Archivo mensual: mayo 2011

En el Quinto Mes

A la hora de cena, no se sabe de dónde pero aparece una mosca, que inmediatamente despierta un instinto nuestro que casi teníamos olvidado: el de exterminar las moscas… Bueno, al vivir en una ciudad con cada vez menos naturaleza, rara vez vemos moscas por aquí y aun menos en la mesa de cena, y no recuerdo cuándo fue la última vez, pero parece que el instinto es algo que nunca se pierde, prueba de lo cual es que ni bien nos percatamos de la aparición de la mosca, nos estamos disponiendo, sin pensar nada, a librar una batalla para terminar con el enemigo alado…

Considerando la presencia de nuestro alimento en la mesa, evitamos el uso de poderosas armas químicas y solo tomamos armas convencionales, con que no conseguimos la victoria tan fácilmente. Y resulta que una sola mosca es capaz de movilizar a varias personas durante un buen rato, causando un buen fastidio… Lo curioso del episodio es que ocurrió en este mes de mayo, y es que aquí las “moscas del quinto mes” es otro sinónimo de “ruidosas” y, al igual que las “tres mujeres”, se puede escribir “moscas del quinto mes” en caracteres chinos y se hace leer “urusai” (ruidoso/fastidioso). Bueno, al tener la suerte de vivir sin enfrentar tantas moscas, yo más bien propondría escribir “gatos del tercer mes” en lugar de “moscas del quinto mes” para decir “ruidosos” y, al escuchar esto, un amigo mío propone a su vez “bônenkai del duodécimo mes” para decir lo mismo… pero, bueno, parece que ningún diccionario ha recogido nuestras propuestas hasta el momento.

A parte de las cosas que no sirven sino para juego de adivinanzas, citaré dos interesantes palabras más, que de verdad son del quinto mes: “Samidare” (lluvias del Quinto Mes) y “Satsukibare” (Momentos de sol del quinto mes). Según lo que acabo de ver en Wikipedia, “Sa” (de “Sa-midare”) es una palabra antigua que significa “temporada de siembra de arroz”, que en épocas antiguas era más o menos en junio (o “Quinto Mes” en el antiguo calendario chino) y de ahí también viene la palabra “satsuki” (nombre del “Quinto Mes”, que etimológicamente vendría a ser “mes de sa”), mientras que “-midare” significa lluvias. De ahí que, “Samidare” serían las lluvias de tsuyu, y “Satsukibare” los pocos momentos de sol durante la temporada de lluvias. Bueno, lo cierto es que en el idioma japonés hay gran cantidad de palabras relacionadas con el clima, reflejando la gran diversidad climatológica-meteorológica en cada región en cada época.

Y para hablar de “satsuki”, cómo vamos a dejar de mencionar los arbolitos del mismo nombre “satsuki”, bien populares en el mundo de bonsái… Vaya que justo este fin de semana se está realizando una pequeña feria de satsuki en un santuario shintoísta cerca de mi casa.

Bueno, a cinco días del antiguo Quinto Mes, ya está lloviendo por aquí y parece que está llegando la época de lluvias Samidare.

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Mi “Calculadora Postal”

Ya está funcionando mi primera “Calculadora Postal”, que se puede bajar de AQUÍ  y probar libremente.

Es un archivo en formato de Excel con unos macros que sirven para calcular (1) tarifas postales y (2) combinaciones de estampillas necesarias, a ver:

