Archivo mensual: enero 2016

Cosas perdidas 3

Es martes por la noche. Al bajar del tren de regreso a casa me apetece escuchar las noticias y meto la mano al bolsillo para sacar mi radio portátil y…. no la encuentro ahí. La había usado antes de subir al tren también y claramente recuerdo haberla metido en el bolsillo, en donde no está ahora. Reviso el interior mi mochila, por si acaso, y nada. Seguramente se me habrá caído en el tren. Mala suerte, y empiezo a pensar dónde comprar otra radio, cuando ni siquiera pasa un mes después de reparar la que acaba de desaparecer. Para la noche mi plan original era volver a casa directamente pero cambio la idea y, a ver, subo a la sección de electrodomésticos del centro comercial que está junto a la estación de tren pero no encuentro el mismo modelo. Bueno, quizá vaya mañana a alguno de los locales de la misma cadena de tiendas de electrodomésticos donde hice mi anterior compra, y es que por casualidad no voy a trabajar mañana.
Al día siguiente, me levanto un poco más tarde que los días hábiles, salgo a correr los 10km en el parque para luego volver a casa a tomar un ligero desayuno y de ahí salir de nuevo para cierto asunto que ya tenía programado y…
Bueno, mi idea al salir de casa era ir a comprar una nueva radio y para eso había averiguado ya la ubicación de las tiendas, pero durante el viaje en tren se me ocurre que de repente se podría preguntar al funcionario de la estación y no se perdería nada aunque quizá no tuviera suerte tampoco. Y así lo hice.
Tras bajar del tren acudí a la oficina de la estación, donde me atendió una señora que, tras escuchar la descripción de mi radio (pequeña, de color blanco…) y también el horario del tren en que supuestamente la perdí, procede a averiguar y hablar por teléfono con no sé quién, y me pregunta si hay algunas características más de mi radio: su marca (bueno, es de marca poco conocida), si acaso tiene cordón (ciertamente, de color gris y sin nada de adorno) y algo más (a ver, es digital con botones y no diales). Al final de las averiguaciones me informa de que hay una radio que puede ser, que fue encontrada ayer y guardada ahora en Shinjuku (o sea que mi radio siguió viajando hasta el destino final del tren luego de que yo bajara en mi estación ayer). Lo que no es demasiado conveniente es que para recuperarla tendré que ir hasta ahí, hasta Shinjuku pero, bueno, qué importa, si así puedo evitar el gasto extra de comprar otra radio y si por casualidad tengo tiempo de sobra para ir y volver de Shinjuku hoy. Le contesto que está bien y la funcionaria arregla las cosas para que yo pueda recoger mi radio esta misma tarde, para lo que me pide rellenar un formulario y mostrarle un documento de identidad…
Y, bueno, así fue que he desperdiciado un día libre pero no importa. Algún otro día volveré a pedir permiso y esta vez de todas maneras me alivia el hecho de haber podido evitar comprarme otra radio más y las pilas recargables.

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Frostbite Roadrace

Para mi primera media maratón del año elegí esta que de alguna manera podría considerarse como mi primera “media maratón en el extranjero”, realizada en un rincón del mundo que queda fuera del la jurisdicción japonesa. Bueno, ese rincón está en las afueras de Tokio y más o menos a media hora en tren desde mi domicilio pero, siendo una base aérea de las fuerzas armadas de un país extranjero, es un pedacito de territorio donde rige la legislación y al a vez se puede sentir el estilo de vida, cultura… etc. de ese país y muy probablemente la forma de organizar eventos deportivos también, precisamente eso debe ser el motivo de la popularidad de “Frostbite Roadrace” que atrae cada año a casi 10 mil participantes, entre ellos el autor de este blog por primera vez en esta ocasión…
La mañana de la carrera llegué ahí portando mi pasaporte entre otras cosas, pasé por el control de seguridad y de ahí recién empecé a proceder a alistarme como en cualquier media maratón, sin dejar de mirar las cosas que hay, a ver qué tan diferentes son las calles, el interior de las escuelas (aunque también estoy acostumbrado a las cosas de escuelas para extranjeros en Japón…), etc.
Y fue así….
La entrada

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La ambulancia

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Carro cisterna para suministro de agua (aunque aparentemente no se usó para la carrera)

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¡Zumba! para precalentamiento

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La partida, con combinación de colores que muchos japoneses no usarían

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… y mi resultado

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que fue algo mediocre pero dentro de lo previsible, considerando mi pésima condición física en estos últimos meses.

Y de todas maneras, tuvimos la suerte de pasar una mañana soleada, cuando justo al día siguiente, lunes, íbamos a encontrar las calles convertidas en pista de esquí o patinaje por la intensa nevada que azotó buena parte de la región.

