Archivo mensual: octubre 2010

La bici

Un día, por Guitarra y Café, uno de los programas de radio que escucho, me entero de un curioso evento de bicicleteada nudista en la capital de un país sudamericano, que fue organizado por un grupo de ciclistas urbanos para incentivar el uso de la bicicleta como medio de transporte no contaminante y para a la vez reclamar más protección a los ciclistas en la calle.

A ver, desconozco la situación en otros países pero me parece haber escuchado que en alguna parte del mundo el ciclismo es puro deporte y no un medio de transporte, mientras que en otras partes puede estar sucediendo lo contrario. Bueno, de eso tendrán que hablarme mis amigos fuera de Japón cuando yo, al menos, podría hablar de lo que pasa aquí, a ver…

Se podría decir que en Japón está bastante difundido el uso de bicicleta para desplazamientos diarios de corta distancia: para ir al supermercado del barrio, al banco, al parque, etc., y también es lo suficientemente típico que un estudiante o trabajador ande en bicicleta cada mañana y noche entre su casa y la estación más cercana, para de ahí viajar en tren hasta su colegio u oficina. Para eso las estaciones de tren y otros establecimientos comerciales/públicos suelen contar con amplios estacionamientos de bicicletas. Bueno, hasta aquí parece todo bien pero, sin embargo…

El problema también existe, principalmente sobre la seguridad de los ciclistas (no muy protegidos de los carros), la de los peatones (a veces embestidos por las bicicletas, que también se convierten en agresores) y la cantidad de bicicletas abandonadas en lugares no permitidos.

Los temas de seguridad tienen que ver con el ambiguo lugar que ocupa la bicicleta en la vía pública: La bicicleta es, legalmente, clasificada como “vehículo liviano” y debe circular por la calzada y no la acera (excepto en las aceras especialmente señalizadas para permitir el tránsito de bicicletas), mas esta regla quizá no esté muy conocida y causa cierta confusión: Los conductores de autos pueden ver a los ciclistas en el calzado como unos estorbos o obstáculos, y los peatones pueden sentir miedo de ser atropellados por algunos ciclistas que no respetan a los caminantes ni reglamentos de tránsito… (Lo mejor seria que, junto al calzado y acera, siempre hubiera una zona exclusiva para bicicletas, pero la realidad es muy distinta: Antes de pensar en tal zona, hay tantas calles que ni tienen aceras).

Y el tema de abandono de bicicletas… Si bien existen estacionamientos de bicicletas, a veces no es suficientes y hay lugares muy concurridos que terminan siendo depósitos de bicicletas indebidamente estacionados o abandonados. Entonces, típicamente, los funcionarios municipales andan colocándoles una advertencia y días más tarde se las llevan en camión al depósito de bicicletas abandonas. Los dueños de las bicicletas tienen un determinado tiempo para recuperarlas a cambio del pago del costo de su retirada/retención… De no ser reclamadas por sus dueños, las bicicletas pueden ser vendidas como “bicicletas recicladas” o convertirse en basura de gran tamaño….  Según un informe del gobierno metropolitano de Tokio, en el año 18 de la era del Emperador Ahikito (sea, hace cuatro años… creo) el número de las bicicletas retenidas ascendió, solo en Tokio, a 917.000 y de ahí fueron devueltas a sus propietarios solo 504.000. A ver, ¿qué les parece?

Como sea…, aquí mis nuevos garabatos hechos con mi editor gráfico:


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En la calle

Caminando como siempre, de la estación de tren hasta la oficina, un día encontré un improvisado cartel de papel pegado a la pared de una casa, que decía con letras escritas a mano:

AL IMBÉCIL DUEÑO DEL PERRO:

¡LLEVÁTE DE UNA VEZ LA MIERDA DE TU ANIMAL!

Y abajo, una caca de perro. Al día siguiente, la caca seguía ahí intacta, y el cartel, en la misma pared. Así también seguía al día subsiguiente, a la semana siguiente y subsiguiente… sin que nadie hiciera nada durante más de un mes. No pretendo ser investigador de cacas caninas pero, al pasar el mismo lugar a la misma hora, no dejé de observar cada mañana el estado de los dos objetos citados, desde el principio hasta el final. Bueno, en cuanto al cartel habría poco que decir (porque, ayudado quizá por la falta de lluvia en esa época, se mantuvo en buen estado hasta el final), mientras que en cuanto a la caca, ahí sí hubo un cambio gradual con el paso del tiempo, del que, de una manera adecuada, se hubiera podido elaborar un extenso informe científico, algo sobre el proceso de descomposición de materiales orgánicos en un ambiente abierto, sus fases, velocidad y efectos…. o lo que fuera pero, bueno, como no iba a ser investigador y al tener mi mente más (pre)ocupada de otras cosas, no me tomé la molestia de anotar nada en mi cuaderno de campo, con que lo único que puedo afirmar es que, en resumidas cuentas, la caca se fue desecando, desgastando y “adelgazando” poco a poco y al final desapareció del todo, sin que ningún ser humano interviniera en nada. Así que mi conclusión: La caca de perro… fue polvo y al polvo volvió.

