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Una vida antigua

Cada vez que pasaba delante de esta casita, la miraba con curiosidad, pero solo eso y sin ir más lejos, porque alrededor había un cerco que estaba siempre clausurado y también es que de mi parte no tenía un motivo demasiado fuerte para averiguar algo más. Pasaba el tiempo sin novedades y creía que iba a seguir así, cuando de repente renace mi curiosidad al caminar por ahí una vez más y darme cuenta de que por primera vez está abierta la casita, con presencia de un número de personas,  adultos y niños dentro del cerco. Bueno, sin poner más preámbulos, vamos a mirar.

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Es una reproducción de una vivienda tipo tateana (excavada vertical) del período NaraHeian, con el suelo excavado por una profundidad de 35 centímetros (de ahí el nombre de tateana) por una área de 4×4,5 metros y con la pared y techo de paja. Bueno, si de las viviendas tateana se habla, se podría también pensar en las del período Jômon, más primitivas, pero la que vemos aquí parece ser un poquito mas avanzada, por la existencia de las paredes por ejemplo, y quizá muestre un paso hacia arquitecturas post-tateana.

En el patio, se está realizando un taller para ver y experimentar cómo se hacia fuego en la antigüedad. Utilizamos esta sencilla herramienta,

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que con el disco de madera que sirve de volante de inercia y con la cuerda atada al eje y a la tabla que sostenemos y movemos arriba y abajo con las manos, sirve para hacer girar el eje de manera rápida y continua, y entonces ocurre que la fricción entre el eje y la tabla con huecos colocada abajo produce calor.

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Si lo hacemos bien (sí, si es que lo hacemos bien), pronto empieza a salir humo y, luego de seguir un poco más con la fricción, colocamos cierta especie de aserrín o polvo en la parte calentada y soplamos. Y así, si lo hacemos bien, conseguimos que el aserrín se empiece a quemar, como si fuera un incienso… aún muy débil y sin llamas. Entonces, cubrimos el aserrín quemado con un pequeño ovillo de fibras de lino, lo agarramos con la mano y lo sacudimos en el aire.  El resultado de esta última fase es inmediato y realmente impresionante:

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Bueno, ahora un poco averiguo las cosas, y parece que esta herramienta de madera, con cuerda y volante de inercia, es un invento del período Edo y en realidad no corresponde a la edad de la vivienda, pero de todas maneras servirá para despertar en los niños el interés por aprender de las cosas antiguas, y por otra parte, quién sabe si de repente estas técnicas primitivas podrían servir para supervivencia en caso de emergencia, desastres naturales, etc.

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Pozo de caracol

Es una excavación en forma de un cuenco grande, de 15 metros de diámetros y 4 de profundidad, en cuyo fondo está la boca de un pozo, que a su vez tiene más de 6 metros de profundidad. Para bajar al pozo se ha trazado un paso en forma espiral, que hace que esta instalación parezca un maimaizu, que significa caracol en el dialecto de aquí, hecho que da el nombre a este tipo de construcciones propias de la región: Pozo Maimaizu o “pozo de caracol”.

Se supone que esta particular estructura se debe a la dificultad de cavar pozos normales, verticales y cilíndricos, en la meseta Musashino (oeste de Tokio), cuya superficie está cubierta de gruesas capas formadas por las cenizas volcánicas del Monto Fuji y por sedimentos del Río Tama, con que para alcanzar el agua subterránea se necesitaba cavar pozos muy profundos, trabajo que resultaba difícil por lo deleznable de la tierra y por falta de tecnologías en la antigüedad. Y entonces se optó por primero hacer una hoya grande, hasta llegar a un estrato más o menos sólido y de ahí recién empezar a cavar el pozo propiamente dicho.

Según la Comisión de Educación de Tokio, el pozo de las fotos fue construido durante la era Kamakura (1185-1333) y fue utilizado hasta el año 1960. Está en la localidad de Hamura, a una hora al oeste del centro de Tokio, y es uno más de los pequeños patrimonios culturales.

