Archivo mensual: julio 2009

Reciclaje de electrodomésticos II

Después de pasar un mes sin televisión, llega un día en que mis padres se deciden: Salen por la noche y regresan con un “nuevo” televisor que a la vez es viejo; sea, de segunda mano. Se podría decir que un poquito vamos contracorriente, al comprar ahora un televisor de pantalla gruesa (bueno, no sé si se dice así, cuando todo el mundo habla de la “pantalla plana”) y del sistema analógico terrestre (cuando en Japón faltan solo dos años y una semana para la transición definitiva a la televisión digital terrestre, y para eso las campañas de las empresas del sector electrónica y del Ministerio del Interior para promoción de aparatos compatibles con el nuevo sistema), pero lo cierto es que hay gente que está contenta con el sistema existente y no está dispuesta a pagar un dinero para algo que no sabe qué ventaja trae. Teóricamente tendría que estar yo explicando sus supuestas ventajas porque trabajo para ese mismo sector… pero, bueno, cada uno tiene sus intereses y yo más bien diría que no solo de televisión vivirá el hombre, así que no me opongo a la idea de esperar hasta que baje más el precio de los televisores digitales (¿aunque esa misma guerra de precios haga que las fabricantes de la electrónica ganen cada vez menos [o cada vez pierdan más, para decir más claramente] y terminen decapitando en masa a sus empleados?), y mientras tanto, nos conformamos con este televisor de segunda, que para nosotros funciona muy bien. Por curiosidad averiguo su consumo de energía, y resulta que este televisor, pantalla gruesa de 21 pulgadas de fabricación 2003, consume prácticamente lo mismo (79kWh por año) que los televisores de pantalla plana que consumen menos energía a la venta actualmente. O sea que en cuanto al televisor, es más “ecológico” seguir utilizando viejos aparatos, al contrario de lo que sucede con las refrigeradoras y el aire acondicionado, donde los aparatos nuevos sí consumen menos energía.

Como sea, nuestro otro televisor, el que no ya no quiere trabajar, por el momento lo guardamos junto con su infaltable control remoto, a ver si un día pasa ese misterioso camión recolector

controlremotocontrolremoto

Y el camión pasa. Lo detengo y le digo al señor que tenemos un televisor:

– A ver.. Ah, es un Sony. Lo siento, pero no recogemos cosas de Sony. De Sony no exportamos…
– O sea que ¿depende de la marca?
– Así es…. Si es que desea, nos lo llevamos de todas maneras, pero para eso tendrá que pagarnos el costo de reciclaje.
– Ya, entonces no, gracias.
– Bueno, ¿tiene alguna cosa más?
– Pues, tengo una computadora…
– ¿Una
laptop? ¿De cristal líquido?
– Es una de escritorio. Solo la parte de CPU y sin monitor.
– Está bien. ¿Tendrá la unidad de CD-ROM?

– No funciona, pero tener sí tiene.
– Muy bien.

El señor recibe mi Aptiva descompuesta y es totalmente gratis. No me cobra el reciclaje ni me paga por lo que le estoy cediendo. Tampoco me pide documento de identidad, y se va nomás con mi compu, que seguramente desarmará y sacará la unidad de CD-ROM para vender. En cuanto al televisor, seguiremos esperando que un día pase un camión que acepte un Sony. Una suposición nuestra es de que esos camiones en realidad quieren el control remoto (que si se compra de repuesto, puede resultar algo caro…) y de yapa recogen el televisor mismo también. No sé sabe, pero vamos a ver qué nos dirá el próximo camión…

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Elecciones

El día de las elecciones…

Poco antes de salir de casa, me doy cuenta de que esta vez el centro de votación no es el auditorio del colegio primario de la zona. Va a ser una sala de reunión de un bloque de apartamentos contiguo. El motivo del cambio: En el colegio se están realizando obras, para refuerzo antisísmico.