De todas maneras, lo de caca debe ser solo cuestión de que los amos cumplan con sus obligaciones como tal y punto, ya que aquí prácticamente no hay perros vagos (yo hace años que no veo uno sin amo), mientras que en cuanto a los gatos…. la cosa puede ser diferente porque, que yo sepa, no hay mucho control. Los gatos suelen pasear libremente y sin llevar documento de identidad, por lo que a veces no se sabe cuál gato es o no mascota de quién y la legislación japonesa no establece quién se responsabiliza de la caca de cuál gato indocumentado… Quizá por este vacío legal y la falta de medidas de sanidad pública al respecto, es que de vez en cuando encontramos noticias de este tipo:

La Corte Distrital de tal localidad dictó el día tal una sentencia a favor de los 17 habitantes y la junta administrativa de un bloque de departamentos que reclamaban al renombrado ajedrecista profesional KH, de X años de edad y residente del mismo edificio, que deje de dar de comer a gatos callejeros cuyo número ascendía hasta 18 y pague asimismo una indemnización por un monto de 6 millones 450 mil yenes por los daños causados por sus actos.

Según la demanda, el Sr. KH comenzó a dar de comer a gatos callejeros en su habitación y alrededor de su puerta hace 17 años y los demás inquilinos, molestos por las heces y los maullidos, le pedía que dejara de cuidar a los felinos.

El demandado admitió en su alegato verbal que estaba dando de comer a los gatos, mas insiste en la no culpabilidad de sus actos, “realizados por el espíritu de amor a los animales y el control adecuado de los gatos de la zona”..

Y para hablar de “los gatos de la zona”, hay algunos barrios donde voluntarios amantes de gatos se ponen de acuerdo para cuidar a los gatos locales como una especie de mascotas de la comunidad y responsabilizarse al mismo tiempo de tomar medidas para no causar molestias a los demás habitantes, no siempre amantes de los animales: controlar el número y área de actividad de los “gatos locales” reconocidos como tal, distinguirlos de los felinos forasteros, etc… Un intento que si anda bien, en armonía con todos, sería lindo pero parece que a veces enfrenta dificultades también…

Bueno, lo cierto es que a mí me gusta encontrar perros (con su amo) y gatos en la calle pero no sus cacas abandonadas…

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¡Alerta de terremotos!

Un miércoles por la tarde, a esas horas en que ya voy perdiendo las pocas (si no nulas) ganas que me quedan de trabajar…

Están sonando muchos teléfonos, de escritorios cerca y celulares de algunos también. Atienden los chicos de por ahí y las llamadas no son para mí. Bueno, yo sigo con mis cosas y con mis pensamientos mientras que algunos chicos cerca están hablando de algo que no alcanzo oír, sobre su trabajo o chismes, o no sé…

Fue entonces que la tierra o más bien el piso de la oficina tiembla, algo fuerte y durante unos segundos. ¡Un terremoto! (Bueno, en realidad esta oficina tiembla cada rato diariamente, por los camiones que pasan o por las maquinaria de producción y otras cosas, por lo que estoy bastante acostumbrado a pequeñas sacudidas, pero parece que esta vez es un terremoto propiamente dicho…)

¡Guau! ¡De verdad llegó! Exclaman los chicos que estaban conversando por ahí, y continúan conversando algo que ahora, con más atención, sí alcanzo oír. Que eso se puede recibir en los celulares de la tal compañía, mas no de la otra, etc. Así que ahora sé de qué están hablando.

Se trata de la “Alerta Temprana de Terremotos”, que la Agencia Meteorológica de Japón emite por televisión, radio y teléfonos celulares, etc. para que la gente de las áreas que van a ser afectadas pueda prepararse antes de la llegada de las ondas sísmicas. No es una predicción. Es un sistema que simplemente aprovecha el tiempo que demoran las ondas sísmicas en trasmitirse del epicentro a las zonas más alejadas: Cuando se produce (o más bien se detecta) un terremoto en alguna parte, este sistema calcula rápidamente la propagación del terremoto (hasta dónde y en qué intensidad llegará) y da alerta a las áreas que se calcula que van a ser sacudidas. Bueno, esta alerta no da mucho tiempo, solo unos cuantos segundos para prepararnos, pero aún así se espera que podamos hacer algo…

Bueno, para que la alerta sea veradaderametne útil creo que la gente debe estar más enterado de la existencia/funcionamiento del sistema, porque en otro caso, como sucedió aquel miércoles, llega la alerta y no la tomamos en serio. Nos preguntamos si el teléfono se ha enloquecido o si ha entrado un virus/spam o qué… y, sin preparación, llega el terremoto.

