Archivo mensual: febrero 2009

Una vida antigua

Cada vez que pasaba delante de esta casita, la miraba con curiosidad, pero solo eso y sin ir más lejos, porque alrededor había un cerco que estaba siempre clausurado y también es que de mi parte no tenía un motivo demasiado fuerte para averiguar algo más. Pasaba el tiempo sin novedades y creía que iba a seguir así, cuando de repente renace mi curiosidad al caminar por ahí una vez más y darme cuenta de que por primera vez está abierta la casita, con presencia de un número de personas,  adultos y niños dentro del cerco. Bueno, sin poner más preámbulos, vamos a mirar.

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Es una reproducción de una vivienda tipo tateana (excavada vertical) del período NaraHeian, con el suelo excavado por una profundidad de 35 centímetros (de ahí el nombre de tateana) por una área de 4×4,5 metros y con la pared y techo de paja. Bueno, si de las viviendas tateana se habla, se podría también pensar en las del período Jômon, más primitivas, pero la que vemos aquí parece ser un poquito mas avanzada, por la existencia de las paredes por ejemplo, y quizá muestre un paso hacia arquitecturas post-tateana.

En el patio, se está realizando un taller para ver y experimentar cómo se hacia fuego en la antigüedad. Utilizamos esta sencilla herramienta,

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que con el disco de madera que sirve de volante de inercia y con la cuerda atada al eje y a la tabla que sostenemos y movemos arriba y abajo con las manos, sirve para hacer girar el eje de manera rápida y continua, y entonces ocurre que la fricción entre el eje y la tabla con huecos colocada abajo produce calor.

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Si lo hacemos bien (sí, si es que lo hacemos bien), pronto empieza a salir humo y, luego de seguir un poco más con la fricción, colocamos cierta especie de aserrín o polvo en la parte calentada y soplamos. Y así, si lo hacemos bien, conseguimos que el aserrín se empiece a quemar, como si fuera un incienso… aún muy débil y sin llamas. Entonces, cubrimos el aserrín quemado con un pequeño ovillo de fibras de lino, lo agarramos con la mano y lo sacudimos en el aire.  El resultado de esta última fase es inmediato y realmente impresionante:

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Bueno, ahora un poco averiguo las cosas, y parece que esta herramienta de madera, con cuerda y volante de inercia, es un invento del período Edo y en realidad no corresponde a la edad de la vivienda, pero de todas maneras servirá para despertar en los niños el interés por aprender de las cosas antiguas, y por otra parte, quién sabe si de repente estas técnicas primitivas podrían servir para supervivencia en caso de emergencia, desastres naturales, etc.

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Dorayaki y Kibidango

Mi mamá siempre me compraba el warabimochi, que era más barato, pero yo me moría de ganas de probar el kibidango. Sí, el mismísimo kibidango que llevara el legendario Momotarô al emprender su expedición a la Isla de Ogros a castigar ahí a los malvados demonios. ¿Quién no iba a querer probar ese famoso kibidango? Bueno, años más tarde se lo comenté una vez a mi mamá, pero fresquita me dice: “Debiste habérmelo dicho entonces.” Ay, Kibidango de mis amores inalcanzables..

Fue así el sueño que nunca se cumplió de Ch.Y., quien nos narra recuerdos de su infancia, de la época en que había un vendedor ambulante de dangos que cada tarde pasaba por su barrio, trayendo solamente dos mercancías: el warabimochi y el kibidango.

Bueno, yo no sufrí ese despecho porque a mi barrio no llegaba el vendedor de dangos, pero lo que sí recuerdo es que por la tarde venía un camión a vender verduras y, además, el tradicional vendedor de tôfu, que más o menos al atardecer recorría las calles, en bicleta o en motoneta y anunciando su llegada con su típica trompeta. Al escuchar su sonido, la gente corría a agarrar un plato hondo o un bol y salir a comprar el tôfu artesanal. El tôfu flotaba en una caja, de madera recubierta de metal por dentro y que se llenaba de agua, de donde el vendedor sacaba uno y lo pasaba al recipiente del cliente. Nada de empaques ni bolsas plásticas. A veces había compradores que apurados salían sin tiempo para buscar su bol, y en ese caso el vendedor ofrecía un sencillo envase plástico, pero eran casos excepcionales. La regla era que el cliente llevara con su recipiente propio, y nunca se necesitó una conversación así:

– Son *** yenes… ¿Sin bolsa, estará bien?
– Pues sí, está bien.
– Gracias por reducir el uso de bolsas plásticas.

