Archivo mensual: diciembre 2010

Fin de año

Es la época más oscura del año pero, como ya pasó el solsticio de invierno, se supone que de ahora (o desde anteayer, más exactamente) cada día habrá más luz. A ver, ¿lo mismo podría ocurrir con la vida? Bueno, no se sabe pero sería lindo si aún se pudiera tener alguna esperanza…

De todas maneras, es fin de año y es la hora de trabajar duro… y aquí va un listado de lo que suele hacerse en mi casa o que yo suelo hacer:

  • La famosa gran limpieza: Además de la limpieza de cada día, limpiar las ventanas por fuera y por dentro (un trabajo bien duro), lavar las cortinas, limpiar la refrigeradora (sacar todas las cosas, desarmar las estantes, bandejas, y todo, pero limpiarlos uno por uno y luego volver a armarlos), encerar el piso, sacar polvos acumulados en el cielo raso, limpiar los aparatos de iluminación y los focos, botar las cosas inútiles (sobre todo papeles…) que, sin querer, guardamos durante el año, etc. En caso de botar papeles, nunca dejar de triturarlos en pedacitos irreconstruibles, para evitar fuga de informaciones confidenciales.
  • Preparar las tarjetas de Año Nuevo… Por suerte, ya terminé esta tarea… hace unas horas.
  • Ir al banco a registrar en mi libreta los datos de las transacciones efectuadas durante el año. Quizá no es una tarea muy típica para la época, pero la idea es tener los datos actualizados por lo menos una vez al año, por si acaso… Y es que en caso mío, al trabajar en una oficina que queda lejos de los bancos, no puedo hacerlo más frecuentemente.
  • Comprar ciertos adornos y comida para los primeros días del año. Es algo que a mí no me interesa demasiado, pero la costumbre aún no termina de desaparecer y hacemos algo, mínimamente. Bueno, mi padre a veces se queja de que la generación actual ya no le da mucha importancia a los detalles de Año Nuevo; no pocas familias dejan de colocar adornos de pino y bambú en la entrada de su casa y otro pequeño adorno en los carros, etc…
  • Ordenar mi cuarto… Es lo que siempre pienso (que tengo que) hacer y nunca termino de hacer.

Me parece que el “fin de año” es más bien el comienzo de otro “fin” más pesado para muchos…, y es que aquí con el Año Nuevo comienza el último trimestre del año fiscal (enero-marzo), que, siendo el más corto (descontando los días festivos del inicio y considerando que febrero tiene solo 28 o 29 días), es el momento de hacer lo posible para cumplir con los objetivos que supuestamente hemos trazado en abril pasado para el ya saliente año fiscal. Para quienes ya lo han cumplido todo, será el momento de rélax, pero para los desastres como yo, es solo para seguir sufriendo eternamente.

Bueno… este fin de año trabajaré dos o tres días más, para recién entrar al “descanso” desde el 29 o 30 de diciembre hasta el 4 de enero si no me equivoco. Va a ser un breve “descanso” de menos de una semana con tantas tareas, las ya mencionadas y otras (por ejemplo, en enero tengo que traducir, editar y diagramar nuevamente el boletín de mi ONG y para eso hay que aprovechar el poco tiempo libre que me quede… Ojalá me mandaran los textos originales a tiempo).

En fin… lo que teóricamente debería ser el momento de “reencuentro familiar” o cosas por el estilo, que es el Año Nuevo, en realidad puede que no lo sea tanto y, al menos para este pobre servidor, no cambia mucho esa sensación de estar permanentemente perseguido. ¿Será así solo conmigo, o con otras personas también? No sé, pero mi pequeño deseo para estos días de fin y comienzo de año sería… terminar de leer “Atrapa tu seuño” (que por meses estoy dejando a medio leer), leer otro libro bien sencillo, que compré hace semanas, y visitar a algún que otro amigo… si es que tuviera un poquito de tiempo de sobra…

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“¡Me estafaron!”

– Me estafaron…

Empieza J.L. a hablarme sobre su caso. A ver, lo escucho y su versión es más o menos así:

Hace una semanas, el ciudadano J.L. solicitó un servicio de conexión a Internet inalámbrica, conveniente para alguien como J.L. que no tenía una línea de teléfono fijo a su nombre. Para utilizar el servicio, se tenía que comprar una diminuta “tarjeta de comunicación”, cuyo precio no era muy barato pero que salía gratis si el usuario se comprometía a seguir con este proveedor durante determinado período (algo de un año o dos, creo que era). Bueno, ante una oferta así, lo primero que nos interesaría sería saber qué sucede si el usuario deja el contrato antes del tiempo prometido. Seguro que habrá alguna multa por incumplimiento del contrato. Pero dice J.L. que el vendedor que hacía su campaña de promoción en una tienda de electrodomésticos le afirmó que en su servicio no había ninguna multa: El usuario podía dejar de utilizar el servicio en cualquier momento y sin nada de multas…. Ah, ¡Qué bien! Entonces podría ser para probarlo un poco y, si no anda bien, dejarlo inmediatamente… y no pasaría nada.