Bueno, agarro el aviso (y a la vez entrada) de las elecciones y salgo. Primero paso por el colegio a ver cómo van las obras y tomar unas fotos por si acaso, y luego me dirijo al lugar de votación, donde, casi llegando, ocurre que no tengo el aviso, que seguro que se me habrá caído del bolsillo al sacar y guardar la cámara… Regreso el mismo camino y, en efecto, lo encuentro en el suelo. Menos mal.

elecciones2

Por segunda vez llego al centro de votación, y entro. Entrego mi papel al primer recepcionista, que lee el código de barras, y verifica en la pantalla de la computadora que mis datos están registrados debidamente y que aún no he votado. Pasa el papel al otro señor, que está a su costado, y este segundo señor me da la papeleta para votar. O sea que aquí, ese aviso (un simple papel con nombre y dirección del elector, un código de barras, e informaciones sobre el horario y lugar de votación) es el único documento que identifica al elector. Aquí no es necesario presentar el Documento Nacional de Identidad (claro, ya que para ciudadanos de este país no existe tal documento). En ocasiones anteriores creo que al menos me preguntaban “Buenos días. Usted es el Sr. Xxx, ¿verdad?”, pero esta vez nada. Si alguien hubiera recogido mi papel en la calle, sin ningún problema hubiera podido votar dos veces (en caso de desear hacerlo), y es que aquí tampoco se utiliza la famosa tinta indeleble con que, en algunos países, los electores se tiñen un dedo al votar. (Y esa tinta indelebles es un problema cuando hay elecciones en esos países y sus autoridades organizan votaciones para sus ciudadanos residentes en Japón, porque… para la ocasión alquilan un local, aulas de alguna universidad por ejemplo, cuyos dueños  se pueden poner de mal humor por encontrar al día siguiente la pared de su cuarto de baño llena de manchas indelebles, mientras que los votantes, por su parte, no saben cómo ir a trabajar con un dedo negro. En su país de origen no tendrán problemas ya que todos saben de qué se trata, pero en Japón no…    Bueno, ese aspecto, al menos, se podría decir que las elecciones en Japón son más limpias que en algunos otros países)

Como sea, yo paso por la mesa habilitada para rellenar la papeleta. En la mesa, dividida con simples mamparas metálicas en cinco espacios, está colocado un listado de candidatos y lápices. En la papeleta está impreso el nombre de las elecciones (“Elecciones de Diputados de la Asamblea Metropolitana de Tokio”) y un espacioso cuadro, donde el elector escribe el nombre de su candidato de preferencia. (En algunos países puede ser que en la misma papeleta esté impresa la lista de candidatos, para que el elector solo marque su candidato con una cruz, pero aquí no. El propio votante escribe el nombre de su candidato). Luego de rellenar la papeleta y depositarla en la ánfora, ya está todo y me voy no más.

Por último, aquí el voto no es obligatorio, y la tasa de participación no suele ser muy alta (esta vez fue MUY alta: 54.49%). Para que haya más participación, existen modalidades como “Voto anticipado” (que permite al elector emitir su voto antes de la fecha oficial de votación por el motivo que sea…  Se aceptan motivos no muy serios también, tipo “porque el día oficial quiero ir a la playa”, etc).  Bueno, yo aún no he recurrido a ese sistema, pero podría probarlo algunas vez… (el próximo 30 de agosto, por ejemplo, para las elecciones a la Cámara Baja).

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La entrevista

– ¿Qué quiere hacer usted en esta compañía, si es que desea seguir aquí?

– Entienda bien la situación, para no arrepentirse después de tomar una decisión.

– Aunque se quede en esta compañía, no se sabe si tendrá el mismo trabajo o no. ¿Lo entiende?

– Piénselo seriamente.

– ¿Y? ¿Qué quiere hacer?


– ¿Qué quiere hacer usted en esta compañía, si es que desea seguir aquí?

– Entienda bien la situación, para no arrepentirse después de tomar una decisión.

– Aunque se quede en esta compañía, no se sabe si tendrá el mismo trabajo o no. ¿Lo entiende?

– Piénselo seriamente.

– ¿Y? ¿Qué quiere hacer?


– ¿Qué quiere hacer usted en esta compañía, si es que desea seguir aquí?

– Entienda bien la situación, para no arrepentirse después de tomar una decisión.