  1. Para calcular tarifas postales, el usuario puede especificar la categoría, destino y peso de su carta. En cuanto a la categoría, se puede elegir de las cinco opciones:
    Tarjeta Postal: Quizá no se necesite mucha explicación. Su tamaño máximo permitido es de (12 cm x 23,5 cm) y el mínimo, (9 cm x 14 cm).  Mi “Calculadora Postal” no toma en cuenta el peso de las postales.
    Correo de Tamaño Estándar:
    Esta categoría sería para cartas más comunes, del mismo tamaño permitido que las postales: entre el mínimo (9 cm x 14 cm) y el máximo (12 cm x 23,5 cm). El sobre puede tener el grosor máximo de 1 cm y el peso máximo de 50 gramos.  (En caso de cartas de más de 50 gramos, mi “Calculadora Postal” aplicará automáticamente la tarifa de “tamaño no estándar”.)
    De Tamaño No Estándar:
    Las cartas (o postales) más grandes o pesadas que el “estándar” arriba mencionado. En esta opción, las medidas máximas pueden ser de 90 cm (suma de ancho, largo y alto), sin superar el largo el 60 cm. En caso de correos de forma enrollada o cilíndrica, su tamaño máximo es de 104 cm (suma de largo y dos veces el diámetro).  El peso máximo es de 2 kg.
    Material Impreso:
    Para enviar libros, revistas, catálogos, fotos, tarjetas impresas, etc.  Las medidas máximas de 90 cm (suma de ancho, largo y alto) sin superar el largo el 60 cm o, en caso de correos de forma enrollada/cilíndrica, de 104 cm (suma de largo y dos veces el diámetro) sin superar el largo el 90 cm.  El peso máximo de 5 kg.
    Pequeño Paquete:Para enviar cosas pequeñas (sin incluir cartas). Las medidas máximas de 90 cm (suma de ancho, largo y alto) sin superar el largo el 60 cm o, en caso de correos de forma enrollada/cilíndrica, de 104 cm (suma de largo y dos veces el diámetro) sin superar el largo el 90 cm.  El peso máximo de 2 kg.Bueno, todo esto es solo un pequeño resumen, así que para informaciones más completas se recomienda consultar a la Oficina de Correos.
    De todas maneras, luego de colocar los datos necesarios, se puede hacer un clic en el botón de “Calcular” y aparecerá la tarifa del correo.
  2. Para saber la combinación de estampillas, otro clic en el otro botón “Calcular” abajo de la tabla de estampillas, y se calcularán las combinaciones, con menos número de estampillas, siempre dentro de la disponibilidad. Los datos sobre las estampillas y el “Monto Deseado” se pueden modificar independientemente de lo calculado por operaciones anteriores.

Antes de utilizar esta Calculadora, quizá se necesite una pequeña configuración de Excel para permitir el uso de macros, y en tal caso, seguir el menú de “Herramientas” > “Opciones” > “Seguridad” > “Seguridad de Macros” > y ahí elegir la opción “Medio”. (Habiendo realizado esta configuración, siempre permitir el uso de macros al abrir el archivo.)

La idea de esta “Calculadora Postal” nace de algo que pasó hace unas semanas en una tienda, y de ahí solo empezar a querer probar el algoritmo de combinaciones pero, en fin, terminé agregando algo más (para calcular las tarifas), que de repente podría servir para algunos amigos que de vez en cuando manden cartas, pequeños paquetes, libros, etc. de Japón al exterior (y eso sí, todas las tarifas y otros datos utilizados son de correo aéreo de Japón al exterior). Sería interesante desarrollar una versión más internacional, con una interfaz de usuario más refinada y que funcione sobre una plataforma más universal (en lugar de Excel…), pero eso sería para cuando tenga más tiempo y más conocimiento sobre estas cosas…

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La glicina

De las flores y plantas incluidas en las Cartas de Flores,

algunas son muy fáciles de reconocer, como son los casos de cerezo e iris, pero otras, no tanto. En mi caso, puedo decir que una de las ¿flores o plantas? más irreconocibles ha sido justo la que viene entre cerezo e iris:

que, con su forma bien sencilla, la verdad es que por mucho tiempo no tenía la idea de qué ¿flor o planta? representaba. Tras mi pequeña investigación para escribir la entrada sobre las Cartas de Flores, supe que se llamaba fuji o glicina y eso sí, había escuchado su nombre pero solo por nombre: seguía sin relacionar esa palabra con su ¿flor o planta? de verdad. Nada de importancia, pero fue un misterio para mí durante décadas desde el primer momento en que conocí las Cartas de Flores.

