Archivo mensual: octubre 2008

Montevideo (3)

Luego de mirar la casona de Lavalleja, ya vamos regresando. En camino pasamos frente a un castillo y la residencia del Presidente, aunque solo para mirar desde fuera. NL me dice que saque fotos. Está a contraluz y sé que no saldrá como me gustaría… pero, bueno, intentar se puede y no se pierde mucho por eso.


Y por último visitamos un museo farmacia. Es, en resumen, una farmacia, pero en un rincón se reproduce y exhibe o que era una antigua farmacia. Algo pequeño y no tan especial, pero no deja de ser interesante.

Hacemos compras para la cena, que será pollo, sopa de verduras, y sandía. Compramos un paquete de ingredientes para la sopa y sandía en un supermercado, y pollo en una carnicería. Bueno, de verdura me gusta más una ensalada, pero por algo opto por una sopa esta noche, y NL se ríe de mi raro gusto. El pollo lo compramos en una carnicería, donde yo mismo elijo el trozo de pollo, y el vendedor lo corta ahora mismo. Creo que cuando chiquito hacía compras así en la carnicería de la calle, pero me parece es cosa del pasado, porque ahora casi no hago compras en pequeñas tiendas. Siempre en supermercados y comprando cosas ya empacadas. Y por otra parte, es la primera vez que como sandía en enero, y eso sí es algo insólito, pero de todas maneras el sabor era el mismo.

En la noche, en casa, conversamos sobre la estadía en Japón de NL hace unos años, con fotos y cosas de recuerdo (como un disco de música okinawense) de su paseo por Hiroshima y Yamanashi, visita a los colegios en Okinawa, etc, todo dentro de un programa de JICA para que jóvenes docentes de Latinoamérica vieran cómo funciona el sistema educativo de Japón. Me cuenta sus anécdotas y experiencias, que me parecen bien interesantes, y realmente me gustaría participar en algo así… aunque por el trabajo que tengo,e s imposible, prácticamente…. En todo caso, tiene tantas fotos y recuerdos que no llegamos a ver ni la mitad.

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A ti que eres tan linda…

En la habitación del hotel, medio oscura, espero a S.

Fuera oigo la voz de U, cómplice nuestra que se encarga de traer aquí a S. Siento que las dos se acercan, al otro lado de la puerta y deben estar ya al frente, casi. Y la voz de U: “¿Eh, no sientes una energía por aquí?” Es aromaterapista, muy interesada en hierbas medicinales, curanderismo, energías, o cosas por el estilo, por lo que es así su forma de hablar, ya lo sé pero me cuesta contener la risa. Bueno.

Se abre la puerta y entra S.

Y yo le entrego un gigantesco ramo de flores, diciendo “S, esta noche te veo más linda que nunca. A ti que eres tan bella, quisiera regalarte algo que no puede ser, sino para ti.”

Se enciende la luz, y de mis espaldas aparecen tres chicos, que esperaban escondidos y que ahora empiezan a cantar algo… en lo que pareciera ser una escena bien emotiva de una película, pero no. Los chicos pronto se vuelven locos, y la escena se arruina, para terminar convirtiéndose en un pésimo y barato espectáculo cómico.

S, entre confundida y ¿emocionada?, no sabe si es para reír o para llorar, pero bueno…. “¡Lo que se les ocurre a ustedes…!”

Bueno, ya termina todo y no necesitamos darle mucha explicación. Simplemente fue una “sorpresa” que armamos unos chicos para darle las gracias a S por habernos acompañado y ayudado.  S estuvo con nosotros -grupo de japoneses- como coordinadora y traductora durante todo este viaje, pero ésta es la última noche. Mañana nos marchamos y S, chica japonesa residente en este país, se queda. Y de ahí viene esto que se nos ocurrió a nosotros (o bueno, a algunos chicos) para la despedida.

Tras el acto, un chico pregunta a S, “¿Y, qué te dijo 759?” Y su respuesta, “Algo muy lindo, que me da vergüenza pronunciar en japonés…”

Y la verdad es que a mí también me dio vergüenza pronunciarlo…

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El olor del ginkgo

Alguna vez he oído hablar de un aparato (computadora o teléfono celular, o algo así) capaz de trasmitir aromas. La idea era un aparato que supuestamente iba a tener incorporadas minúsculas cápsulas con unos aromas básicos (que serían como equivalentes a rojo/azul/verde de colores), que al recibir un mensaje liberarían cantidades adecuadas de cada aromo para así reproducir el aroma “enviado” por el remitente del mensaje… Bueno, más o menos era así, creo, aunque no recuerdo si era solo una idea nomás, o si se habrá hecho aparatos experimentales, o no sé…

