Archivo mensual: mayo 2010

Cómo lavar la ropa

La indicación aquí podría ser algo así,

y no creo que haya mucha diferencia en otros países, pero vamos a ver el significado de los pictogramas…

  • Para usar la lavadora del hogar, el número indica la temperatura adecuada máxima y este kanji, “suavemente”.

  • Para lavar a mano (no apto para uso de lavadora), el número indica igualmente la temperatura del agua. Si el símbolo aparece tachado, es que no es apto para lavar a mano tampoco (sea, no se lava con agua)..

  • El tipo de blanqueador, permitido o no el uso de cloro/lejía

  • Para planchar, los kanjis indican la temperatura alta (180-210 grados), mediana, (140-160 grados) o baja (80-120 grados). Si es tachado, no se plancha.

  • Para mandar a la tintorería, “apto para limpieza seca”, “apto para limpieza seca con gasolina….”, o “no es apto para limpieza seca”.

  • Para exprimir a mano, se puede “suavemente”, o no se puede.

  • Para secar, el kanji indica que la ropa se seca sin colgar (en otro caso, colgado) y las rayas, que la ropa se deja secar en sombra.

Más o menos eso es lo que explica la guía de la Ley de Etiquetado de Artículos del Hogar que encontré por aquí

Bueno, el problema es que los símbolos en esa página están en formato gif, que pueden no salir muy lindos, sobre todo si los achicamos/agrandamos o les aplicamos no sé qué otros efectos antes de imprimirlos. De ahí se me ocurre dibujarlos en otro formato, vectorial con líneas y curvas de bézier en lugar de píxeles. Es la primera vez que intento hacer algo así, pero creo haber conseguido un buen resultado: Ésta es la versión mía, que puede ser visualizada/impresa en cualquier tamaño sin distorsión.

Pero, en fin, ¿para que querer imprimir tales símbolos? Bueno, la idea sería así: si un día decidiera importar cosas (ropa en este caso) de España o Latinoamérica para venderlas en Japón, y si quisiera yo mismo diseñar las etiquetas necesarias… Y, bueno, si también se me ocurriera que sería más conveniente mandar imprimir mis etiquetas en el país de producción de los artículos, para que ahí mismo salieran ya etiquetados… Bueno, en tal caso también habría que pensar que las imprentas en el extranjero no necesariamente dispondrán de fuentes tipográficas en japonés, y entonces, para prevenir este tipo de problemas, una manera sería dejar de utilizar las fuentes, y en lugar de eso, convertir todas las letras utilizadas en puras curvas y líneas geométricas (como cualquier dibujo…).

Bueno, el asunto, en realidad, no es tanto para mí sino para mis amigos que traen artesanías de su país. Para mí, por el momento, es más por curiosidad pero de todas maneras he intentado probar algo, y aquí va mi primer diseño, “escalable” y libre de fuentes tipográficas, a ver qué tal.  (El diseño de los dos gatitos no es algo original mío, sino imitación de las artesanías de mis amigos, y los datos ficticios…)

Lo interesante aquí es que todo esto se puede hacer solo contando con programas gratuitos (como éste, que siempre utilizo para  hacer mis traducciones pero que también incluye herramientas muy útiles para procesar gráficos).


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Dos lagos

A algo más de media hora en tren al oeste del centro de Tokio, y por la zona limítrofe entre Tokio y Saitama, se extiende una área verde con dos lagos, llamados el lago Tama y el Sayama respectivamente, que fueron construidos hace alrededor de 80 años como parte del sistema de suministro de agua potable de Tokio, y de ahí vienen sus torrecitas (de donde se conduce el agua hacia plantas de purificación de agua ubicadas en otras partes de Tokio) que quizá podrían considerarse como símbolos de estos lagos artificiales.


Sus represas son de tierra (aunque con refuerzos de hormigón en ciertas partes) y tienen una altura de 35 metros más o menos (así que no tanto…) y una longitud de 600-700 metros.


