Archivo mensual: agosto 2008

Más lluvias

En un terreno donde se acaba de demoler una casa y allanar el suelo, están haciendo preparativos de un rito shintoísta, al aire libre obviamente, y yo me detengo un instante a sacar unas fotos. Una mañana agradable.

Luego de llegar a la oficina y trabajar 3 horas y 45 minutos, es la hora de almorzar. Hace calor y el cielo está despejado. Un día cualquiera, normal, de lo poco que queda de este verano.

Un día cualquiera y normal, o es lo que parecía que iba ser, hasta que unas horas más tarde tarde me doy cuenta de que la realidad es otra, o es que este mes pareciera que hubiera habido un sustancial cambio entre lo “normal” y lo “no normal”: esta tarde ocurre lo “normal en estos días”.

A eso de las tres noto que el cielo empieza a nublarse parcialmente, y a las cuatro empieza a prenderse una “alarma” en mi mente, y a las cinco en punto (sí, a las 17:00), suena el primer trueno de la tarde. Ese estruendo que primero suena muy espaciadamente, pero cada vez más seguido y fuerte. A esta hora el cielo está ya cubierto de nubes grises, en un 95 por ciento, y no tarda en ennegrecerse ese restante cinco por ciento. Algunos, incluido yo, dejan de concentrarse en su trabajo, dejan su escritorio y se pegan a las ventanas a ver el espectáculo, de agua, luz y sonido…

A las 18.30, al pensar que ya no voy a trabajar hoy y que la lluvia no va a parar pronto, decido salir de aquí. Me pongo impermeable de plástico, y a la vez uso paraguas.

El recinto de mi oficina está dividido en dos por un pequeño río, o un canal, de tres metros de ancho y dos de hondo, aproximadamente, que normalmente tiene muy poca agua, solo en la parte de fondo, pero en este momento está desbordado, y yo al caminar al lado, ya no necesito preocuparme por no mojar mis zapatos. Claro, si mis zapatos no están en sino debajo del agua ya, ¿de qué preocuparme más?.

Prosigo mi camino y, aún donde no hay ríos cerca, hay varios tramos inundados, por donde observo cosas como tachos de basura que flotan cerca de una máquina expendedora de bebidas, o esas piezas o bloques que se colocan en el desnivel de la entrada de cocheras que ahora también están desplazados por la fuerza del agua.

Tras caminar dos kilómetros y medio, ya a un paso de la estación de tren, una parte de la avenida está cerrada al paso.

En los dos lados de la parte sumergida se han colocado carros de bomberos para vigilar, y el tránsito de vehículos está impedido. Y los peatones, algunos dudan si andar en el agua o no, y otros se deciden, mientras que de cuando en cuando los oficiales advierten “Quienes quieran pasar, caminen por la acera. Que en el calzado hay pozos de visita”.

Bueno, yo, ya bastante mojado, paso no más, sin temor a nada,…y llego a la estación, pero lo que no esperaba era

AVISO: Debido a las torrenciales lluvias, la Línea S está suspendiendo sus servicios entre la estación H y la estación M en este momento. Sentimos la inconveniencia causada.” Que el tren no llega hasta esta estación terminal, H. Y como suele ser en estos casos, se nos están dando tres opciones, de (1) caminar hasta una de las dos estaciones cercanas de otras líneas de tren, que sí están funcionando, o (2) tomar el ómnibus que la compañía ferroviaria nos está ofreciendo como alternativa para llegar hasta la estación M, de donde sí hay trenes, o (3) esperar aquí hasta que se reanude el servicio de tren.

Yo hubiera podido optar por la vía (1), porque tomando esas otras rutas también podía llegar a mi casa sin demorar demasiado tiempo y sin pagar pasajes de más, con el boleto gratuito que reparte la compañía ferroviaria para “transporte alternativo” (solo para pasajeros con tarjeta de abono para la ruta impedida), y así hubiera sido más cómodo, pero esta vez preferí tomar el ómnibus (2), decisión de la que me arrepiento en realidad, porque la espera fue bien larga y, además y para peor, el ómnibus avanza lento y lento, hasta convencerme de que caminando hubiera llegado más rápido.

