Archivo mensual: febrero 2010

El árbol celestial de Tokio

Acaba de alcanzar 300 metros de altura y va a seguir creciendo más, hasta llegar a 634 metros, casi el doble de la Torre de Tokio y aun más alto que el popular Monte Takao. Un domingo decidimos ir a mirar este “árbol” de acero, que en primavera de 2012 empezará a funcionar como torre de antenas, para transmisión de la televisión digital terrestre entre otras cosas. A ver, ¿qué tal…?


En estos días creo que debe ser un buen momento para ir a mirar y registrar unas cuantas imágenes de la torre a mitad de construcción, ya que es algo que nunca se podrá volver a ver luego de finalizada la obra. Y al hablar de esto también se me ocurre pensar en ciertas películas japonesas, como Always, de nostálgicas historias ambientadas en la década de los 30 de la era del emperador Hirohito, entre cuyos paisajes representativos de la época está la Torre de Tokio en construcción. Y quién sabe si, décadas más tarde (si es que el mundo no se acaba antes, en 2012), recordaremos con nostalgia los años 20 de la era del emperador Akihito… (se supone que ahora estamos en el año 22 si es que no me equivoco) con estas imágenes que hoy estamos presenciando en vivo.

Cuando se termine de construir, la torre tendrá dos miradores, a la altura de 350 y 450 metros, y abajo un centro comercial y turístico que incluiría un acuario y un planetario entre otras cosas. Seguramente se convertirá en un lugar en Tokio de visita obligatoria para los turistas extranjeros… y quizá para eso, a la hora de elegir su nombre, se ha averiguado bien el significado de las palabras en varios idiomas (¿para no permitirle a más de un bloguero extranjero el gusto de publicar otra entrada titulada “Nombres desafortunados”?). Bueno, el nombre elegido, Tokyo Sky Tree (pronúnciese “tôkyô sukái tsúrii”) … la verdad es que a mí no me gusta, porque no me parece nada afortunado que la torre tenga un nombre impronunciable para los propios japoneses.

6 comentarios

Archivado bajo japón

Mi conclusión

Artículo 18: Este contrato tendrá una duración de un año, al término del cual se podrá extender automáticamente al no presentarse motivos en contra…”

Había puesto así al principio, pero luego me doy cuenta, al volver a revisar el texto original, de que me olvidaba de agregar un dato importante: Ese “un año” se contará a partir de la fecha de teiketsu del contrato. Pero, ¿a qué se refiere ese teiketsu exactamente ?

No fue más que un capricho la compra del libro Correspondencia y documentación comercial en español en octubre pasado, pero resulta que por alguna casualidad, justo después de dicha compra, aparece un señor que nos empieza a pedir la traducción de sus correspondencias y documentaciones comerciales en español. Este contrato de representación es su segundo pedido, y, bueno, a ver qué dice el libro:

En el contrato se consta, salvo en casos especiales, la “fecha de contrato”. El contrato tendrá vigencia a partir de dicha fecha (“de contrato”) o a partir de la fecha de teiketsu del contrato…” Y ¿qué quiere decir el teiketsu? No sé por qué, pero el libro no da explicación alguna al respecto. En el capítulo de “Contratos” aparecen tres modelos de contratos, pero ninguno contiene la palabra en cuestión. Este tipo de libros podrían tener una sección o apéndice de “Glosario”, pero mi libro… no. Bueno… el teiketsu.. en el lenguaje común significaría el acto de “pactar formalmente un contrato” o algo así, pero ahora tendré que averiguar su traducción exacta en el lenguaje apropiado.

A ver… empiezo por recurrir a cualquier diccionario y la primera pista (en inglés) es “conclusion. / conclude (a treaty with)…” Luego consulto un diccionario español-japonés

y compruebo que la palabra español “conclusión” también tiene literalmente la acepción de “teiketsu” (acepción 2). ¿Así que ya no hay lugar a dudas?

Bueno… como yo no suelo confiar mucho en los diccionarios, no dejo de averiguar el uso de la palabra en la práctica, y parece que sí. Ciertamente encuentro ejemplos como éste:

El comerciante está obligado a entregar los bienes en los treinta días siguientes a la fecha de conclusión del contrato. En caso contrario, el consumidor puede reclamar el reembolso de las cantidades abonadas, en los siete días siguientes a la fecha de entrega prevista.” (de esta página)

o éste

El comprador recibirá mediante correo electrónico una confirmación del pedido con los elementos constitutivos de éste. Esta confirmación vale como fecha de conclusión del contrato de venta, y aceptación por el cliente de las presentes condiciones generales de venta. En caso de pedido por otra vía, el correo o fax de pedido enviado por el cliente o por su mandatario es la prueba de conclusión del contrato de venta y de aceptación por el cliente de las presentes condiciones generales de venta.” (de esta página).

Lo que confunde es que la misma palabra se utiliza en sentido contrario, como ocurre en contratos así:

12.ª El/la trabajador/a regresará a su país una vez concluido el contrato objeto de su traslado a España.

