Archivo mensual: octubre 2014

Desde la cocina

Una mañana cualquiera, intento encender la hornilla a gas para calentar té… y no se enciende. Repito unas veces el intento y no se entiende. Bueno, parece que están agotadas las pilas de la bujía, así que busco una cajita de cerillas a ver si logro encender la hornilla de todas maneras, y no funciona. O sea que esta hornilla, además de tener la bujía electrónica, tiene su microprocesador o algo así, que no permite su uso sin la pilla. Qué tal rollo que me complica la vida. Hay que ir a comprar pilas.
Y ahí aparece mi madre que, diciendo “¡Qué pasa, que huele a gas!”, no duda en pasar la mano al interruptor del extractor del cuarto. “¡NOOOOOO!”, le digo y la verdad es que me sorprende el grado de ignorancia que no me había imaginado de mi madre, quien no entiende nada y protesta: “¿¿¿Por qué no, si está fugando el gas???” Y yo no entiendo por qué cuesta tanto trabajo explicarle que, en caso de fuga de gas, JAMÁS se debe tocar interruptores de aparatos eléctricos, ni tampoco utilizar el extractor… ¿No era esto un conocimiento tan básico, que hasta los niños de primaria deben saber? Mi madre sigue desconforme y yo, para convencerla, busco el manual de instrucción de la hornilla en cuestión, en cuya sección de advertencias aparece, claro, la de JAMÁS tocar interruptores ni recurrir a extractores eléctricos en caso de fuga de gas. Se la demuestro y….
Mientras tanto, viene otra sorpresa más desde la “sala del televisor”, contigua a la cocina: mi padre, sin moverse de ahí nos grita: “¡Oe! ¡¿Por qué no prenden el extractor?!” O sea que ahí había otro habitante igualmente ignorante, ayayay. “Es que no se debe…”, le contesta mi madre, quien demuestra su nuevo conocimiento que recién acaba de adquirir…
Bueno, en realidad sé que no hay mucho peligro esta vez, porque la fuga de gas es mínima, tan solo lo que salió cuando hice mis intentos frustrados de encender el fuego y nada más, pero opto por insistir en el correcto procedimiento para dar lección a mis padres, y digo a mi madre que, si por el momento prohibo el uso de electrodomésticos, aproveche el tiempo para ir a comprar pilas porque de todas maneras las necesitamos, para volver a usar la hornilla después.
Y…
Mi madre:Ya, ya, pero antes tomaré esto calientito (un vaso de leche o té), que, como ahorita no se puede usar la hornilla, lo calentaré en microondas…” (y no duda en pasar la mano al botón de “Empezar a calentar” de microondas.)
Yo:¡NOOOOOO!

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Una manzana al día

Aún faltan dos semanas para terminar la campaña de caminata de mi oficina (para caminar 610 mil pasos en los meses de septiembre y octubre) y ya he acumulado más de 1,2 millones de pasos, para seguramente alcanzar unos 1,5 millones de pasos al finalizar el mes de octubre, más que el doble de la meta oficial del evento… Bueno, yo simplemente sigo con mi vida diaria, donde por casualidad suelo caminar o correr 25-30 mil pasos cada día sin hacer nada especial (lo único que hago en especial ahora es pasar los datos a la hoja de registro) y la verdad es que ya estoy bastante impaciente, esperando que termine de una vez la campaña para, por fin, poder pedir mi batidora-licuadora. De vez en cuando me pongo a pensar para qué hay que esperar hasta el final; sería conveniente poder entregar mi resultado antes, tal como ocurre en algunos exámenes, donde el estudiante, si es que ya ha hecho todo lo posible, puede abandonar la sala aún antes de la hora…
Pero, bueno, al no recibir el premio de la campaña todavía, por el momento tengo que seguir conformándome con mis juguetes, nada nuevos, que tengo ya de tiempo: cuchillo y microondas. Y sí, ahora que va bajando cada día más la temperatura, debe ser bueno comer algo calientito y mi travesura favorita en estos días es esta pseudo manzana asada de preparación re-fácil:
Simplemente se lava bien una manzana y se corta en pedazos

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Se le echa canela y quizá se le agregan unas pasas

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para luego pasarla a un recipiente ondo y calentarla en microondas durante 5 minutos.

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La manzana se pone bien dulce, jugosa y blanda… y bien rica, en fin.

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Al averiguar recetas de “manzana asada” más tradicional, parece que es bastante común echarle azúcar o miel pero creo que yo no necesito cosas tan dulces; para mí es suficiente el azúcar natural de la manzana misma.
Y si es para agregar algo más, es que a veces hay cosas que uno hace por puro placer o por travesura y que luego resultan ser muy beneficiosas. Así, acabo de enterarme de la teoría de “una manzana al día”, después de tanto tiempo de seguir comiendo por gusto una manzana al día, y también termino aprendiendo que algunas frutas se pueden comer mejor calientes que crudas, como el caso de la manzana….

