Archivo mensual: noviembre 2012

Crónica de un examen (1)

Antecedentes

Odio los exámenes, que no hacen otra cosa que ponerme re-nervioso y dejarme tan estresado. Definitivamente es una seria amenaza para la salud mental y física, y por eso no quise volver a dar ninguno después de mi última vez en otro siglo. Fue así que no pensaba animarme esta vez tampoco, pero ocurre que no sé qué capricho me dio, una noche de julio estaba buscando información sobre un evento relacionado a las fiestas patrias de un país andino y me topo con otra información, que resultó ser sobre el tan comentado DELE, cuyos exámenes se iban a realizar más próximamente a finales de agosto y yo justo estaba a tiempo para inscribirme. Quizá haya sido la psicología del consumidor que corre a la rebaja de última hora antes del cierre del supermercado, o quizá no, pero el hecho es que tras comprobar que no tenía inconvenientes, terminé inscribiéndome. Ay, capricho de una noche de verano

Preparación

De todas maneras, el hecho es que quedé inscrito para dar el odiado examen. No pensé estudiar mucho, porque mi intención podía ser simplemente obtener una confirmación del conocimiento que ya tenía (bueno, algunos fijarán un alto objetivo para así motivarse a esforzarse por progresar, pero eso no fue mi caso) y para eso elegí el nivel que me pareció más o menos pasable: el B2, que, sin embargo, empieza luego a parecerme no tan fácilmente pasable y yo, para no echar a perder la nada barata ofrenda que pagué a Cervantes, me resigno a hacer un esfuerzo.

El principal reto era la expresión escrita o “producción de textos escritos” (ver los modelos de exámenes anteriores): redacción (carta, ensayo, etc.) sobre dos temas, en 150-200 palabras cada tema, en una hora en total… A ver, las entradas de Meu Quaderno tienen alrededor de 300 palabras y de ahí se podría tener una idea del volumen de texto exigido, pero la diferencia es que en caso del examen hay que hacerlo todo a mano (sin contador automático de palabras ni procesador de texto) sobre temas que no se nos ocurren a nosotros sino a Cervantes, con que necesitaría entrenarme (1) a regular el formato y volumen del texto sin más herramienta que lápiz y goma y (2) a improvisar y ordenar las ideas sobre cualquier tema con suficiente rapidez. Soy demasiado perezoso para estudiar seriamente, pero diré que hice un esfuerzo durante una semana o semana y media (no durante un mes… porque tardé semanas en darme cuenta de la gravedad del asunto), ensayando la redacción sobre tres o cuatro temas por día (dedicando 30-60 minutos antes de salir de casa por la mañana, a la hora de almuerzo en la oficina y luego de volver a casa por la noche).

Primer día (1)

Llega el día y acudo al lugar, una amplia aula de una universidad particular en el centro de Tokio. Llego más de media hora antes y aún está clausurada el aula, frente a cuya puerta están ya muchos candidatos, conversando o estudiando. Muchos tienen libros de preparación, cuadernos y diccionarios, etc. y se nota que estudian con mucha seriedad… Si es un examen que exige tanta preparación, ¿será que me he metido en un lugar equivocado? Bueno, lo peor ocurre luego de entrar al aula: leo las instrucciones en la pizarra y recién me doy cuenta de que hay que usar bolígrafo en la prueba de expresión escrita, cuando yo equívocamente creía que durante todo el examen se usaría solamente lápiz. Busco en mi cartuchera, donde conscientemente había metido solo lápices, sacapuntas y goma para que no estorbaran cosas de más… Por casualidad tenía un bolígrafo, pero medio roto y no resistiría para redactar 400 palabras. O sea, ¿es un acabóse ya? Bueno, miro el reloj y aún quedan 10-15 minutos para el inicio del examen. Está permitido salir para ir al baño, así que decido salir y corro, no hasta el baño sino hasta una tienda de conveniencia que había visto a un paso de la universidad. Ida y vuelta entre la sala (en el 7° u 8° piso del edificio) y la tienda para conseguir un bolígrafo, qué tal carrera con obstáculos… Olímpicamente superé la eliminatoria.

(Continuará)

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Caso WA-15xx

El acusado llegó a Japón hace unos siete años pero no domina el idioma japonés, lo que constituye una gran desventaja en la búsqueda de trabajo, ya de por sí difícil aún para los propios japoneses en la presente crisis económica. De ahí fue que quiso tener la licencia de conducir porque con la habilidad de manejo y el medio de transporte propio, podría ampliar las opciones en su búsqueda de empleo, tanto sobre el tipo de trabajo como sobre la distancia entre la viviendo y el centro de trabajo.

Para conseguir la licencia de conducir, de nuevo tuvo que enfrentar la barrera del idioma pero encontró, por medio de un aviso aparecido en un periódico de los chinos radicados en Japón, una autoescuela que supuestamente hacía posible conseguir la licencia sin necesidad de saber el japonés. Se matriculó y pagó el costo de 380.000 yenes, además de mudar su dirección de domicilio: vivía y siguió viviendo en la prefectura de Aichi pero nominalmente se registró como habitante de Tokio porque así le indicaron.

