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Templo Moe

No sé la definición exacta del término moe ni me interesa saberla, pero tengo la impresión de que se refiere a cierto tipo de personajes, reales o virtuales pero sobre todo niñas lindas, adoptados al gusto de cierto tipo de gente perteneciente al mundillo otaku

Yo no busco cosas moe en particular pero aquí abundan, por ejemplo, tutoriales para realizar dubujos moe en programas tipo Photoshop (bueno, me gustaría aprender a dibujar pero no necesariamente al estilo moe y sin utilizar precisamente el popular Photoshop), carteles de pachinko y otras salas de videojuegos donde muchas veces aparecen dibujos al típico estilo moe (bueno, yo no me meto en esos lugares sino para usar el baño), etc. sin dejar de mencionar las innumerables historietas y dibujos animados (yo no las leo ni veo…) y, en fin, creo que son cosas de moda en la actualidad.

Bueno, si bien vivimos en el mundo moe, resulta un poco insólito encontrar un cartel así

en un templo budista… Y sí, es un templo budista como cualquier otro, con su oratorio y cementerio

y cuenta con la historia de más de cinco siglos pero insólitamente adoptaron el estilo moe en sus letreros, emas, omikujis, etc. desde mayo del 2009.


Dicen que al principio la propuesta no le gustó al monje responsable, quien consultó con sus familiares y gente de su denominación budista con la esperanza de que alguien detuviera el proyecto, pero nadie se sumó a la oposición. Al final el congojado monje decidió consultar con el dios y sacó un omikuji, que resultó ser de Dai Kichi (gran fortuna), con que se resignó a aceptar la colocación del cartel moe.

Además de los carteles, ya tiene sus DVDs y CDs (“Conviértete”, “Templo Ryôhô del Amor”, “Leyenda de Gautama”), su radio y también participa en varios eventos de manga, en algunos de los cuales hasta montó su maid café en su recinto…

Bueno, el hecho es que aquí, a pesar de que nominalmente el Japón es catalogado como un país budista, en realidad la absoluta mayoría de la gente vive totalmente ajena al templo, no entiende las relaciones del budismo con la vida, sino únicamente sus relaciones con la muerte, como si no fuera una religión, sino un prospecto de convencionalismos funerarios (fragmento plagiado de Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, simplemente reemplazando “catolicismo” por “budismo”, pero es que no encuentro otra expresión más perfecta para describir la realidad), y de ahí un intento de atraer al público al templo…. No soy budista pero me parece una forma interesante de combinar lo sagrado con lo pop, lo antiguo con lo moderno.

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Cien historias

El verano aquí es la temporada de historias de terror, de fantasmas y otros seres/fenómenos sobrenaturales. No sé si tendrá que ver con el famoso período de Obon (en que se cree que los espíritus de nuestros antepasados nos visitan durante unos días, o sea, es un período de contacto con los no pertenecientes a este mundo), pero otra cosa que dicen es que al escuchar las terroríficas historias de fantasmas, sentimos un escalofrío y así, con ese (escalo)frío y con la sangre helada, nos “refrescamos” y soportamos mejor el calor de verano. No sé qué tan cierta puede ser esta teoría pero es lo que dicen y, de hecho, en verano los canales de televisión suelen (o “solían”, ya que últimamente no sé) trasmitir ciertas series, talkshows sobre el tema o películas de terror.

Recuerdo particularmente que hubo un especial llamado “El mundo que no conoces”, que de vez en cuando trasmitía un canal de televisión y que consistía, en cada edición, en reproducciones visuales dramatizadas de testimonios de horror de televidentes y consejos de expertos para cada caso…. Bueno, los testimonios eran típicamente historias de almas en pena de algunas personas que murieron guardando grandes rencores o deseos frustrados y que por eso se aparecen ante las personas culpables (o ante cualquier persona que por casualidad se ha metido en lugares no debidos) para vengarse o hacerles saber su sufrimiento. Y la solución: ceremonias budistas para apaciguar a las almas, y siempre respeto a las almas en tal condición…

Si se habla de “fantasmas ruidosos” que no descansan en paz por ciertos rencores o frustraciones en este mundo, recuerdo también El Fantasma de Canterville, pero las historias japonesas dan mucho más miedo, incomparable… Bueno, aparte de los testimonios supuestamente reales, obviamente hay un montón de ficciones y tradiciones, de las que podrían citarse algunas muy conocidas:

Para quienes deseen, además de solo escuchar las historias, ver de verdad los fantasmas o fenómenos sobrenaturales, existe una sesión de lectura denominada “Cien Historias”, donde se reúnen 100 personas en una sala con 100 velas encendidas. Uno tras otro, los asistentes van contando historias de terror, apagándose una vela cada vez que se termina de contar una historia. Cuando termina la centésima historia, el ambiente queda en una oscuridad total y en ese momento se supone que aparecen fantasmas reales… Bueno, es solo lo que dicen y aclaro que yo nunca he probado nada pero, averiguando un poco, resulta interesante encontrar relatos así incluso desde Argentina.

