Archivo mensual: octubre 2012

Templo Moe

No sé la definición exacta del término moe ni me interesa saberla, pero tengo la impresión de que se refiere a cierto tipo de personajes, reales o virtuales pero sobre todo niñas lindas, adoptados al gusto de cierto tipo de gente perteneciente al mundillo otaku

Yo no busco cosas moe en particular pero aquí abundan, por ejemplo, tutoriales para realizar dubujos moe en programas tipo Photoshop (bueno, me gustaría aprender a dibujar pero no necesariamente al estilo moe y sin utilizar precisamente el popular Photoshop), carteles de pachinko y otras salas de videojuegos donde muchas veces aparecen dibujos al típico estilo moe (bueno, yo no me meto en esos lugares sino para usar el baño), etc. sin dejar de mencionar las innumerables historietas y dibujos animados (yo no las leo ni veo…) y, en fin, creo que son cosas de moda en la actualidad.

Bueno, si bien vivimos en el mundo moe, resulta un poco insólito encontrar un cartel así

en un templo budista… Y sí, es un templo budista como cualquier otro, con su oratorio y cementerio

y cuenta con la historia de más de cinco siglos pero insólitamente adoptaron el estilo moe en sus letreros, emas, omikujis, etc. desde mayo del 2009.


Dicen que al principio la propuesta no le gustó al monje responsable, quien consultó con sus familiares y gente de su denominación budista con la esperanza de que alguien detuviera el proyecto, pero nadie se sumó a la oposición. Al final el congojado monje decidió consultar con el dios y sacó un omikuji, que resultó ser de Dai Kichi (gran fortuna), con que se resignó a aceptar la colocación del cartel moe.

Además de los carteles, ya tiene sus DVDs y CDs (“Conviértete”, “Templo Ryôhô del Amor”, “Leyenda de Gautama”), su radio y también participa en varios eventos de manga, en algunos de los cuales hasta montó su maid café en su recinto…

Bueno, el hecho es que aquí, a pesar de que nominalmente el Japón es catalogado como un país budista, en realidad la absoluta mayoría de la gente vive totalmente ajena al templo, no entiende las relaciones del budismo con la vida, sino únicamente sus relaciones con la muerte, como si no fuera una religión, sino un prospecto de convencionalismos funerarios (fragmento plagiado de Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, simplemente reemplazando “catolicismo” por “budismo”, pero es que no encuentro otra expresión más perfecta para describir la realidad), y de ahí un intento de atraer al público al templo…. No soy budista pero me parece una forma interesante de combinar lo sagrado con lo pop, lo antiguo con lo moderno.

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Cielo otoñal

  1. Lluvias prolongadas de otoño, paisaje de otoño:
    Bueno, en español no suena tan interesante pero en japonés hay algo más si tomamos en cuenta que aquí nagaame (lluvias prolongadas) y nagame(paisaje) suenan bien parecidos, que de vez en cuando podrían fundirse en uno, en esta temporada llamada otoño en que de vez en cuando caen lluvias prolongadas que, sea cual fuere el sentimiento que cause en nosotros, melancolía, aburrimiento, tristeza…, sin duda formarían parte del paisaje de otoño.
  2. Corazón de mujer y cielo de otoño:
    Alguna vez leí Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus sin llegar a entenderlo todo y aún ahora sigo teniendo oportunidades de leer o escuchar cosas por el estilo, como esto… Y no lo busco yo ni ando intentando aprender esas cosas, sino que simplemente son cosas que abundan y aparecen ante mí, o sea que es un tema de interés mundialmente. Bueno, de la psicología habrá gente más especializada y ahí no me meto, y simplemente comentaré que aquí existe un refrán que dice “Corazón de mujer, cielo de otoño”, por lo cambiante que es el corazón de mujer como el cielo de otoño. No sé qué tan cierto será.
  3. Cielo alto y caballo gordo:
    Aunque el clima es cambiante y hay días de lluvias, en los días despejados el cielo es bien lindo alto. Y bajo este óptimo aire viene la temporada de cosechas, de tal abundancia que los caballos también engordan. Qué linda época del año.