Bueno, habría que aclarar que si yo, al contestar “Sí está bien” en el supermercado donde compré unos dorayakis y una cajita de jugo de verduras antes de llegar a la casa de mis amigos ese día, fue solo para dejar de recibir cosas prescindibles, y no tanto para hablar del medio ambiente, ni tampoco para dejar de pagar los cinco yenes adicionales (que ni sabía en ese momento que ahí se cobraba a quienes desearan la bolsa). Y lo único que ocurrió fue que me sentí un poquito incómodo al salir de la tienda agarrando las dos cosas así nomás con mis dos manos, y es que, aunque lo de llevar las cosas sin bolsas, en sí no era ningún problema para mí, de repente hubiera parecido un ladrón, o ¿no?

Sea lo que fuere, a ver qué tal si la próxima vez intentamos, en vez de comprar el dorayaki del supermercado, preparar nuestro kibidango juntos, sin dejar de compartir la experiencia en este Meu Quaderno por supuesto….

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Fotos chismosas

Antes no solía andar con cámara fotográfica, aun cuando salía de viaje. Para tener fotos de los lugares visitados, optaba por comprar las postales, que seguramente eran mucho más lindas que las fotos tomadas por alguien como yo que no sabe nada de fotografía. Luego cambié de idea y empecé a llevar una cámara en caso de salir de viaje, porque no sería una mala idea tener fotos que, sin bien no demasiado lindas, guardaran las mismas imágenes vistas con mis propios ojos y que también pudieran ser pruebas de mi presencia en mis destinos turísticos, y eso, sobre todo cuando iba muy lejos. Pero, bueno, aún no era para andar siempre con la cámara, sino para viajes o eventos muy especiales…

La cosa cambió totalmente desde el día que conseguí mi primera cámara digital. Se podría decir que decidí comprarla para el Mundial de Fútbol que se acercaba, pero sin esperar la fecha empiezo a andar tomando cualquier foto ya, para, antes del evento, aprender el manejo del aparato y ver lo que se puede o no se puede con esta cámara. Aparte de todas esas justificaciones, en fin, si es que las fotos digitales no cuestan nada, dejo ya de dudar en fotografiar cualquier escena o cosa, muy interesante o no. Y para fotografiar, es que ahora saco varias tomas de una vez. Si en la edad predigital tomaba una, dos o tres fotos en un lugar, por ejemplo, tomo ahora cinco, ocho o diez , para después elegir la toma menos impresentable. Podría ser una pérdida de tiempo el procurar conseguir fotos de ¿calidad?, cuando se trata de fotos que luego no sirven para mucho pero, bueno…

En todo caso, al andar siempre con la cámara, a veces encuentro escenas raras o poco cotidianas, y es cuando especialmente me fascina tomar unas cuantas fotos. Podrían ser “fotos periodísticas”, pero a la vez pienso que, cuando la rareza es de alguna persona (excepto en caso de “personas públicas” como los señores políticos), una desgracia o un accidente, por ejemplo, a veces puede ser un acto poco respetuoso el sacar fotos aficionadas… Y es así que esta vez me abstengo de hablar de cierta escena que vi cerca de mi casa hace unos días, y en su lugar optaré por colocar esta foto (de la entrada de una licorería)

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que me deja con una curiosidad.  Fue recién en estas últimas semanas que me di cuenta de la presencia de la advertencia bilingüe, que no sé si estaba ahí desde siempre o la acaban de colocar… Y es que sobre todo me intriga saber si la colocaron antes o después de la llegada de un sudamericano amigo mío, que vive en la zona desde el año pasado.