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Lápida de Tago

Lo que escribo aquí se supone que será guardado en el servidor de WordPress (o, en un disco duro de alguna computadora, en fin), y para mí mismo prefiero guardar mis textos en mi computadora también, y…. lo mejor sería tener además una “copia de seguridad” en forma de CD-R o DVD-R, porque la computadora puede fallar en un momento menos esperado. No tengo datos concretos pero creo haber oído que un disco duro podría tener una vida útil de tan solo 3-5 años aproximadamente (y temo que el mío ya esté cumpliendo ese tiempo) por lo que nunca está de más hacer una copia de datos fuera del disco duro. Y entonces, ¿qué tan duraderos/resistentes son los CD-R/DVD-R? La verdad es que esto tampoco se sabe, porque depende mucho de la calidad de cada disco y la condición en que se guarde, y por aquí también surge otra duda: ¿En caso de lograr conservar el CD/DVD por mucho tiempo, luego habrá seguridad de existir un aparato o software que pueda leer el disco guardado? Esperemos que sí pero no se sabe, o me parece concretamente que ya hay medios/formatos que van desapareciendo, casi, como el caso de disquetes/floppys… En fin, me parece que estamos contando con unas tecnologías muy frágiles para almacenar los datos. Y ¿cuál sería el medio más seguro para guardar mis archivos?

Bueno, hablando de estas cosas se me ocurre pensar que la manera más segura y duradera de almacenar datos podría ser esto (aunque no muy práctico…):

Este monumento es una de las lápidas antiguas más importantes del Japón y se llama Tago-Hi (o Lápida de Tago) por el contenido de su texto que habla de la fundación de una provincia llamada Tago el día 9 de marzo del año 711 en esta zona que hoy pertenece a la prefectura de Gunma. Aún existe una discusión sobre la interpretación del mensaje, pero su buena letra es apreciada por muchos y hasta fue reconocida como ejemplar por los calígrafos chinos y recogida en un diccionario editado en la China de la dinastía Qing.

Bueno, no se trata de un monumento muy conocido, incluso por los propios japoneses, y para nada comparable con la famosa Piedra de Rosetta, quizá. Pero, aún así, no deja de ser un objeto interesante para los amantes de la historia japonesa, así que si algún día pasan por ahí cerca, no estaría mal que conozcan esta lápida también. Está en un tranquilo parque, y al lado se ha construido un pequeño museo dedicado a lápidas y escrituras del Japón, y del Mundo.

Y, bueno, yo para guardar este pequeño artículo, creo que por ahora seguiré conformándome con el disco duro y el DVD-R…

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Fábrica de Seda de Tomioka

Para quienes quieren viajar barato y sin prisa, una opción sería comprar Seishun 18 kippu (literalmente “boleto de adolescencia 18”) que es un boleto que te permite hacer un número ilimitado de viajes durante cinco días en cualquier tren local (no expreso) de las líneas JR (ex Ferrocarriles Nacionales del Japón). Es un boleto que da cierta flexibilidad en su uso, que puede ser para que una persona viaje durante cinco días (no necesariamente continuos), o que cinco personas viajen juntas durante un día, etc. Y es así que un amigo me invita este fin de semana a hacer un pequeño paseo… Bueno, es la segunda vez que viajo con ese boleto, luego de ir a visitar Nikkô de la misma manera el año pasado.