De todas maneras… Una noche de velas con un método de refrescarnos sin consumir nada de electricidad… ¿No sería ideal para pasar un verano como el presente de crisis energética?

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Pequeña oración japonesa


No sé desde cuándo lo noto, pero algo me llama la atención. Es una costumbre de algunos japoneses a la hora de comer: ese pequeño rito de juntar las manos e inclinar ligeramente la cabeza, como si fuera una oración. Yo no hago eso, pero hace cierto tiempo que lo noto, que algunos japoneses guardan esa costumbre, a la hora de almorzar en el comedor de mi oficina. Pero, ¿qué es esto y de dónde viene? Ese gesto de juntar las manos, no sé si tiene que ver pero en algo se parece a lo que muchos japoneses hacen al dirigirse a los muertos, ya sea ante el altar budista, ante la tumba de los ancestros o pasando por lugares donde hubo muertos (lugares de accidentes de tránsito o de incendios, etc.)…

Pensando en eso, me acuerdo de lo que alguien me dijo alguna vez, sobre la expresión japonesa “Itadakimasu”, que se pronuncia antes de comer: esta expresión, literalmente no significaría más que “(con respeto y agradecimiento) voy a recibir”, pero a ver… ¿A quién va dirigido ese agradecimiento? Y ¿qué es lo que recibe el comensal? Según alguien, la expresión se refiere a los animales que son sacrificados para alimentarnos. Quizá tenga razón porque, de hecho, buena parte de nuestra comida es, en realidad, cadáveres de animales que por nosotros son partidos, quemados, cocidos, etc., y si es así, puede ser perfectamente coherente que ante tal comida se haga el rito ante los muertos.

Entonces, unas dudas más… ¿desde cuándo existe tal costumbre? Porque aquí en la antigüedad no se comía tanta carne. Y ¿el rito dejará de hacerse cuando el menú del día es vegetariano?

Bueno, ahora sí recurro a una autoridad, a ver, esta página de un hospital administrado por la Organización de Salud y Bienestar, dependiente del Ministerio de Trabajo, Salud y Bienestar del Japón, explica que la expresión “itadakimasu” significa “Para vivir yo, tomaré la vida de los animales y vegetales” (Desde la antigüedad, los seres humanos vienen alimentándose de lo que da la Naturaleza y eso, “lo que da la Naturaleza”, no es otra cosa que la vida de innumerables animales y vegetales.  Y es que todos los seres vivos se enlazan de esta manera para vivir y para permitir que otros vivan. De ahí, el agradecimiento a las vidas sacrificadas expresa el agradecimiento a la gran Naturaleza).

Así que una pequeña oración de agradecimiento, a la Naturaleza… ¿Qué les parece?

Para poner otro dato interesante, recurriré a este otro sito de preguntas y respuestas, donde, ante la pregunta de una persona sobre la costumbre de juntar la mano antes de comer, contestan varias personas, algunas para decir que no tienen tal costumbre mientras que otras sí, y ocurre ahí que dentro de los “practicantes” las opiniones no son las mismas, ya que, mientras que algunos guardan la costumbre porque comprenden su origen o significado, otros afirman que no es más que un hábito sin significado, que solo se ha hecho costumbre porque así se hacía en su familia. Para más curiosidad, algunos “practicantes” afirman hacerlo en casa pero no en lugares públicos, y otros, lo contrario… o entre amigos sí o no, etc, para evitar conflicto o vergüenza ante personas que no comparten tal costumbre rara…

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Pretty Good

Habiendo visitado siete templos el día de la pequeña peregrinación, lo que me faltó fue comprar el omikuji mío de cada año. No fue por olvido, sino por las circunstancias. Y es que en los primeros templos pensaba que no tenía apuro; podría comprarlo después y resulta que en los últimos templos que visitamos no vendían omikuji, o muy posiblemente sí pero yo no logré encontrarlo, a pesar de mi ardua búsqueda antes de salir de ahí (porque precisamente es esta pequeña compra anual mi mayor objetivo de la “primera visita”….). Pero, bueno…

