Archivo mensual: junio 2011

La escalera mecánica

¿En qué lado debe ponerse uno en la escalera mecánica aquí (y dejar espacio en el otro lado para que puedan pasar las personas con prisa)?

Me pregunta un amigo sudamericano en su primer día de su primer viaje a Japón, y la verdad es que no tengo, o mejor dicho, “no existe” una respuesta muy clara. Y es que no existe tal regla…. o, se podría decir que existe alguna “costumbre” pero no es nada oficial y, además, varía en cada región. Parece que en Tokio la gente suele dejar espacio en un lado y en Osaka, en el otro lado, mientras que en Nagoya… cada persona en su lado, según escuché.

Así que yo preferiría no decir “en el lado derecho (o izquierdo) en tal lugar” y solo recomendaría que, en cada lugar, hagas lo que vieres. Sea, si en una estación de tren ves que la gente se pone en el lado izquierdo, entonces en el lado izquierdo en ese lugar, etc. Y así es mejor porque en realidad no tiene sentido establecer una regla fija: podríamos pensar que hay personas que por algún motivo no pueden ponerse sino en un determinado lado, por discapacidad física, lesiones, o por llevar alguna cosa especial, etc. A ver, si una de esas personas va delante nuestro, en el lado derecho por su “motivo especial”, ¿tendría sentido que nos pongamos en el lado izquierdo “porque así es la regla”? Creo que así, simplemente taparíamos todo el paso.

Bueno, hasta aquí mi opinión, y…

¿Existirá una regla, o una versión oficial?

La verdad es que sí, y la podemos encontrar en la página de la Asociación de Ascensores de Japón, que aclara que

  • Está prohibido caminar en la escalera mecánica. Es una regla para evitar accidentes entre personas y/o fallos mecánicos (la escalera mecánica está diseñada para resistir el peso de las personas paradas, no en movimiento).

  • Los usuarios no deberían ponerse en un solo lado.  El peso mal distribuido también puede provocar averías de la máquina.

Así que lo correcto sería: NO hace falta dejar espacio para “personas que quieran avanzar caminando/corriendo”.  Es la regla y es lo correcto, por cuestión de seguridad, pero el inconveniente es que hay tanta gente desinformada, que equívocamente puede acusarnos de “estorbar”.

La verdad es que hay algunas cosas que son correctas y fáciles pero a la vez difíciles de respetar. La próxima vez que vengan mis amigos, no sé cómo tengo que actuar delante de ellos.

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Los idiomas que [no] aprendí (2)

Sabemos muy bien que ustedes, una vez terminado el examen de fin de curso, van a olvidar todo lo aprendido en esta aula. Es natural y está bien, así que yo no les voy a exigir demasiado, sino solamente una cosa: quisiera pedirles que por lo menos supieran, en memoria de haber asistido a mis clases, contar hasta 20.”

Fueron las primeras palabras de la profesora, en la primera clase de francés a la que asistí en mi vida, al comenzar el tercer (último) curso de secundaria superior (o “bachillerato” para algunos). No pareciera ser un mensaje muy alentador para quienes quisieran estudiar realmente bien, pero a la vez habría que aclarar que fue una actitud muy acertada ante la mayoría de los estudiantes que no pensaban ni necesitaban aprender ningún idioma con tanta seriedad.

El francés era simplemente una de las muchas asignaturas optativas, de las que los estudiantes del último curso tenían que elegir un determinado número de materias, a veces por voluntad totalmente libre y otras, por necesidad según la carrera a seguir en el futuro. Puede que muchos hubieran elegido el francés como una especie de pasatiempo o relax, luego de haber tomado las materias realmente necesarias.

