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Paseo por Miura

Es verano y época de vacaciones. Yo, aunque no suelo viajar muy lejos últimamente, me animé a salir un día a pasear por un lugar desconocido. El destino elegido para el día es Miura, una ciudad costera al sur de la prefectura de Kanagawa y de ahí, más específicamente vamos a conocer el puerto pesquero de Misaki y la isla Jôgashima, que quedan más al sur de la ciudad.
De mi casa creo que tuve que viajar más de dos horas en tren para llegar primero a la estación de tren de Misaki y luego tomar un ómnibus por unos 15 minutos para finalmente llegar al puerto y ahí empezar a dar un paseo por ahí, con estos paisajes muy típicos de un puerto pesquero:

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A diferencia de las grandes ciudades, en una pequeña localidad como esta hay más negocios, de administración familiar seguramente, que tiendas de grandes cadenas nacionales:

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y también hay tiendas que no se podrían encontrar sino en un puerto pesquero. Esta tienda ofrece “Tairyôki”, o banderas que se izan en los barcos pesqueros cuando regresan al puerto tras lograr capturar harta cantidad de pescados.

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Y no faltan, obviamente, establecimientos de venta de productos del mar:

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Luego de pasear por el área del puerto, vamos a pasar a la isla, adonde se puede llegar de dos maneras: por vía marítima o por ómnibus que va por un puente:

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Me hubiera gustado ir por vía marítima pero lamentablemente no pude, por la marea violento que dejó el poderoso tifón que acababa de pasar por Japón, así que vamos por el puente y digamos que este vendría a ser mi primer viaje “ultramar” después de tanto tiempo…

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Tras bajar del ómnibus damos una vueltita a pie por la isla y aquí va lo que encontramos:
Un felino durmiente en la entrada de un café (de administración familiar como debe ser y nada de Starbucks…):

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Un faro:

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Costa rocosa y olas violentas:

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Y rocas en curiosa forma, con un tunel de formación natural:

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Esta costa se parece mucho a lo que vi en la prefectura de Iwate hace años…

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Montevideo (5)

Me levanto a las ocho. NL aún está durmiendo y yo aprovecho el tiempo par escribir algo…

Luego desayunamos y empiezo a ordenar mis cosas, para luego salir juntos a hacer compras. En un supermercado compro botellas de vino, dulce de lecho, pegatinas de equipos de fútbol uruguayos.. o cosas pequeñas así, que pago con dólares pare recibir la vuelta en pesos. Otra cosa que quería comprar sin falta era mate y bombilla, que busco en otra tienda y decido comprar dos juegos, uno para mí y otro para algún amigo. De nuevo intento pagar con dólares. No quieren aceptar mi billete, y entonces una mujer se ofrece a ir a no sé dónde a cambiar la moneda. Luego de un rato vuelve, con una Cola Cola, con el argumento de que no se podía sin comprar nada… y esa Coca Cola la toma ella misma. Bueno….

Pasamos también por la zapatería donde ayer había comprado la camiseta pero aún no había pagado…. Para no recibir demasiada vuelta, decido comprar algo más, y pido una de esas camisetas chiquitas que estaban colgadas por ahí.. Me preguntan de qué equipo y digo Nacional, respuesta que no deja muy contenta a la chiquilina (como llama NL a las chicas de la tienda), que al parecer es de Danubio…. En todo caso, lo que a mí no me deja muy contento después es el haber optado por camisetas truchas o copias, porque la recomendación de todos, porque los artículos oficiales son muy caros, etc. Bueno, yo estaba dispuesto a pagar un poquito más por el producto más auténtico, y eso, sobre todo si se trataba de una única compra en mi vida ahí, pero en fin… NL, siendo docente, me convence y, bueno, será un recuerdo que más refleja la vida diaria de los uruguayos.

Creo haber conseguido lo que deseaba más o menos, y ahora volvemos a casa. Seguimos viendo las fotos de NL en Japón, y a las 15:00 empiezo a hacer la maleta definitivamente.

