Archivo de la categoría: animales

Gatos de verano

Una tarde de verano, sin un motivo muy importante me desvío un poco del camino habitual para llegar a casa y lo que encontré ahí:

Bueno, digamos que no es nada especial ver un gato debajo de un carro.

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Igualmente, no es demasiado raro ver un gato en el techo de un carro.

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Pero… me pareció gracioso encontró un gato debajo y otro en el techo…. de un mismo carro.

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Eso sí que me pareció curioso. Bueno, no es nada de otro mundo; sencillamente es que uno quiso tomar el sol y el otro prefirió descansar en la sombra… Cada uno con su gusto, en fin.

Alrededor, otro gato descansaba en el borde de un campo de una finca de castaños

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y otro más de bajo de un árbol.

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Creo que hoy debe ser el día de gatos.

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Tareneko

¿Alguien ha visto y/o recuerda este perezoso panda? Bueno, para quienes no lo sepan todavía, se llama Tarepanda, que gozó de buena popularidad allá por los años 1999-2000 más o menos, aunque de ahí no logró llegar a donde llegó la famosa Hello Kitty, pues su moda no duró demasiado tiempo; ahora no sé cuántos lo recordarán.

De todas maneras, habría que dejar en claro que no soy un fan muy especial del panda ni suelo coleccionar cosas de marchandise, pero es que por algún capricho he probado suerte con el UFO catcher alguna vez, ya en tiempos remotos, y de ahí todavía conservo algunos premiso conseguidos…

Pero ¿para qué sacar tal memoria precisamente ahora?

Bueno, es por un gato. Un día, en mi camino de vuelta a casa después del trabajo, lo vi por primera vez en un parqueo, muy plácida… o perezosamente descansando. Al día siguiente, a la misma hora, lo encontré en el mismo lugar y en la misma posición, y al día subsiguiente…. Y realmente no sé quién resistiría sacarle unas cuantas fotos, a ver:

El gato, descansando plácida perezosamente:

Por ahí pasa un amigo:

Se saludan:

y el amigo se va:

Y nuestro protagonista, sigue descansando plácida perezosamente:

A ver, quién no dirá que es una auténtica versión felina de Tarepanda.

Escenas de unas perezosas tardes de verano…

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Cómo evitar meadas de perro

He echado pimienta ahí, a ver qué sucede…

Y no solo pimienta. La amiga también ha echado vinagre, y parece que no está sirviendo para nada, porque un rato después la chica la chica informa a su pareja de la mala noticia de que… otro perro acaba de darse el gusto de orinar ahí, sin que su dueño no le dijera nada. Y entonces…

Indignadísimos están mis amigos.

El lugar de los hechos se encuentra frente a su casa. O más precisamente, es la cerca que rodea la pequeña área verde que está en el otro lado de la callecita, donde resulta que uno de los postes de la cerca, el que está exactamente frente a la casa de mis amigos, se ha convertido en el lugar más preferido de los muchos perros transeúntes.

¿Habiendo tantos otros postes, por qué eligieron precisamente este? (¿Será que los perros aguantaron, aguantaron, aguantaron y, justo ahí, ya no pudieron más?) ¿Y los dueños de los animales, por qué los dejan orinar ahí? (Digamos que es de sentido común, que los dueños de los perros deben encargarse de llevarse su caca, y en todas partes podemos encontrar carteles de advertencia pero, curiosamente, en la mayoría de los casos se habla del procesamiento de la casa pero no de la orina. ¿Entonces, será necesaria una campaña mundial de concientización de la inmensa molestia causada por la orina de perros?)

Algo que complica el caso de mis amigos, es el hecho de que el “incidente” no ocurre en su casa sino en el área verde, que vendría a ser de la propiedad de la municipalidad. Entonces, ¿a quién corresponde tomar las medidas? ¿Si el Municipio no prohíbe nada, los habitantes no podrán más que seguir soportando la degradación ambiental?