La extraña mudanza le podría haber hecho sospechar que detrás habría estado sucediendo algo raro, pero no tanto como para tener la seguridad de que se trata de un caso de fraude, según afirma el acusado, que solo tendría esa seguridad cuando, recién el día anterior del examen de la “licencia provisional” (licencia para practicar el manejo en la vía pública), le avisaron la forma del fraude: el acusado acudiría al lugar de examen con un especial auricular oculto en su oído y un teléfono celular, también oculto en su bolsillo, comunicado con los de la autoescuela, quienes tienen en sus manos los papeles de preguntas del examen que no se sabe de dónde consiguieron. Hay varios papeles y no se sabe cuál se usa para cada fecha pero se coordina que el acusado, desde la sala de examen, haría toses por determinado número de veces con que se identificaría el papel de examen del día y de ahí los de autoescuela le comunicarían las respuestas correctas de las preguntas.

Así fue. Y el acusado consiguió su licencia en abril del 2012 y también compró un carro.

Pero el asunto no termina ahí, porque poco después de destapa el escándalo del grupo de chinos que realizaban el fraude…

El acusado que enfrenta hoy su juicio afirma que fue solo un ignorante “cliente” que quedó involucrado en el caso sin saber del fraude sino hasta el día anterior del examen de la licencia provisional, momento en que sí tuvo la seguridad de estar cometiendo un delito pero, por el temor a perder todo lo invertido hasta entonces, no pudo sino continuar con su plan. Luego del destape del escándalo, reconoce su culpabilidad y por eso devolvió ya su licencia, se deshizo también del auto, colaboró con la investigación y jura que la próxima vez intentaría sacar la licencia de manera correcta luego de aprender bien el japonés.

Su abogado defensor cita como testigo a su madre, ex “huérfana dejada en China” (dícese de los niños japoneses que, habiendo estado viviendo con su familia en el territorio chino controlado por Japón durante la Segunda Guerra Mundial, perdieron comunicación con su familia en la época de confusión al término de la guerra y tuvieron que seguir viviendo en China, criados por vecinos chinos, etc.), que cuenta que debido a la pobreza que pasó en China, su hijo no terminó la educación primaria pero no es mala persona, sin cometer delitos anteriormente, y tras conseguir la licencia ayudaba a su madre a llevar cosas pesadas (cuando compraba arroz, por ejemplo), aparte de que la madre misma está dispuesta a controlar a su hijo para que no vuelva a cometer errores. Por otra parte, el acusado ya ha recibido un nivel de castigo, al perder el dinero y tiempo invertido, trabajo, y tanto molestia causada a su madre y otros familiares, que tuvieron que hacer lo posible para reunir el dinero para poner al acusado en libertad bajo fianza… Una historia para pedir un castigo indulgente, mientras que el fiscal resalta el hecho de que el acusado no dejó su plan aún después de saber el fraude; fue un acto egocéntrico del acusado, al que solo le importaba su conveniencia de tener la licencia, aún a pesar del peligro de cometer accidentes y causar daños a los demás al manejar sin debido conocimiento de reglas de tránsito y el idioma. De ahí que se pide un ejemplar castigo severo, que serviría también para disuadir a otras personas de comentar similares fraudes…

 

De un caso de fraude donde se supone que más de 300 personas sacaron su licencia de manera ilícita, que saló a la luz en julio pasado… Si simplemente lo leo en un artículo así, lo veo como un delito ajeno y a veces no le presto mayor atención, pero si por casualidad asisto a observar un juicio, hay casos que tienen mucho detalle y mucha historia personal.

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Teclado japonés

Ahora me estoy poniendo a probar a aprender a manejar el teclado japonés:

Bueno, siempre he usado el “teclado japonés” o el “teclado JIS” para ser más exacto) pero utilizando solo el alfabeto incluso para escribir japonés, sea, tecleando el japonés en alfabeto para que la computadora lo convierta sílaba por sílaba en kana (silabario japonés) y luego en caracteres chinos, siendo esta la manera más utilizada (creo) sin necesidad de saber la distribución de las teclas en kana. No tengo ningún problema así pero, bueno, es solo un capricho para probar algo diferente, a ver qué tal funcionaría al escribir el japonés en kana propiamente dicho, utilizando las teclas en kana (por el kana impreso en la parte inferior-derecha de cada tecla).

