Archivo mensual: febrero 2008

Tres meses

Ya desde años atrás oía hablar de la popularidad de los blogs, pero yo seguía sin interesarme demasiado en esas cosas. Ocasionalmente llegaba a leer algunos artículos sobre Japón (copiados y pegados en otros sitios que frecuentaba) o una vez sucedió que un amigo me pidió opinión para escribir una entrada sobre cierto tema en su blog, y así fueron mis primeros contactos con los blogs pero, en fin, seguí sin prestarles demasiada antensión…. hasta que un día, por pura casualidad, encontré un blog sobre Japón que me pareció realmente interesante, por sus temas tratados y por la comunicación que existía entre su dueña y sus lectores.

Por otra parte, aunque no escribía en público, en privado hacía tiempo que mantenía contacto directo o por correo con amigos latinos, en Japón y Latinoamérica, a quienes siempre trataba de trasmitirles las noticias, cultura, costumbres o vida diaria de Japón, además de hablarles de mis cosas personales como viajes, trabajos, vacaciones. Así, no sé por qué pero parece que me gusta esta clase de intercambio y presentar lo que es el Japón al extranjero.

Con los blogs, antes creía que eran cosas ajenas para mí, pero luego de encontrar algunos realmente buenos y sobre temas de mi interés, resulta que me fascina esa forma de comunicación, donde tras participar un tiempo llego a pensar que yo también podría tener algo que compartir, quizá…. y de ahí fue que nació la idea de crear este mi cuaderno. Como no soy experto ni nada en la cultura japonesa, ni tampoco soy bueno para escribir, muchas veces estaré dando ideas despistadas o escribiendo algo raro, pero espero sepan perdonarme, y más bien estaré agradecido de recibir sus correcciones o informaciones más acertadas. Un extranjero bien informado puede saber mucho más que un japonés cualquiera, y eso creo que no es nada de vergüenza; es parte de un interesante intercambio, ¿no?  De mantener este blog, es muy probable que termine yo aprendiendo mucho más que ustedes, pero igual sería mi placer y mi deseo, que ustedes pudieran encontrar algo interesante en este espacio.

Y, bueno, quizá no había aclarado mucho el porqué de Meu Quaderno, pero al cumplir este blog tres meses de vida, me parece que ya sería la hora de poner algo como “Sobre este blog”, y es lo que trato de hacer hoy.  De verdad han sido tres meses de un pequeño desafío mío que emprendí sin mucha preparacón, que si pude continuar hasta aquí no fue si no por la presencia de ustedes que me visitan, me leen, o me dejan comentarios.  Tengo el deseo de seguir así, y al mismo tiempo quería expresar mi agradecimiento a todos.  Muchas gracias.

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Puntualidad

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No hay nadie en mi habitación, por la tarde de un tranquilo día. De repente se empieza a escuchar un misterioso ruido; tac tac tac tac tatatata… Al no tener idea de qué ruido ni de dónde sale, da la sensación de estar presenciando un fenómeno sobrenatural propio de ciertas películas de terror tipo Juon… Miro la pared y el reloj está dando vueltas bien rápidas. Bueno, es el reloj radiocontrolado que se está ajustando por sí solo. Si te das cuenta no es nada raro, pero la primera vez puede ser un poco de susto.

Yo uso este tipo de reloj, bien popular en Japón y que cada cierto tiempo recibe automáticamente la señal de JJY y se sincroniza con la hora estándar japonesa, cuya precisión es de un segundo por 100000 años.  No es que necesite tanta exactitud; no me preocupo por la diferencia de unos cuantos minutos, pero ciertamente me da tranquilidad el hecho de que el reloj siempre marca la hora exacta (ya sea una exactitud absoluta o aproximada) sin que se vayan acumulando atrasos/adelantos. Y es que antes usaba relojes baratos, de 100 yenes, que sí me daban problemas porque sucedía a veces que repentinamente se atrasaban horas o se paraban por más que les cambiaba la pila… Así no puede ser, y de ahí es que decidí contar con un reloj un poco más confiable. (Bueno, de ninguna manera pretendo decir que todos los artículos de 100 yenes son defectuosos, pero tampoco puedo negar que a veces he tenido mala suerte con cosas baratas.)