Un día en el aula de secundaria, la maestra de ciencias naturales nos ordenó que dijéramos nombres de plantas o árboles. Los chicos van diciendo lo que se les viene a la mente: cerezo, tulipán, manzano, girasol… o, bueno, plantas más o menos “normales”. Y yo, no sé cómo pero procuro dar una respuesta rara, y termino diciendo ginkgo. Después me arrepentiría un poco porque esa rareza dio motivo para que algunos chicos se burlaran de mí, pero a la maestra le gustó mi respuesta porque sirvió para explicar algo nuevo: El ginkgo es una antiquísima especie de gimnosperma, a diferencia de la mayoría de las demás plantas/árboles que son angiospermas

Bueno, no es que yo ande siempre pensando en estos detalles científicos, pero de todas maneras es fácil encontrar aquí, ya sea en las avenidas o en los parques, los árboles y hojas de ginkgo, que además son usados como símbolos de Tokio. Y de ahí viene, por ejemplo, el diseño de las vallas protectoras colocadas en las calles también.

En otoño, sus hojas vuelve amarillas y se caen, a la vez que salen sus nueces (o, semillas) que son comestibles. Yo las he probado alguna vez y, bueno, servidas en los platos no están tan feas, pero lo cierto es que su olor es bien fuerte. Si en estos días voy a caminar debajo de los árboles de ginkgo, no dejo de pensar que éste debe ser el “olor de otoño”. Y que si algún día WordPress permitiera trasmitir el olor a través del blog, no dudaría yo en acompañar esta entrada con el olor de ginkgo….

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Ceremonia de calmar la tierra

En el centro del terreno allanado se colocan cuatro palos de bambú, en las puntas de un rectángulo de 2×2 metros. En la parte de arriba de estos palos se extienden sogas de paja con tiras de papel colgadas, para demarcar el área sagrada. Bueno, hasta aquí es lo que he visto varias veces.

Luego se supone que al lado se coloca un improvisado altar con ofrendas que consisten en: una taza de arroz, una botella de saké, una taza de sal, una taza de agua, pescados, verduras y frutas.

La ceremonia, al que asisten un sacerdote shintoísta, la familia que manda construir la casa, y representantes de la constructora, se realiza de la siguiente manera:

  • El sacerdote invoca al dios guardián de la localidad y le pide el permiso para que la familia utilice el terreno para construir su casa, la seguridad durante las obras y la salud para las personas involucradas.
  • Se purifica el terreno con la sal, saké, y arroz.
  • Se hace el rito de “calmar la tierra”, donde el que diseñó la casa agarra una guadaña y hace el gesto de cortar las hierbas, el propietario de la casa toma un arado y hace un montículo de arena, y el constructor con una pala allana la arena montada. Tres veces se repite el rito.
  • Los presentes se dirigen al altar y rezan por la seguridad durante las obras.
  • El sacerdote retira las ofrendas, y comunica al dios que puede marcharse a su sitio….

Yo nunca he visto esta ceremonia para “calmar la tierra” en sí, pero este año, por la cantidad de las casas que se demolen y se reconstruyen, varias veces he visto esos palitos de bambú para esta ceremonia. Es una costumbre que tiene más de 1200 años de historia (aunque no fue sino a partir de la segunda mitad de la era Edo cuando llegó a difundirse entre la gente común), y no es requisito ni nada pero que, al parecer, da cierta tranquilidad (o, bueno, si no pasa nada, no pasa nada. Pero, si sucede un accidente o alguna otra desgracia luego de haber empezado a construir la casa sin la ceremonia, la gente podría lamentarse de no haber cumplido con la tradición…).

Bueno, en las noticias o en los boletines internos de mi oficina, veo que hay empresas japonesas que, al construir sus oficinas o fábricas en el extranjero, también realizan la ceremonia de calmar la tierra, y yo tengo la curiosidad por saber a qué “dios guardián” se estaría pidiendo protección en esos casos…

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Vasos compartidos

Tú no tienes virus, ¿cierto? Y ¿tú?

Pregunta un papá sirviendo gaseosas en vasos. Algo raro……. Bueno, dicen que el otro día había un nene con la enfermedad de boca-mano-pie, que luego se trasmitió a otro nene. El papá sospecha que la vía de infección podía haber sido vasos compartidos, y de ahí esta inusual precaución. Bueno, en este grupo en realidad se mantiene un buen nivel de higiene, y no suelen compartirse vasos sin lavar, por ejemplo, así que no sé si habrá sido un vaso confundido, o si hubo otra vía de infección. Y para hablar de vasos, he tenido experiencias mucho peores con otros grupos.