Bueno, este fin de semana está de fiesta la ciudad donde trabajo, bajo este lindo cielo, infinitamente azul…

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Duda existencial

Simplificando un poco las cosas, podrían dibujarse así las calles alrededor de mi oficina, a donde llego caminando por la flecha cada mañana, a eso de las 8:00.

Aquí el punto es que para entrar a la oficina tengo que cruzar la calle ancha (con bastante tráfico) y para eso tengo dos opciones: (1) cruzar por la intersección con semáforos o (2) avanzar hasta el cruce peatonal sin semáforo frente a la entrada de mi oficina y recién cruzar ahí.

La opción (1) es ideal si el semáforo está en verde justo cuando llego ahí, pero en otro caso…. no se sabe cuánto tendré que esperar. Bueno, no sé sabe cuándo, pero se sabe que el semáforo cambia dentro de un (breve, largo, larguísimo o…) rato. Por otra parte, la opción (2) sería…. bueno, ahí viene mi duda existencial de toda la vida. A ver, la Ley de Tránsito Vial aquí establece en su artículo 38 que los vehículos, al aproximarse a un cruce peatonal, deben avanzar a una velocidad lo suficientemente baja como para poder parar antes del cruce peatonal, a menos que esté clara la no presencia de peatón o bicicleta que vaya a cruzar por el cruce peatonal. Cuando hay peatón o bicicleta que está cruzando o está por cruzar por el cruce peatonal, los vehículos deben parar antes del cruce peatonal y evitar obstaculizar el paso del peatón…

Aunque yo no soy ningún experto en leyes, pienso que su interpretación más natural del universo debería ser así: “Cuando yo, peatón, me acerco al cruce peatonal, todo vehículo parará automáticamente y me dejará cruzar con toda naturalidad, como si no existieran los carros” (o, dicho de otra manera, “El cruce peatonal para el peatón tiene el mismo efecto que el paso a nivel para el tren”). Bueno, si es así…. teóricamente lo más conveniente no es esperar en la intersección, sino ir hasta el cruce peatonal sin semáforo, por donde siempre podré cruzar inmediatamente sin tener que esperar nada. (Y esto no es cuestión de “amabilidad” ni nada por el estilo por parte del conductor; es una obligación legal, tan legal como parar en el semáforo rojo, con la misma sanción a los infractores y todo). Así es que, ¿para qué dudar entonces? La respuesta a mi duda es absolutamente clara, ¿o no?

Pero ahí ocurre algo muy extraño, que no concuerda para nada con la teoría y, más bien, todo lo contrario, porque la inmensa mayoría (más de 90 por ciento) de los conductores parecieran no conocer las reglas de tránsito y parecieran estar convencidos de que el cruce peatonal es un lugar para obligar al peatón a esperar eternamente hasta que por alguna escasísima casualidad cese momentáneamente el tráfico de vehículos, momento preciso que el peatón jamás debe de desaprovechar para correr a toda velocidad para llegar hasta el otro lado antes de ser arrollado por los vehículos… Entonces, la realidad es que el cruce peatonal no significa absolutamente nada, y al peatón le da la tentación de cruzar la calle por dondequiera, porque… obvio, si uno, aún estando a una distancia del cruce peatonal, ve que ha cesado el tráfico por un instante pero decide cruzar por el cruce peatonal, lo más probable es que cuando llegue ahí, el tráfico haya vuelto de nuevo y el peatón tenga que esperar una eternidad hasta que ocurra otro milagro.

Bueno, todo este cuento es un análisis inútil y tonto, pero es algo que se me viene a la mente cada vez que veo una advertencia que cada cierto tiempo aparece en el tablón de anuncios de mi oficina, que dice que se han recibido quejas de algunos conductores que protestan contra los peatones (“empleados de mi oficina”) que cruzan la calle por donde les da la gana, y un llamado de atención para que respetemos las reglas de tránsito, cruzando siempre por el semáforo o por el cruce peatonal. (Es un llamamiento que tiene toda la razón del mundo, y qué lindo sería que se agregara ahí una frasecita más: “… y que los conductores, al igual que los peatones, también respeten las reglas de tránsito, nunca dejando de ceder el paso a los peatones en el cruce peatonal…)

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Diplomas

DIPLOMA DE GRADUACIÓN

Certifico que

Qwerty Poiuytr

        nacida el ** del mes ** del año ** de la era del Emperador Akihito

ha completado la carrera de estudios de la escuela secundaria básica.