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El restaurante atleta

Luego de la aparición del comedor Tanita, parece que se está convirtiendo en una pequeña moda el abrir restaurantes caracterizados por comida saludables y algunos servicios relacionados, a la vez que la propia Tanita no se queda atrás y va expandiendo su área de actividades, abriendo algunos locales más (entre ellos uno para los empleados del Ministerio de Economía e Industria) y también ofreciendo cursos para formar chefs capaces de administrar locales franquiciados del comedor Tanita en el futuro, lo que me parece muy bien y espero que aparezcan así este tipo de locales para que podamos comer cosas buenas en lugares y horarios más convenientes.
Y, bueno, esta vez tuve la oportunidad de ir a comer por primera vez a un restaurante de esos que pueden ser potentes rivales de Tanita. Se llama Restaurante Atleta Kanoya y, al igual que el comedor Tanita, está ubicado muy cerca del Palacio Imperial y más precisamente ocupa un piso de un edificio de cuatro pisos destinado enteramente a servicios para quienes acuden a la zona a correr alrededor del Palacio, así que decidí ir ahí a comer un sábado que tenía algo que hacer por ahí y, de paso, antes podía tener tiempo para o dejar de correr alrededor del palacio.
De ahí que, lo que encontramos…

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En este restaurante, cada día se ofrecen 15 diferentes “platos principales”, cuyo nombre, propiedades, etc. aparecen en un cartel colocado a la izquierda de la entrada. Y de ahí lo que hace el comensal es elegir tres platos deseados además del tamaño y tipo de arroz (se puede elegir “arroz normal” (solo arroz) o “arroz atleta” (mezcla de varios tipo de cereales y se supone que aporta más minerales y nutrientes)), hacer el pedido al entrar y de ahí viene su menú, consistente en un cuenco de arroz, una sopa y los tres platos principales elegidos. Aquí los platos se pueden elegir más por sus propiedades nutritivas y cantidad de calorías y según el objetivo de cada comensal. Por si no sabes lo que debes comer, está el cartel de combinaciones recomendadas para “resetear” tu cuerpo, para fortalecer el sistema inmunológico, para prevenir anemia, para recuperarse de la fatiga, etc., además de la presencia de una nutricionista maestra para resolver las dudas del comensal.

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A ver, esta vez opté por la recomendación para prevención de anemia, con un plato de algas, otro de hígado porcino y otro de ensalada con bonita, junto con el “arroz atleta” en cuenco grande y una sopa de miso:

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Este menú me aportaría:

  • 27,5g de proteína (cuya ingesta diaria estándar recomendada es de 100g)
  • 104g de carbohidratos (390g)
  • 6,7g de grasa (73g)
  • 62,7mg de vitamina C (100mg)
  • 12.9mg de hierro (7mg)
  • 5,3g de sal (8g)
  • 8,4g de fibras (20g)
  • 676kcal de energía (2650kcal)

según la tabla de factores nutricionales que viene impresa en el recibo. Aquí lo notable sería que, al igual que en el comedor Tanita, son menúes bien nutritivas, que llenan bien la barriga a pesar de sus relativamente bajas calorías. Y lo conveniente para mí (y seguramente para muchos otros corredores) es que atiende todos los días (mientras que Tanita solo atiende de lunes a viernes) y es más: los sábados y domingos se abre desde las 10:00 y no desde las 11:00 como en los días de semana… así podría convertirse en mi nueva rutina del último sábado de cada mes: correr unas vueltas alrededor del Palacio Imperial, tomar un almuerzo temprano en este restaurante atleta y luego llegar a las 11:00 al Club de Lectura del Instituto Cervantes, que queda también cerca.