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Lectura electrónica

Antes de aquel fatídico día en que me mordió un perro desconocido, ya había conseguido el archivo en formato PDF de Del amor y otros demonios pero no lo había leído ni jamás lo leí. Para leer la novela esperé hasta el buen día en que encontré el libro en formato tradicional en una tienda de libros usados, mientras que el archivo PDF, solo lo usaba para realizar ciertas investigaciones muy innecesarias (para buscar, por ejemplo,  frases como “que costó trabajo enseñarla a que no se comiera sus propias miserias”, “Trató de enseñarla a ser blanca de ley”, “para enseñarla a bordar, y habían visto juntas el eclipse”, “Cayetano la enseñaba a leer y escribir”, etc., donde me llama la atención el uso de “enseñarla” y no “enseñarle”, algo que no me parece muy típico sino en las obras de Gabriel García Márquez).

Lo cierto es que los archivos digitales tienen sus ventajas (para usarlos como base de datos, etc), pero para leer largos textos, de literatura o de noticias, prefiero el formato tradicional, impreso en papel, porque no aguanto mucho la lectura en la pantalla de computadora, que cansa mucho la vista en mi caso. La situación cambiaría con el avance del llamado papel electrónico, que teóricamente presenta características (luminosidad, contraste, reflejo de luz exterior, etc) más cercanas a las del papel convencional que el cristal líquido, y por eso me interesarían más los aparatos con esta tecnología como Kindle que el popular iPad, pero, en fin, son cosas para el futuro, al menos para mí, y creo que por ahora seguiré con mi no tan moderna forma de leer. O así creía que iba a ser…

Sin embargo, ocurre que la modernidad me afecta tan de repente y tan directamente. Y es que esta misma noche acabo de recibir la última edición impresa de un periódico que leía desde hace más de una década. Se trata del único periódico publicado en español en Japón, que ya no va a salir en forma impresa y solo continuará su sitio en Internet de ahora en adelante. Este semanario, a pesar de su paupérrima calidad (capaz de confundir el Minshutô [Partido Demócrata] con el Shamintô [Partido Social Demócrata], escribir “Tokio” en lugar de “Hiroshima”, informar que Departures [“Okuribito”] es una película estadounidense, escribir como hecho concreto algo que aún no ha ocurrido, colocar en sus páginas un cuadro titulado “GLOSARIO” para explicar que un “despecho” (palabra aparecida en un artículo sobre los amores de una actriz) es un jimusho [oficina]… y errores por el estilo junto con numerosos horrores gramaticales y ortográficos cada semana), me permitía estar al tanto de las noticias de la colonia latinoamericana en Japón y compartir temas de conversación con mis amigos latinos, para comentar las noticias de Japón y Latinoamérica, etc., por lo que me gustaría seguir leyéndolo igual pero creo que quizá no tanto ya, por muchas inconveniencias antes que las ventajas. (Eso sí, sería una pena, pero parece que yo no soy una persona muy moderna….)

De todas maneras, lo concreto es que ya no tengo que pagar el periódico y se me ocurre que, con el dinero que dejo de gastar, podría ser interesante comprar alguna revista latinoamericana de vez en cuando, para seguir las noticias de la región y para no perder el hábito de lectura. A ver, ¿alguien me recomendará alguna revista interesante?

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Flores de la Otra Orilla

Alguien me ha dicho que en mi zona hay bastantes hortensias y creo que puede ser cierto porque cada mañana, cuando voy al trabajo, veo tantas hortensias al lado de las calles, orillas de los ríos y en el jardín de las casas.


Ahora estamos fuera de su época (junio y julio) pero lo que me impresiona es su resistencia, porque meses después de su temporada sus flores todavía no desaparecen del todo. Ya secas, marchitas y sin color pero aún se puede reconocer que eran flores de hortensias.


Es un gran contraste con algunas otras flores muy efímeras, como las de cerezo, de las que en cuestión de días o semanas ya no quedan nada, en absoluto. En cuanto al cerezo, la verdad es que, si yo camino al lado de los árboles fuera de su temporada, ni me doy cuenta de que son de cerezo, cosa que no ocurre con hortensias…

Pero, bueno, si estamos ahora en la temporada de las Flores de la Otra Orilla, sería mejor fijarse en éstas y no en otras flores. Una confesión aquí es que luego de las Flores del Quinto Mes hubo un intento de hacer un dibujo de hortensias, sin conseguir nada presentable, y ya podría ser el momento de que se hiciera otra intentona, con las flores de la otra orilla, que con su forma más simple, deben ser más fáciles de dibujar. A ver…


Bueno, no es gran cosa, pero por algo se empieza..

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