Así que decido hacer mi “compra del año” el día de la “Mayoría de Edad”, el primer feriado después del descanso de Año Nuevo. Sin ir muy lejos, voy a la localidad donde trabajo, por donde también hay numerosos templos y santuarios (e inclusive un itinerario suyo de los “Siete Dioses de la Fortuna”, aunque eso.. ya podría ser algún otro día) y elijo un santuario, que queda más cerca de la estación de tren y donde, para variar, no había comprado omikuji anteriormente..

Encuentro aquí varios tipos de omikuji: el más común, el “abanico” (en vez de papeleta, se saca un diminuto abanico que luego pretende ser guardado como amuleto), el de amor, el de grupo sanguíneo (que predice tu suerte según tu tipo de sangre), el de la omnipresente Kitty… y mucho más.

Bueno, me atrae el abanico pero es caro, así que… esta vez compro uno “bilingüe” para facilitar la comprensión. A ver:


Pillado por un aguacero y ves que el día oscurece. Estando en la cuesta montañosa, difícilmente encuentras camino….

Pequeña suerte”

Cuanto más te preocupes, más sufrirás
Cuanto más clames, más perderás…
Así es tu suerte que va acompañada de desgracias.
Mas si vives con modestia y calma siempre cuidándote y manteniendo fe,
llegarás a un final muy feliz.

  • Deseos: No te desesperes. Es mejor dejar las cosas en manos de otros.
  • Persona esperada: No llegará, porque hay un obstáculo en el camino.
  • Cosas perdidas: Se hallarán entre los objetos.
  • Viajes: No te apures. No vas a ganar nada.
  • Negocios: No vas a tener muchas pérdidas.
  • Estudios: Deja tu fragilidad y esfuérzate.
  • Especulaciones: Ten cuidado.
  • Juegos y apuestas: Ganarás, pero te guardarán rencor.
  • Amores: Controla tu ego.
  • Mudanzas: Éste no es el momento para mudanzas.
  • Partos: Cuídate y saldrá bien.
  • Enfermedades: Ten fe.
  • Casamientos: Tu temperamento puede empeorar las cosas. Es mejor dejar el asunto en manos de otros.

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La “primera visita” (3)

Caminamos un rato más y fácilmente llegamos al siguiente templo, Hongakuji. No tan grande como Tsuruoka Hachimangû, pero en su recinto hay mucha gente y también puestos de comida y cosas de la suerte.

El ambiente es bastante festivo, y de alguna parte se oyen gritos de “¡Prosperidad! ¡Éxito en los negocios!”, y es que aquí está presente el Ebisu, dios de prosperidad en negocios y de buena cosecha, que vendría ser el quinto de los siete dioses que estamos visitando hoy. Aquí desdimos descansar un poco, tomando una sopa de frijoles dulces. Bueno, luego de un rato salimos pero enseguida nos damos cuenta de no haber saludado al Ebisu, así que volvemos al templo y nos dirigimos al rincón donde está el también conocido aquí por una marca de cerveza… (con una “Ye” [exYgriega], de más…).

De aquí a Hasedera, nuestro siguiente destino, hay un poco de distancia. Podríamos tomar un tren, o caminar unos 20-30 minutos según lo que averigüe antes de salir de casa… Bueno, hace buen tiempo y tenemos tiempo, así que optamos por ir caminando, aunque a mitad de camino tomamos otro descanso al encontrar una cafetería que ofrecía amazake y otros productos orgánicos. Ya es la una de la tarde y sería la hora de almuerzo…

A Hasedera llegamos a las 14:20, pero esta vez desistimos… porque la entrada que cobraba, 300 yenes, nos hizo doler un poco el bolsillo…

Bueno, en este templo se podría apreciar muchos patrimonios culturales, un jardín bien cuidado con flores de cada temporada y otros atractivos más, pero para nosotros que queríamos solo saludar al Daikoku, de ascenso en la carrera profesional, el precio resultó un poco caro, así que, bueno… hoy día que terminamos visitando a solo seis (y no siete) dioses… Eso de haber renunciado al “ascenso en el trabajo”, a ver si me va a afectar o no en el futuro… no se sabe. Aquí solamente tomamos unas fotos en la entrada y ya nos dirigimos a nuestro séptimo y último destino de esta peregrinación.

