traductor de español para centrales de atención al cliente por telefóno o algo como call centers. No son trabajos bien pagados ni estables, pero se me ocurre que, tratándose de un trabajo pagado, al menos podría figurar como mi “carrera profesional como traductor” a diferencia de tantas experiencias que tuve de voluntario no remunerado, y puede ser un ingreso para cubrir mínimamente la vida y a la vez me permitiría ir progresando como traductor. Así que.. quizá no esté tan mal trabajar así en call center por ahora, sin dejar de buscar mejores ofertas de trabajo y quizá tomar un curso a distancia para aprender a enseñar japonés. El curso a distancia no da automáticamente el reconocimiento como maestro (hay que aprobar el “examen de competencia para enseñar el idoma japonés”) pero tiene la ventaja de que es mucho más barato (cuesta algo de 100 mil yenes) y ahí se puede aprender en cualquier momento y lugar si es que se tiene la voluntad.
Así es que por ahora me parece más factible y realista la opción de “Trabajo de traductor en call center + Curso a distancia para ser maestro de japonés”. ¿Será posible?, o ¿funcionará bien?
Se aceptan opiniones y propuestas… y ¡ofertas de trabajo!

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A patear latas (7)

Justo cuando andaba indeciso sobre la posibilidad de aprender a enseñar japonés, milagrosamente, milagrosamente encontré una oferta de trabajo de una academia de japonés que podía ser para mí. No era para enseñar sino de tareas administrativas y encargado especialmente de soporte a los alumnos hispanohablantes, ya sean trámites de matrícula y visa, despejar sus dudas sobre la vida en Japón, etc. Un trabajo que requiere el español en toda el área y … es un puesto estable a tiempo completo. Perfecto.

Dada mi mucha experiencia de actividades voluntarias (intérprete en consultas para extranjeros, traducción de papeles para trámites de visa, matrimonio, etc. ayudante de clases de japonés, soporte a maestras latinas de clases de español, traducción de documentos de diferentes tipos de una ONG de cooperación internacional.., etc), ¿quién más puede ser más apto que yo para el trabajo de la academia de japonés?

Ya mandé mi currículum, resumen de mi carrera profesional y un papel extra de mi presentación personal centrada en mis experiencias de voluntario en el área de intercambio internacio y cooperación internacional.

Ojalá que me inviten, al menos, para una entrevista.

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A patear latas (6)

Sigo sin tener la menor idea de cómo voy a subsistir mientras que el tiempo pasa igual, en vano.

Al no tener nada especial que hacer, la semana pasada decidí conversar con una agencia de colocación especializada en ofertas de trabajo en México. No tuve este primer contacto para postular a algún trabajo en especial sino solo para registrarme como solicitante en dicha agencia y…, bueno, a pesar de que su publicidad daba la impresión de que en México abundaban ofertas para japoneses con conocimiento del español, nada pareció fácil para mí, como ocurre en cualquier parte. Y es que solo soy un desconocido sin experiencia en todos los sentidos: sin experiencia profesional como traductor ni en cualquier área relativo a trabajos internacionales y sin experiencia tampoco de haber estudiado, trabajado, vivido en México… sin siquiera haber pasado por ahí de viaje, lo cual ya debe ser un motivo suficiente para que los encargados de recursos humanos se desanimen con alguien como yo, porque, claro, ¿quién puede estar seguro de que alguien así, de ser contratado, llegará a un desconocido país como México, se adaptará y trabajará y cumplirá con todas las expectativas….? Debe ser mucho menos riesgoso contratar a algún otro, a menos que yo mostrase una férrea y convincente determinación de trabajar en México, mientras que por el momento estoy aún indeciso y dubitativo, sin tomar la opción mexicana como la única y definitiva sino una entre muchas otras. Creo que es mejor averiguar más y volver a conversa con la agencia mexicana, si así decidiera, cuando tenga todas las ideas más claras y determinadas.

Por otra parte, una madrugada, durante mi matinal corrida de 22km, se me ocurrió pensar en la posibilidad de ser maestro del idioma japonés. Sé que es un oficio mal pagado y de condiciones laborales muy inestables, pero definitivamente debe haber y habrá mucha demanda si se toma en cuenta la cantidad de residentes y trabajadores extranjeros que va en aumento en estos últimos años, además de la posibilidad de enseñar en el extranjero. Y una ventaja sería que si es para enseñar el japonés por el método directo (sea, sin otro idioma intermediario), podría ser con alumnos de cualquier nacionalidad, a diferencia de traductores o guías turísticos, etc. que solo podrían atender a clientes de determinados idiomas. Que yo sepa, existen dos maneras para ser un maestro de japonés con reconocimiento: (1) aprobar el examen de competencia en la enseñanza del idioma japonés, o (2) completar el curso de formación de maestro de idioma japonés, que será de 420 horas (5 meses de duración). Bueno, alguna vez he sido ayudante, voluntario y muy incompetente, de una clase de japonés de una asociación de intercambio internacional durante unos meses y sé muy bien que no es nada sencillo pero no deja de ser interesante… y ¿valdrá la pena intentarlo ahora en serio?

 

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