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La siesta

Si una guardería fija el horario de siesta para sus nenes, creo que es lo más normal del mundo. Pero si hiciera lo mismo un bachillerato, o secundaria superior, para sus estudiantes, eso sí sería algo insólito y una novedad que podría ocupar un espacio en los periódicos…. Y, en efecto, fue por el periódico que me enteré de que hay colegios que están decidiendo introducir la siesta, de manera permanente o experimental, como el caso de un bachillerato de Kyûshû que introdujo la hora de siesta para que sus estudiantes durmieran un rato después del almuerzo y antes de las clases de la tarde. Es solo por 15 minutos, pero se supone que quienes participan de esta breve siesta logran concentrarse mejor en las clases de la mañana y de la tarde, dejando de tener la modorra a horas no adecuadas…

Bueno, no sé desde cuándo se empezó a hablar tanto sobre el trastorno o falta de sueños, pero aquí encuentro, por ejemplo, un artículo que afirma que la pérdida económica causada por el problema de sueños llega a seis billones de yenes; o que solo el 51% de los japoneses se acuesta antes de las 11 de la noche, cuando la cifra era de 90% hace 40 años, y eso sucede sin que haya cambiado el horario de llegar al trabajo/escuela, lo que significaría, demasiado obvia, que la gente duerme menos, etc. Bueno, podré decir que es un problema social y personal, ya que yo mismo permanezco despierto aún después de las 11 de la noche, sin que cambie el horario de mi oficina…

Y es que no hay otro remedio, si hay tantas cosas que hacer; tantos libros que quiero leer, tantos mensajes que quiero contestar; DVD que compré hace meses y que aún no he visto; programas de computadoras que quiero aprender a manejar, y muchas cosas más…. Y en fin, nunca duermo suficientes horas, ni tampoco echo la siesta después del almuerzo. Bueno, eso de siesta sí, a veces, pero es que cuando estoy leyendo algún libro (como sucede en estos días), dedico ese valioso pedazo de tiempo a la lectura…. Entonces, el único momento que paso sin hacer nada, y que por eso puedo aprovechar para una pequeña siesta, es cuando viajo en tren, donde prefiero no leer mucho porque cansa la vista, ni me interesa tener el aparato chiquito ese de juegos portátiles.

Y así, diariamente subo al tren, tomo asiento, y cierro los ojos… pensando que si me ve algún bloguero extranjero, seguramente escribirá que los japoneses son capaces de dormir en cualquier lugar

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El Día del Chocolate

En el principio era el Chocolate, y el Chocolate era con Negocio, y el Chocolate era Negocio… O, bueno, es una tontería que se me ocurre hoy, pero es que realmente fue así el principio, al menos para mí:

Un día de invierno, luego de volver del colegio a casa, vi que mi hermano pedía a mamá que le comprara un chocolate, con el argumento de

– He oído que hoy es un día en que nos dan chocolate a los varoncitos…

Yo nunca había oído hablar de tal fecha, y creí que a lo mejor se trataba de un cuento de su propia autoría, original pero no demasiado, quizá, para nenes de tercer o cuarto curso de primario en que estábamos en ese entonces. No le presté atención ni nada, y me olvidé del asunto nomás, sin imaginar lo que pudiera haber detrás del cuento de nenes…

Aquí encontramos una estadística del Ministerio de Asuntos Interiores y Comunicaciones con datos interesantes sobre el consumo de chocolate en Japón:

  • Las familias japonesas gastan alrededor de 200-400 yenes en chocolate cada mes, pero ocurre que el gasto promedio se eleva a 1058 yenes en febrero, donde en un solo mes se consume el 25% del consumo total anual de chocolate.
  • Y en el mes de febrero, el gasto para chocolate va subiendo desde el día primero hasta el 14, pero se registra una impresionantísima caída al llegar el día 15, y de ahí ya no vuelve a subir… Se calcula que el 85% del consumo para febrero se produce en las primeras dos semanas del mes.
  • Y por sexo y edad, hay una clara tendencia de que aquí las damas son mucho más chocolateras que los varones en todas las edades, y sobre todo las japoneses jóvenes gastan 3.37 veces más en chocolate.