El Mitama Jinja (que literalmente vendría a ser ser “Santuario del Espíritu Santo”, por lo redundante que fuere…) está a unas cuantas cuadras y justo al lado de la línea férrea. No es grande pero con muchos visitantes hoy. Miramos un rato y salimos, pero otra vez volvemos para no dejar de saludar al Fukurokuju, de sabiduría. Está en un diminuto oratorio, al lado del edificio principial. Bueno, aquí en santuario en sí es de ingreso libre pero parece que hay que pagar 100 yenes para ver al Fukurokuju… Pregunta a las vendedoras, o “sacerdotisa”, que vendían cosas de suerte en la recepción del santuario y resulta que no hay control. Hay que pagar 100 yenes, pero nadie está vigilando. Solo que hay una urna donde el visitante puede echar la moneda de 100 yenes. Bueno, entramos y no hay nada de otro mundo.

Solo un pequeño altar y algunas otras cosas (estatuas y escrituras) que no entendemos nada…

Bueno, así fue que terminamos nuestra pequeña peregrinación del primer día del año. Luego podíamos marcharnos enseguida… pero habiendo llegado a este lado, una opción más era visitar también el famoso Gran Estatua de Buda, que quedaba bastante cerca también. Bueno, hablar de eso ya podría ser para alguna otra ocasión…

Así es que por el día de hoy terminaremos este cuento, con una foto del primer atardecer del año en Kamakura.


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La “primera visita” (2)

A la mañana siguiente nos encontramos en la estación de Kita Kamakura y empezamos a caminar. Hay un poco de gente que, al igual que nosotros, baja del tren y sale a caminar pero todos, pronto desaparecen de la vista y luego queda un silencio.

Vamos por una calle sin transeúntes y no tardamos diez minutos en llagar a nuestro primero destino de hoy, el templo Jôchiji de la escuela zen.

Rodeado de bastantes árboles y rocas, su amplio recinto inspira bastante paz. Luego de buscar un poco, llegamos a la cueva del primero de los siete dioses que visitaremos hoy, el Hotei (“Bolsa de Tela”), de armonía familiar. La barriga de su estatua aquí está ennegrecida por el tocamiento de muchos visitantes que creen que eso da suerte.

Aún no hay más visitantes y disfrutamos de la tranquilidad, cosa que hubiera sido imposibles en algunos otros templos demasiado famosos.

Bueno, entre esos “templos demasiado famosos” podría figurar nuestro segundo destino, el santuario Tsuruoka Hachimangû, que podría ser la más popular para la “primera visita” en la zona de Kamakura, supongo. A unos 10 minutos de Jôchiji, y lo primero que encontramos ahí es la cantidad de visitantes, grandes buses turísticos que llegan de lejos, etc. Entramos y es como en el metro de Tokio a la hora punta.

Su reciento está lleno de gente, que se dirige o sale del oratorio principal que está arriba de unas anchas escaleras de piedra. Por los parlantes se escuchan instrucciones tipo “Les rogamos que no se detengan para tomar fotos”, “(Frente al oratorio bien grande) Por favor, no se concentren al centro… Ahora hay espacio en la parte de derecha, así que pueden orar ahí también, y las bendiciones son las mismas”, etc…. Bueno, pasamos por esta típica escena de la “primera visita” y ahora buscamos a la diosa “Benten”. Estamos ahora en un santuario grande, que además de su santuario principal alberga a unos pequeños “sub santuarios” o algo así repartidos en ciertos rincones dentro de su recinto, que en este momento, con esta aglomeración de gente, resulta difícil buscar.. Vagamos un buen rato antes de encontrar a la Benten, diosa de arte y prosperidad, que, como suele ser, aparece en la orilla de un estanque.


El siguiente templo, Hôkaiji, queda bastante cerca.

A unos cinco minutos de Tsuruoka Hachimangû, fácilmente llegamos y aquí, a diferencia de lo que hemos hecho en otros templos hoy, entramos al oratorio, sin olvidarnos de sacarnos los zapatos, para saludar al nuestro tercer dios del día, “Bishamonten” de fortuna y curación de enfermedades. Su pequeña estatua está al lado del Buda principal del templo, y los visitantes, uno tras otro, se sienten ante él y hacen (digo “hacen” y no “hacemos”, porque yo no soy capaz…) el rito de encender un incienso y orar. En la pared están colgadas muchas pinturas de Budas y otros animales míticos, etc, que al parece solo se exhiben en ocasiones especiales.