Como buenas reservas de agua, están en medio de mucho verde y alrededor cuentan con parques naturales y rutas para pasear a pie o en bicicleta…. Dicen que por ahí se pueden observar, entre otras aves, los halcones….  Bueno, mi idea para hoy no era la de colocar tantos datos técnicos. Lo único que quería hacer hoy era precisamente… no hacer nada. Solo buscar un lugar más o menos cómodo, echarme o sentarme y dar una siesta o leer algo (para eso tengo La Bruja que estoy empezando a leer ahora), y así pasar un día enteramente inútil. Bueno, para un día libre hay tantas cosas que me gustaría hacer, pero a la vez creo que a veces necesito dejar de hacer nada, en absoluto, y solo descansar, cosa que decido hacer hoy y qué bueno que esté haciendo tan buen tiempo, aunque ya con el calor de verano…

Para “no hacer nada”, no he tomado más fotos tampoco…. pero, bueno, luego de desperdiciar un día libre y a la hora de volver a casa, tomo una equivocada ruta de paseo, que en vez de conducirme a la estación de tren más cercana, me obliga a caminar kilómetros más y, alejado ya de los lagos/parques y ahora entre las casas, volvemos a encontrar escenas de la vida cotidiana.

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Una cena diferente

Tres semanas después, el día llega y por fin terminamos de trabajar. Habíamos planeado ir en dos carros, pero algunos chicos están trabajando ya, así que primero salimos solo tres chico, entre ellos yo, en un carro para esperar al resto del grupo en el restaurante….

Y así llegamos y entramos poco antes de la hora acordada (18:30). Esperando, decidimos tomar algo de té, y yo les recomiendo el “té relajante” (con valeriana, pero con un olor bien fuerte) y el de “uña de gato”. Solo les explico que es del Perú, y hubiera sido interesante que supieran qué significaba el nombre de “uña de gato” también pero esta vez ahorro el trabajo de guía… Bueno, llegan unos chicos más, con que empezamos a pedir bebidas y platos de entradas: Cervezas de mara Cristal, Cusqueña y Cusqueña Negra (las tres marcas disponibles, para que prueben de todo un poco), y unas empanadas, papas rellenas y un ceviche mixto (“ceviche” con b o con v, no estoy seguro.

No sé si la Real Academia se habrá pronunciado o no al respecto. Lo que sé es que algunos incluso lo escriben con s, “seviche”, pero yo prefiero con c…). Pido también yuca, y la señora dice que no la tienen hoy… (a pesar de que la habíamos pedido con tres semanas de anticipación), pero luego… no sé de dónde, al final sale.

Y los chicos japoneses me preguntan si acaso no es una especie de papa. Pues no… es yuca, otra cosa que papa, pero en algo se parece, y de todas maneras les gustó. Y algunos tomaron jugo de tamarindo, bastante dulce… Yo no sé si alguna vez había probando tamarndo… pero, en fin, no sé cómo se llamaría en japonés y lo único que puedo explicarles es que se llama tamarindo…

No recuerdo a qué hora llegaron todos los chicos, pero sí recuerdo que de aquí hemos pedido:

  • Suprema (impresionante tamaño para los japoneses)
  • Chupe de mariscos (me gusta esta sopa con marsicos y arroz, pero nunca me había imaginado que, para compartir, nos trajeran cuencos y tazones tan dispares, entre ellos unos cuencos de madera para tomar sopa de miso)
  • Sudado de pescado… a ver ¿cuándo llega?
  • Lomo saltado (diría yo que es el plato menos chocante para los japoneses)
  • Anticuchos. Bueno, anticucho pedimos pero no lo tenían. La señora me dice que si le hubiéramos avisado con anticipación…. pero no importa. Si no lo tienen hoy, será para la próxima oportunidad. En todo caso, cada vez que como o pido ese plato llamado anticucho (no me pregunten quién es el “Cucho”, enemigo de anticucho), yo no dejo de imaginar lo que diría la vaca: “Esto es mi corazón que por vosotros es partido. Tomad y comed esto en memoria de mí…”, y es que así, el anticucho es el corazón de vaca partido y asado, y por eso a veces resulta llamativo para los japoneses curiosos, aunque en realidad existe también un plato parecido de corazón partido en la cocina japonesa (cosa de la que no me hubiera enterado si no por la carta bilingüe de un restaurante peruano)
  • Y de bebidas, cervezas de las tres marcas ya mencionadas, jugo de piña, y chicha morada (hecha del famoso maíz morado que también asombra a los japoneses).

