Archivo mensual: agosto 2013

Gen el descalzo

No recuerdo dónde (¿en el aula de primaria, secundaria, o en la biblioteca?) encontré y leí el manga de Gen el descalzo, pero recuerdo, al menos, que alguna vez hubo una sesión en la escuela para ver una adaptación al cine y también recuerdo que en mi casa había una versión de novela. En cuanto a la versión de manga (y es la más conocida) es bien extensa y no creo haberla leído completamente, pero de todas maneras sé de qué se trata y recuerdo muchas escenas de su historia, de la vida del protagonista antes y después del bombardeo atómico en Hiroshima.

Creía que era la obra más conocida sobre el tema y también la más típicamente usada o mencionada en la educación sobre la paz en las escuelas, y por eso me pareció bien absurda la noticia este mes de que la Comisión de Educación de una localidad japonesa ha tomado la decisión de impedir que el acceso a Gen el descalzo en las bibliotecas de las escuelas primarias y secundarias, donde la obra ha sido trasladada de las estantes abiertas a archivos cerrados y los niños ahora no pueden leerla libremente sino únicamente bajo autorización de los profesores, supuestamente porque el manga contiene escenas extremamente atroces no apropiadas para lectura de niños menores.

Al difundirse la noticia, primero pareció hablarse de la “extrema atrocidad” propia de la guerra y de la bomba atómica, y no entendí nada: ¿para qué intentar ocultar esa realidad, la que precisamente debería trasmitirse…? Pero luego empieza a salir más detalle del asunto y el hecho parece ser que no se cuestionaban las atrocidades propias de la guerra ni de la bomba atómica, sino menciones infundadas sobre atrocidades supuestamente cometidas por soldados japoneses y difamaciones hacia el emperador, interpretaciones equivocadas del himno nacional, etc., que son contenidos perjudiciales porque “inculcarían a los niños antipatriotismo y conocimientos equivocados y de la historia”.

Bueno, no es la primera vez que ciertas obras (“pacifistas” o que hablan mal del emperador o de las cosas negativas del Ejército imperial japonés) terminan siendo blanco de duras críticas si es que encuentran ahí errores o hechos carentes pruebas contundentes…. y no sé si lo mismo sucederá con la misma dureza si una obra imperialista-militarista contuviera la misma cantidad de errores… ¿tal obra será aniquilada?

En todo caso, la polémica sobre la censura de Gen el cascalzo surge justo en verano, temporada en que tenemos otra polémica anual, sobre las visitas (a veces realizadas y otras no) de los ministros del Gabinete y otros políticos al Santuario Yasukuni, donde rinden homenaje a los caídos de guerra junto con algunos importantes criminales de guerra, hecho que cada año surge, para no contribuir sino a empeorar las relaciones entre Japón y sus países vecinos. Y aquí lo que no entiendo es esa incondicional tenacidad por alabar a los “héroes” patriotas… ¿es tan necesario? Y es que si Japón reconoce sus responsabilidades y ofrece disculpas por lo que cometió durante la Segunda Guerra Mundial… (o sea que fue una guerra equivocada), no sé por qué hay que homenajear tanto a los promotores y colaboradores (ya sean activos o pasivos) de la guerra. Y mi otra gran duda…, es que mientras que se habla tanto de los criminales y los caídos de guerra, jamás reciben el trato de “héroes” las personas que valientemente se opusieron al régimen totalitario de la época y lucharon por detener la guerra equivocada… ¿O será que ser patriota significa obedecer siempre al régimen de turno y no intentar cambiar nada? ¿Y tener ideas no compatibles con el Gobierno es cosa de vendepatrias, traidor?

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Gaijin

 

Últimamente parece que está de moda cierto formato de programas televisivos aquí para presentar la vida de ciudadanos japoneses que en el exterior, especialmente aquellos que viven en regiones o países jamás imaginados por los japoneses comunes y corrientes y que llevan estilos de ida igualmente inimaginables. Uno de esos programas se llama más o menos ¿Por qué vive un japonés ahí, en el mundo? – Increíbles dramas de la vida (viernes por la noche), otro se llama ¡Los encontramos en las aldeas del mundo! – Japoneses en lugares así (viernes por la noche… justo después del programa citado antes) y hay más programas como ¡Lo vieron las esposas japonesas en el mundo!, “¡Encontramos en remotos lugares del mundo! – Restaurantes japoneses”, etc… Bueno, no sé si la existencia de tantos programas parecidos (algunos más o menos serios y otros no), será signo de que tantos japoneses están interesados en el tema o meramente se trata de una idea original de un productor y muchas imitaciones para ganar ráting de manera fácil, pero en todo caso puede ser una oportunidad para ver, de manera entretenida, diferentes formas de vida, de los japoneses poco “estándares” y de los habitantes locales de cada lugar, y es algo que no me disgusta.