** de marzo del año ** de la era del Emperador Akihito

Asdfghj Ñlkjhgf,

Director de la escuela secundaria básica municipal Zxcvb de la ciudad de Mnbvcx

No. ****

No es nada complicado “traducir” los diplomas de graduación, porque dicen muy pocas cosas: es solo cuestión de transcribir en alfabeto unos cuantos nombres (del estudiante, del director y del colegio) y unas cuantas fechas (de nacimiento del estudiante y de la graduación) y punto. Así que básicamente no pasa nada si alguien intempestivamente me envía una serie de diplomas para pedirme que los traduzca, sin dejar de darme la recurrente advertencia de que es muy urgente y a veces con alguna aclaración más, tipo “es que mi hija está buscando trabajo en **** (su país de origen) y necesita entregar certificados y diplomas de sus estudios a su potencial empleador…”.

Bueno, con los diplomas no habría demasiado problema, pero qué hacemos con las libretas de calificaciones, donde seguramente habrá muchas diferencias según el país o el colegio.

En caso de las libretas de calificaciones de este colegio (“secundaria básica”, empezando por aclarar que en Japón se adopta el sistema 6-3-3-4, con 6 años de primaria, 3 años de “secundaria básica”, otros 3 años de “secundaria superior” para después estudiar 4 años en la universidad)

figuran los datos sobre nueve materias (“idioma nacional”, “estudios sociales”, “matemática”, “ciencias naturales”, “música”, “bellas artes”, “educación física”, “labores domésticas”, “idioma extranjero”) en dos tablas (una detalla y otra general). En las calificaciones “detalladas” se dan calificaciones en tres escalas (A, B y C) sobre 4 o 5 puntos de vista por cada material: En caso de “idioma nacional”, por ejemplo, se evalúan “interés y actitud por aprender el idioma nacional”, “habilidad de hablar y escuchar”, “habilidad de leer”, “habilidad de redactar”, “conocimiento y comprensión sobre el idioma”; mientras que en la tabla de calificaciones generales, aparece solo un número (del “1” al “5”) por cada materia. Y más abajo aparecen comentarios del maestro tutor del aula y datos sobre su asistencia/ausencia en las clases… Y la duda que surge por aquí es sobre la necesidad de traducir todo el contenido o no, ya que si es para entregar a alguna empresa extranjera, muy probablemente no se entiendan los detalles minuciosos, aunque traducidos, y más bien se necesitarán simplemente las calificaciones “generales”…. Bueno, puede ser una excusa del traductor para trabajar menos, pero lo más conveniente sería que el solicitante averiguara, antes de pedir la traducción, qué se necesita traducir y qué no.

De todas maneras, lo que ahora me parece es que los diplomas y las libretas de notas, originales, en sí son más para recuerdo o para adorno y no tanto para presentar para el empleador, etc.  Y es que son papeles que se emiten una sola vez sin posibilidad de reemisión y, por consiguiente, no se podrían entregar a terceros, a parte que también averiguo un poco sobre el servicio de legalización/autenticación de documentos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, y ahí veo que solo se legalizan documentos públicos que no pasen de determinado tiempo desde su emisión… Entonces, en este caso, lo indicado no sería traducir los diplomas y las libretas emitidos en su día, sino solicitar ahora a los colegios que expidan “certificados de graduación”, “certificados de calificación”, etc., que sí se pueden pedir tantas veces que se necesiten, para posterior traducción, legalización y envío, o ¿no? Bueno, en cuanto a la legalización, parece que hay mucho detalle y aún no he llegado a entenderlo todo, así que trataré de seguir averiguando más…

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