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Paisaje otoñal

Cada mañana y noche reviso en Internet el pronóstico de tiempo de mi zona, y es especialmente importante últimamente porque el cielo está con su ánimo bien bajo y cambiante, con que siguen varios días nublados pudiendo llover casi en cualquier momento y saliendo esporádicamente el sol… y así, lo cierto es que con cada lluvia parece acelerarse más el paso de otoño a invierno…

De ahí ocurre que, un día chequeando el pronóstico del día, me doy cuenta de que en la página había aparecido un enlace a una guía para ir a apreciar las hojas coloradas de otoño, con informaciones completas sobre muchos lugares lindos, sus mejores temporadas, mapas, posibles gastos, eventos y todo. Bueno, es lo que hacen cada otoño, pero al saber que ya está llegando la época, averiguo si hay algún lugar interesante y en su buen momento para este fin de semana a ver si me animo a ir… y esta vez decido ir a visitar este templo, cuyo nombre significaría algo como “Buda de la Merced de Posadera de Pájaros”.

Así que tomo el tren hasta la estación más cercana, para luego viajar como 40 minutos más en ómnibus y por fin llegar. No es demasiado conveniente para llegar pero así, quizá esté así con la naturaleza mejor conservada. Lo malo es que hacía mal tiempo y parecía querer empezar a llover en cualquier momento pero, bueno…

Por aquí empezamos a caminar

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y este templo, como muchos otros, ocupa una pequeña montaña entera y entonces “visitar el templo” es casi lo mismo que “escalar una montaña”, caminando senderos así

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y a la vez apreciando los colores de otoño

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y visitando diferentes pabellones, torres, campanarios, estatuas, etc. dispersados en su vasto recinto-montaña.

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Hubiera sido mucho más lindo en un día soleado, pero de todas maneras hacía tiempo que no iba a caminar por las montañas y ya era la hora.

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Castillo de Edo

Antes la sede del shogunato de Edo, de los Tokugawa, y ahora convertido en la residencia de la familia Imperial, el antiguo Castillo de Edo está en el centro de Tokio y es uno de los lugares turísticos que no hay que dejar de visitar de la capital japonesa.

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Yo ya había paseado por ahí en varias ocasiones pero, aprovechando un inesperado día libre, decidí andar para allá una vez más.

El castillo antes tenía una torre principal de 50-70 metros de altura aproximadamente, que varias veces fue reconstruida, ya sea por incendios o por otros motivos, pero sigue sin reconstruirse después del último incendio en 1657. En la actualidad no quedan edificaciones muy altas, pero aún así se pueden apreciar algunas torres, portones y otras edificaciones al estilo típico de los castillos japoneses.

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Alrededor del castillo hay una acera por donde se puede dar una vuelta al ahora palacio imperial. Es un recorrido de 5 km aproximadamente y a cada 100 metros hay una baldosa con flores de cada una de las 47 prefecturas del Japón… (faltarían tres para completar los 5 km, pero no sé qué cosa se habrán colocado en su lugar).

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Siendo la casa de la familia imperial, básicamente es solo para ver desde exterior, pero hay algunas zonas que ahora son lindos parques japoneses de entrada libre. Me hubiera gustado pasear con tranquilidad pero estaba lloviendo, por mala suerte. Creo que algún otro día volveré.

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Cerca del castillo, hay muchos importantes e interesantes lugares más, como museos, teatros, ministerios y embajadas…

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Y…, bueno, sin más comentarios, solo espero que si algún día visitan Tokio, me cuenten también sus impresiones del ahora Palacio Imperial.

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Calzados

Sabido es que en Japón la gente se quita los zapatos al entrar a la casa. Dentro de la casa, generalmente se usan pantuflas de cada uno (en los pasillos y en habitaciones de piso de madera) o pantuflas compartidas (en el cuarto de baño) o se anda descalzo (en habitaciones de piso de tatami o de alfombra). Lo mismo ocurre en los templos budistas y hoteles al estilo japonés llamado ryokan (que suelen tener pasillos de madera y salas de tatami). En caso de restaurantes, al estilo neta o parcialmente japonés, suele haber áreas o salas denominadas zashiki de piso de tatami, donde igualmente hay quitarse los zapatos… Bueno, el hecho de que no entran los zapatos implica cierta limpieza (ya que no entrar barros ni polvo del exterior), que permite que uno se siente o se acueste directamente sobre el piso como si estuviera sobre la cama, y parece que algunos japoneses se sienten muy cómodos así (y por eso no desaparecen los restaurantes con zashiki, por ejemplo), aunque otros no, porque la verdad es que cansa un montón el sentarse sobre el piso sin sillas… diría yo que es una tortura. De todas maneras, el hecho es que si uno vive en Japón o viaja por este país, hay muchas ocasiones en que necesitará andar descalzo en público (visitando a amigos, asistiendo a fiestas, visitando templos, asistiendo a la ceremonia de té, etc.), y de ahí un consejo: tener medias impecables… para no pasar la vergüenza de mostrar un dedo del pie salido del hueco de las medias rotas.