De todas maneras continúa la lucha de mis amigos, que parecen no estar solos porque hay más gente que lucha, tanto en Japón como en otros países

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En la calle

Caminando como siempre, de la estación de tren hasta la oficina, un día encontré un improvisado cartel de papel pegado a la pared de una casa, que decía con letras escritas a mano:

AL IMBÉCIL DUEÑO DEL PERRO:

¡LLEVÁTE DE UNA VEZ LA MIERDA DE TU ANIMAL!

Y abajo, una caca de perro. Al día siguiente, la caca seguía ahí intacta, y el cartel, en la misma pared. Así también seguía al día subsiguiente, a la semana siguiente y subsiguiente… sin que nadie hiciera nada durante más de un mes. No pretendo ser investigador de cacas caninas pero, al pasar el mismo lugar a la misma hora, no dejé de observar cada mañana el estado de los dos objetos citados, desde el principio hasta el final. Bueno, en cuanto al cartel habría poco que decir (porque, ayudado quizá por la falta de lluvia en esa época, se mantuvo en buen estado hasta el final), mientras que en cuanto a la caca, ahí sí hubo un cambio gradual con el paso del tiempo, del que, de una manera adecuada, se hubiera podido elaborar un extenso informe científico, algo sobre el proceso de descomposición de materiales orgánicos en un ambiente abierto, sus fases, velocidad y efectos…. o lo que fuera pero, bueno, como no iba a ser investigador y al tener mi mente más (pre)ocupada de otras cosas, no me tomé la molestia de anotar nada en mi cuaderno de campo, con que lo único que puedo afirmar es que, en resumidas cuentas, la caca se fue desecando, desgastando y “adelgazando” poco a poco y al final desapareció del todo, sin que ningún ser humano interviniera en nada. Así que mi conclusión: La caca de perro… fue polvo y al polvo volvió.

De todas maneras, lo de caca debe ser solo cuestión de que los amos cumplan con sus obligaciones como tal y punto, ya que aquí prácticamente no hay perros vagos (yo hace años que no veo uno sin amo), mientras que en cuanto a los gatos…. la cosa puede ser diferente porque, que yo sepa, no hay mucho control. Los gatos suelen pasear libremente y sin llevar documento de identidad, por lo que a veces no se sabe cuál gato es o no mascota de quién y la legislación japonesa no establece quién se responsabiliza de la caca de cuál gato indocumentado… Quizá por este vacío legal y la falta de medidas de sanidad pública al respecto, es que de vez en cuando encontramos noticias de este tipo:

La Corte Distrital de tal localidad dictó el día tal una sentencia a favor de los 17 habitantes y la junta administrativa de un bloque de departamentos que reclamaban al renombrado ajedrecista profesional KH, de X años de edad y residente del mismo edificio, que deje de dar de comer a gatos callejeros cuyo número ascendía hasta 18 y pague asimismo una indemnización por un monto de 6 millones 450 mil yenes por los daños causados por sus actos.

Según la demanda, el Sr. KH comenzó a dar de comer a gatos callejeros en su habitación y alrededor de su puerta hace 17 años y los demás inquilinos, molestos por las heces y los maullidos, le pedía que dejara de cuidar a los felinos.

El demandado admitió en su alegato verbal que estaba dando de comer a los gatos, mas insiste en la no culpabilidad de sus actos, “realizados por el espíritu de amor a los animales y el control adecuado de los gatos de la zona”..

Y para hablar de “los gatos de la zona”, hay algunos barrios donde voluntarios amantes de gatos se ponen de acuerdo para cuidar a los gatos locales como una especie de mascotas de la comunidad y responsabilizarse al mismo tiempo de tomar medidas para no causar molestias a los demás habitantes, no siempre amantes de los animales: controlar el número y área de actividad de los “gatos locales” reconocidos como tal, distinguirlos de los felinos forasteros, etc… Un intento que si anda bien, en armonía con todos, sería lindo pero parece que a veces enfrenta dificultades también…

Bueno, lo cierto es que a mí me gusta encontrar perros (con su amo) y gatos en la calle pero no sus cacas abandonadas…

