Archivo mensual: mayo 2009

Antocianinas

Un fin de semana lluvioso… El cielo gris no levanta el ánimo, para algunos, pero pienso ahora que ya viene junio y pronto estaremos entrando a la temporada de lluvias. Es la naturaleza que debe de ser, y nada de que deprimirse. En estos días he estado observando cómo sembraban arroz en los arrozales que se extienden frente a mi oficina, y ahí la lluvia debe ser una bendición…

Pero, bueno, quienes no somos agricultores tendremos que pensar qué hacer en nuestro tiempo libre, sin salir de casa en esta época… Una idea sería aprovechar el tiempo para preparar y probar ciertas cosas que alguna vez se nos ocurrieron pero que aún no hemos hecho. A ver, ¿qué tal si hacemos un buen kibidango, o una mazamorra morada y chicha morada? La mazamorra morada, ya la hemos probado en algunas ocasiones (inclusive desde el maíz entero, y no del polvo…), pero no está mal hacer cuantas veces se nos antoje.

Para nuestra curiosidad, el periódico latino de aquí está publicando unos artículos sobre el maíz morado por dos semanas consecutivas, donde entre otras informaciones (sus propiedades, recetas, recomendaciones, etc) dice que ha habido una firma japonesa que intentó cultivarlo, pero que no logró que saliera morado… Bueno, realmente es una pena, ya que si ese intento hubiera tenido éxito, ahora estaríamos consiguiendo más fácilmente este interesante maíz en cualquier supermercado, sin tener que recurrir a ciertos negocios latinos que no son muchos y no necesariamente se encuentran cerca de nuestras casas, así que esperemos algún día… o, bueno, no sé si más gente, aparte de dicha firma, habrá intentado y logrado cosechar el maíz de color bien morado en Japón, ya sea para negocio o para pura curiosidad personal. No se sabe, pero podría ser, de repente.

Y eso de que el mismo maíz salga morado o no… ¿tendrá que ver con la característica del suelo en que se cultive y con el fertilizante utilizado? No lo sé de cierto pero al hablar de los colores de plantas, creo haber escuchado algo así sobre las hortensias. Bueno, luego de comer una rica mazamorra morada y esperar que escampe un poco, sería bueno salir a mirar las hortensias que precisamente están en su época también.

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Un juicio

La sala penal de la Corte Distrital de Tokio es igualita a las que se pueden ver en las películas o teleseries policíacas. Luego de un poco de espera entran las personas involucradas: Una jueza, secretarias, un fiscal, la acusada, su abogado, y una traductora, que se ponen a sus sitios.

La jueza declara la apertura de la sesión, con que comienza el procedimiento, que más o menos fue: Identificación y juramento de la traductora (un formalismo nada más), Identificación de la acusada y Lectura del alegato de parte del fiscal (Que la acusada entró en Japón en tal fecha y en tal lugar como turista y sin contar con debido permiso de estadía se quedó viviendo y trabajando en tal lugar hasta que en tal fecha fue detenida por sospecha de violación de la ley de control de migración y reconocimiento de refugiados blablablá… y todos esos detalles), Aclaración de rigor (de que la acusada tiene el derecho a guardar silencio, etc…), y la acusada y su abogado admiten todos los hechos y cargos imputados. De ahí se pasa a la presentación de pruebas (el fiscal señala unos documentos que tiene y explica qué papeles son), y un poco de interrogatorio a la acusada (La acusada afirma haber venido a trabajar a Japón porque en su país de origen tenía familia que mantener pero que no había manera de ganarse la vida. Al preguntársele si tiene la intención de regresar a Japón algún día, responde que ya no. Pero, cómo… si usted ha afirmado que necesita mantener a su familia pero no hay trabajo en su país… ¿cómo piensa ganarse la vida sin venir a Japón entonces? Pues, de la manera que sea, trataré de arreglármelas sin volver a cometer ningún delito). Luego de asustar a la acusada con preguntas duras, el fiscal pide pena de cárcel. A la acusada se le da una última oportunidad para decir algo, pero.. ya no hay nada especial… Y tras un momento, viene la sentencia: La acusada: una pena de cárcel con trabajos forzados, pero la condena está suspendida durante no recuerdo cuántos años… Ya termina la sesión, y las personas se retiran del escenario…