En todo caso, menos mal fue que eso ocurrió la noche del viernes, porque peor hubiera sido tener que salir a trabajar a la mañana siguiente, como si nada…

Y ¿qué ha sido del rito shintoísta? Bueno, será tema para otra entrada, quizá.

Anuncios

4 comentarios

Archivado bajo general

En busca de estampillas

Lo único que deseaba el viajero era mandar unas postales a sus amigos de diferentes países, y para eso no le importaba que la vendedora exclamara “¡Increíble!”. No cambió la idea de comprar unas estampillas, de valores que excedían la tarifa postal requerida. Porque para él era mucho más increíble el tener que salir de este país sin siquiera lograr mandar unas postales luego de haber buscado las estampillas durante toda su estadía aquí, casi.

Primero fue en el pequeño hotel en que se alojó, donde una mañana, al salir a pasear, pidió al recepcionista que despachara las postales que había escrito. El hotelero se ofreció a ir a echarlas al buzón, eso sí pero con la condición de que el propio huésped consiguiera las estampillas previamente, o en otro caso el hotel solo podía guardar las postales hasta que el huésped volviera. O sea que aquí se ofrecía todo lo innecesario, pero no lo necesario.

Luego preguntó en una tienda de cosas de recuerdos, donde el empleado dijo que sí las tenía…. pero se equivocaba. Al aclarársele que no se trataba de estampas de camisetas, sino estampillas postales, la respuesta era otra: que los sellos se vendían en el estanco, ese famoso estanco que el viajero no encontraba, mientras que iba comprobando en todas las tiendas en que preguntaba, que en este país no existía una tienda que vendiera sellos, sino únicamente los estancos. Y eso al viajero le pareció una diferencia, porque en su país de origen nunca había tenido tanta dificultad para conseguir las estampillas, que se podía comprar en cualquiera de las llamadas “tiendas de conveniencia” que había en todas partes, abiertas las 24 horas del día y donde aparte del tema de estampillas, se podía pagar las cuentas de servicios públicos, mandar encomiendas, comprar boletos de conciertos, y todo, y por eso mismo que era natural que alguien de su país esperara que, el las tiendas parecidas aquí, por ejemplo, del letrero rojiblanco con letras de “¡HOLA! ¡HOLA! ¡HOLA!”, pudiera haber el mismo servicio.

Pero, bueno, en realidad el msimo viajero no estaba tan de acuerdo de la excesiva conveniencia o eficacia de su propio país, porque fácilmente se podría imaginar que detrás de esa supuesta eficacia y conveniencia están las largas horas de trabajo de tanta gente… y, simplificando y generalizando y extendiendo quizá en exceso las ideas, ¿no será que justamente por dar prioridad a esa eficacia a todo nivel social-industrial, la gente disponía de muy poco, y cada vez menos, tiempo libre para disfrutar de la vida? (Y de ahí, los viajes tan breves que ni siquiera dan tiempo para buscar las estampillas tranquilamente…, bueno, eso no se sabe, pero lo desafortunado fue que este corto viaje coincidió con un largo fin de semana en este país visitado, con que se dificultaba aún más la búsqueda de estampillas, seguramente….).

De todas maneras, el viajero encuentra un estanco abierto, al final y ya dentro del aeropuerto internacional, pero cómo puede ser que justo entonces estén agotadas las estampillas de valores requeridos para las postales. La vendedora dice que llegarán por la tarde, pero…. Inútil, para alguien que a esa hora ya va a estar a 10000 metros de altitud.

 

… y es un recuerdo de lo más insignificante, que se le viene a la cabeza cuando, años más tarde, el ex viajero se da cuenta de que ha puesto unas estampillas de más a una carta para alguien de otro continente. Esta vez, se ha equivocado nomás, al escoger de las varias estampillas que tenía. Pero, bueno, la diferencia es mínima, y qué importa…

8 comentarios

Archivado bajo naderías

Pozo de caracol

Es una excavación en forma de un cuenco grande, de 15 metros de diámetros y 4 de profundidad, en cuyo fondo está la boca de un pozo, que a su vez tiene más de 6 metros de profundidad. Para bajar al pozo se ha trazado un paso en forma espiral, que hace que esta instalación parezca un maimaizu, que significa caracol en el dialecto de aquí, hecho que da el nombre a este tipo de construcciones propias de la región: Pozo Maimaizu o “pozo de caracol”.