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Gatos

Porque aquí existen numerosas expresiones…

  • Mano de gato (neko no te): Cuando uno está ocupado, puede querer que alguien le dé la mano. Y cuando uno está muuuy ocupado, puede querer que hasta el gato le dé la mano, aun a sabiendas de que no va a servir para mucho. Es una expresión para decir lo ocupado que uno está, pero aquí el gato representa a los inútiles…
  • Lengua de gato (nekojita): Dicen que el gato no soporta comida muy caliente, y de ahí se dice de las personas que no pueden comer o beber cosas muy calientes.
  • Ojos de gato (neko no me): Las pupilas de gato se dilatan/contraen constantemente, siempre adaptándose a la oscuridad/claridad del ambiente. De ahí la expresión “ojo de gato” se usa como sinónimo de cosas cambiantes, poco estables, como las declaraciones de algunos señores del Partido Demócrata, el sistema administrativo de Japón en ciertos campos: lo de gratuidad de autopistas, la subvención infantil, por ejemplo.
  • Espalda de gato (nekoze): La espalda encorvada… Bueno, aquí no tenemos mucho que decir…
  • Caca de gato (nekobaba): El gato, cuando hace sus necesidades, oculta o cubre con tierra su caca, y de ahí anda como si nada… De ahí, el “caca de gato” pasa a significar el comportamiento de “ocultar algo hecho malo y andar fresquito”, muy especialmente los casos de apropiación ilícita de dinero que no te pertenece, u objetos encontrados en la calle (aquí lo correcto, en caso de encontrar algo, una billetera por ejemplo, en la calle, llevarlo al puesto de policía. En caso de no aparecer su legitimo dueño dentro de un determinado plazo, ahí sí, el objeto pasa a ser tuyo).
    Bueno, aquí hubo una vez una estrella de lucha libre que se hacía llamar “Giant Baba”, y yo no pude contener la risa cuando supe el significado de “baba” en “nekobaba”.
  • Moneda de oro para el gato (neko ni koban): Bueno, además de no ayudarnos para mucho, el gato tampoco entiende el valor del dinero, como también ocurre con la perla para el chancho…
    Habiendo tal expresión, resulta bien gracioso el que el famoso “gato de la suerte” esté agarrando siempre una moneda de oro.
  • Si crías un perro durante tres días, recordará el favor recibido durante tres años, pero si crías un gato durante tres años, éste lo olvidará todo en tres días: Es lo que escuché en alguna parte. ¿Será cierto?

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Perros

Lo que me pareció una curiosidad cuando por primera vez oí hablar del tema hace casi dos años, está dejando de serlo, para convertirse en una absoluta normalidad. Bueno, tuvo que pasar un tiempo para que yo lo viera por primera vez con mis propios ojos, y de ahí al principio no lo veía muy frecuentemente, pero con el transcurrir del tiempo se fue haciendo cada vez más frecuente y menos novedoso, aunque sin dejar de atraerme…

Hablando del famoso cochecito para perros, puedo comentar que la primera vez lo vi en la calle y me pareció bien curioso. Bueno, me parece que aún no son muchos los perros que pasean así por la calle y hay que tener suerte para encontrar uno durante el trayecto entre casa y oficina cada mañana, pero la cosa es diferente si vamos a algunos eventos o festivales al aire libre celebrados en grandes parques durante el fin de semana típicamente, o en ferias como ésta en que yo me convierto en vendedor de artesanías andinas, en esas ocasiones en que digamos que es muy difícil ahora pasar un día sin ver los canes que andan sobre las ruedas.

En una de esas ocasiones, al ver por casualidad un cochecito “para humanos” con dos bebes a bordo (que no debe ser nada raro, algo así) se me ocurre pensar: “Si ahí estuvieran sentados dos canes en lugar de dos humanos…”. Se lo comento a mi amigo y nos reímos, sin imaginar que la broma fuese superada tan fácilmente por la realidad: Pronto encontramos un cochecito con dos perros, y luego otro con tres perros.

Yo soy partidario del uso de cochecitos caninos en cierta ocasiones, ya que en los eventos muy concurridos, por ejemplo, debe ser conveniente evitar que el animal, andando libremente, de repente moleste a los demás o haga cosas no debidas. Y ese paseo, aunque no sirva para ejercicio físico, al menos sirve para que el perro se entretenga saliendo de casa y mirando cosas; quizá sea lo mismo que un paseo en carro para humanos.