Menos de 15 minutos duró la sesión, donde no hubo suspense, disputas, drama ni nada… Excepto la parte del breve interrogatorio a la acusada, lo único que vi fue que las personas estuvieron pronunciando con tremenda velocidad unos textos hechos o preparados de antemano, y eso más que un juicio parecía un “concurso de locución súper rápida”. Y la verdad es que sí, fue un juicio donde no se pretendía discutir nada; su único objetivo era sentar el hecho de que se haya dado una sentencia de culpable mediante un “juicio”. Solo un rápido formalismo, y para eso la modalidad de “Juicio de Conclusión Inmediata”, aplicable a casos de delitos de menor importancia (como el de estadía ilegal) sin disputas sobre los hechos (que el acusado admitan todos los hechos y su culpabilidad), y donde de antemano el acusado admite ser culpable pero está asegurada una condena suspendida (es decir, la condena no se hace efectiva a menos que el acusado vuelva a cometer un delito durante el período determinado en la sentencia). En el caso que acabo de ver, con la condena suspendida la acusada no va a la cárcel, pero al carecer del permiso de estadía (conocido popularmente como “visa”), será deportada a su país de origen. La deportación es posible con o sin la sentencia de culpable, y entonces parecería que el juicio hubiera sido un proceso demás sin mucho sentido, pero no es así, porque del hecho de haber sido sentenciada culpable (suspendida o no la condena) depende el plazo de impedimento para volver a ingresar a Japón…

Sin disputas y solo para formalismo… No tan dramático que digamos, pero fue la primera vez que vi un juicio de verdad y con traducción, donde sí hubo cosas que saber y no estuvo mal… Así que, bueno, si un día tienes tiempo y quieres ver algo diferente, un juicio podría ser.

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Mi país y yo

Hacía tiempo que sentía cierta obligación de escribir algo más sobre el autor de este quaderno para así despejar un poquito los “misterios” que hay, y eso sí, pero el problema era que no tenía idea de cómo empezar. Bueno, creo que si no se me ocurre qué contar, quizá podría ser respondiendo a alguna serie de preguntas, y en eso es que aparece esta entrada de una japonesa en Japón, interesante como siempre. Así que a ver, esta vez decido usurparle el formato y aquí van mis respuestas:

  1. ¿Cuál es el lugar que más os gusta de Japón? / ¿Qué lugar de Japón le parece más hermoso? / ¿Qué te gusta de Japón?
    De los lugares que he visitado, me gusta por ejemplo la región Noreste (Iwate, Akita, Aomori, etc), las pequeñas islas del mar interior de Seto, etc. De los lugares que aún no conozco, Hokkaidô y Okinawa deben ser muy bonitos.
  2. ¿Y del extranjero? / ¿Has salido alguna vez de Japón?
    He salido unas cuantas veces, y la verdad es que todos los países me parecen hermosos y me gustan. Para vivir no sé cómo sería (ya que nunca he vivido fuera de Japón), pero para ir de paseo, todo me parece lindo.
  3. Aprovechando las diferencias de edades, en vuestra tierna infancia, ¿en qué consistían vuestros juegos? ya sean del patio del colegio, en casa, con la familia, etc.
    Escondites, juego de persecución, béisbol (aunque no de mi gusto), patinaje sobre ruedas, cazando insectos y bichos acuáticos, construyendo “bases” secretas en el bosque, y en ciertas épocas del año, trompos, cometas y juegos de cartas.
  4. ¿Se guarda algún resentimiento hacia los americanos por sus espantosos bombardeos nucleares en su país?
    No.
  5. ¿Por qué decidiste aprender castellano? / ¿Por qué has decidido estudiar este idioma, tiene relación con tus padres o hijos? / ¿Qué fue lo que te llevó a estudiar el español? / ¿Por qué el español? / ¿Por qué estudias el español?
    Por pura casualidad, y sin ningún motivo serio ni necesidad, en absoluto. Solo que un día, en una librería de segunda mano, terminé comprando una “Introducción al español” de bolsillo, al precio una lata de Coca Cola, cuando yo en realidad buscaba otro libro (que no encontré), pero, en fin, podía ser cualquier libro, porque era para matar tiempo en tren de ida y vuelta entre casa y trabajo.
  6. ¿Siguen siendo esas las motivaciones que tienes para estudiar la cultura y el idioma de los países de habla hispana o éstas han cambiado? ¿En qué medida?
    Bueno, digamos que han cambiado. Al principio no creía que este idioma me sirviera para algo, pero ahora es diferente, porque por saber el castellano he podido entrar y puedo seguir en contacto, en directo o por Internet, con tantos amigos hispanos; es como que gracias al idioma se ha ampliado mi mundo. Y eso ocurre dentro y fuera de Japón porque sin darme cuenta, empecé a “estudiar” justo en la época en que comenzaba la migración masiva de latinoamericanos (nikkei en su mayoría) a Japón.
  7. ¿Qué es lo que más te gusta de la sociedad japonesa? / ¿Qué te gusta de Japón?
    ¿La seguridad?
  8. ¿Qué tan difícil se les hace aprender español? / ¿Qué es lo más complicado del español para vosotros?
    Todo menos la ortografía tan sencilla y tan simple… y menos también la ausencia de sinnúmero de palabras homófonas que tanto nos complican la comunicación en japonés.
  9. ¿Te mantienes informado sobre política en Japón y en el mundo?
    Más o menos… No necesariamente sobre la política, pero leo el periódico todos los días. Y, bueno, aparte también puedo decir que cuando estoy de viaje, especialmente trato de estar al día de lo que está sucediendo en el país en que me encuentro en ese momento.
  10. ¿Has visitado un país donde se hable español, era lo que esperabas?
    Sí, he visitado algunos países, y espero seguir contando mis experiencias e impresiones, ya sea en “Viajes” o en otras categorías…