A las 16:00, NL llama al taxi, que viene en seguida y yo subo solo, porque a NL no le gustan las despedidas….

Fue un día soleado

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Y yo intento captar mis últimas imágenes de Montevideo,

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recordando lo que vi en el piso de la Intendencia de esta ciudad.

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Montevideo (4)

Luego de terminar mi paseo por la zona histórica de Colonia, ya voy volviendo a la terminal, para tomar el ómnibus de regreso a Montevideo, que saldrá a las 17:30.

Me hubiera gustado seguir viendo el paisaje, por lo monótono que fuera, pero ahora me entra el sueño y la verdad es que no recuerdo casi nada. Me despierto casi llegando a Tres Cruces, y eran las 20:20. Bueno, creíamos que de Colonia a Montevideo tardaría solo dos horas, y resulta que NL vuelve a esperarme una hora más… De verdad lo siento, pero de todas maneras volvemos a encontrarnos. Por un rato miramos el shopping de Tres Cruces y luego salimos a dar un paseo por la calle.

La calle está bien animada con bastante gente y bastantes puestos ambulantes de ventas, que realmente no sé de dónde han salido… Bueno, es el ambiente festivo de la víspera del día de Reyes. Me acuerdo de la escena de nochevieja de cierta calle comercial de Tokio, aunque el clima es diferente (es verano aquí) y la cantidad de gente es incomparable, quizá. O, bueno, el ambiente puede también parecerse al de la noche de fuegos artificiales del verano japonés. En todo caso, poco a poco va oscureciendo y NL me advierte que cuide mis pertenencias. Me gustaría tomar unas cuantas fotos de esta noche pero no lo hago, por un poco de temor a sacar mi cámara entre tanta gente, a parte de que en la oscuridad quizá no consiga tomar fotos lindas con mi cámara…

Yo quisiera comprar algún libro sobre Montevideo o sobre Uruguay, quizá con fotos, y unas postales, para lo que pasamos por algunas librerías. El inconveniente aquí es, otra vez, que no tengo monedas sueltas, “sueltas” para uruguayos… Porque realmente, desde mi llegada a Uruguay, no he usado mucho dinero y, si alguna vez he cambiado dólares a pesos, aún tengo esos billetes demasiado grandes, casi. Bueno, en una librería encuentro un libro que me gusta, y por suerte me permiten pagar con tarjeta de crédito. Pasamos también por la zapatería (o así dicen, aunque yo diría que es una tienda de artículos de deportes) de las vecinas de NL, a comprar unas camisetas que quería…

Volvemos ya a la casa de NL, y seguimos conversando, sobre seguro de salud y de pensión, sobre electrodomésticos, sobre los precios… mirando un folleto de Tienda Inglesa. La verdad, resulta bien interesante mirar y analizar lo que ofrecen los supermercados de otros países, y puedo decir que de ahí nace mi idea de utilizar a propósito los papeles de publicidad o de periódico para envolver regalos a amigos de otros países, para que el destinatario se divierta no solo con el contenido, sino con el envoltorio.

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Colonia del Sacramento

Nos levantamos bien temprano, a las 5:30. Tras el desayuno NL me da mucha instrucción, para no perderme antes de llegar a la parada de ómnibus, para tomar el ómnibus correcto, y cómo va a ser la terminal de Tres Cruces, etc. Y es que hoy voy a viajar solo.

A las 6:45 salgo, llego a la parada y subo al ómnibus número 300 tal como me había indicado NL, pero lo que no sabía era la tarifa. Le doy un billete al cobrador y me pregunta: ¿Qué quiere usted hacer con esto? Creí que sería suficiente pero parece que faltaba, así que le digo que, como por primera vez viajaba solo, no sabía cuánto tenía que pagar. Pago lo que me dice, y a la vez le pido que me avise al llegar a Tres Cruces, donde tengo que bajar.