 

No sé si habrá posibilidad de ver sus videos en español…, creo que no, pero si es para pensar un poco en inmigrantes japoneses en el mundo, aquí acabo de leer una novela “Gaijin” de Maximiliano Matayoshi, que sí está en español y es una historia de un adolescente okinawense que se va a vivir a Argentina poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El libro no da datos estadísticos ni explica ciertas circunstancias sociales (por ejemplo, el porqué de tantas tintorerías administradas por inmigrantes japoneses en la Argentina, mientras que en otros países de Latinoamérica hubo más inmigración para ser agricultores), sino que se centra más en experiencias personales del protagonista, y aun así no deja de ser interesante, especialmente para quienes comparten algo de esa vida de inmigrante o tienen contacto con esas personas, y quizá también para los gaijin interesados en la forma de pensar de los japoneses.

 

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Cosechando

Muchas veces había pasado por su lado y más de una vez había mirado con curiosidad desde fuera pero nunca había entrado, sin saber si algún día tendría o no una oportunidad. Y no importaba porque era solo una pequeña curiosidad y no una necesidad, pero, al fin, esa oportunidad llega tras comentarles hace poco a unos amigos que acababa de enterarme de la llegada de la temporada de cosecha de arándanos de las fincas de la zona en que vivían antes. Bueno, en esa localidad, en las afueras de Tokio, hay muchas fincas de arándanos y mis amigos antes vivían cerca de una, así que esta vez nos ponemos de acuerdo para ir allá juntos por primera vez.

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De aquí no haría falta muchas explicación; simplemente es que aquí no se cobra la entrada. Cualquiera puede entrar libremente a cosechar los arándanos, para saborear ahí mismo (esto sale gratis) o para llevarse a casa (y esto se paga al momento de salir).

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Yo nunca había cosechado arándanos (bueno, sí algunas otras frutas pero no arándanos) pero la pasé bien, y lo bueno fue que este día no hizo demasiado sol ni tampoco llovió.

Fuera de la finca encontré mirasoles,

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que parecieran estar ahí para recordarnos que estamos en verano (aunque ya estamos en otoño “según el calendario”) y yo me pongo a pensar en qué hacer con la cosecha del día: ¿será para comerla así entero, o para animarme a fabricar mermelada?

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Comida taiwanesa

Paralelo a la cena tailandesa ocurre que otros amigos, latinos que conocí fuera del trabajo, se convierten en asiduos comensales de un restaurante taiwanés que al parecer descubrieron recientemente. Y termino acompañándolos a comer ahí dos domingos, justo antes y después de mi experiencia tailandesa. No eligieron ese local para buscar experiencias exóticas sino netamente para llenar la barriga y, bueno, digamos que Taiwán puede ser menos exótico que Tailandia para mí, pero no del todo familiar tampoco, así que vamos con un poco de nervios, por aquello que siempre oigo de la gastronomía china: “los chinos comen todo lo que tenga cuatro patas, menos la mesa”, aunque no sé si esto ocurre o no precisamente en Taiwán también.

Bueno, llegamos y veo que no es un restaurante exclusivo, si un local principalmente para llenar la barriga, con platos bien voluminosos y económicos, entre los que elegimos un menú económico que nos ofrece un ramen, un plato principal, una ensalada y una porción de arroz, donde se permite elegir el tipo de ramen y el plato principal de entre varias opciones, además de permitir repetir el arroz ilimitadas veces. Su precio: aproximadamente el equivalente de seis latas de Coca Cola.

Lo tranquilizante es que entre las opciones figuraban platos más o menos conocidos en Japón también. Yo elegí esto de camarones en la primera ocasión

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que resultó, eso sí, picante pero no tan mortal, y en la segunda ocasión el cerdo agridulce, que ciertamente fue más dulce. Un amigo pidió de postre un helado de “dragon fruit”, sin saber de qué clase de fruta se trataba exactamente. Más de uno creyeron que en español se llamaría granadilla y otros insistieron que no, que es algo que no existe en Latinoamérica y por eso se llamaría así igual, “fruta del dragón”, por no existir su nombre propiamente español… Bueno, esto es lo que apareció:

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Ahora que me pongo a averiguar para escribir estas líneas, resulta que la “fruta del dragón” proviene de México y Centroamérica y se produce incluso en Perú según Wikipedia… Bueno, habría que avisar a mis amigos (peruanos) de que no estuvo tan acertada su teoría de “no hay dragon fruit en Latinoamérica y por eso no tiene nombre en español”.

En todo caso, si algún día me tocara sobrevivir en Taiwán creo que no moriré de hambre al menos… Y a ver, ¿alguien más habrá probado comida de Taiwán?, y ¿qué le pareció?

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