Bueno, no creo haber contestado mucho, pero es solo un primer intento…

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Ocarinas de barro

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Un felino, un cocodrilo, y un… ¿cómo se llama? de motivos geométricos, acaban de sumarse a mi pequeña colección de artesanías. Si las tres cosas tienen algo en común, es que son de cerámica, tienen unos cuantos agujeros, y… suenan. No había pensado en su origen, pero ahora averiguo que la ocarina viene de la América prehispánica, y así me parece más interesante encontrar tantas variedades de ocarinas en las tiendas de artesanías sudamericanas, de comercio justo en algunos casos.

A las pequeñas ocarinas (como la “geométrica”), les podemos colocar un cordel, para poderlas utilizar como accesorios (colgantes), mientras que las más grandes pueden también ser lindos adornos para la casa. Y el cocodrilo, bueno, seguramente les va a gustar más a los nenes, o también puede ser para dar un concierto de broma, ya que con el cocodrilo, fácilmente podrás captar la atención del público, sepas o no tocar muy bien la música.

Y de todas maneras, ¿qué tal son como instrumentos musicales? Además de la boquilla, el “gato” tiene seis agujeros (cuatro en un lado y dos en el otro lado) y el “cocodrilo” cuatro. Para tocar algún que otro tema musical, primero podemos identificar las notas posibles, probando las combinaciones de agujeros tapados y destapados, y luego buscar partituras de temas fáciles que se puedan tocar con las notas que podemos sacar de cada ocarina. Para ampliar las posibilidades, también podemos probar tapar a medias algunos de los agujeros, o es lo que hacía un señor experto que encontramos en un festival internacional y a quien pedimos que tocara algo con nuestras ocarinas. También hay ocarinas que tienen un solo agujero, para sacar dos tonos nada más. Es el caso de la “geométrica”, que no es para tocar música, pero suficiente para imitar el trino de los pájaros.

A ver si yo voy a aprender a tocar algo con mis ocarinas… Y abajo van una ocarinas más.

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¿Qué es una geisha?

Ya había oído hablar de ese libro, pero la verdad es que no le había dado demasiada atención; seguía sin leerlo y sin saber mucho sobre el mundillo de las geishas. Bueno, para comentar algo, al menos habría que leer el libro en cuestión, y de ahí empezar… Así, y solo así, fue que decidí leer “Memorias de una geisha” hace 9 años, luego de que un amigo de Italia me contó que acababa de leer la novela de Arthur Golden que habla de la vida de una geisha de Kioto a principios del siglo pasado y que le resulta muy interesante porque cuenta cosas increíbles y sin comparación para el mundo occidental. ¿Todavía siguen las geishas así en Japón…?