Tres Cruces es uno de los tres grandes shopping que hay en Montevideo, en cuya planta baja está la terminal de ómnibus. Cerca del edificio hay una cruz bien grande, que más tarde me entero de que fue construida para conmemorar la visita del Papa a Montevideo. Es una sola cruz, al contrario de lo que me imaginaba por el nombre de “Tres Cruces”.

En todo caso, voy a la boletería de la empresa Copsa-Cot, donde muestro mi pasaporte y compro mi boleto para Colonia del Sacramento. El ómnibus sale a las 7:45.

Tras salir de Tres Cruces, pronto termina el paisaje urbano, y luego no veo nada más que pasto, pasto, pasto… con ligeros altibajos, y de cuando en cuando pequeños pueblos. Nada de arrozales, bosques ni montañas como podría ser en Japón. El ómnibus para unas veces en paraderos en camino, pero yo sigo hasta el final, creo. No estoy del todo seguro, pero debe ser así. Y llego a Colonia después de tres horas.

La terminal de Colonia está junto a la orilla del… Río de la Plata. Voy por el camino costera y paso por instalaciones ferroviarias abandonadas: andenes, letreros, y vía férrea, etc.

Hubiera sido interesante viajar en tren, pero no sé cuánto tiempo hace que dejó de funcionar. Avanzo un poco más y empiezo a atisbar fortines, portón y un faro.

Cruzando el portón encuentro una linda callecita hacia el río, ese río que siempre parece el mar. Cerca hay una tienda, donde entro y ya compro un recuerdo del portón. Entre otras cosas hay un de “Calle de los suspiros”, pero no lo compro aún, porque antes de comprar el “recuerdo” habría que verlo de verdad. Bueno, es que aún no sabia que se llamaba “Calle de los Suspiros” esa misma “linda callecita hacia el río” que acababa de ver. Converso un rato con la dueña y salgo.


Subo al faro… El faro mismo no es para tanto, pero está sobre ruinas de algo, además de que está buena la vista desde arriba. Al pagar la entrada, el señor que me atiende me dice que no vaya a golpearme la cabeza, porque hay una parte donde el techo está muy bajo. Bueno, sería una advertencia de más, ya que no ando tan distraído…..o así creo, pero resulta que en efecto me golpeo al salir al mirador. Hay que escuchar bien el consejo…

En la zona histórica de Colonia del Sacramento, hay muchas casas portuguesas convertidas ahora en pequeños museos. Entro primero al Museo Portugués y pregunto por la entrada general que permite visitar todos los museos de la zona. La señora me dice que se vende en otro museo pero aquí no. Entonces visitaré primero ese otro museo, para luego volver aquí a entrar.. pero ocurre que la señora me deja entrar aún sin pagar, para que después, recién cuando pase por el siguiente museo, compre la entrada general. Me parece que aquí es bastante flexible la atención al visitante. Dentro veo cerámicas chinas traídas por los portugueses, mapas antiguas, muebles y otras cosas de la realeza portuguesa, etc. Al salir, le comento a la señora mi impresión, de lo parecidas que son las cerámicas chinas a las de Japón, que seguramente por el contacto que hubo entre China y Japón, y lo interesante que es pensar que a Japón también llegaron esos portugueses trayendo cosas exóticas en el siglo XV o algo por ahí. Y la señora me comenta que aparte de las cerámicas, también se puede encontrar similitudes en la arquitectura, cierta forma de techos inclinados. En el siguiente museo, el municipal, veo exhibiciones sobre historia, fósiles de dinosaurios, e insectos…

Para almuerzo entro a un café cerca. Sale una señora, que tímidamente me pregunta: Do you speak English? La respuesta es negativa, pero la señora está más tranquila al ver que yo hablo castellano. Le aclaro que éste es mi primer viaje por Uruguay, tras pasear por Argentina… y pido una pasta para chicos. La señora me advierte que es para chicos, de pequeña porción, pero elijo eso pensando en la diferencia de apetito entre japoneses y latinos.