Y así fue.

J.L. compró “gratis” la tarjeta de comunicación y empezó a disfrutar de su Internet inalámbrica, o lo que iba a serlo. Lo que no esperaba era que a veces pudiera entrar a Internet y otras no…. Bueno, la señal no llegaba muy bien a su casa, seguramente, pero no importa… J.L. decide dejar el servicio, y ahí es donde viene lo que no esperaba para nada: El vendedor ahora le exige que pague un monto de dinero, no muy barato… Pero, ¡Oiga! ¿Acaso el mismo señor no le había dicho que no habría ninguna multa?

A ver, analizo los papeles de propaganda y del contrato, que no sé si J.L. leyó muy atentamente, y llego a la conclusión de que efectivamente no hay nada de multas, pero que a la vez J.L. tiene la obligación de pagar ese monto de dinero reclamado o, si no quiere eso, seguir utilizando el servicio. El negocio funcionaba así:

(De aquí, las cifras son ficticias, para simplificar el cálculo)

  • El usuario compra la tarjeta de comunicación, que cuesta un precio (24.000 yenes por ejemplo) y que se pagará en 12 cuotas, por ejemplo. Sea, se pagará 2.000 yenes/mes durante un año.
  • El servicio del proveedor de Internet tiene la tarifa de 3.000 yenes/mes, por ejemplo, pero a los nuevos usuarios se les otorga un descuento de 2.000 yenes durante los primeros 12 meses. Sea, para Internet se pagará 1.000 yenes/mes durante el primer año, y de ahí, 3.000 yenes/mes.

En suma, el usuario pagará 3.000 yenes/mes (2.000 yenes para la compra de la tarjeta y 1.000 yenes para el uso de Internet) durante un año, y luego 3.000 yenes/mes (solo para Internet, ya que la tarjeta ya se terminó de pagar).  O sea que antes y después de un año, no cambia la cantidad de dinero que sale del bolsillo del usuario, por lo que prácticamente pasa desapercibido el precio de la tarjeta…, y esto es lo de “la tarjeta salía gratis” que decía J.L… Sin embargo, hay que darse cuenta de que en realidad la deuda por la compra seguía pagándose normal y no había desaparecido. En caso de que el usuario deje de usar Internet antes de un año, dejará de pagar la tarifa de Internet (1.000 yenes/mes durante el período de descuento) pero aún queda el pago de la tarjeta, que, en fin, nunca fue gratis.  Y aquí, al leer atentamente el contrato, encontramos una cláusula que dice “En caso de que el usuario deje el contrato antes de un año, pagará de una vez la totalidad del monto restante de la deuda”: No es una multa. Simplemente se paga lo que se tenía que pagar, pero los que equívocamente creían que la tarjeta salía gratis, se sienten engañados, seguramente.

Una modalidad de negocio que está de moda en cierto sector.  Nada ilegal pero un tanto engañoso….

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Reformas ortográficas

Si “fui” y “fue” se escribían ya sin acento, debe ser más natural y fácil que se escriban de la misma manera los demás verbos monosílabos y ciertas palabras como “guion” también… Es lo que pensaba desde siempre, no porque me guste la a veces Irreal (según un amigo mío… no lo digo yo) Academia, sino porque no me han enseñando ni sé si existe una clara manera de distinguir un hiato o si hay que aprenderlo palabra por palabra.

Pero, bueno, a pesar de este tipo de pequeñísimos defectos que afectan unas cuantas palabras, para mí la ortografía española es bastante sencilla y práctica, y resulta difícil entender por qué tantos hispanohablantes se quejan, entre ellos algunos escritores más destacados del mundo, y reclaman simplificarla aún más. Eso me parece bien curioso, pero a la vez reconozco una contundente realidad porque tengo tantos amigos (incluso algunos que enseñan español) que en cuanto a la ortografía no son buenos y, fuera del nivel de amigos,  ¿qué se puede decir de este artículo, que justo hablando del tema y citando un comentario de un estudioso de la lengua, ahí mismo se olvida de poner acentos/diéresis a algunas palabras…. ¿Será ésta (o, bueno…”ésta” no se acentuará más…) una muestra de que de verdad hay que simplificar más la ortografía española?

Bueno, mientras que una ortografía simple se va simplificando aún más, lo contrario sucede en otra parte del mundo, donde otra ortografía, ya de por sí la más complicada del mundo, se va complicando aún más. Y es que aquí la autoridad cultural acaba de emitir la última revisión de la “Tabla de Caracteres Chinos de Uso Cotidiano”, que pasa a incluir un total de 2136 ideogramas chinos, entre cuyas 196 nuevas entradas figuran caracteres chinos nada fáciles como este y este otro. Básicamente, esta maldita tabla… perdón “bendita tabla” digo, que también incluye maldición, rencor, etc. desde ahora, es solo una guía y no de carácter obligatorio en la vida cotidiana pero su reforma afecta mucho a ciertos sectores:

  • En la enseñanza básica-media, se espera que los chicos aprendan a leer “la mayoría de los caracteres chinos de uso cotidiano” antes de terminar sus estudios de secundaria básica y a escribir “los principales caracteres chinos de uso cotidiano” antes de graduarse de la secundaria superior o bachillerato. El último cambio se introducirá en las aulas a partir del 2012 y en los exámenes (de ingreso a los bachilleratos y a las universidades) a partir del 2015, así que lo mejor sería que los chicos empiecen a prepararse ya… Lo novedoso es que al anunciar la tabla revisada, la autoridad ha admitido por primera vez que no es necesario saber escribir a mano todos los caracteres chinos, dada la realidad actual de que, por la difusión de aparatos informáticos, los caracteres chinos ya no se “escriben” tanto, sino que se teclean, se convierten y se eligen…
  • Otro sector, y el más afectado, debe ser la sección de registro civil de los municipios, por manejar nombres de las personas. Aquí el reglamento de la Ley de Registro Familiar estipula que los nombres de niños deben escribirse con caracteres “de uso cotidiano y fáciles”, que más concretamente son (1) los caracteres chinos incluidos en la Tabla de Caracteres Chinos de Uso Cotidiano,  (2) los incluidos en la Tabla de Caracteres Chinos para Nombres de Personas y (3) los silabarios hiragaya y katanana. El hecho de que haya aumentado el número de caracteres chinos de la primera tabla, automáticamente significa que los padres ahora tienen un poquito más de libertad a la hora de inventar (sí, aquí los nombres no se eligen sino que se inventan) los nombres de sus hijos, y los funcionarios del municipio tienen un poco más de dolores de cabeza para distinguir los caracteres permitidos o no permitidos en los papeles de registros de nacimiento. Por aquí si, además de lo que se puede decidir mecánicamente, hay algo que podría causar líos más complicados, es que en la nueva tabla de “… Uso Cotidiano” figuran ciertos caracteres chinos de significados negativos y considerados no muy apropiados para nombres de personas pero que, al estar en la tabla, están legalmente permitidos, y entonces ¿qué pasa si a algunos padres se les ocurre registrar a su hijo recién nacido con un nombre bien maldito, por ejemplo? (Bueno, independientemente de la reforma de la tabla, hubo una vez una batalla legal entre las autoridades y unos padres que quisieron registrar a su hijo con el nombre  “Diablo”.).

Como sea…una ortografía muy sencilla quiere simplificarse aún más y la otra, muy complicada, quiere complicarse aún más…  Interesante contraste.

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Televisión Digital Terrestre

Mientras que el Gobierno de Japón se preocupa por que no haya ningún “damnificado de la televisión digital” (sea, personas que se queden sin televisión después del fin definitivo de la convencional transmisión analógica en julio del 2011) aquí, hay gente que no muestra mayor interés por el tema porque está contenta con lo que tiene y no siente la necesidad de un cambio.

Se supone que la transición de la televisión convencional al famoso Sistema Integrado de Televisión Digital Terrestre tiene el principal objetivo de reubicar las frecuencias de señales (para dar espacio a no sé qué servicios más novedosos/modernos, para lo cual se necesitaba más eficacia en el uso de las ondas electromagnéticas y por eso había que cambiar el sistema de televisión terrestre, cuya trasmisión analógica ocupaba bandas demasiado anchas) y a la vez permite trasmitir programas más interesantes, de alta definición, interactivos y también servicios para los aparatos móviles…

Todo suena lindo, o al menos no feo, mas dirían algunos: “Pero esos no sé qué servicios más novedosos/modernos…, ¿qué tienen que ver con nosotros? Y si es que nosotros no somos tan conocedores, maníacos ni exigentes con las cosas de tecnología, tampoco necesitamos tanto lujo de alta definición ni interactividad… así que por el momento dejaremos las cosas como están, quizá hasta el día que nuestro viejo televisor ya no aguante más y decida jubilarse, y entonces esperamos que haya bajado lo suficientemente el precio de los televisores digitales, para que no nos duela tanto el gasto extra….”

He de confesar que en eso estábamos, muy a pesar de que yo, al trabajar en una fabricante del mismo sector electrónica, debería más bien estar en la posición de impulsar la transición sin demora. Pero, bueno, de ese “impulso” se encargó el sistema de ecopuntos, cuya revisión desde diciembre hizo que una multitud acudiera a las tiendas de electrodomésticos el fin de semana pasado para hacer las compras antes de la anunciada bajada a la mitad de los puntos otorgados por las compras de electrodomésticos “ecológicos”. Se supone que el sábado pasado, entre esa multitud estuvieron mis padres, quienes al día siguiente subieron al techo de su casa para instalar la nueva antena UHF, compatible con el ISDB-T, con la ayuda de este informante. No se sabe qué tal funcionará ni qué modelo compraron porque aún no ha llegado el nuevo televisor. Faltarían unas horas de espera, y recién después de eso… digamos que ahora el Gobierno japonés puede preocuparse por una “familia damnificada” menos..

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