De Hôkaiji está solo a un paso nuestro cuarto destino del día, el Myôryûji de la escuela de Nichiren. Bastante pequeño y, si no andamos muy atentos, fácilmente pasaríamos sin darnos cuenta. Cerca de su oratorio y la estatua de Nichiren, se encuentra una diminuta construcción de madera con su “Jurôjin”, dios de longevidad.

Yo me pongo a recordar la enseñanza de Nichiren, que toma el Sutra del Loto como el único medio de salvación en estos tiempos en que se avecina el fin del mundo, mientras que todas las demás religiones son enseñanzas malignas que solo nos conducen al … Y, bueno, me parece bien curioso el hecho de que en esta ruta de Siete Dioses de Fortuna (que por sí es producto de una gran sincretismo entre varias religiones) estén participando juntos templos/santuarios de varias denominaciones/escuelas tan diferentes, tan incompatibles o excluyentes entre sí en algunos casos…

Bueno, habiendo visitado a cuatro de los siete dioses, ahora falta pasar por tres templos más. Seguimos con nuestra pequeña peregrinación del primer día del año…

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La “primera visita”

Muy demás está aclarar que aquí al comenzar un nuevo año mucha gente realiza su “primera visita” a algún templo budista o santuario shintoísta. Algunos pasan por el santuario de su barrio, pequeño y nada conocido, mientras que otros, a grandes santuarios/templos conocidos a nivel nacional y visitados por millones de personas solo durante los primeros tres días del año.

En mi caso recuerdo que, cuando era pequeño y aún no entendía nada, mis padres me llevaron unas veces a esos famosos lugares, bien temprano (horas antes del amanecer…) del primer día del año. Luego viene una época en que, estando en cuarto-sexto de primaria, creo, pasé a participar en una excursión de chicos para subir al Monte Takao a horas igualmente tempranas para observar la “primera salida del sol” desde una altura. No guardo más recuerdos de mis primeras “primeras visitas”, que dejaron de existir durante mucho tiempo, hasta que, ya habiendo terminado los estudios y entrado a trabajar, empecé de vez en cuando a hacer tales visitas, a veces solo y otras, con amigos. No soy budista ni shintoísta y, para agravar el asunto, no soy capaz de rezar/orar, jamás, ni pedir nada a dioses/budas en que no creo, por lo que mis “visitas” son de carácter  0% espiritual y 100% turístico-informativo y/o simplemente un pretexto para reunirme con amigos a salir a pasear, con que, bueno, espero no estar ofendiendo a los creyentes y de todas maneas creo que es un pequeño esparcimiento de Año Nuevo.

Bueno, terminando ya el preámbulo, la historia de este año comienza a tramarse en la noche previa, a esas horas en que no pocos japoneses habrían terminado ya los preparativos de Año Nuevo y ahora estaban esperando impacientemente, por ejemplo, el turno de la cantante Uemura Kana con su emocionante canción “La Diosa del Retrete” (léase también el artículo que aparece en las páginas 82-83 de esta revista) en el programa musical “Kôhaku Utagassen” de popularidad nacional del canal semiestatal NHK, cuando de súbito me doy cuenta de que hay un mensaje nuevo en mi computadora: Alguien me preguntaba mis planes para el día siguiente y, de ser posible, me pedía que fuera su “guía”, para presentarle algunos lugares interesantes, algún templo, etc. Sin ningún obstáculo, la solicitud queda aceptada y solo hay que decidir qué lugar presentarle, y es ahí donde, teniendo en cuenta la devoción budista y el interés por temas de espiritualidad de mi solicitante, se me ocurre proponerle realizar una pequeña peregrinación para visitar a los “Siete Dioses de la Fortuna”. En todas partes de Japón existen numerosos barrios o localidades que fijan un itinerario para visitar siete templos/santuarios, cada uno con uno de los “siete dioses” venerado en su recinto, en una buena caminata de un día. Busco una ruta, más o menos fácil de recorrer, no demasiado lejos, e interesante.

De las tantas opciones, elijo una, para dar un paseo por la antigua ciudad de Kamakura. Qué suerte que mi solicitante, viviendo en la prefectura de Kanagawa, aún no había visitado dicha ciudad…  Con entusiasmo queda aceptada mi propuesta y…

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