Y en esos “otros grupos”.

El chico sentado a mi lado echa un poco de cerveza en un vaso, se la toma, y me pasa el vaso y la lata de cerveza diciendo

¡Salud, jugador!

Y yo tengo la obligación de hacer lo mismo: Tomar un poco de cerveza con ese mismo vaso, y luego pasar el vaso y la cerveza al siguiente chico, diciendo

– ¡Salud, jugador!

Así, el vaso y la cerveza van dando interminables vueltas entre todos los presentes, que pueden ser amigos, conocidos, desconocidos, y desconocidos totales. Nadie se preocupa del higiene, y al transcurrir las horas los chicos, muchos ya borrachos o mareados, se preocupan aún menos del higiene, mientras que el vaso se va poniendo cada vez más sucio… Puedo decir que esta sesión cervecera fue lo que me resultó más chocante y que más detesté de mis primeros contactos con las “costumbres latinas”, donde también odié que me obligaran a tomar la cerveza (bebida que no me gusta para nada, antes de hablar del higiene).

Más tarde me comentaron que esa manera de tomar cerveza, con un solo vaso entre todos, no era tan común para todos los latinoamericanos, sino para gente perteneciente a cierto estrato social que por algún motivo se acostumbra a compartirlo todo, y de hecho llego a conocer amigos de otros grupos, que no necesariamente me obligan a compartir el vaso de cerveza, y yo me quedo tranquilo. Bueno. Ya no me fastidian con la cerveza, casi, pero ahora me parece curioso que, en realidad, en muchas partes del mundo existen costumbres parecidas a la de ese vaso de cerveza: Los argentinos comparten el mate y bombilla para tomar el té mate (algo que no resultó tan traumático para mí, porque la primera vez que participé en eso fue con amigos de más confianza y no borrachos), y me doy cuenta de que en la mismísima ceremonia de té de Japón también se comparte una taza entre todos los asistentes en algunos casos. Y se podría pensar que esa manera de compartir vaso-taza-mate, etc es una manera de expresar afecto, amistad, o lazos entre las personas, a veces por encima de un poco de higiene…. Bueno, se me ocurre pensar ¿la enfermedad de los niños que mencioné al principio, se trasmitió de verdad por el vaso, o no?, y si averiguo un poco las cosas, encuentro que hay muchas enfermedades que no se trasmiten de esa manera (aunque eso no quita que para evitar enfermedades sea mejor no compartir las vajillas), pero de todas maneras, también hay casos concretos de contagios de enfermedades por expresiones de afecto: Un día, durante la hora de almuerzo, escucho una conversación así

– … sea que si evitamos darle besos, el niño nunca va a tener….

– Así es, pero ¿quién resistiría…?

Son dos chicos que están hablando de caries dental. El hecho es que los bebés, cuando nacen, no tienen streptococos mutans y, de seguir así, no van a tener caries dental, pero ocurre que pocos padres/familiares resisten la tentación de darles besos, y así terminan transmitiéndoles la bacteria… Bueno, ahí sí parece que el afecto está yendo por encima del higiene…

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Sumô de robots

En CEATEC no solo se exhiben las últimas tecnologías. Había además otros eventos como talleres de electrónica o de manualidades para nenes, conferencias, y el torneo de sumô de robots, que por primera vez vi en vivo y que me gustó bastante.

Su regla no difiere mucho del sumô de hombres: Dos rivales se enfrentan y se empujan dentro de un círculo llamado dohyô, procurando cada uno expulsar al otro del área.. (Bueno, en caso del sumô de hombres, uno puede también ganar derribando al rival, sea, haciendo que cualquier parte de su cuerpo, menos las plantas de los pies, de su contrincante toque el suelo dentro o fuera del dohyô, pero esto no se aplica en caso del sumô de robots).

Como vemos, los robots no son de tipo humanoide, son solo unos carritos cuya única capacidad es de avanzar/retroceder/voltear sobre sus ruedas. Bueno, la cosa parece ser bastante sencilla, pero en realidad, a ver…

En caso de la competencia de robots autónomos (bueno, también hay competencia de robots controlados por radio, pero a mí me pareció más interesante la de robots autónomos), se colocan en el ring los dos robots,

que deben estar programados para permanecer sin moverse durante cinco segundos, y para luego empezar sus ataques.. Se chocan y se empujan. Algunas peleas son bien rápidas, donde uno logra una aplastante victoria, haciendo literalmente volar a su contrincante en un abrir y cerrar de los ojos,

y otras peleas son más lentas, donde en algunos casos uno gana lenta pero firmemente,

o en otros, terminan en empates, con los dos robots quedando inmóviles al igualar las fuerzas de los dos..