Según otra estadística, los japoneses no son grandes amantes de chocolate, con consumo anual per cápita de 2,2 kilogramos, cuando algunos europeos (alemanes, suizos, austriacos, belgas, noruegos, británicos…) comen 9-11 kilogramos de chocolate. Y ahora, un raro cálculo que se me ocurre:

2.2 / 4 * 0,85 * 24 = 11,22

Sea, si los japoneses mantuvieran durante todo el año su ritmo de consumo de chocolate para la primera quincena de febrero, su consumo anual podría ser de 11,22 kilogramos, llegando entonces a la altura de los más grandes chocolateros del mundo….. Lo cual significaría que esos amigos germánicos viven los 365 días del año lo que es el Barentain para los japoneses.  Deben ser unos verdaderos paraísos chocolateros.

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Cosas de la cultura japonesa, y lo caro que puede costar la falta de experiencia, imaginación, o comprensión sobre el tema (Tercera Parte)

(Viene de la entrada anterior)

Cuando se van, Granado está furioso y reprocha a Guevara, pero, en fin, éste no quería hablar nada, sino por tanta insistencia…

* * * * * *

Si me animara hoy a dar un tal Examen Oficial del Conocimiento de la Lengua Española, y si superara sin problema la primera fase (examen por escrito) que podría incluir traducción de varios tipos de textos (novelas, notas de prensa, ensayo, poesía japonesa waka, refranes, etc) como por ejemplo:

  • La Sra. Ágata era una señora obesa, medio calva, y de aspecto apagado. La habrían tomado por muerta si sus dolencias, que la obligaban a tener sus pies sumergidos en agua tibia en un barreño, no la hubiesen hecho exclamar de cuando en cuando: “¡Delfina, la jofaina!” Cuando el agua se enfriaba, revivía para decir eso. Entonces su hija vertía en el barreño el agua humeante que traía en un cazo….
  • El interés de las grandes empresas agroalimentarias por el cultivo de productos transgénicos, que consideran decisivo para el futuro del sector, es extraordinario. Y, en consecuencia, el gran interés comercial ha jugado un papel tan fuerte en la llegada al mercado de los primeros productos transgénicos, que el consumidor se siente desorientado, olvidado, y hasta engañado.
  • Si demolieran, supongamos, el Edificio Wakô con su famosa torre de reloj, de la esquina del Barrio 4 de Ginza, Tokio, ¿no nos sentiríamos tristes al ver un Ginza que ya no sería el mismo?

… y si pasara a la segunda fase (examen oral, o entrevista), y si ahí a los señores examinadores se les ocurriera decirme que les hablara de eso que se llama “honne y tatemae”; Una explicación con algún ejemplo ilustrativo por favor….

Entonces creo que sería interesante hablarles de los casos de las beldades internacionales y de los viajeros argentinos, que bien podrían ser considerados como una especie de honne y tatemae, para luego agregar que además de los “elogios diplomáticos” hay varias formas de manejar “dos versiones” para embellecer la apariencia ante los demás, para no contradecir los protocolos sociales, para encubrir intereses no bien vistos, etc.. A ver, si algunos señores de arriba crean unas organizaciones para beneficios públicos (reconocidas oficialmente como tal y por ello favorecidas por reducción de impuestos) con el fin de desarrollar actividades “para el bien de la sociedad”, ya sean en el área de salud, educación, seguridad vial, o lo que sea.. (Versión Oficial), cuando esos señores en realidad no están interesados sino en ganar plata aprovechando sus posiciones privilegiadas y sus nexos con los políticos y burócratas, etc., aparte de ofrecerles puestos directivos a los altos burócratas para cuando se retiren de sus cargos púbicos (Verdad encubierta), o si alguien afirma que fue a un festival internacional a “ayudar a sus amigos a vender artesanías” (Versión Oficial), cuando en realidad fue la presencia de bellas chicas su motivo determinante para ir hasta Yokohama (Verdad encubierta)… ¿éstos también podrían ser casos [ejemplos imaginarios que nada tienen que ver con personas y/o hechos reales] de honne y tatemae?