Descanso un rato y ahora voy por la fortaleza en ruinas, casi a la orilla, con un poco de gente que está pasando una agradable tarde en familia, pescando. Y yo prosigo mi paseo sin apuro, ahora pasando por una linda casa portuguesa, que fue el Museo de Azulejos. Pequeño museo, pero al salir de ahí compro un mapa histórico de Colonia del Sacramento…

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Montevideo (3)

Luego de mirar la casona de Lavalleja, ya vamos regresando. En camino pasamos frente a un castillo y la residencia del Presidente, aunque solo para mirar desde fuera. NL me dice que saque fotos. Está a contraluz y sé que no saldrá como me gustaría… pero, bueno, intentar se puede y no se pierde mucho por eso.


Y por último visitamos un museo farmacia. Es, en resumen, una farmacia, pero en un rincón se reproduce y exhibe o que era una antigua farmacia. Algo pequeño y no tan especial, pero no deja de ser interesante.

Hacemos compras para la cena, que será pollo, sopa de verduras, y sandía. Compramos un paquete de ingredientes para la sopa y sandía en un supermercado, y pollo en una carnicería. Bueno, de verdura me gusta más una ensalada, pero por algo opto por una sopa esta noche, y NL se ríe de mi raro gusto. El pollo lo compramos en una carnicería, donde yo mismo elijo el trozo de pollo, y el vendedor lo corta ahora mismo. Creo que cuando chiquito hacía compras así en la carnicería de la calle, pero me parece es cosa del pasado, porque ahora casi no hago compras en pequeñas tiendas. Siempre en supermercados y comprando cosas ya empacadas. Y por otra parte, es la primera vez que como sandía en enero, y eso sí es algo insólito, pero de todas maneras el sabor era el mismo.

En la noche, en casa, conversamos sobre la estadía en Japón de NL hace unos años, con fotos y cosas de recuerdo (como un disco de música okinawense) de su paseo por Hiroshima y Yamanashi, visita a los colegios en Okinawa, etc, todo dentro de un programa de JICA para que jóvenes docentes de Latinoamérica vieran cómo funciona el sistema educativo de Japón. Me cuenta sus anécdotas y experiencias, que me parecen bien interesantes, y realmente me gustaría participar en algo así… aunque por el trabajo que tengo,e s imposible, prácticamente…. En todo caso, tiene tantas fotos y recuerdos que no llegamos a ver ni la mitad.

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Montevideo (2)

Hoy, por la mañana salimos a hacer un poco las compras. NL va a buscar el medicamento para Yeyi, su gato, mientras que yo entro a una cabina de internet… Bueno, yo solo necesito mandar unos mensajes de correo pero no puedo, porque, al parecer, por alguna configuración de seguridad o falta de algo… no logro entrar a la página de mi correo. Y de ahí lo que no me imaginaba fue que, por no haber podido satisfacer mi necesidad, no me cobran nada. Luego aparece NL, que tampoco pudo encontrar lo que buscaba. De todas maneras regresamos a casa.

Al mediodía salimos de nuevo, ahora a pasear. Tomamos un ómnibus como siempre y hoy vamos al Parque del Prado, a las afueras de Montevideo. Una zona de parques, que no sé si de alguna manera se parece al barrio de Palermo de Buenos Aires… Primero caminamos por un jardín botánico, de entrada gratuita y con secciones de plantas clasificadas para cada región del mundo. En una parte hay hortensias y, antes de leer los letreros explicativos, adivino acertadamente que es la sección de Japón. Saliendo del jardín botánico pasamos por otra área que es de rosas. Se supone que estamos en la temporada de rosas, pero quizá por el impresionante calor que hace, las flores parecen estar un poco cansadas… Como sea, hay cosas como túnel de rosas, que podría ser un sitio preferido para las parejas.  Pero, bueno, hoy no hay más visitantes que nosotros… y un policía montado en caballo (así que aquí, no solo de basura trabajan los caballos…).