Si la pelea no se define en determinado tiempo, se vuelve a hacer un nuevo encuentro, que empieza con los robots colocados en diferentes posiciones para no repetir lo mismo. Así, la nueva pelea comienza con los dos rivales colocados de espaldas o de lado, etc (los dos mirando hacia fuera, y no el uno al otro), por ejemplo, y entonces es que el espectador se da cuenta del cerebro que tienen los robots: arrancan hacia fuera pero no para salirse disparados del círculo; reconocen el borde del área y voltean y buscan a su rival. O, cuando se chocan, algunos no hacen más que forcejear, quizá, pero otros estarán programados para hacer algo distinto, cambiar de posición y empujar al otro desde otro ángulo… o no sé. Es parte de programación debe ser bien complicada y a la vez interesante.

En el torneo participan muchos grupos de estudiantes de bachilleratos técnicos (y de hecho hay una categoría para ellos, “estudiantes de bachillerato”, aparte de la otra categoría “general” abierta para todos), que en equipo trabajan para diseñar y construir su propio robot, y quién sabe si dentro de 10 ó 20 años estarán trabajando con Asimo, Murata Girl, o qué… El sumô de robots es un juego, pero a mí me parce mucho más interesante y creativo que los videojuegos…

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El terror en la noche IV

Si en verano son los nenes quienes andan cazando (o últimamente comprando) escarabajos y ciervos volantes, en otoño se suman también los adultos a divertirse con los insectos apreciando el canto de varios tipos de grillos, en lo que podría considerarse como una afición milenaria porque ya en el Libro de la Almohada podemos encontrar menciones sobre lo bello y conmovedor de estos cantos. No sé si es algo que sucede exclusivamente aquí o en otras culturas también, pero lo cierto es que en Japón sigue vigente esta tradición hasta el día de hoy, e incluso se puede comprar grillos en pequeña jaula, para escuchar su canto como si se trata de una cajita de música… Los interesados pueden abrir esta página, donde se puede escuchar cantos de numerosas variedades de grillos.

Pero, bueno, a pesar de ser un pueblo tan entomófilo por una parte, es interesante notar que por otra, también compartimos el odio hacia cierto tipo de insectos que parece ser más universal; ese odio hacia el insecto alado más antiguo sobre la tierra, que no sé cuánto daño nos hace en realidad pero cuya mera presencia nos escandaliza y nos aterra, y que nunca dudamos nada en perseguir y masacrar…. Y de ahí confesaré, por ejemplo, que entre los pasajes que más me gustan de Cien Años de Soledad, está la escena de una tertulia en la librería catalana donde Aureliano termina dando una extensa explicación sobre los métodos de matar estos bichos en la Edad Media.

Y, bueno, en mi casa casi no aparecen estos intrusos, afortunadamente, pero si digo que “casi no”, es que no puedo decir que “nunca”. Y ocurre una noche de éstas, que al entrar al cuarto de cocina encuentro una sombra negra que se mueve sobre la mesa, que al instante despierta mi instinto exterminador. Busco el arma, pero antes pierdo de vista al enemigo, que se desplaza rapidísimo con sus seis patas sobre la faz de la mesa y logra esconderse entre los objetos dejados en desorden en la mesa. Me parece que se fue debajo del microondas, y entonces lo más eficaz sería esparcir la convencional arma química en aerosol por la zona sospechosa, pero no lo hago porque prefiero no contaminar los trastos de cocina. Se me ocurre pensar que para estos casos también existe una novedosa insecticida que no es tóxico sino solo frío: un aerosol congelante capaz de enfriar al bicho instantáneamente hasta 40 grados bajo cero y así lo mata de frío… Sería interesante probarlo, pero creo que solo sería válido ante enemigos no escondidos, y antes que nada, es que no lo tengo a la mano, así que por ahora me limito a colocar unas trampas adhesivas en forma de casitas, que son una trampa quizá primitiva pero nada dañina, y que es uno más de los grandes inventos del Japón.

Por el momento estoy a la espera de que la prófuga cucaracha apareciera atrapada en la casita un día, y es solo esperar…., pero de paso si puedo presentar un método más, es el uso de detergente de cocina, que es un poderoso matacucarachas si lo echamos directamente a la cucaracha. Para nuestra tranquilidad, no es nada tóxico ni venenoso; la cucaracha muere de asfixia, al taparse su vía de respiración con la grasa en la superficie de su cuerpo diluida en el detergente.

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