Mi caso no fue una excepción. Yo, para seguir la carrera de ciencias naturales/ingeniería, ya tenía que elegir ciertas materias de matemáticas, física y química, tras lo cual me quedaban solo dos materias para mi libre elección. De ahí decidí tomar, por mi curiosidad por los idiomas, una de inglés y otra de un segundo idioma extranjero, que podía ser alemán o francés. Entre alemán y francés, la verdad es que no tenía un gran motivo para elegir un idioma ni el otro, y terminé optando por el francés…, únicamente imitando la decisión de un amigote de entonces, quien tampoco tuvo una explicación muy elogiable sobre su elección: solo quiso evitar hacer competencia con un chico bien aplicado que había en la promoción. Bueno, ese aplicado chico iba a seguir la carrera de medicina y era previsible que eligiera estudiar alemán (y es que aquí los estudiantes de medicina suelen estudiar alemán), lo que significaría, según mi amigote, que en las clases de alemán sería más difícil sacar buenas notas, por la competencia con rivales más fuertes.

Fuera cual fuera el motivo, yo tenía buenas ganas de estudiar el idioma que una vez elegí, y podría decir que estudié bien durante un año… obteniendo siempre las notas de “9” o “10” (de la escala de “3” a “10”, siendo el 10 el máximo) y, tras pasar a al universidad, seguí asistiendo a las clases de francés durante dos años más. Bueno, en las universidades japonesas es obligatorio aprender un segundo idioma extranjero, y yo en mi carrera podía elegir de alemán, francés o ruso, pero obviamente elegí, con un año de ventaja, elegí el francés.

Y, tras haber asistido a las clases de “segundo idioma extranjero” de la universidad dos veces a la semana durante dos años, donde teóricamente aprendí algo de gramática, conversación y lectura (llegando a leer algo de “Dioses de la Ecología” del tal René Dubos y una extensa entrevista titulada “El Secreto Japonés” de L’Express con el tal Robert Guillain) siempre con profesores japoneses y sin contacto alguno con ningún francófono…, la verdad es que no sé qué es lo que falló, pero las clases en la universidad resultaron ser más aburridas que en el bachillerato y el hecho es que hasta el momento, el francés no me ha servido sino para pasar el examen de fin de curso. Ahora no soy capaz de sostener ni la mínima conversación en francés ni… contar hasta 20. En fin, un fracaso.

Bueno, el francés nunca iba a ser mi especialidad. Tan solo fue un “segundo idioma extranjero” durante cierta etapa de estudios y quizá está bien así, pero en tal caso, de repente hubiera podido aprender alguna otra cosa para aprovechar el tiempo de la mejor manera, o no sé. ¿Será un problema del sistema educativo japonés?

Son cosas que no dejo de recordar al leer el artículo titulado “La nueva universidad japonesa” que aparece en la página 18 de esta revista.

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Comida rápida japonesa

Un día cualquiera, nuestro almuerzo puede ser en un restaurante barato y rápido, de esos que se puede encontrar típicamente dentro o cerca de las estaciones de tren.

Antes de entrar vemos su escaparate de muestras,

de sus platos que básicamente son de tallarines (en los dos estantes de arriba) pero también hay de arroz (tipo oyakodon, katsudon, y arroz con curry, etc.), o combinaciones de las dos cosas (en las dos estantes de abajo). Bueno, algunos ya sabrán pero otros no, así que no estaría de más aclarar que las muestras no son reales, sino de cera y plástico, y por eso es que no caen a pesar de su posición que pareciera ir en contra de la Ley Universal de la Gravedad.

Al lado del milagroso escaparate, todavía fuera del local, está esta máquina expendedora automática,

donde elegiremos y compraremos un papelito con el nombre de nuestro plato deseado. O sea que aquí se paga primero.

Ahora sí, entramos al local y lo primero que hacemos es entregar el papelito a su empleado. En este tipo de locales, lo común sería que estén trabajando dos o tres personas al otro lado del mostrador y que ahí, en el mostrador, esté marcado un espacio para colocar el boleto. Así que ahí lo dejamos y entonces nos preguntan, en caso de pedir tallarines, si deseamos soba o udon, y caliente (tallarines en sopa, tal como se ve en la muestra) o frío (los tallarines y su sopa [o más bien salsa, en base a salsa de soja] vienen aparte y fríos). Especificamos el pedido y esperamos. Es cuestión de uno, dos o tres minutos, porque en este local no se cocina en realidad, sino que solo se pasan los tallarines por agua hirviendo durante unos minutos o algo así, y de ahí se colocan los ingredientes en el tazón, y ya está. Es bien rápido.