Se supone que esta particular estructura se debe a la dificultad de cavar pozos normales, verticales y cilíndricos, en la meseta Musashino (oeste de Tokio), cuya superficie está cubierta de gruesas capas formadas por las cenizas volcánicas del Monto Fuji y por sedimentos del Río Tama, con que para alcanzar el agua subterránea se necesitaba cavar pozos muy profundos, trabajo que resultaba difícil por lo deleznable de la tierra y por falta de tecnologías en la antigüedad. Y entonces se optó por primero hacer una hoya grande, hasta llegar a un estrato más o menos sólido y de ahí recién empezar a cavar el pozo propiamente dicho.

Según la Comisión de Educación de Tokio, el pozo de las fotos fue construido durante la era Kamakura (1185-1333) y fue utilizado hasta el año 1960. Está en la localidad de Hamura, a una hora al oeste del centro de Tokio, y es uno más de los pequeños patrimonios culturales.

4 comentarios

Archivado bajo historia, japón

Lluvias y truenos

De súbito se apaga la luz. Y se paga todo, incluida mi computadora. Qué bajón de luz o apagón… Mi cuarto, bueno, toda la casa queda en oscuridad. La luz vuelve unos minutos después, pero mi computadora no vuelve a encenderse por sí sola. La prendo, y arranca Windows, aparentemente, pero algo anda mal, porque algunas ventanas han dejado de aparecer, y lo peor: No logro abrir ningún archivo ni carpeta. Pareciera que el Windows estuviera haciendo, internamente, algo re pesado, y no quiere responder a la operación del ratón ni del teclado. Pruebo a apagar una vez y volver a encender la computadora, a duras penas, y sucede lo mismo…

¿Será que se ha malogrado alguna parte del disco duro o del sistema de archivos? Bueno, antes de intentar arreglar nada, decido rescatar mis archivos importantes (mensajes de correo, fotos, y documentos hechos por mí): Afortunadamente tengo unos Live CD/DVD de Knoppix, un sistema operativo que funciona sin necesidad de instalarse en el disco duro y que, por lo tanto, puede también ser útil para salvar archivos de computadoras falladas… En realidad, sé muy poco de estas cosas pero, por curiosidad y por suerte, había conseguido unos discos de Knoppix y unos artículos de revistas de informática sobre este sistema, que ahora me ayuda a encender con Knoppix mi computadora, y conectarla a mi otra computadora (un antiguo cuaderno) y así copiar los archivos de la computara fallada a otra. Una posibilidad sería hacerlo a través del cable de LAN, y otra posibilidad sería con un almacenamiento USB. Con cierta torpeza pruebo las dos posibilidades y al final opto por el cable. Bueno, parece ser que el disco duro no había sufrido daños físicos, y muchos archivos tampoco estaban rotos, así que con éxito termino la operación de rescate, aunque eso sí, resulta ser un trabajo de horas y horas. Una vez salvos los archivos, ahora sí hay que arreglar el Windows: arranco el Windows en modo seguro (previa investigación sobre cómo hacerlo…) y ejecuto el chequeo de disco completo… Con esto parece que se ha solucionado el problema, porque ahora el Windows funciona como antes, pero de todas maneras, de nuevo decido hacer la copia de seguridad, en DVD-R, de todos los archivos importantes.

Y la moraleja de hoy: Hay que apagar la computadora cuando está sonando el trueno. Es algo que ya sabía desde antes, pero es que uno a veces no lo toma muy en serio, hasta que suceda un desastre. Bueno, esta vez el desastre fue bastante pequeño, o solo un susto, prácticamente, pero bien puede ocurrir algo más grave, por lo que siempre conviene tener cuidado, y tener copias de seguridad de archivos importantes, en CD-R, DVD-R, etc.