La gran respuesta a este pequeño misterio apareció ante mí un día de primavera (o inicio de verano, casi… o sea, más o menos en esta época) del año pasado, cuando caminaba de mi casa a la estación de tren para ir al trabajo. La vi y supe que era la flor de mi misterio. Ese primer día quise fotografiarla, naturalmente, pero no pude, por cuestión de tiempo. Quise fotografiarla otro día, pero no pude, porque estaba nublado. Así sucesivamente, pasaron días sin lograr fotografiarla, y cuando por fin estaba listo para tomar unas cuantas fotos, solo encontré que las flores habían caído justo un día antes. Para apreciar las flores de glicina, aquel lugar no debió ser el único; debía haber muchos otros lugares también pero, bueno, el asunto no era nada urgente ni de importancia, así que con un poquito de pena pero con calma decidí dejar el tema hasta la siguiente oportunidad…

Esa “siguiente oportunidad” llegó un año después, y aquí va mi pequeña revancha:

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En un restaurante

Un sábado por la noche, estábamos yo, un amigo y su pareja cenando y charlando en un restaurante. No recuerdo de qué estábamos hablando pero quizá no importa, porque de un momento a otro no evitamos cambiar del tema de nuestra conversación, que ahora gira entorno a un gran cambio ambiental que acaba de producirse a nuestro alrededor.

No se trata de un asunto muy global, sino algo muy local y quizá momentáneo pero igual fuimos víctimas directas de su impacto, así que con todo respeto y modestia decidimos compartir este testimonio.

Pues bien, el hecho tiene que ver con la llegada de un grupo de unas 10 personas, que se instalaron en tres mesas cerca de la nuestra. Son todas mujeres, muy animadas y habladoras, que al toque lograron mandarnos, imaginariamente, de un tranquilo restaurante a una sala de pachinko o a un tren con decenas de chiquillos de primaria en su excursión. Si se tratara de un paseo escolar, sus maestros se encargarían de enseñarles a no hacer bulla en lugares públicos, o bien se levantaría algún pasajero impaciente a gritar: “¡Silencio!” pero, bueno, nosotros aquí no nos atrevemos.

De ahí es que nos olvidamos de otros temas, para pasar a hablar de la supuesta “ruidosidad femenina”. ¿Es un prejuicio o algo real?, ¿Es una tendencia local o universal?, etc. De ninguna manera pretendemos caer en una generalización indebida pero concretamente estamos ante un caso, y nuestra amiga, siendo ella misma una japonesa, nos cuenta una impresión suya de que muchas japonesas son de verdad habladoras, mientras que sus pares varones más tienden a volverse habladores-ruidosos con la ayuda del alcohol.

Para comprender mejor el tema, les presentamos un modesto y parcial plano del lugar de los hechos:

donde no deja de llamarnos la atención la parte marcada con el color amarillo, y es que esa mesa con tres mujeres… resulta ser una representación exacta del ideograma chino utilizado para escribir la palabra japonesa “kashimashii” (ruidosa) y que también nos hace recordar el dicho japonés “Onna sannin yoreba kashimashii”.

Y a ver… si tres mujeres son ruidosas, ¿cómo sería la situación cuando no son tres sino una decena de mujeres juntas?  ¿Serían súper kashimashii?

Pues es lo que presenciamos aquella noche… 

Bueno, reiteramos aquí que no pretendemos hablar mal de nada ni nadie. Nosotros de todas maneras la pasamos muy bien, o incluso mejor, descubriendo lo interesante que es el mundo de los ideogramas chinos. Yo en realidad no soy partidario del uso de ideogramas chinos en japonés (leer algunos de mis motivos para decirlo, aquí) pero he de admitir que a veces es divertido jugar con los kanji…


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