Esta vez pedimos una combinación de oyakodon con tallarines calientes.

Algo que me parece curioso es que dentro de este local, a pesar de tratarse de una “comida rápida”, haya carteles sobre la salubridad de los tallarines soba. Bueno, puede ser porque el soba presenta buenos factores nutricionales y poca grasa, aunque lamentablemente puede también provocar graves reacciones alérgicas en algunas personas. Y por otra parte, debe ser una excelente idea la de expendedora automática de boletos, que estaría sirviendo de gran manera para eficacia del trabajo del local (los empelados del local ya no tienen la necesidad de memorizar quién pidió cuál plato, ni estar contando dinero manejando una caja registradora).

De todas maneras, aquí llega nuestro plato y… ¡Buen provecho!

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Luz que apagas, luz que no pagas

Japón procurará elevar hasta el 20% la proporción de energía renovable en la cantidad total de la electricidad generada a principios del decenio de 2020, para lo que bajará el costo de paneles solares hasta el tercio del nivel actual antes del 2020 y hasta un 16% antes del 2030, y buscará asimismo instalar estos paneles en los techos de todas las viviendas (de 10 millones de hogares en total), así lo manifestó el primer ministro Kan en la reunión de la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo (OCED) celebrada en París el pasado 26 de mayo.

Bueno, si recordamos que hasta hace apenas tres meses, Japón era uno de los países más entusiastas en la promoción de la energía nuclear y estaba más bien quedando atrás en el uso de energías naturales (la eólica, por ejemplo), el nuevo objetivo anunciado por Kan parece dar un gran cambio en la política energética de Japón, y un gran desafío a la vez. Con la persistente inestabilidad política japonesa y la falta de liderazgo del propio Kan, cuya tasa de aprobación no hace otra cosa que caer cada día más y que no pareciera mantenerse en el poder si no por la no existencia de quien lo reemplace, la verdad es que no sé si se puede tomar en serio las palabras de Kan (quien ya ha manifestado su intención de renunciar… sin aclarar cuándo) pero, bueno, el plan en sí me parece interesante y espero que se cumpla, de verdad. En cuanto a la energía natural, se supone que Japón, a pesar de ser un país muy pobre en recursos naturales, tiene abundante fuente de energía geotérmica, estable (no afectada por condiciones climáticas-meteorológicas; al contrario de lo que sucede con otras energías naturales) y suficiente (aunque solo hablando de potenciales) para reemplazar todas las centrales nucleares de la Compañía de Electricidad de Tokio. El único inconveniente parece ser el hecho de que muchos de los lugares adecuados se encuentran en parques naturales o en otros lugares turísticos, balnearios de baños termales, etc., y ahí viene el tema de proteger la naturaleza y choques con los intereses del sector turismo-hotelería (muy específicamente de las cooperativas de onsen, que temen que sus fuentes de aguas calientes sean afectadas). Aún no sé lo suficientemente bien del tema, pero me gustaría averiguar más sobre el tema, a ver si su impacto ambiental es más grave o no, en comparación con otras energías, por ejemplo.

De todas maneras, lo concreto es que este verano vamos a depender menos de las centrales nucleares, con que urgentemente tenemos que aprender a vivir ahorrando el consumo de electricidad. Las autoridades están tomando sus medidas, la TEPCO está dando su pronóstico de demanda/oferta de electricidad, y el sector privado está planeando cambiar los días y horarios laborales, tal como lo hizo el sector automovilístico, que durante los meses de julio, agosto y septiembre trabajará de sábado a miércoles (en lugar de lunes a viernes) como una medida para que la demanda en pico en toda la región de Kantô no supere la capacidad de suministro de la TEPCO. Y dentro de este contexto, yo me complaceré en anunciarles que durante los tres meses mencionados trabajaré de domingo a jueves, porque así lo decidieron los jefes de mi oficina, considerando que tenemos cierto negocio con fabricantes automotrices.

Para bien o para mal, va a ser un verano diferente.

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