– Aunque se quede en esta compañía, no se sabe si tendrá el mismo trabajo o no. ¿Lo entiende?

– Piénselo seriamente.

– ¿Y? ¿Qué quiere hacer?

La situación, sí que la entiendo bien. Si me acojo al programa de retiro especial, me van a pagar una indemnización especial, que sería cinco veces más de la compensación para casos normales de renuncias por voluntad propia.  Si me niego a renunciar ahora y sigo trabajando, y si la situación sigue empeorando y llega el momento en que ya no soporte nada, y si recién entonces decido renunciar, en ese caso solo recibiré una compensación normal, que tampoco estaría asegurada en caso de la quiebra definitiva de la compañía…. Por eso hay que pensarlo bien para no tomar una decisión equivocada, teóricamente, aunque a esta altura ya no creo que me quede la posibilidad de seguir trabajando aquí. Si la conclusión está predeterminada ya, me parece una pérdida de tiempo esta conversación sin más información ni intercambio de ideas nuevas. Es puro formalismo para sentar el hecho de que hemos conversado durante media hora.

En realidad, yo no tengo ningún problema para dejar mi actual trabajo, donde sé que no sirvo para nada ni me gusta, y hace una eternidad que guardo el deseo de hacer otra cosa. El único inconveniente es que tampoco sería fácil, para nada, lograr encontrar un puesto para hacer esa “otra cosa”, que ni tengo muy claramente definida. Y si de todas maneras tengo que superar mucha dificultad, a ver cuál sería la dificultad más positiva…Tengo dos entrevsitas más en menos de un mes, para tomar la decisión.

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Cosas terribles

No sé cuándo escuché por primera vez la frase “terremotos, truenos, incendios, y papá” (“jishin kaminari kaji oyaji”), que vendría a ser el listado de las cosas (o desastres) más temidas por los japoneses, y que así sale en los diccionarios de refranes. Bueno, no se trata de una estadística ni resultado de una encuesta; es simplemente un refrán, que puede tener cierto aspecto de juego de palabras y de alegoría, y quizá no refleje muy estrictamente la realidad, pero a ver….

Creo que es bastante comprensible que los terremotos estén encabezando la lista, ya que estaría demás decir que Japón es un país bastante sísmico, con 1000-2000 terremotos (fuertes o leves) anualmente.

La verdad es que no sé si los truenos son tan temibles, o si están causando tanto daños como otros desastres citados. Supongo (solo supongo sin fundamento) que en realidad no llegan a causar tantos daños reales aunque sí aparentan ser bastante terribles sus estruendos y rayos, que espero no me alcancen nunca. Bueno, por una parte creo que los truenos son más temibles ahora que antes, porque en la antigüedad la gente no tenía que temer los apagones que, por lo cortos y momentáneos que sean, pueden hacer bastante daño a las computadoras y otros aparatos electrónicos, quema de los mismos aparatos por sobrecargas, etc.

Y los incendios, también es natural que estén en la lista, sobre todo en un país como Japón donde las casas y otras edificaciones son de madera y fácilmente se incendian. Históricamente ha habido varios incendios a gran escala, como éste, que podían devastar ciudades enteras, aparte de que también era típico que los castillos japoneses perdieran sus torres principales por incendios (como ocurrió con el castillo de Edo y muchos otros castillos)..

Y el papá… debe ser el más curioso del listado. Se podría pensar en su autoridad, máxima, que ejercía en las familias, aunque seguramente se va debilitando últimamente. Para curiosidad, una fuerte reprimenda del papá es también denominada “trueno”, y se dice “Me cayó el trueno de mi papá”, etc.

Bueno, al investigar un poco las cosas, parece ser que esto de “papá” (“oyaji”) era originalmente “fuertes vientos, o tifones” (“ooyamaji”, palabra que casi nunca escucho) que luego fue acortado y confundido con “papá”, como se puede leer aquí (discurso de un embajador japonés sobre prevención de desastres, ver el tercer párrafo), con que el listado original podría haber sido “terremotos, truenos, incendios, y tifones”. Quizá sea cierto y más lógico, pero la verdad es que resulta más gracioso decir “…. papá” que “… tifones”.