Como sea, a mí en las ferias me gusta ver y juguetear con los perros que nos visitan, pero también hay eventos en que no se permite la entrada de mascotas, tal como fue el fin de semana pasado en un parque en Tokio. Bueno, entonces me olvido de los perros y atiendo a los humanos…. y ocurre algo inesperado. A ver, en nuestro puesto no solo vendemos mates burilados y ocarinas, sino otras cosas también, como tejidos (ponchos, chompas, chalinas, chullos, guantes, tapices…). De ropa tenemos más variedad para niños, y de ahí a veces nos preguntan si tenemos ropa para hombres, para adultos, etc. Pero ese domingo sin perros, por primera vez nos preguntaron por ropa para perros. Lamentablemente no tenemos, pero la idea me fascina. A ver si los artesanos andinos se animan a hacer un “poncho de lana de alpaca con lindos bordados manuales”…. para perros.

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En ómnibus

Para llegar a la granja de alpacas, esta vez optamos por participar en una excursión en ómnibus organizada por una agencia de viajes, tras descartar la posibilidad de ir en Shinkansen (demasiado caro, y además, la granja queda a 15km de la estación más cercana, en una zona donde no hay otro medio de transporte que el taxi) o de ir en carro desde Tokio (el alquiler del carro, el peaje de la autopista, la gasolina…, mucho gasto en fin).

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El ómnibus, con 40 pasajeros (mayormente parejas o grupos de amigos jóvenes), una guía y el chofer, sale de las estación de Tokio a las 8:00 y, tras viajar poco más de dos horas, llegamos a nuestro primer destino del día: El Jardín de Outlet de Nasu, una de las más de 30 gigantescas galerías de outlet repartidas en diferentes zonas de Japón, con tiendas de artículos de marcas recontra caras, que aquí están con un buen descuento por ser outlet, teóricamente, pero cuyos precios “rebajados” aún siguen siendo desorbitantes para nosotros. Realmente no tengo idea de qué clase de personas podrían darse el lujo de comprar ropa, zapatos, accesorios o lo que sea, que con dos, tres o cuatro ítems, ya pueden superar fácilmente el sueldo de un mes de un pobre trabajador japonés….

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Bueno, aquí los visitantes no necesariamente compran; creo que muchos vienen solo a mirar y pasar tiempo al igual que nosotros. Menos mal es que hay espacio para los no compradores también, y un poco nos divertimos en la sección de animales. Parece que a veces vienen alpacas aquí también, pero hoy día no.

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Luego de pasar dos horas en Outlet, salimos de ahí para por fin llegar a la Granja de Alpacas, donde también pasamos dos horas, y…

Ahora llegamos al tercer destino del día: Un lugar llamado Castillo de Dulces, donde nos dan dos opciones: entrar en baños de aguas termales o pasear por un jardín de flores.

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Bueno, es solo para comentar que es realmente impresionante el amor de tantos japoneses hacia baños termales. En caso mío es que si ocasionalmente salgo de viaje con amigos o compañeros de trabajo japoneses, es prácticamente imposible no pasar por algún que otro lugar de baños termales, porque, aún en caso de que el viaje tuviera otro destino u otro objetivo más principal, siempre hay chicos que buscan y encuentran un centro de onsen que se pueda visitar de paso… (Bueno, en esto se podría decir que yo no soy muy típico de aquí, ya que soy capaz de vivir solo con la ducha y sin meterme en la bañera. Soy incluso capaz de visitar un balneario  muy famoso y regresar de ahí sin bañarme, si es que el agua es demasiado caliente para mí… ¿Será que tengo la “piel de gato”?). En todo caso, me parece bien típico que un tour en ómnibus incluya una visita a un baño termal.

Salimos de Nasu a las 17:30, y llegamos a Tokio a las 20:40, con 40 minutos de retraso debido al tráfico del último domingo de agosto. Un domingo fuera de la rutina…, creo que no está mal participar a veces en un viaje organizado, en ómnibus.

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