El libro resulta muy interesante y revelador, de verdad, porque si bien las cosas deben ser menos inimaginables para lectores japoneses que para occidentales, el de geishas sigue siendo un mundo desconocido y misterioso, para muchos y para mí. “Memorias de una geisha” no pasa de ser una novela de ficción, pero con descripciones bastante realistas y creíbles sobre la vida de las geishas y de los japoneses en general en los tiempos en que está ambientada la historia. Buen libo que nos permite ver una parte de la cultura japonesa sin mucha tergiversación… Bueno, esta primera impresión mía, parece que no fue tan cierta, porque después viene la demanda de Iwasaki Mineko, ex geisha destacada que colaboró con Golden en su investigación” pero ahora lo acusa de incumplimiento de contrato y difamación, por violar la confidencialidad de las entrevistas concedidas y por presentar cosas falsas de la vida de geishas en su libro. Así que para saber la verdad, termino leyendo la versión de Iwasaki, “Vida de una geisha” que debe ser más verdadera y, bueno, además de la “rectificación” de los errores de Golden, hay cosas que particularmente me parecen interesantes: la existencia de la casta social marginada o una especie de paria japonesa (es una realidad que existe…), el origen del recurrente error de confundir geishas con prostitutas (eso sí, es interesante y hay que saberlo), etc. Y aquí, aparte de los libros de Golden e Iwasaki, no dejaré de comentar que había otro libro de memorias de una geisha real, “Kiharu” de Nakamura Kihara, en que antes no me hubiera fijado pero que ahora, luego de leer dos libros sobre el tema, para qué dejar de leerlo…

Y en fin, ¿qué es una geisha? Bueno, hace poco vi un video con escenas del concurso “Señorita Panamá”, donde una de las candidatas decía así: “Una geisha es una mujer estrictamente entrenada para las profesiones para entretener a las personas a través del baile, la música, las poesías. Éstas comienzan desde muy corta edad a prepararse. …”. Muy interesante, ¿no? (Bueno, no es que me interesen demasiado los certámenes de belleza, pero es que un amigo me mandó enlaces para …)

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Un sábado por la tarde

No sé si en otros países también habrá esos señores o señoritas que paran en las calles comerciales y reparten cosas pequeñas (paquetitos de tisú con avisos comerciales, vales de descuento de restaurantes de comida rápida, etc) a los transeúntes. Cuando me cruzo con esa gente, a veces acepto recibir lo que están repartiendo, y normalmente no pasa nada: Muchas veces son publicidades que no me interesan pero el tisú sirve, así que algo estoy ganando, y a la vez estaría ayudando al repartidor/a a cumplir con su tarea. Todo bien, en la mayoría de los casos.

Bueno, un sábado por la tarde, voy por la calle y alguien me da un papelito, de tamaño de una postal, que al instante no veo muy bien pero parece ser una invitación a una exhibición o algo así. No me interesa demasiado pero, bueno, si no me sirve, lo tiraré nomás y no me hará ningún daño. Recibo la postal e iba a seguir caminando, cuando ocurre algo diferente…

– Por aquí es, si tiene un poco de tiempo para mirar…

O sea que la exhibición es aquí y ahora mismo. La chica me conduce a entrar al local frente al cual estábamos, y que recién noto que parece ser una pequeña galería de arte. Bueno, solo mirando no se pierde nada, creo, y como nunca he entrado a una galería así, quizá sea para curiosidad… Y la señorita repartidora convertida ahora en guía artística, empieza a explicarme cosas, de que son obras de serigrafía, muy lindas, de artistas muy conocidos, y lo linda que puede ser una vida si tienes uno de esos cuadros en tu casa… La explicación es muy sencilla e interesante, y no es unilateral ya que a veces me hace preguntas tipo “¿Qué crees que significa el número que está junto a la firma del autor de cada cuadro?” (Bueno, no sé nada de cuadros pero, tratándose de grabados, supongo que será el número de serie de cada obra, y la chica me felicita por mi gran acierto.), “¿Si, hipotéticamente hablando, colocaras uno de estos cuadros en tu casa, cuál elegirías?” (Bueno, la verdad es que todos los cuadros me parecen lindos pero para, hipotéticamente hablando, colocar uno en mi habitación, podría ser, por ejemplo, esto, y la chica elogia mi excelente gusto.), etc.

La inesperada “visita guiada” dura un poco más, con explicaciones siempre sencillas e interesantes, pero si algo empieza a cambiar, es que el tema de conversación empieza a centrarse en lo económico-comercial y no lo artístico. Empezando por aclarar que, aunque no parezca, hay muchos clientes jóvenes (sea, de mi edad) que compran estos cuadros, y prosiguiendo con las preguntas, ahora tipo “¿Cuánto crees que costaría este cuadro que has elegido para tu habitación?”, “¿Para conseguir la alegría de vivir en una casa con un lindo cuadro, cuánta plata estarías dispuesto a pagar mensualmente?”, etc. Sinceramente, si me regalaran un cuadro, con mucho gusto lo colocaría en mi habitación, pero si no, quizá estaría dispuesto a pagar el precio de 10, 20, 30 latas de Coca Cola (y eso sería lo máximo, porque antes de pensar en una vida llena de arte, mi bolsillo tiene otras prioridades y necesidades)…, pero esa idea mía pareciera un chiste, cuando se aclara que el precio de los cuadros, que no se compara con el precio de muchas latas de Coca Coca, sino con muchos meses de mi sueldo. Y no vayas a creer que podrías que comprar un cuadro así solo. Para colocar un cuadro tan precioso, igual de precioso debería ser su marco, por ejemplo, que supondría la cantidad de plata que adicionalmente sale de tu cuenta bancaria… Y antes de hablar de eso, hay que ver que yo no entré aquí para hacer compras, sino solamente para mirar….