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El endoscopio

Cada dos años, los empleados de mi oficina (de cierta edad para arriba) tenemos la oportunidad de saborear el bario, algo que no es de lo más rico que digamos pero que debe ser para la salud… y, bueno, este verano he tenido la otra expereincia, que fue específicamente para mí y no para los empleados en general, de mirar el interior de mi intestino grueso, por endoscopio y no estaría mal compartir el cuento.
Los preparativos:
Mientras que en caso del bario basta con un ayuno por la mañana del día de la sesión, los preparativos para la sesión con el endoscopio empieza un día antes. Aún se permite comer, eso sí, pero con el menú restringido: solo se permite comer cosas fáciles de digerir, como arroz, pan de molde, fideos, tôfu, potaje comsomé, sopa de miso sin ingredientes sólidos, plátanos, yogurt, miel, etc. En cuanto a la bebida, está permitido té verde, té chino, té de cebada, bebidas deportivas, café sin leche, té negro sin leche, etc. y está prohibido alcohol, leche y jugos. Y en todas maneras, se nos exige terminar comer antes de las 21:00 de la noche. De ahí que…, el día antes, mientras que no tenía mucho problema para elegir qué desayunar y cenar en casa, sí que tuve que pensar un poco para decidir mi almuerzo en la oficina (y es que, siendo un día hábil, no podía comer el habitual “menú B” del restaurante de mi oficina). Bueno, pensé un poco y opté por comprar en camino una hogaza de pan de molde (para comer la mitad, porque una hogaza entera sería demasiada), yogurt y un plátano, además del té de cebada que siempre llevo en mi termo. Este almuerzo resultó ser un poquito insípido pero sirvió, más de lo que esperaba, para llenar la barriga.
Además del control de comida hubo otra indicación para el día anterior: tomar una solución de picosulfato sódico, que no tiene mucho sabor tampoco. Bueno, quizá sea mejor no hacer nada más y dormir ya…
Y llega el esperado, o no tan esperado, día del endoscopio. Ya no es puede comer nada hasta terminar la sesión pero sí un poquito de agua. El agenda del día comienza a las 7:00, hora de degustar una pastilla de domperidona y dos de mosapride. Bueno, hasta aquí es más o menos pasable, comparado con lo que viene después…
Bueno, a las 9:00, todavía en casa, viene otra indicación que es para empezar a sufrir ya: es hora de tomar el tal niflec, que me dieron en forma de polvo que debo diluir en dos litros de agua, que luego tengo que saborear muy despacito… en dos o tres horas en total, para lo cual me instalo frente a la computadora con el recipiente de dos litros de niflec y un vasito. La computadora no forma parte de la indicación médica, pero hay que tener algo para matar tiempo, y el vasito es para tomar el líquido, eso sí, y hay que ir tomando más o menos con la velocidad de un vasito por cada 15 minutos, para terminar los dos litros en dos horas. Y este líquido no es para nada delicioso, que, bueno, al principio es todavía aguantable pero luego de pasar 500 mililitros, un litro, 1500 mililitros, etc… va pasando de aguantable a inaguantable, de “nada delicioso” a “recontra feo”, etc., así que hay que tener una paciencia para soportar este proceso. Otro punto, lo más importante, es que tras empezar a tomar el niflec, uno empieza a repetir unas cuantas idas y vueltas al cuarto de baño. Podrían ser unas cinco veces, por ejemplo, y hay que ver lo que sale: al principio puede ser algo “normal”, pero al final debe ser un líquido puro sin nada sólido, y esto viene a ser el signo de que el intestino ha quedado totalmente vacío, listo para ir ahora a la sesión de endoscopio.
Eran las 11:00 más o menos cuando terminé todo el proceso y mi cita en el hospital era a las 14:00, así que con suficiente tiempo y con tranquilidad, aunque con la barriga no muy contenta, salgo de casa y voy caminando hasta el hospital. Creo que llegué una hora antes y, tras presentarme a la recepción, paso un poco de tiempo leyendo folletos sobre la medicina en la sala de espera.
Y, en fin, llega mi turno y me llaman. Entro a la sala indicada y la verdad es que fue una experiencia bastante penosa. Primero me conectan al electrocardiograma para monitorear mis pulsos y presiones durante toda la sesión y me introducen el famoso endoscopio, que avanza muy a duras penas y muy lentamente dentro de mi. Ya no recuerdo cuándo, pero durante la sesión me pusieron una inyección, que me dijeron que era para calmar el movimiento del intestino… Cada vez que hay que cambiar la dirección (porque el intestino delgado no es un camino recto, sino con curvas…) me ordenan cambiar de posición y eso en sí no es tan duro pero aparentemente el dispositivo no es tan fácil de manejar y con dificultad giran… Y no sé si por eso choca a la pared del intestino o qué, pero lo cierto es que duele bastante, además de lo cual también duele el tener la barriga inflada… con el aire y agua que se inyecta a través de un tubo que acompaña el endoscopio (supongo) para así poder ver el interior del intestino. Y durante la sesión no entiendo muy bien lo que conversan los médicos y enfermeros o asistentes, pero en algún momento alcanzo a oír “… avanzado mucho” y me imagino que habrán encontrado un cáncer muy avanzado, etc.
No sé cuánto tiempo duró la sesión, media hora o una hora, creo, pero todo tiene su fin… De un momento me anuncian que el dispositivo llegó al destino y de ahí solamente queda el camino de vuelta, para ir sacando el dispositivo, muy despacito para observar bien todo el interior del túnel… Bueno, aún sigo sufriendo pero ya no tanto, al saber que ya pasó lo peor y al pensar que debe ser más fácil retroceder que avanzar el dispositivo: sería solo cuestión de jalarlo si es para sacarlo, ¿o no?
La sesión termina por fin y el doctor me anuncia que yo tenía el intestino grueso bien limpio y no tenía nada malo, además de aclarar que debe haber sido bien dura la sesión porque tenía un intestino grueso largo
En fin, una experiencia nada divertida pero será para algo, quizá…

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