Como sea, alguna vez he leído el resultado de una encuesta realizada a hispanohablantes residentes en Japón donde, al preguntárseles “¿Cuál es la costumbre japonesa que quieres llevarte a tu país de origen?”, más de uno contestaban que era la puntualidad. Bueno, yo, como nunca he vivido en Latinoamérica, no puedo más que comentar las cosas de oídas, pero confieso que a mí me parece más gracioso que serio que en algunos países se realicen campañas nacionales de puntualidad como ésta, y me intrigaría si están dando resultados positivos o no. Pero, antes de hablar de lo que sucede a nivel nacional, personalmente conozco a algunos japoneses muy impuntuales y latinos muy puntuales también, así que quizá sea mejor no hablar de “hora latina” y “hora japonesa”, sino simplemente de “hora exacta” y “hora inexacta”. De todas maneras, si Japón es considerado un país puntual, lo mejor sería tratar de hacer honor a la fama (en situaciones en que se requiere la exactitud de tiempo).

Bueno, si el ministro peruano dijo que la puntualidad era algo cultural, eso sí me parece cierto…   Y algo curioso es que no pocos japoneses, pudiendo contar con la tecnología avanzada, prefieren no llevar sus relojes ajustados a la hora exacta sino mantenerlos algo adelantados, para así compensar su impuntualidad (congénita o adquirida) y no llegar tarde a sus citas, etc.

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Cuando sopla el viento

Sopla el viento, y se levanta el polvo.
El aire polvoriento deja ciegas a muchas personas,
quienes empiezan a tocar el
shamisen (oficio al que antiguamente se dedicaban muchos invidentes),
con que se disminuye el número de gatos
(ya que su piel se usa para fabricar el shamisen),
dejando aumentar el número de ratones,
que roen barreños de madera,
dando oportunidad de trabajo a los carpinteros que hacen barreños….

Así dice un refrán japonés: “Si sopla el viento, prosperan los fabricantes de barreños”, que hace referencia a casos de insólitas cadenas de causa-efecto que al final dan un resultado poco imaginables.

No sé qué efecto indirecto inimaginable dejó el tremendo “haru ichiban” (primer viento de primavera) del fin de semana pasado…  El efecto más visible fue la irregularidad en los medios de transporte (del que yo también fui afectado)…. pero, bueno, si se trata de uno de los fenómenos que anuncian la llegada de primavera, espero que así sea, y que el clima vaya mejorando ya.

Yo cuando empezó la tormenta estaba en Yokohama, y fue muy impresionante y hasta irreal ver cómo, con el viento, el cielo cambiaba de color tan repentinamente y cómo la calle sin gente y sin visibilidad en pleno día iba pareciendo una ciudad fantasma….

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Lo bueno es que, a pesar de tanto viento y tanto polvo, aún no presento los síntomas de alergia al polen.  (Ojalá no se trate de una “calma antes de la tormenta”…)

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Velotaxi y Jinrikisha

Fue en octubre pasado que vi por primera vez este triciclo. Supongo que algo así será bastante común en ciudades de ciertos países de Asia y Latinoamérica, pero encontrarlo aquí en Japón resulta ser una novedad. Una novedad interesante y, a la vez, seguramente buena para el medio ambiente…

 velotaxi.jpg

Sucede que dos semanas después, un amigo mío, a quien no le había dicho nada, viene a comentar que acaba de ver por primera vez ese medio de transporte llamado Velotaxi, con que recién llego a saber que se llamaba así, y ahora un poco interesado averiguo que este taxi ecológico en su versión moderna nació en Berlín, Alemania, en 1997 para luego extenderse a muchas ciudades europeas (entre ellas Barcelona y Madrid) y a otras partes del mundo. En Japón fue introducido primero en Kioto, en 2002, y actualmente se puede encontrar el Velotaxi en 21 ciudades de todo el país. Y lo interesante es que esto no es tanto negocio, sino algo más… (Aquí encontré un artículo sobre Velotaxi)