De todas maneras, el hecho es que di el examen hace 10 años.  Aún no había asistido al evento de Miss Internacional ni sabía nada de la vida del Che, y tampoco logré inventar ejemplos y explicaciones más o menos interesantes sobre el tema.  Semanas después, recibí un pequeño sobre que contenía, en lugar del diploma que me hubiera gustado tener, un pequeño papelito que daba aviso de mi fracaso.  ¿Y el costo?  Para dar el examen pagué más o menos el equivalente al precio de 100 latas de Coca Cola… Nada barato para solo conseguir un pedazo de papel que no sirve sino para que vaya directo al tacho de basura…

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Cosas de la cultura japonesa, y lo caro que puede costar la falta de experiencia, imaginación, o comprensión sobre el tema (Segunda Parte)

(Viene de la entrada anterior)

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El programa en el escenario termina, y parece que a las chicas se les ha dada un poco de tiempo para que puedan andar charlando, mirando, y de repente comprando algo en este festival internacional. Y yo, qué gusto tengo de recibir la visita de la candidata nuestra para el cetro internacional, quien al encontrar las artesanías de su país y la presencia de un compatriota suyo, entra a nuestro puesto y nos ponemos a conversar un momento. A mí entre otras cosas se me ocurre preguntarle qué tal estuvo la comida china y…

– Uy, pésima…

Me explica que las chicas llevan una agenda bastante agotadora, asistiendo a numerosos eventos y desplazándose de un sitio a otro, y eso, soportando el cambio de horario, clima, y todo. Y con tal cansancio, la verdad es que no están del todo bien de salud, ni en condiciones óptimas para andar disfrutando de comidas muy exóticas. Sí, comprendo perfectamente la situación, pero a la vez no deja de ser que…

– O sea que hay dos versiones…

Una versión es de las chicas entrevistadas en el escenario, quienes afirmaron que la comida china estuvo bien rica y les gustó bastante, mientras que ahora tenemos la otra versión, no necesariamente linda pero que refleja más la verdad, y justificable. Bueno, otra cosa que comprendo perfectamente es que las chicas no suben al escenario para decir cualquier cosa que se les ocurra, sino para cumplir con el rol que se espera de las Miss, donde a veces hay que oprimir sus verdaderos sentimientos y procurar dar una respuesta más diplomática. De todas maneras, ha sido un gran placer conversar con nuestra visitante y que ella a mí me haya contado un poco más la verdad.

Si el caso de las Miss, con sus obligaciones, es algo especial, ahora pienso en otro caso, de gente que anda libremente, sin tener un rol que cumplir ni subir al escenario ante el público. Concretamente me parece interesante una anécdota que cuenta Alberto Granado, compañero de Ernesto (el futuro Che) Guevara en su famoso viaje en motocicleta por Latinoamérica en su época de estudiantes de medicina: Los dos viajeros, al llegar a Lima cuatros meses después de salir de la Argentina, visitan a un reconocido leprólogo, quien les da una gran ayuda durante su estadía en la capital peruana, con alojamiento, dinero, trabajo, pasajes y todo. Resulta que este doctor tenía, además, veleidades literarias y una noche, durante una cena, les pide opiniones sobre una novela que se había atrevido a escribir y de la que se sentía orgulloso. Mientras que Granado, al sentirse obligado a devolver los favores recibidos, le da todos los elogios, con tanta eficacia y en exceso, Guevara permanece callado y absorto en un plato de sopa, hasta que, después de la insistente solicitud de opinión, por fin habla en el momento de despedirse: “Me parece mentira, doctor, que un hombre con su capacidad y su formación haya escrito un libro tan mediocre.” Y sigue con sus críticas al estilo, a la forma, y al contenido…

(Continuará en la siguiente entrada)

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