Y ¿a qué hora llegará el sudado de pescado? Lo pidió Yuca, chica homónima del tubérculo parecido a papa, porque le atrajo la palabra que estaba en su explicación en la carta: un plato “tradicional” del Perú, que para qué dejar de probar en esta única (para muchos) oportunidad, pero lo raro es que nunca llega, a pesar de haber transcurrido muuucho tiempo ya. Y es que esta noche tenemos la hora límite que ya se acercaba: hora de cierre del parqueo de un gran supermercado cercano donde habíamos dejado los carros (porque el restaurante no tenía su propio parqueo). Pregunto a la señora y resulta que habían olvidado el pedido. Bueno, de nuevo lo pedimos y ahora sí, viene, y éste se convierte en nuestro último plato de la noche.


Una cena diferente y divertida par los japoneses. A ver qué tal la pasaron… creo que el lunes haré una pequeña encuesta.

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Vacaciones 2

Durante la semana de “descanso”, que resultó ser de más trabajo que nunca, de todas maneras dejamos de trabajar un día y salimos a pasear. Como siempre, decidimos ir a caminar por las montañas en la zona oeste de Tokio y para eso tomamos un tren local que salía antes de las siete de la mañana. Solo viajamos media hora, para luego viajar otra media hora en ómnibus y de ahí empezar a caminar. Bueno, nuestro destino quedaba bastante cerca, y quizá no era necesario salir tan temprano, pero lo que sucede es que al ser una zona poco poblada, hay muy poco servicio de tren y ómnibus, por lo que no teníamos otra opción. O agarrar este ómnibus, o el siguiente que salía dos horas más tarde, etc.

Esta vez, nuestro primer destino fue esta cascada, de 60 metros de altura (aunque solo se puede apreciar la mitad, porque la parte de arriba está detrás de los árboles…) y también conocida por presentar una belleza diferente en otra época del año, al congelarse completamente en invierno.

Luego, empezamos a subir, primero entre las casas, más antiguas que modernas, y escasamente repartidas en esta ladera fuertemente inclinada, para luego entrar definitivamente en las montañas.

Pasando por una casa de té durante el camino y disfrutando del paisaje, poco antes del mediodía llegamos al pico más alto de la ruta. Está a 903 metros sobre el nivel del mar, y se supone que hemos subido algo de 600 metros ya que el punto de partida estaba ya a 600 metros de altura. Descansamos un rato, almorzamos, y también sacamos unas cuantas fotos. Bueno, de aquí a lo lejos se veía el Monte Fuji y justo por eso se llamaría este sitio “Sengen-rei” (que vendría a ser “Pico de donde se ve el Fuji). Mi amigo insiste en tomarnos unas fotos con el Fuji al fondo, aunque yo sé que no valdría la pena, porque con este cielo así blanco, el Fuji, igualmente blanco, nunca se distinguiría enla foto….. Bueno, de todas manera cedo y sacamos unas tomas, a ver si se ve algo.

Para retomar el camino, de aquí hay varias rutas, algunas para bajar a las paradas de ómnibus más cercanas y otras, para seguir caminando dos horas más para bajar a un punto más lejos. Nuestra idea era caminar más para bajar a la parada de ómnibus más lejos, junto donde se suponía que había un centro de baños termales… (y es que como siempre, mi amigo es un buen amante de aguas termales). La ruta resulta algo suave, con más bajada que subida, pero por otra parte encontramos bastantes árboles quebrados y caídos, quizá por el fuerte viente que hizo de días atrás. La verdad es que esta primavera ha habido días de vientos increíblemente tremendos.