13.ª El empresario comunicará la conclusión del contrato, o el abandono del trabajo por parte del trabajador antes de la conclusión de éste, al Área o Dependencia Provincial de Trabajo y Asuntos Sociales y al Servicio Público de Empleo correspondiente.

(de esta página)

donde la conclusión significaría el final y no el inicio de la duración del contrato…. Y entonces, realmente no se sabe qué palabra se podría utilizar para “teiketsu”. Bueno, para seguir investigando un poco más, pregunto a dos amigos hispanos, por separado, y resulta que ninguno de los dos entiende una expresión como “Este contrato tendrá una duración de un año contado a partir de la fecha de conclusión del contrato”. Lo gracioso fue la exclamación de una de las maestras de mi clase de español:

¿Qué? ¿Eso de teiketsu tiene que ver con los muertos?

cuando buscamos juntos la palabra “conclusión” en su diccionario (para hispanohablantes) y encontramos ahí la acepción “teiketsu” con la nota de “(término) forense”. Bueno, lo cierto es que en la vida diaria, casi nunca escuchamos la palabra “forense” solo, sino siempre “médico forense” para examinar los cadáveres en un 99% de los casos, aunque yo diría que los cadáveres tendrían que ver más con el médico y no tanto con forense, cuando esta última palabra tendría que ver con lo jurídico-legal y no necesariamente con los muertos…

De todas maneras, para no seguir con esta interminable y poco útil discusión, esta vez acordamos llegar a la conclusión de que para un contrato es mejor utilizar palabras sencillas y entendibles, para evitar confusiones innecesarias. Y en eso coincide la RAE, que en su Diccionario Panhispánico de Dudas dice:

concluir. 1. ‘Terminar o acabar’. Verbo irregular: se conjuga como construir Su participio, concluido, se escribe sin tilde.

2. Se usa a veces con el sentido de ‘cerrar o alcanzar [un acuerdo o pacto]’: «El 1 de octubre Brasil y los Estados Unidos concluyeron un acuerdo secreto para la defensa inmediata del continente» (Scheina Iberoamérica [EE. UU. 1987]). En estos casos es más normal y resulta preferible emplear otros verbos, como cerrar o alcanzar.

Y… bueno, si se tratara de traducciones entre japonés e inglés, existen bastantes herramientas, como una poderosa base de datos administrada por el Ministerio de Justicia sobre Traducción de Leyes Japonesas, con que fácilmente se puede encontrar las leyes, originales y traducidas, que contengan la palabra “teiketsu/conclusion” por ejemplo…

The Minister of Health, Labour and Welfare may, in order to preemptively prevent disputes arising between workers and employers at the time of conclusion and the time of expiry of labor contracts which are of prescribed duration, prescribe standards in relation to the matters in connection with notice to be taken by employers relating to the expiry of the term of the labor contracts and other necessary matters. (de la Ley de Normas Laborales, Artículo 14-2)

Ojalá existieran a nuestra disposición herramientas parecidas para la traducción entre español y japonés también…

3 comentarios

Archivado bajo naderías

Cartas de flores

En un rincón de las librerías no es difícil encontrar, entre libros de Feng Shui, astrologías orientales u occidentales, grupos sanguíneos y cosas por el estilo, unos cuantos libros sobre el Tarot que en muchos casos vienen con un mazo de cartas. El problema ahí es que son de diseños originales, no muy tradicionales, y más bien pop para que los consumidores (o las consumidores, sobre todo) no piensen que se trate de algo esotérico, peligroso…. y hasta hay un Tarot de Hello Kitty, que definitivamente no es para mí, ya que yo preferiría un mazo más tradicional. Bueno, no es que ande buscando mi Tarot ideal, para nada; es por pura curiosidad que miro las cosas, pero de todas maneras, esta presente entrada se salva de titularse “Mi primer mazo del tarot…”.

Así es que, al no conseguir mi mazo de Tarot todavía, y al pensar también en la conveniencia de volver a hablar sobre algo de Japón en este espacio, no estaría mal esta vez presentar aquí las llamadas “cartas de flores” (o “hanafuda”), una especie más de cartas de juego de Japón:

Como su nombre indica, son cartas con dibujos de flores (plantas o árboles), que representan los 12 meses del año:

pino (enero), ciruelo (febrero), cerezo (marzo), glicina (abril), iris (mayo), peonía (junio), lespedeza (julio), césped plateado chino (agosto), crisantemo (septiembre), arce (octubre), sauce (noviembre) y paulonia (diciembre). Para cada “flor del mes” hay cuatro cartas, por lo que son 48 cartas en total.