La que fuera repartidora de papelitos y convertida en guía artística, se convierte ahora en una auténtica vendedora, imponente, amenazante y furiosa. Me acusa de estar robándole su valioso tiempo de trabajo. Si ella está trabajando seriamente para vender, cómo que me he metido ahí sin tener intención de comprar seriamente.. Es una tremenda e imperdonable falta de respeto. Y realmente me siento como un criminal, aunque hay algo que no me convence, y es que yo nunca la obligué a atenderme; es ella la que me está obligando a atenderla, desde el principio. Y, yo no le estoy robando su valioso tiempo, sino que ella a mí… Y si es que a ella no le hace gracia que yo esté ahí sin intención de comprar nada, entonces déjeme salir de aquí de una vez, y los dos estaremos en paz, o ¿no?

No recuerdo cuánto tiempo (muuucho tiempo, de todas maneras) estuve retenido ni cómo logré salir de ahí sin comprar nada, pero si ahora sé una cosa, es que nunca volveré a entrar a ese tipo de galerías de arte, ni jamás volveré a recibir ese papelito, de tamaño de una postal, que al instante no vi muy bien pero parecía ser una invitación a una exhibición o algo así.

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Otro paseo

No soy tan montañista como para pasar todo el tiempo libre andando de una montaña a otra, pero ocurre esta vez que termino saliendo a caminar dos veces durante la semana dorada, porque luego del paseo por Hakone me llama otro amigo que igualmente pensaba hacer algo para disfrutar de la Naturaleza. La idea era pasar un rato agradable en medio de la naturaleza y sin necesidad de hacer demasiado esfuerzo físico (ya que no somos tan montañistas…), así que buscamos el lugar adecuado y elegimos ir al Monte Sekirô, que está junto al lago Sagami.

Una mañana tomamos el tren de la línea Chûô, el mismo que va para el popular Takao, y solo que vamos una estación más y llegamos a la estación de Sagamiko. De ahí tras viajar 15 minutos más en ómnibus, empezamos a caminar.

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Desde antes de entrar a la montaña se ve mucho verde, y después viene lo interesante que resulta andar por este camino rodeado de gigantes rocas, que alcanzarían hasta el tamaño de una casa… Algunas de las rocas destacadas tienen sus leyendas, y hay una en particular que se ha convertido en el techo de un oratorio. Y como suele ser en las montañas de Japón, también encontramos un templo aquí.

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Hay partes donde la subida es un poco fuerte pero relativamente corta, y no tardamos mucho en llegar a la cima, a 694 metros sobre el nivel del mar (bueno, también me interesaría saber su altura sobre el nivel del lago, a ver cuánto hemos subido a pie).

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Aquí no hay nada más que unos bancos y carteles que indican dónde estamos, pero el paisaje no está mal, y hay bastantes visitantes, familias, grupos de boy scouts, de amigos, etc., en su mayoría humanos pero también un poco de caninos, que andan con buen ánimo. Supongo que en este momento habría una tremenda aglomeración en el Monte Takao, y creo que fue una elección acertada venir a una montaña menos conocida.

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Descansamos una hora y empezamos a bajar. Pasando por otro mirador, seguimos caminando entre la vegetación que luce bien brillante, y aún entre las rocas… De una parte nace un riachuelo, donde no dejamos de sacar fotos,

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Y ya pronto terminamos de bajar. Seguimos caminando un poco, y llegamos a la orilla del lago Sagami, que se puede cruzar en bote. Cuando llegamos no encontramos a nadie, pero para eso está este barril, que golpeamos fuerte con el palo, de modo de una campana, para llamar a la persona encargada que estaría en la otra orilla. Qué tal medio de comunicación, ¿no?

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Y así cruzamos el lago.

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