Bueno, en mi oficina no es obligatorio cambiar de zapatos al entrar pero no pocos lo hacen, y eso debe ser bueno ya que así se mantiene más limpio el interior de la oficina y eso, además de higiénico, previene que las computadoras y otras artefactos de precisión malogren por el polvo. Así es que… yo también tengo mis sandalias para el interior de la oficina, que acabo de cambiar por unas nuevas porque las que usaban antes estaban ya bastante desgastadas. Esta vez elegí estas sandalias

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que me gustaron porque cubren bien la punta de los pies y creo que dan más protección (por si choco o tropiezo con algo contundente, por ejemplo) y…. también creo que con estas sandalias podré andar con más tranquilidad, sin preocuparme por ocultar las medias rotas.

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Billiken

Si hay algo que puede ser pariente del tanuki y el gato y que me llama la atención desde hace tiempo, es el Sr. Billiken, que posa en la entrada de un bar japonés a cuyo lado paso cada mañana y noche cuando voy y vuelvo del trabajo:

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Es un… muñeco o estatua de expresión bien rara, del tamaño del gato suertudo, y con un cartel que el dueño o la dueña del local colocó con un mensaje que dice en el dialecto de Ôsaka:

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Se cumplirán tus deseos si le frotas la planta de los pies al Sr. Billiken.

Bueno, en realidad no sé distinguir muy bien los dialectos de diferentes partes de Kansai pero supongo que es de Ôsaka porque el nombre del local es de un popular barrio comercial de dicha prefectura. Aparte de eso, dentro del local hay muchos carteles con frases graciosos en el mismo dialecto, con que supongo que su dueño o dueña será de allí.

Volviendo al tema del Sr. Billiken, bueno, por mucho tiempo seguí sin averiguar nada pero un día supe, por un programa televisivo, que el Billiken era más conocido y popular en Ôsaka, algo que me pareció bien cierto…. Y, bueno, ya sería la hora de intentar buscar más información, y no resulta tan difícil ya que, buscando por su nombre aparece ya la página oficial del Billiken de Ôsaka y también un artículo en Wikipedia. Así es que, al contrario de lo que creía yo (de que se trataba de algo de origen confuso de Japón o China), tenía su origen bien concreto: era creación de una artista norteamericana hace algo más de 100 años y se difundió en todo el mundo aunque, aparentemente, es en Ôsaka donde más se mantiene su popularidad…

Así es que… puede que lo hayan visto o no lo hayan visto dentro o fuera de Japón, pero si algún día lo ven en alguna parte, ya saben de qué se trata y qué hay que hacer para que les traiga suerte.

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Humanos vs Computadoras

 

El ajedrez japonés (shôgi) es un juego mucho más complejo que el ajedrez internacional, principalmente por el hecho de que sus piezas nunca mueren (sino que van pasando de un bando a otro o viceversa, con la posibilidad aumentada, en tal situación, de “volar” a cualquier casilla desocupada) y, por ende, para nada se va reduciendo, a medida de las capturas o “intercambios” (y eso sí, son verdaderos intercambios en caso de shôgi) de piezas, el número de posibles posiciones/movimientos hasta el final de una partida, con posibilidad de que se reviertan situaciones absolutamente desfavorables para un jugador, cosa que no ocurre, casi, en el ajedrez internacional.

 

Y por esa complejidad del juego resulta ser más difícil, y más interesante, desarrollar computadoras/programas para jugar al shôgi. Bueno, no sé exactamente cuándo comenzaron los intentos pero el hecho sería así: lo que hace dos décadas no llegaba al nivel de los buenos jugadores amateurs, ya está superando a los campeones amateurs en estos últimos años.. Si insisto en decir “amateurs”, es que aquí existe el shôgi profesional sólidamente institucionalizado, que obviamente está muy por encima del nivel amateur. Y entonces el interés sería por saber cuándo la computadora llegará o superará a los campeones profesionales…

 