Mientras que algunas cartas son de puras flores, otras tienen algo más, animales, pájaros o paisajes más coloridos… Estas cartas, más lindas, digamos que son de “20 puntos” (las cinco de la foto derecha) o de “10 puntos” (las de la izquierda):

Notaremos, además, que para casi (casi…) todos los meses, hay una carta particular, con una tira de papelito (ese tipo de papelito para escribir waka, deseos para el Festival de Estrellas o algo así)… No sé su significado muy exactamente, pero digamos que éstas son de “5 puntos”. (Y el resto, las cartas con puras flores, son de “1 punto”):


Bueno, no sé demasiado detalle sobre el significado de cada flor, animal u objeto dibujado, pero mencionaré que estas “cartas de flores” de diseños muy japoneses podrían de alguna manera considerarse como un lejano pariente del Tarot también, porque tienen su origen en las cartas de jugar europeas traídas aquí por los portugueses en el siglo XVI. De ahí se conserva el número de las cartas, 48, e incluso la palabra carta para decir “hanacarta”, sinónimo de “hanafuda”, aunque el diseño ha cambiado bastante, por variaciones regionales y por burlar la prohibición oficial de este tipo de juegos en la época de samuráis: de ahí utilizar las flores del “mes uno” al “mes doce”, para esconder los números, etc. Aquí (más abajo) se puede ver una de las variaciones regionales, llamada “kabufuda”, que sí mantiene los números…. ¿Se parecerán al Tarot o a los naipes europeos?

Y para jugar, bueno, hay varias maneras de jugar con hanafuda (como también ocurre con otras cartas parecidas), y la verdad es que no sé demasiado detalle, pero los interesados pueden encontrar aquí reglas de algunos juegos (en inglés).

17 comentarios

Archivado bajo japón

Mi primer cambio de disco duro

Porque más vale prevenir.

Y especialmente es así con el disco duro, porque de producirse una “muerte súbita”, lo más probable es que juntos queden enterrados para siempre los datos y archivos que estaban guardados en el difunto disco. Y hay que reconocer también que el disco duro es, por su naturaleza, un producto poco duradero, cuya esperanza de vida podría ser de apenas 3-5 años en promedio…

De ahí que, luego de pensarlo bien, decido tomar este paso, porque ya era la hora: hace muchos meses que mi computadora está de mal humor, renegona e increíblemente lenta. Se demora varios minutos, por ejemplo, para tan solo abrir un explorer, sin hacer ningún otro trabajo al mismo tiempo. O abro un archivo, y no se abre sino después de una eterna espera, mientras que desde el interior del aparato no cesa el ruido de acceso del disco duro… Ya debe ser la hora.

Lo cierto es que precisamente para eso había elegido esta computadora de mesa, o de escritorio, por la opción de poder seguir usándola, cambiando, en caso necesario, solamente las piezas falladas (esta vez, el disco duro) y sin tener que volver a comprar una computadora entera. Es la primera vez que intento hacerlo y, bueno, a ver qué tal resulta.

Busco el catálogo de esta computadora y reviso la característica del disco duro (el formato de la conexión). Aunque sin comprender demasiado bien los datos averiguados, los imprimo en papel, y un día voy a mirar a unas tiendas de electrónica. Primero busco en la sección de dispositivos periféricos para Windows, de productos “normales” (sea, productos empaquetados en lindas cajas, con garantía, manual, y otros accesorios, como cualquier producto comercial). Ahí un poco me atraen, por ejemplo, herramientas (programas) que facilitan la mudanza de archivos entre discos duros, pero el problema es que salen caros los discos con esos accesorios, así que antes de decidir, paso por otra sección, esta vez de puras piezas (solo las piezas mismas, sin un lindo embalaje, útiles accesorios ni manuales). Bueno, no estoy tan seguro, pero por el precio (casi la mitad) me decido a hacer la compra. Aquí además del disco, compro una “cajita para disco duro” también. Y ahora viene la “operación”:

  1. De antemano hago una mínima “copia de seguridad” de importantes archivos en CD-R, donde también incluyo datos de configuración de Windows.
  2. Apago la computadora, y desconecto todos los cables.
  3. Destapo la computadora, y con cuidado le extirpo el viejo disco duro, para colocar en su lugar el nuevo disco.
  4. Tapo la computadora, y vuelvo a conectar los cables.
  5. Enciendo la computadora e instalo el Windows y todo en el nuevo disco duro, utilizando los CD-ROMs que vinieron con la computadora cuando la compré.
  6. Coloco en la “cajita” el viejo disco duro, que así funcionará como un disco duro USB portátil.
  7. Conecto el flamante disco duro portátil a la computadora, y copio la configuración y otros archivos.

No soy ningún experto en estas cosas, pero puedo decir que la “operación” no fue nada difícil. Solo tener cuidado para no perder los tornillos, y no olvidar de dónde se sacó cada una de las piezas, para poder volver a colocarlas correctamente en sus sitios. Y a la hora de la re-instalar el Windows, solo seguir las instrucciones del manual de la computadora…. Quizá se demore cierto tiempo, una hora o dos, y por eso resulta un poquito fastidio pero la operación en sí es bien fácil, solo unos cuantos clics, de ahí, esperar nada más, tomando té o leyendo algo…

Y el resultado fue satisfactorio. La computadora recuperó su buen humor, y ahora trabaja sin quejarse ni renegar. Y toda esta mejora por un costo de solo 10% del precio de la computadora. Bueno, en caso de laptops no sé, sería algo difícil, pero con las computadoras de mesa, creo que es una operación bastante recomendable para prolongar su vida.

9 comentarios

Archivado bajo general