Se podría decir que es un método bastante impopular, utilizado por muy pocos, por algunos inconvenientes:

  • Resulta fastidioso memorizar la posición de casi 50 kana en el teclado, además del alfabeto que igual hay que aprender a manejar. (Si se utiliza el sistema de conversión alfabeto-kana, basta con aprender solamente la posición del alfabeto).
  • Para manejar los casi 50 kana distribuidos en cuatro filas (las tres filas compartidas con el alfabeto más la fila superior compartida con numerales), es difícil mantener la correcta posición de los dedos y también es trabajoso porque hay que mover los dedos por más distancia.
  • No es muy buena la distribución de los kana, que obliga a trabajar demasiado a los dedos meñiques, por ejemplo…, algo que seguramente tiene que ver con su origen, que vendría de la máquina de escribir para katakana diseñada hace casi un siglo, en tiempos en que no existían maneras científicas/estadísticas para analizar la frecuencia de aparición de cada uno de los kana y/o sus posibles combinaciones, etc.

Por otro lado, hay personas partidarias de escribir directamente en kana, sin recurrir a la conversión alfabeto-kana, con algunos argumentos:

  • Al necesitar pulsar solo una tecla por sílaba (en lugar de dos o tres teclas por sílaba en caso de usar el alfabeto), se podría escribir más rápido y con menos movimiento de los dedos.
  • Al no necesitar la “traducción” mental de kana a alfabeto antes de teclear, se podría escribir con más naturalidad y sin causar confusión innecesaria.

En cuanto a la forma de introducir caracteres japoneses en la computadora y su teclado, ha habido bastante discusión y numerosas propuestas, como el llamado “teclado nicola” (de buena fama sobre su eficacia para escribir directo en kana, con su teclado en que los medio centenar de kana están repartidos en las teclas en tres filas, en la misma área que los alfabetos) y numerosos otros (descripciones y mapas de algunos teclados aquí), y parece que es un tema importante para quienes necesitan escribir mucho y rápido (y entre este tipo de personas se supone que hay muchos seguidores del teclado nicola) pero no tanto así para la mayoría de la gente común, que en muchos casos termina utilizando el sistema de conversión alfabeto-kana para introducir el japonés sin dudar, con que, en la práctica, los kana impresos en cada tecla del teclado JIS terminan siendo un mero adorno, cuya única función pareciera haberse reducido a la de dar la apariencia de que “Este teclado fue hecho para el mercado japonés”.

De todas maneras, a pesar de su impopularidad, funcionar funciona el teclado kana, a ver qué tal…

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Impulso Azul

Japón renuncia para siempre a la guerra y la amenaza/uso de fuerzas como medio de resolver disputas internacionales, y por eso nunca mantendrá fuerzas terrestres/marinas/aéreas ni tampoco reconocerá el derecho de beligerancia del Estado, o así establece el artículo 9 de la Constitución del Japón.

La idea parece bien clara pero la realidad resulta más complicada, empezando por el hecho de que cuando fue creada (o, según algunos, “fue impuesta por los Estados Unidos”) esta constitución en 1946, se suponía que Japón iba a ser un país desmilitarizado y pacifista, idea que muy pronto cambia por la inestabilidad geopolítica en el Asia Oriental y la Guerra Fría, contexto en que se crea primero una Reserva Nacional de la Polícia en 1950, que se reorganiza como Fuerzas de Seguridad Nacional en 1952 y termina reemplaza por las Fuerzas de Autodefensa en 1954… siempre bajo influencia o en cooperación con los EE. UU.

Bueno, mejor no me meto en más detalle en un tema en que no soy experto, pero el hecho es que existen las llamadas Fuerzas de Autodefensa, que para otros países no serían otra cosa que Fuerzas Armadas o Ejército pero que Japón elude definirlas como tal, porque poseer “fuerzas armadas” sonaría anticonstitucional aquí. Bueno, si la situación ha cambiado desde la época en que se creó la Constitución y si es que se trata de un cambio justificado y necesario, lo más indicado sería enmendar la Constitución y así quedaría todo claro, cosa que, sin embargo, no sucede hasta el momento. De hecho, algunos abogan por cambiar la constitución pero sin iniciar tal proceso, por un lado porque el proceso es bastante engorroso aquí, cuando hay tantas otras cosas que hacer, y por otro es que quizá resulta más cómodo dejar las cosas en ambigüedad: a ver, lo ideal para los militaristas sería tener una constitución belicista pero ¿qué sucedería si se intentara realizar una enmienda así y fracasara por no lograr reunir suficiente apoyo popular? Mejor sería, sin tocar la constitución, ir estableciendo los hechos, o ¿no? Y de hecho, a pesar de su poco claro estatus “anticonstitucional pero legal (según un líder socialista en la década de los 80)” las Fuerzas de Autodefensa van ampliando su campo de actividades, hasta enviando sus integrantes a países como Irak e Afganistán, aunque no para operaciones bélicas)

Y… dejando ya el preámbulo, hoy decidimos infiltrarnos en una base aérea de las Fuerzas de Autodefensa a ver cómo funcionan las cosas. Bueno, no me atrevo a hacer nada peligroso, simplemente entro ahí por la puerta grande, en un día de su anual Festival Aéreo abierto al público. Aquí van algunas fotos:

Paracaidistas:


Operación de rescate:

Blue Impulse:


Otros aviones y helicópteros:


En tierra:


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