La verdad es que yo no juego nada de ajedrez japonés, pero es un tema que siempre me interesa y por eso, en estas últimas semanas no he dejado de prestar atención al desarrollo de un evento… Bueno, hoy se jugó la última partida de la serie “Dennôsen” (algo como Batalla del Rey Electrónico) de cinco partidas del shôgi entre un equipo de humanos (cinco jugadores profesionales) y otro de computadoras (cinco mejores programas del momento). La serie comenzó hace cuatro semanas para jugarse una partida cada sábado…, y el resultado final: 3 partidas ganadas por computadoras (incluyendo la de hoy, contra el capitán humano perteneciente a la clase A [división superior del shôgi profesional]), una por humanos, y una partida empatada. O sea, aplastante triunfo de las computadoras sobre los humanos en lo que fue la primera ocasión oficial en que las computadoras jugaron de igual contra los humanos profesionales en activo sin ningún trato especial (anteriormente hubo partidas de computadoras contra humanos pero no en las mismas condiciones de los campeonatos profesionales de humanos, sino siempre con cierto hándicap previamente concedido, contra profesional ya jubilado o en partidas relámpago, etc).

 

Bueno, aún no sería el momento de intentar sacar alguna conclusión definitiva, por el reducido número de partidas realizadas, pero la curiosidad en adelante sería saber realmente quiénes son más fuertes: ¿el verdadero campeón de los humanos o las computadoras? Habrá que ver si se realiza una edición más de Dennôsen el año que viene.

 

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Día Naranja

Hoy es el Día Naranja para confirmación del amor.

Pero, ¿qué? ¿Qué es eso…?

Bueno, el cuento sería así:

Se supone que en Japón, las chicas declararon su amor hacia un hombre hace dos meses (el día del chocolate, 14 de febrero) y los hombres dieron su respuesta un mes después (el Día Blanco, 14 de marzo). De ahí que, en caso de ser correspondido el amor, ¿por qué no hacer algo para consolidar la relación de pareja un mes después (sea, el 14 de abril)?

Pero, ¿qué tiene que ver eso con la naranja? Bueno, no sé qué tan cierto será esto pero argumentan aquí que, según el lenguaje de las flores, la naranja representa la “alegría de la novia”, mientras que por otra parte viene lo concretamente cierto y declarado: el afán de aumentar la venta de los cítricos producidos en la prefectura de Ehime, siendo los agricultores de la zona los inventores del supuesto Día Naranja según ellos mismos afirman.

Y ¿qué tal va la cosa?

Bueno, me da la impresión de que el evento no está teniendo mucho éxito, o al menos nada comparable con los otros dos fechas supuestamente dedicadas al amor (el del chocolate y el blanco) porque realmente, nadie a mi alrededor hace nada al respecto ni yo mismo me acuerdo de la fecha si no por buscar un tema más para seguir escribiendo algo en este espacio una vez a la semana. Así que…, bueno, digamos que como evento comercial, no pasa de ser “uno más” entre tantos otros. Seguramente será porque después de las dos fechas parecidas, la gente se aburre ya y no se enganchó, aparte de que el argumento mismo del evento pareciera estar restringiendo el público objeto (solo las parejas correspondidas en las anteriores dos fechas), cuando justamente los dos eventos predecesores han logrado ampliar muy exitosamente su clientela.

  • En caso del día del chocolate, siendo su primer cuento el de declaración de amor, se ha logrado que la repartición del chocolate no se limitara al tema de amor, sino para amistades, compañeros de trabajo y cualquier demás persona, etc, etc. Hasta tal punto que ya no importa el cuento del amor, y de hecho es más en la actualidad la cantidad de chocolate comprado para consumo propio de las chicas y/o entre amigas mujeres.
  • En caso del Día Blanco, aquí viene la forma de pensar de muchos japoneses, que no se sienten muy a gusto si reciben algún regalo y no retribuyen luego el favor recibido. De ahí que, ya tratándose de una muestra de amor/cariño/amistad o de puro formalismo protocolar, ha quedado muy bien que los varones tengan la ocasión para “saldar la deuda” ante las mujeres.