Proseguimos nuestro paseo, y ahora salimos a un sendero al lado de un río… Un lugar lindo y tranquilo, y el único defecto es que el río apesta un poquito, cosa que da pena. En un puente está una nena y su papá o abuelito. La nena está con su bicicleta pero tiene miedo a pasar así, montada en bici, por el puente, y su papá la anima.  La nena al final se decide…. y un final feliz.

Vamos por este sendero y llegamos ya al otro extremo del parque. Salimos un rato de aquí y es una calle bien animada, con muchas tiendas pequeñas, de comida, de muebles, de las cosas que sean. En una de esas tiendas compramos un sánguche y agua, para luego volver a entrar al parque y descansar bajo árboles de ombú. Fuera del parque pasa el tren en que viajamos ayer, y ahí también vemos un viaducto, o carretera elevada, que no es muy común en Uruguay. En las paredes/columnas de hormigón hay graffittis de “Tabaré”, nombre del presidente electo que acaba de ganar las elecciones.

Si anteayer no pude entrar al Jardín Japonés de Buenos Aires, hoy es un día diferente, ya que ahora sí entramos al Jardín Japonés de Montevideo. A diferencia del de Buenos Aires, es un jardín propiamente dicho y no es un centro cultural, aparte de que es más chiquito, pero de todas maneras, hay estanque, puentecito, casita de té, cascadas, y jardín de piedras…

Es de entrada libre y su portero es un señor de cierta edad, que afirma haber visitado Japón. Le explico lo que está en el letrero, que en kanji dice “Jardín Heisei”, de este jardín que fue inaugurado en el año 13 de la era del emperador Akihito (que no tengo idea de a qué año corresponde en el calendario cristiano; realmente es un fastidio tener que lidiar con dos calendarios….) por el entonces primer ministro Koizumi. Como sea, NL afirma que al principio creía que era un lugar desordenado con muchas cosas juntas en un pequeño espacio, pero que ahora cambió de idea, porque luego de haber entrado a mirar, entendió que esas muchas cosas se combinaban de manera muy interesante y bella.

Otro atractivo del Parque del Prado es el Museo de Bellas Artes Juan Manuel Blanes. Es de entrada gratuita (bueno, en Uruguay hay tantos lugares culturales que no cobran nada….), y con cuadros, esculturas y otras cosas… A mí me interesan los cuadros que tienen que ver con la vida del gaucho, con la historia del Uruguay, etc.. En una parte encontramos un utensilio de cocina, y a NL se le ocurre preguntarme cómo se llama ese utensilio. Se llama “tetera” en algún país, “pava” en otro país, pero CALDERA en Uruguay, así le doy una respuesta perfecta, para demostrarle que yo sí voy aprendiendo de lo que veo, escucho y converso con NL. Dentro del museo hay una cafetería que da al patio interior, donde decidimos comer un helado…. Es un día de calor.

Fue a las 17.00 que salimos del museo, pero me da la impresión de que aún serían las 14.00…y es que me engaña el sol, que aún está bien alto… Ya se acerca la hora de cierre de muchos museos, y con una prisa vamos a la casona de Lavalleja, que figuraba en guías turísticas y que quedaba más cerca, pero … resulta que es una casa vieja nomás…para verla de fuera, y no demasiado interesante que digamos.

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Montevideo (1)

Nos levantamos y primero llamamos a la oficina de Varig para confirmación de un pasaje aéreo mío, y luego a una compañía de ómnibus a hacer una reserva para pasado mañana. Ordenamos las cosas y salimos a las 10.00.

Hasta el centro de la ciudad tomamos un ómnibus. El chofer maneja escuchando la radio, y a veces suben vendedores y músicos. Escena de vida diaria para los habitantes locales (y fuera de lo cotidiano para los japoneses). Tras bajar del ómnibus, miramos un rato las tiendas sin comprar nada todavía, y caminamos hasta la Intendencia de Montevideo. En el piso de la planta baja está pegada una gigantesca foto aérea de Montevideo, donde podemos reconocer casi todos los lugares, el barrio en que vive NL, etc. Y al lado hay una exhibición sobre la campaña de limpieza de la playa de Montevideo.