Bueno, por aquí, por donde vivo yo, casi no hay apagones, o más o menos una vez cada dos o tres años… la última vez fue el 14 de agosto de 2006 por un accidente, y antes en otoño de 2004 (fue una noche de tifón), y el 22 de noviembre de 1999. Pero, bueno, este verano parece que está sucediendo algo raro, con tantas lluvias torrenciales guerrilleras (como las denominan los medios de prensa aquí, esas lluvias temporales que repentinamente caen con tremenda intensidad en pequeñas áreas) con fuertes vientos y tormentas eléctricas que están causando apagones y suspensión de servicio de trenes, sobre todo en algunas zonas como Yamanashi

Y.. bueno, si aquí tenemos un refrán que dice “Tras la lluvia, se consolida el terreno”, espero que sea cierto; que las lluvias y tormentas no solo causen daños, sino efectos beneficiosos también. (Y espero eso, no solo hablando de tormentas meteorológicas, sino de tormentas culturales o verbales …)

4 comentarios

Archivado bajo general, naderías

Culto al Monte Fuji

Un verano del siglo pasado, yo iba a subir al Monte Fuji. Iba a ser una excursión en familia, que esperé con mucha ilusión pero que no se realizó, porque pocos días antes tuvo fiebre uno de mis primos que iba a participar y el plan se canceló. Desde entonces… muchas veces he estado cerca: unos campamentos a orillas del lago Yamanaka, otro paseo por el lago Kawaguchi, y alguna otra vez he llegado hasta la llamada Quinta Estación (a 2300 m.s.n.b aproximadamente, hasta donde se puede llegar en ómnibus), pero en fin, no he vuelto a tener un plan de subir hasta la cima del Monte Fuji, que sigue siendo uno de mis destinos dentro del Japón a donde ojalá pueda llegar algún día. No es que le dé demasiado caso a eso de “Todo hombre debe subir al Fuji una vez en la vida”, pero si es una montaña tan familiar, que puedo ver desde donde vivo, trabajo o transito diariamente,

y si es que de alguna manera es un símbolo del país, creo que estaría bien llegar una vez hasta la cima, y eso, especialmente si tengo tantos amigos, incluso latinos, que lo han hecho ya.

Bueno, todo esto del Fuji, para mí no es más que un interés turístico, pero habría que decir que históricamente, el Fuji ha sido una montaña sagrada-espiritual, que por eso aparece tanto en las obras de arte, ya sea en el famoso Ukiyo-e , en kakejiku,, o más simplemente en la típica pintura en la pared de baños públicos, etc…

Y mencionaré que el Fuji ha sido, además, un lugar de peregrinaje sobre todo desde mediados de la época de Edo, en que se formaron en la zona de Kantô y Chûbu (es decir, lugares desde donde se podía observar el Monte Fuji) numerosos grupos de culto al Fuji, cuyos miembros organizaban peregrinajes al Fuji anualmente y, en muchos casos, también construían su “pequeño Fuji” en su lugar para que quienes no podían viajar hasta el verdadero Fuji pudieran también tener la misma bendición al visitar su Fuji de imitación.

Estos pequeños Fuji artificiales, de 3-10 metros de altura en su mayoría, suelen tener caminos para subir,

a veces con lavas traídas de Fuji colocadas en su superficie, y un santuario shintoísta en su cima (foto izquierda.  Bueno, la de derecha es la vista desde la cima)

Bueno, en estos días de calor y clima inestable no decido ir a caminar por las montañas de verdad, porque temo que en cualquier momento pueda empezar a llover con vientos, truenos y todo… y quizá sea mejor dar un paseo más cortito, y de ahí es que se me ocurre ir a conocer el pequeño Fuji de las fotos, que quedaba a unos cuantos kilómetros de mi casa. Es uno de los más de 100 Fuji en miniatura que existieron o que aún existen en Tokio, y está, particularmente, registrado como patrimonio cultural folclórico de la prefectura de Tokio. La noche del primero de septiembre se hace una gran hoguera aquí con pajas de trigo, cuyas cenizas servirán de amuleto para evitar incendios y malos espíritus, en lo que podría considerarse como una pequeña imitación del Festival de Fuego de Yoshida… Bueno, esperaré algún día poder ir a ver la festividad original también, una vez en la vida, quizá.