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Dos libros

Luego de mi mudanza a mi actual domicilio, hoy me animé a pasar por la biblioteca municipal de aquí a registrarme como usurario. No fue mi primera visita, porque unas veces había ido ya (aunque siempre para leer revistas de actualidad y no para préstamos de libros), pero hoy fui por primera vez por un libro…, o una novela más precisamente, del título “Matrimonio Fastasma” o algo así, que quise leer porque el domingo pasado escuché por casualidad el primer capítulo de una versión suya adaptada a radionovela, que me pareció bien interesante y, al no saber si podría seguir escuchándola hasta el último capítulo, me animo a leer su libro original, que vendría a ser la primera novela japonesa en japonés que leo después de no sé cuántos años.
La historia gira entorno al manuscrito taquigrafiado de una desconocida obra de rakugo, supuestamente de un famoso narrador del género de la era del Emerador Mutsuhito, que por casualidad cae en manos de un académico, quien emprende una investigación sobre su autenticidad, su verdadero autor, etc., y el lector de la novela disfrutaría tanto del proceso de investigación como del rakugo mismo reproducido en su totalidad, conociendo a la vez la historia de rakugo y taquigrafía en Japón…
El autor se llama Tsujihara Noboru, que no sé si tendrá alguna obra traducida a otros idiomas pero en todo caso aquí he encontrado un poco de información, a ver si a alguien le interesa.
En este momento estoy también esperando otro libro, “Los girasoles ciegos” de Alberto Méndez, que será para la sesión de febrero del Club de Lectura del Instituto Cervantes. Solo hice el pedido del libro a Amazon y aun no sé absolutamente nada pero de todas maneras va a ser mi segunda lectura del año, si no desisto antes…
Bueno, son dos libros para comenzar mi año “lectivo”…

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Kendama

Fue mi madre quien lo quiso porque hace unos meses vio algún programa televisivo donde se comentó que era bueno para mantener viva la mente o para mantener la habilidad motriz… e intenté buscarlo pero sin éxito, porque, como suele ocurrir, las cosas que han recibido buenos comentarios, se agotan de los estantes de las tiendas al día siguiente de la transmisión del programa. De ahí, casi me olvidaba del asunto pero, en fin, lo encontré en una tienda de todo a 100 yenes cuando lo volví a buscar durante el breve momento de descanso de Año Nuevo que pasé en la casa de mis padres. Digamos que lo ocurrido sería bastante sencillo: luego del supuesto programa de tv (que yo no vi), la gente fue a comprarlo masivamente y eso provocó un momentáneo desabastecimiento del producto pero que meses después, cuando ya nadie se acordaba de nada, se había normalizado el suministro.

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Así fue que conseguí un kendama barato y puede haber sido la única de las cosas que hice durante la época y que iba muy acorde a la temporada añonuevera, época en que la gente se pone a apreciar o practicar más que ninguna otra época del año las cosas tradicionales de Japón. Bueno, si averiguamos un poquito, podríamos darnos cuenta de que en realidad el kendama no es tan propio del Japón y que en muchas partes del mundo hay juguetes parecidos, siendo su posible origen el tal Billeboquet francés para luego trasmitirse a otras partes y pasar diferentes evoluciones en cada lugar, como admite la propia Asociación Japonesa de Kendama en su sección de “Historia de Kendama” (en japonés).
En todo caso, podría decirse que la versión japonesa de kendama ha tomado una forma bien particular y a la vez bien difundida dentro del país, y hoy día muy pocos japoneses se imaginarían que al principio tuviera su origen en el extranjero…, al igual que las “cartas de flores”.
Y, bueno, sea cual sea su origen, el hecho es que en estos días, después de largo tiempo, volví a conseguir un kendama para practicarlo un poquito. Aún no termino de aprender la más básica técnica pero podría ser divertido saber manejarlo con gran destreza….

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Mi olla para microondas

Si la vez pasada elegí un juego de batidora-licuadora para premio de la campaña de caminata de mi oficina, esta vez opté por una olla para microondas, que ya tengo en mis manos:

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La olla vino con un pequeño recetario,

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que junto con otro libro que yo ya tenía, espero que me ayude para preparar algo “saludable” y así comer un poco menos las cosas compradas en las tiendas de conveniencia.
Y también he de aclarar que en caso de la batidora-licuadora del año pasado, no pude seguir usándola durante mucho tiempo, porque luego de mi repentina mudanza en marzo, no tuve tanta libertad para cocinar ni mucho menos hacer mucho ruido (y eso sí, la batidora hace tremendo ruido) en mi primera casa de huéspedes y de ahí dejé de preparar cosas muy complicadas ya, siendo lo único que hago el hervir el agua y calentar leche, frutas y verduras en microondas…. y, bueno, ahí viene la selección de este año, la olla para microondas, que con un poco de ánimo podría servirme para mucho.
Aún no he probado nada, pero pronto intentaré cocinar algo con mi nueva olla…

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