Y aquí ocurre algo que no esperábamos: Resulta que habíamos tomado la ruta de bajada más corta, y no la de seguir caminando más, con que terminamos de bajar en 60 minutos, cuando pensábamos caminar unos 150 minutos más… Nos quedamos con un poquito de ganas pero, bueno, también es cierto que hemos caminado bastante ya, como cinco horas, y quizá podríamos volver a venir aquí algún día, para seguir el resto del camino. Decidimos por hoy terminar la caminata y tomar el ómnibus de regreso, que llegó media hora más tarde.


¿Y lo de aguas termales? Bueno, habíamos averiguado que en esta zona hay varios centros de baños termales, e incluso uno a mitad del camino entre la cascada y la estación de tren, así que decidimos pasar por ahí y relajarnos…

Nada de otro mundo, pero un día para pasar un buen rato en medio de la naturaleza.

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Vacaciones de editor

Si alguien que es editor de profesión toma vacaciones, sería para dejar de trabajar y descansar un momento, pero eso no es mi caso, o más bien todo lo contrario. Si digo “vacaciones de editor”, es el hecho de que alguien de otro otro oficio dedica su tiempo libre, de vacaciones, a hacer la tarea de editar algo…. y ese alguien soy yo durante estas vacaciones de la llamada “Semana Dorada”.

Bueno, esta primavera parece que estoy siempre trabajando de “editor” durante mi tiempo libre, empezando por la carta del restaurante latino (por primera y única vez) seguida del boletín de mi ONG (cada tres meses, y ahora acabo de terminar la edición de abril), y resulta que al entrara a la semana de descanso, yo empiezo a trabajar con más intensidad que en la oficina… Mi tarea a hora es editar un libro o boletín especial, como quiera llamarse, de la misma ONG de cooperación internacional, que ahora está celebrando su 20º aniversario y de ahí la idea de editar un boletín conmemorativo, con mensajes de personajes ilustres (como el Embajador del país donde desarrollamos nuestras actividades y el Gobernador de la provincia donde estamos registrados como persona jurídica), colaboradores y amigos del grupo de Japón y Latinoamérica, además de informes especiales sobre la cooperación internacional, y datos estadísticos de nuestras actividades, etc…

Este “boletín” conmemorativo” constaría de 120 páginas (12 veces más que el boletín normal trimestral) con textos en japonés (mayormente) y en español (unos 15%) escritos por más de decenas de personas (mientras que en el boletín normal, son solo tres o cuatro o cuatro personas)… con que se podría fácilmente imaginar que la tarea del editor resulta mucho más complicada y pesada, sin dejar de mencionar que al tratarse de una publicación conmemorativo, lo mejer sería realizar un trabajo verdaderamente lindo, sin errores ortográficos-gramaticales-estilísticos ni ningún otro defecto.

Y en eso estoy. En realidad, luego de terminar mi tarea de editar/traducir el boletín ordinario, podía quedarme tranquilo ya, pero por un noséqué se me ocurrió echar un vistazo al otro borrador conmemorativo, del que se encargaban otras señoras, y al encontrar tantas fallas en los textos en español, me puse a corregirlos (bueno, siempre ocurre esto que debe ser bien, raro: ¿cómo puede ser que un japonés corrija los textos en español escritos por latinoamericanos? Debería ser al revés), y de paso, no pude dejar de meterme en eso porque, aún quedaban tantas cosas que mejorar (y yo no quiero ver salir impreso un trabajo horrible).

Y así parece que ahora, de vacaciones, estoy trabajando más intensamente, pero lo bueno es que lo estoy haciendo con gusto, para que las cosas salgan como me gustaría que salgan, y a la vez progresando más en el manejo de ciertos programas informáticos, con conocimientos sobre estas tareas.

Pero, bueno, si es la semana de descanso, a ver si también voy a tomar un poquito de tiempo de verdadero reposo, y a ver si también me pongo a contestar los mensajes y comentarios pendientes…

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