Y al hablar de Velotaxi, no dejo de acordarme del jinrikisha (o rickshaw como se conocería en el extranjero), que igualmente es un medio de transporte no motorizado.  Este coche de dos ruedas, para uno o dos pasajeros y tirado por un hombre, apareció en Japón alrededor del año 1870, y se convirtió un medio de transporte bastante popular hasta llegar a contar con cientos de miles de unidades en funcionamiento antes de la Segunda Guerra Mundial, pero luego empieza a desaparecer, casi, y hoy en día solo existe para paseos turísticos guiados, típicamente en ciudades que conservan antiguos paisajes o de balnearios termales, etc.  Y, bueno, yo tengo la suerte de trabajar en una de esas ciudades donde hay jinrikisha (aunque nunca he subido a ese coche…)

jinrikisha.jpg

Como sea, en algunas ciudades, como Yokohama, se pueden encontrar las dos cosas a la vez, el Velotaxi y el Jinrikisha, interesante convivencia de lo moderno y lo antiguo.  Podría ser agradable pasear así sin prisa un día, ¿no?

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Paula

Escucha, Paula, voy a contarte una historia para que cuando despiertes no estés tan perdida… Así comienza a narrar Isabel Allende la historia de su familia, desde la llegada de sus antepasados vascos a la costa de Chile, el nacimiento e infancia de Allende, su juventud, su vida en Chile antes y después del Golpe Militar de 1973 y autoexilio en Venezuela… Y paralelo a esta historia familiar transcurre el tiempo presente en que la autora de La casa de los espíritus cuida y habla a su hija Paula, en estado de coma por una rara enfermedad llamada porfiria. Son dos historias, del pasado y del presente, que confluyen al final y terminan en la muerte de su hija.

Hace 13 ó 14 años que leí Paula, que me pareció un libro realmente emocionante, de toda una vida llena de acontecimientos (lo extremo opuesto de la monótona vida de un asalariado japonés…) y personajes interesantes, pero más que nada, de lazos de familia, en situaciones muchas veces difíciles. Y, bueno, otra cosa que me llama atención es su experiencia de vivir en diferentes culturas: Choques en el aula de escuela en Bolivia, incomprensión y dificultad de adaptación entre los venezolanos y chilenos exiliados, etc, todo ese sentimiento que fuera tratado también en Mi país inventado, otro libro de la escritora chilena que siempre fue extranjera.

Un japonés que nunca ha vivido en el extranjero fácilmente podría imaginar una Latinoamérica más o menos homogénea, de gente que habla el mismo idioma y comparte un fondo cultural-histórico, por lo que resulta impresionante ver que entre esa misma gente pueden darse tantos choques e incomprensión cultural… Y si es así, supongo que debe ser todavía más difícil lograr un entendimiento mutuo entre japoneses y latinoamericanos, dos pueblos que poco o nada tienen en común en sus culturas.

Tan difícil debe de ser… Quizá sí, pero aquí preferiré pensar de otra manera. El que japoneses y latinoamericanos no tengan nada en común, más bien puede ser un motivo para empezar por admitir las diferencias y desconocimientos mutuos, y de ahí, desde cero, ir construyendo una relación de amistad sin “exigir” que el otro se comporte o piense de una manera preimaginada por uno. Supongo que entre dos culturas muy parecidas una pequeña diferencia restante podría resultar muy chocante o incomprendida, y es ahí donde Japón y Latinoamérica tienen una ventaja, de que es tan fácil reconocer la existencia de las diferencias y desinformación… y, bueno, con esa conciencia, quizá, la gente pueda tratar de ser más tolerante hacia los demás, siempre y cuando haya buena intención de acercamiento e intercambio… o eso espero.  Al menos yo hasta ahora, a pesar de mi nula habilidad comunicativa, he tenido la suerte de encontrar buenos amigos de diferentes nacionalidades (aunque no muchos…) y esperaré seguir así, siempre curioso por otra culturas y con ganas de conocer gente…

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Venta automática

Cuando salgo de viaje fuera del Japón, me gusta entrar a pequeñas tiendas, donde muchas veces resulta más interesante conversar con las personas del local que comprar las cosas.  Es una divertida ocasión de intercambio, que luego forma parte importante de mis recuerdos del viaje…  Pero, bueno, lo que se me ocurre hoy es hablar de lo que sucede en Japón, bien diferente. Para hacer compras aquí, en la mayoría de las veces no necesito pronunciar una palabra: Entro y agarro lo que quiero, y pago el dinero al vendedor que cumple su función muy eficientemente, sin hablar más de lo  necesario, indicado en su manual de instrucción o no sé…., y listo. Es un tipo de atención que suele haber sobre todo en las tiendas de conveniencia tipo 7-Eleven o en las tiendas de Todo a 100 yenes donde ciertamente hago más compras.