Esta vez decidimos ir hasta la ciudad de Tomioka, prefectura de Gunma, a ver su famosa Fábrica de Hilatura de Seda, símbolo del proceso de industrialización del país en la época de Meiji (después de terminada la era de samuráis) y cuya arquitectura es de una fusión de tecnología francesa y métodos originales japoneses. La fábrica en sí, que funcionó como tal hasta 1987, tenía el objetivo de contribuir al progreso del país con la modernización de la industria de seda, el principal sector exportador de ese entonces pero que aún dependía de manufactura casera. Además de mejorar la calidad de su producción, algo lindo es que, al ser una “fábrica estatal ejemplar”, aquí también se ofrecía una condición laboral muy “ejemplar”: Ocho horas de trabajo al día y un día de descanso a la semana, en tiempos en que lo normal era una jornada laboral de 12 horas diarias, por ejemplo. Luego de terminar su operación hace 21 años, fue reconocida como sitio histórico nacional, y ahora figura también en el listado de propuestas por parte del Japón para Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Bueno, sin seguir hablando demasiado de hechos históricos y de la maquinaria de producción, más sencillamente puedo decir que es un lugar lindo y tranquilo, con flores de la época.

Un inconveniente para los usuarios del Seishun 18 kippu es que para llegar allá hay que combinar una línea de tren que no es de JR, por lo que se paga el pasaje aparte… pero, igual, es interesante viajar así, con estos trenes que recorren una zona de paisaje campestre, mucha naturaleza, y unos sitios arqueológicos…

Y a mí algo que particularmente me llamó la atención fue la cantidad de pequeños cementerios repartidos por donde quiera…entre las chacras, al lado de la vía férrea, sobre las colinas. Me parece que alguien hablaba hace poco de cementerios también… y la verdad no le presté demasiada atención al leer su artículo, pero ahora sí, la cosa se torna demasiado curiosa.

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Arcabuces de mecha

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Luego de la acrobacia de bomberos, otra cosa que no quise dejar de ver fue el desfile de samuráis arcabuceros. Un desfile de “samuráis” con armadura y arcabuz de mecha, que avanzan por la calle, a ratos deteniendo su paso para disparar al aire… con gran estruendo y olor a fuegos artificiales. Dada la historia de haber sido una importante ciudad durante la era de Edo (del Shogunato de Tokugawa), no es extraño encontrar una representación histórica así en este lugar, pero no lo había visto antes…

El arcabuz de mecha fue traído a Japón por unos portugueses que naufragados llegaron a la sureña isla de Tanegashima en 1543, en una época de guerras entre clanes de samuráis en todas partes del Japón (por lo que la nueva arma de fuego fue una importante novedad), donde van logrando imponerse y unificar el país Oda Nobunaga y su sucesor Toyotomi Hideyoshi, y finalmente Tokugawa Ieyasu, que en 1600 establece el Shogunato de Tokugawa, marcando el inicio de la era Edo que duraría hasta el 1868, mientras que, luego de su primer contacto con los japoneses, los portugueses empiezan a llegar cada año a los puertos de Kyûshû, y siguen sus pasos los españoles desde 1584 para comercio y evangelización, sobre todo por los jesuitas. Los ibéricos gozaron al principio de una libertad y protección de muchos señores feudales, algunos de los cuales incluso se convirtieron al cristianismo, pero en 1587 los Toyotomi deciden expulsar a los misioneros católicos por la sospecha de que servían como instrumento de colonización de parte de sus países de origen, y los Tokugawa, tras el establecimiento de su gobierno en Edo, toman duras medidas para exterminar a los cristianos desde 1612, y también prohíben la llegada de los españoles y portugueses a Japón desde 1624 y 1639 respectivamente…

Bueno, es una parte de la historia por la que siento un interés, especialmente luego de haberme familiarizado con la historia de los jesuitas en el otro lado del charco, sus actos y su expulsión del continente, etc…., cosas que vi y oí mucho en lugares como Córdoba e Iguazú. Y volviendo a la actualidad, me parece curioso pensar que, en estas mismas calles donde desfilan los samuráis arcabuceros, diariamente transita gente de habla lusa e hispana… Eso sí, es una ciudad, histórica por una parte, y con una presencia de brasileros e hispanoamericanos por otra, aunque muchos japoneses no se den cuenta, quizá. Y pienso que en las escuelas sería lindo que estas cosas de la historia y geografía no solo se enseñaran de libros de texto sino de encuentros directos con las personas y cosas, que de repente podría haber en sus zonas o incluso en sus propias aulas…

 

 

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