7 comentarios

Archivado bajo costumbres, creencias, general, japón

Libertad y Migración

No es la primera vez que llega un destacado buque latinoamericano al Japón: Sé que hace unos años nos visitó el buque escuela Esmeralda de la armada chilena y, más recientemente, hace apenas tres semanas hubo otra visita, de Guayas del Ecuador… Pero, concretamente, fue la primera vez que tenía tiempo para ir a mirar, y decidí hacerlo. Bueno, esta vez fue la fragata Libertad de la armada argentina, que estuvo en el puerto de Yokohama entre el 5 y el 11 de agosto, con horarios de visitas libres los días 9 y 10.

El día que fui, ya se empezaba a formar una tremenda cola antes de la hora y temí lo larga que podría ser la espera… pero, bueno, no fue tanto y pude subir más o menos rápido. Fue una visita bien breve (menos de 15 minutos, creo) pero agradable, sí, mirando las cosas en la cubierta, conversando un ratito con los oficiales que atendían amablemente al público. Aquí van unas fotos más:

Una información para los amantes de barcos de vela es que en Yokohama hay otro buque escuela, Nippon Maru, que está en exhibición permanente junto a un museo marítimo (se paga la entrada, pero los sábados pueden entrar gratuitamente los estudiantes de bachillerato o menores)…. , además de lo cual no quiero dejar de presentarles otro museo más: El Museo de la Migración Japonesa al Exterior. Si la visita de la fragata Libertad fue una oportunidad para celebrar el 110 aniversario de las relaciones bilaterales entre Argentina y Japón, la oportunidad también puede ser para acordarnos de la migración japonesa a la Argentina (como también lo recuerda el Director del Puerto de Yokohama en su mensaje de bienvenida). Bueno, no se cuántos se dieron cuenta de que este museo quedaba a la vuelta de la esquina desde el muelle en que anclaba Libertad, pero resulta que estaba cerrado justo los días 9 y 10… Qué raro.

6 comentarios

Archivado bajo general

Festival de las estrellas

Según el antiguo calendario, lunisolar, hoy es el Séptimo Día del Séptimo Mes, es la fecha del Festival de las Estrellas o Tanabata. Bueno, estaría demás tratar de dar mucha explicación sobre esta festividad, pero quizá se podría agregar que su fecha original no es el 7 de julio gregoriano, sino el Séptimo Día del Séptimo Mes lunisolar, que este año viene a ser el 7 de agosto gregoriano, y es por eso que en algunos lugares se está celebrando el Tanabata en estos días. El más conocido sería el Tanabata de Sendai, pero, sin ir tan lejos, también se puede ver el Tanabata en agosto en algunas partes de Tokio y Saitama.

Y además de lo que se hace a nivel de barrios o ciudades, resulta interesante comprobar que hay familias que por su cuenta conservan la tradición: Esta misma mañana encontré esto cuando caminaba de mi casa a la estación de tren.

Bueno, para este tipo de tadiciones, por una parte pienso que lo importante sería el sentimiento y no tanto el minucioso detalle (como la fecha exacta…), pero por otra, en caso del Tanabata, supongo que quizá sea más adecuado celebrarlo para la fecha original, porque así es más probable que haga buen tiempo, mientras que a inicios de julio puede que aún no haya terminado la temporada de lluvias y que el Altair y la Vega no puedan cruzar el Río de Plata (nombre que aparece en las notas a pie del Libro de la Almohada traducido por Jorge Luis Borges y María Kodama; o Río de Cielo o Vía Láctea, como quiera llamarse).. O es lo que me parece, aunque, la verdad no sé… porque en estos días el clima está bien inestable y las lluvias temporales de la tarde (eso sí, típicas del verano) están resultando ser tremendamente violentas, causando daños y cobrando hasta víctimas mortales, en Tokio, en Kôbe, etc, cosa que seguramente tendría que ver con el fenómeno de “isla de calor” o a las construcciones de hormigón que cubren casi totalmente la superficie de la tierra; un desastre más artificial que natural…

Y al hablar de daños y muertes, no dejo de recordar lo que muchos están comentando ya en sus blogs.  Para esta noche de Tanabata, con el cielo despejado afortunadamente, mi deseo sería que no se repitieran los horrores ocurridos justo en estas fechas hace 63 años…

6 comentarios

Archivado bajo costumbres, general, japón