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Dios cazador de ombligos

El Señor Trueno te roba el ombligo, así que cuando está tronando tienes que cubrirte bien la barriga y esconderte. ¿Será que el Dios del Trueno come ombligos de los niños, o los colecciona, o qué? No tengo la menor idea ni nunca se lo pregunté a nadie, pero es lo que dicen: El Señor Trueno cae a la tierra y te roba el ombligo. Y a los niños no se les ocurre cuestionar este raro cuento, para nada….

Aquí se supone que la fulminación del rayo es el segundo desastre más temible (solo superado por terremotos, y seguido por incendios y por la ira del papá), y es natural que un fenómeno así temible se asocie con algún dios, en este caso el Dios de los Truenos, que debe haber sido más temeroso que kawaii que digamos… Pero de ahí, no sé cómo, viene ese cuento del dios cazador de ombligos, y su figura (práctciamente la misma que el ogro oni con cuernos de vaca y taparrabos de piel de tigre; solo que en lugar del garrote metálico tiene tambores, y está sobre las nuebes) se vuelve definitivamente cómico al convertirse en personajes de programas de chistes como éste

Bueno, una teoría acerca de lo de ombligos, es de que tendría que ver con la salud de los niños. Aquí la tormenta eléctrica se produce típicamente por las tardes de verano, acompañado de una lluvia temporal y de una brusca bajada de temperaturas, y es cuando los niños, que para soportar el calor de verano andaban con poca ropa (con el ombligo al aire, posiblemente), deberían cubrirse bien para evitar resfríos o descomposición estomacal, etc., y para eso estaría sirviendo el cuento de ombligos.

No sé si el cuento sigue siendo válido hoy en día, cuando la mayoría de las casas tienen el aire acondicionado y ya no tienen que soportar tanta bajada ni subida de temperaturas…. pero es lo que dicen, de todas maneras.

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Expresiones japonesas

Unas cuantas expresiones al azar…

  • Salir a caballo (Shutsuba suru): Postular a elecciones. Sería una expresión referente al hecho de que los antiguos guerreros acudían a caballo al campo de batalla, pero actualmente es simplemente un sinónimo de postular a elecciones, sobre todo en los medios de prensa.
  • Decapitar (Kubi o kiru): Despedir. No sé si los japoneses lo toman especialmente en serio, pero aquí, el perder el empleo es como recibir la sentencia de muerte. Aquí, siempre se dice “decapitación” o “corte de cabeza”, en lugar de “despido” (palabra que solo se usa en ocasiones formales).
  • Tu mamá tiene el ombligo saltón” (“Omae no kâchan debeso”): Bueno, aquí la gente no suele mentar la madre para insultar a alguien, pero la única excepción sería esta frase infantil, típica en la pelea de niños pequeños…
  • Se nos va a podrir nukamiso (Nukamiso kusaru): Otra expresión no demasiado linda, para decir “Qué feo cantas”.  Nukamiso (pasta fermentada de salvado de arroz, utilizada para encurtir verduras) es de alto valor nutritivo, pero el problema es que tiene un olor bien fuerte, y si se pudre…. todavía más insoportable. Bueno, no sé si un canto feo puede malograr el alimento, pero creo que podría ser, de repente, porque por otro lado, dicen que la buena música no solo agrada a las personas, sino que también influye positivamente en las plantas, y hay empresas que realizan cultivos experimentales de verduras o de flores con música clásica además de abono y agua.
  • Hacer chin (Chin suru): Calentar algo en microondas. Pareciera infantil la onomatopeya del sonido del timbre que suena al terminar el calentamiento, pero… hay bastantes amantes, de todas las edades, de la expresión “hacer chin”, como mis padres que jamás de los jamases dicen “calentar en microondas” sino siempre “hacer chin”, y eso… a pesar de que su microondas en realidad no suena ¡Chin! sino ¡Pííí!.  Es también curioso que esta expresión se aplique única y exclusivamente a microondas, y nunca a otros aparatos (tostadoras, hornos a gas, o lo que sea) por más “¡chin!” que suenen.

A ver si hay frases parecidas en otros idiomas.

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