Salimos, y seguimos paseando por… el Mausoleo de José Artigas (donde se puede entrar hasta dentro), la calle en que está el Ministerio de Asuntos Exteriores, Plazas, el hotel desde donde suelen saludar los ganadores de las elecciones presidenciales. Bueno, yo por ahora decido cambiar la moneda, y luego entramos a un McDonald’s a comer algo. Una hamburguesa y un juego, nada de otro mundo, pero lo bueno es que de yapa vino una postal de una pintura abstracta de Joaquín Torres García.

Pasamos por la costa, u orilla del Río de la Plata, donde queda el resto del antiguo fortín, etc, y seguimos caminando hasta la Torre Telecomunicaciones de ANTEL, de 160 metros de altura. Es un edificio bastante moderno, pero lo inconveniente es que los trenes que pasan justo al lado, tienen que bajar la velocidad hasta 20 km/h para evitar dañar los vidrios del edificio. Para el mirador en el piso más alto, cada cierto tiempo hay visitas guiadas gratuitas, donde participamos sin dudar. La vista es buena, y dentro hay cuadros de Torres García también. Luego de bajar, entramos al Museo de Telecomunicaciones que está junto con el edificio. Pequeño, pero interesante museo con exhibiciones sobre la historia del teléfono, aparatos antiguos, etc.

NL me pregunta qué me gustaría ver luego, y le digo que me interesa ver el tren, de esa vía que iba al lado del edificio. Así que vamos hasta la estación y compramos el boleto, para hacer un mínimo viaje de ida y vuelta. Ahora tenemos una hora de espera. Salimos de la estación, a comprar algo de pan y agua en un supermercado cerca, que está en la zona donde antes funcionaba la antigua estación de tren. En la calle preguntamos camino a una transeúnte, que nos atiende sin ningún problema. Nada raro y yo no me doy cuenta de nada, pero NL me avisa que acabamos de conversar con una prostituta.

La nueva estación es muy moderna y linda, con techo traslúcido de vidrio; me parece demasiado linda para una línea de tren de poca importancia y con pocos usuarios, o es lo que me pareció. En todo caso, al acercarse la hora de tren, poco a poco aumenta el número de pasajeros. El andén es muy baja, y entonces el vagón tiene unas gradas desde la puerta hasta la altura del andén. Íbamos a subir, cuando a NL se le cae el zapato, que pasando por el espacio entre el vagón y andén, cae hasta la vía férrea. Y así, sin desearlo, compruebo que el andén es tan baja que puedo alcanzar el zapato, solo agachándome en el andén y extendiendo la mano, cosa que nunca intentaría en las estaciones de tren en Japón ya que es demasiado peligroso. Y subimos, ahora sí. La puerta es manual, que si no cerramos, queda abierta aún cuando el tren está en marcha. Las ventanas tienen un protector metálico fuera, que primero no sé para que se necesita, pero luego me convenzo de que sí se necesita, porque al paso del tren hay ramas de árboles que violentamente golpean las ventanas. Y como es de habitual, a este tren también suben vendedores informales. Dentro de un vagón hay una indicación que dice “Solo un vendedor durante un trayecto”.

Viajamos hasta la tercera estación, para esperar un rato ahí tomando fotos, y regresar.

De la estación central, tomamos un rato el ómnibus, y ya cerca de la casa de NL hacemos compras en el supermercado Tienda Inglesa. Pasamos también por una cuadra donde hay tres clínicas veterinarias juntas, pero resulta que está cerrada la que podía tener el medicamento para el gato de NL. Bueno eso será para mañana. Volvemos a casa. Pero antes hay una cosa más, que me llama la atención de las calles de Montevideo, y es que hay caballos que andan entre los automóviles. No están para turismo ni nada; Están trabajando, tirando carretas de recolección de basura.

Y así fue mi primer paseo por Montevideo. Al conversar con sus vecinos tras llegar a casa, NL les habla de lo divertido que fue el viaje en tren. Porque para NL también fue la primera vez…

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