Bueno… según dicen en la red, en la República de Corea hay otro evento para la misma fecha: el Día Negro, para los que no tuvieron suerte el 14 de febrero y el 14 de marzo. Los que no consiguieron pareja se visten de negro y se reúnen a comer cierto tipo de fideos el día 14 de abril…

En el mundo hay tantas “tradiciones” bien raras

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Primavera 2

Como ocurre aquí en cada primavera, de suroeste para nordeste del Japón avanza el denominado Frente de Cerezo, a cuyo paso se va emitiendo la Declaración del Estado de Floración de Cerezo en las zonas alcanzadas por el frente, algo que de una manera podría parecer cosa de niños pero definitivamente debe ser mucho mejor poder vivir hablando de esas niñerías (y no de un tal Frente Nosécuál de Liberación Nacional o algo por el estilo con sus Zonas Liberadas declaradas a su paso)…

En todo caso, lo inusual de esta primavera ha sido la rapidez del avance del Frente de Cerezo, que, batiendo todo el récord meteorológico en lo que se conserva el registro, recorrió el archipiélago japonés alcanzando muchas zonas antes de que la gente se preparara para la ocasión, lo cual no dejó de afectar a ciertos sectores, los de establecimientos comerciales, municipios y policía, sobre todo, que no pudieron montar a tiempo su oferta para la época de cerezo o no pudieron alistar bien los parques destinados a sus festivales de primavera, ni colocar personal para la seguridad durante los eventos, etc., inconvenientes que al parecer no afectaron demasiado al ánimo de los ciudadanos, con que en estas últimas semanas abundan noticias y reportajes sobre el tema en los medios de prensa, con amplios detalles sobre cómo se divierte la gente haciendo sus fiestas bajo árboles de cerezo en populares lugares para eso, como el Parque de Ueno (que tuvo un millón de visitantes en un solo fin de semana).

Y de esos reportes de prensa, lo que resultó especialmente interesante esta vez fue sobre la vida de los sinhogares que viven en el mismo Parque de Ueno, quienes terminaron siendo los más beneficiados de las fiestas de cerezo. Y es que su fuente de ingreso son las latas (de cerveza, refrescos, etc.) que tiran los visitantes, que los sin techos recogen y juntan para luego vender a empresas dedicadas a reciclaje de materiales, cuyo precio es de 100 yenes por kilo aproximadamente en la actualidad en caso de latas de aluminio. De ahí que con más visitantes al parque, más oportunidades para los sin hogares, aunque su trabajo no es fácil, ya que precisamente cuando hay más oportunidades, hay más rivales (sea, otros sin hogares) también y, por consiguiente, la necesidad de innovación…

  • Uno de esos señores, en vez de recoger solamente las latas ya tiradas, decidió hacer tratos con sus “proveedores”: a la hora que empiezan las fiestas, salió a recorrer el parque a conversar con el líder de cada uno de los grupos fiesteros, para entregarles una cajita de cartón y pedirles que al terminar sus fiestas, dejen las latas en dicha caja para su posterior recogida. El trato es beneficioso para ambas partes ya que el sin hogar asegura así sus latas para luego vender, mientras que la otra parte ahorra el trabajo de llevar las latas hasta el tacho de basura del parque.
  • A otro señor se le ocurrió una brillante idea de colocar una caja de cartón al lado de los basureros del parque. Si de antemano se deja unas latitas en su caja, la gente cree que las latas se depositan ahí y así, el señor ya no necesitará hacer nada más que venir a recoger sus cajas a la hora conveniente; ya no hace falta andar por todo el parque mirando hacia abajo en busca de latas tiradas en el suelo.

Y… ¿qué tal fueron sus resultados? Bueno, lo cierto es que en la vida pasan muchas cosas, no necesariamente como se imaginaba al principio. El primer señor, que sabe entablar conversaciones con gente porque fue taxista antes de ser sin hogar, va consiguiendo sus contratos pero a la vez ocurre que mucha gente alegre lo invita a tomar una lata de cerveza al charlar un rato. Una lata con un grupo se convierte en muchas latas con muchos grupos y el señor, medio borracho al final de su gira de negociaciones, termina a punto de no recordar cuál fue su primer objetivo: lo de recoger sus cajas de cartón después, mientras que los grupos que aceptaron el trato, tampoco es que recuerden siempre con quién fue el trato (y eso sí, porque, además de la borrachera, el sin hogar no les dio tarjeta de identificación ni nada) y a veces terminan entregando la susodicha caja de latas a cualquier sin hogar… Con estos y otros contratiempos, y quizá con algunos sucesos afortunados, algunos logran su objetivo inicial mientras que otros no. Un sin hogar afirmaba al principio que pensaba ganar cien mil yenes, por ejemplo, puede terminar conformándose con unos 5000 yenes, que de todas maneras debe ser una buena ganancia para él y, al pregúntarsele cómo usaría su dinero, contesta que quiere comer algo rico, como gyûdon… Otro sin hogar, que no recuerdo cuánto ganó, quería comprar unos zapatos…

En fin, así va la escena de primavera en Japón.

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