Y pensando en esa forma de vender las cosas, con eficiencia pero sin comunicación personal, me parece que eso bien podría ser un trabajo para robots (si ya están apareciendo robots recepcionistas…) o para máquinas.  Bueno, eso sí, en Japón hay tantas máquinas expendedoras en todas partes y, por ejemplo, puedo comprobar que hay más de 20 de esas máquinas en el trayecto de 1,1 km entre mi casa y la estación de tren.   ¿Hasta dónde llegará esta clase de automatización, más eficiente pero no humana?  No sé.

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Pero, bueno, es interesante ver que no todo es tecnología aquí:  Aparte de las máquinas expendedoras, existe otro tipo de venta sin personal, que puede ser aún más antiguo que las máquinas.  En el mismo trayecto entre mi casa y la estación de tren, hay cuatro puestos así:

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Por la mañana sus dueños (agricultores locales) vienen a colocar sus productos -hortalizas y/o flores de la temporada- junto con una alcancía, y tras dejar las cosas ya se van, sin que nadie se quede a estar vigilando nada. Para comprar algo ahí, no necesitas hablar con nadie; puedes llevarte lo quieres.  Solo que no olvides depositar el dinero a la alcancía. Una forma de venta sin contacto personal, pero con confianza mutua seguramente…

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Alergia al polen

Si en verano hace mucho calor, se supone que aumenta la cantidad de polen que desparraman los árboles de sugi (cedro japonés) entre febrero y mayo del año siguiente. Y éste es el caso de esta primavera, donde, después del tremendo calor registrado en el verano 2007, la cantidad de polen en el aire en Tokio será entre el doble y triple que en la temporada anterior, según la información de la Dirección de Bienestar y Salud de dicha prefectura, lo cual significaría el doble o triple sufrimiento de los pacientes de lo que es la polinosis, o más popularmente “alergia al polen”, estrago que cada primavera afecta al 15 por ciento de los japoneses causándoles molestias como picazón en los ojos, mucosidad nasal, estornudos, fiebres, etc.

Parece ser que alergias similares no solo existen en Japón sino en muchos otros países, como Noruega, España, EEUU, etc, pero lo cierto es que es bastante molestoso y, de todas maneras, lo particular de aquí es que el 80 por ciento de los casos de polinosis es causado por el polen de sugi y hinoki (ciprés japonés), árboles plantados masivamente después de la Segunda Guerra Mundial y cuyos bosques artificiales cubren actualmente el 19 por ciento de la superficie total del territorio japonés (datos de la Agencia de Silvicultura). Estos árboles se iban a convertir en material para construcción, pero luego sucede que por la importación de madera más barata del extranjero, la silvicultura japonesa pierde competitividad, y de ahí quedan buena parte de los bosques descuidados, que sin ser talados ni podados adecuadamente, solo siguen esparciendo su polen cada primavera.

Bueno, si bien el causante directo es el polen, dicen que también influyen otros factores como la alimentación, el ambiente lleno de sustancias químicas y el estado de higiene controlado en exceso… Eso sí, me parece cierto y de ahí no me extraña que en algunos medios se hable de un remedio muy natural para curar la polinosis: Tener parásitos en el vientre a propósito.

Yo por ahora no me animaré a tragar gusanos ni lombrices, pero una novedad aquí es que hace unos días recibí un pequeño purificador de aire, que es el premio por haber alcanzado la meta de una campaña para promoción la salud (caminar 910.000 pasos en 91 días) de mi oficina. Bueno, en estos días aún no tengo ningún síntoma pero, después, cuando empiece la alergia mía de cada primavera, ya veré si este aparatito me ayuda a librarme del polen, para no dejarme caer en tanto sufrimiento… al menos cuando estoy en casa. 

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