Archivo mensual: junio 2013

El césped

Un domingo, un amigo me invitó a su casa a acompañarlo a cuidar su jardín, a lo que accedo con gusto porque esa tarde no tenía otro plan en particular, así es que fui.

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Es un jardín de césped con algunos pequeños árboles y otras plantas en la parte del borde, y comenzamos por cortar el césped, que había crecido bastante, para luego sacar también las hojas caídas detrás de otras plantas… Bueno, creo que es todo lo normal y nada especial, pero en todo caso le gusta mantener bien cuidado su jardín y eso a la vez sirve de pretexto para conversar y, en fin, pasar un rato ameno.

Y aquí va el “fruto” del pequeño trabajo que realizamos:

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Unas grandes bolsas llenas de césped cortado y hojas caídas recogidas, algo que mi amigo seguramente botará un día de semana, día de recolección de basura incinerable. En su ciudad, este tipo de desechos (hojas, ramas, plantas y árboles podados, etc) se recogen gratuitamente hasta cierta cantidad (hasta dos bolsas plásticas), pero yo me pongo a pensar…

Y es que estos “desechos” si los dejamos ahí nomás sin recoger de su sitio (ahí donde cayeron, en el jardín), lo más probable es que vuelvan a la tierra para que de ahí crezcan de nuevo las plantas, nuevas ramas de los árboles, etc., mientras que si los sacamos como basura, así se pierde lo que era de esa tierra y, para suplirlo, recurriremos a abonos/fertilizantes comprados en el supermercado, que, ya sean “orgánicos” o sintéticos, se introducen de manera artificial, fuera del ciclo natural, o ¿no? Bueno, ya sé que el césped cortado no se puede procesar solo (porque se demora demasiado tiempo en descomponerse) sino con algunos otros ingredientes más… pero sería interesante averiguar ese detalle y aprender a preparar compost casero.

En realidad el asunto no es mío ya que el jardín es de mi amigo, pero a ver si se anima…

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Zôshigaya

Se llama así, Zôshigaya, un barrio tokiota que no es demasiado famoso en el mundo, ni tampoco en el mismo Japón, pero conserva algunas cosas viejas, no para hablar de hace miles de años pero sí de algunas décadas atrás, que a algunos japoneses les caerá bien recordar como reliquias de las eras de los emperadores Hirohito, Yoshihito y Mutsuhito, etc., aunque a otros no, porque las cosas quedarían más claras citando los años según el calendario gregoriano. Bueno.

Y si digo “no es demasiado famoso”, una prueba de ello podría ser el hecho mismo de que ni yo mismo hubiera recordado la existencia de tal barrio, si no por mis ganas de conseguir una novela histórica de Ildefonso Falcones que había encontrado semanas atrás en una librería de segunda mano que quedaba cerca de ahí. Y lo que ocurre es que no llego gratis a esa librería: cuesta el pasaje de ida y vuelta en tren, y por eso es que quise que mi visita por ahí no fuera estrictamente para la compra del libro, que tampoco se sabía si todavía quedaba ahí o si había caído ya en manos de algún otro comprador tan rarísimo como para desear leer una novela de casi 1000 páginas en español en Tokio…, así es que busqué otro pretexto, que terminó siendo un paseo por el famoso, ma non troppo, barrio de Zôshigaya.

Tras lograr mi gran objetivo de conseguir el libro, salgo de la librería y, tras caminar unos 10 minutos, llegamos a la estación, parada o paradero de Zôshigaya. No sé cuál sería el término más adecuado cuando se habla de… tranvía:

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Se trata de la única línea sobreviviente de las que en su momento llegaron a contar con una red de más de 40 rutas de una extensión total de más de 200 kilómetros del tranvía administrado por el gobierno municipal o metropolitano de Tokio. Y justo pasando la parada de tranvía, entramos al cementerio de Zôshigaya.

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Siendo un cementerio, también es como un parque también y muchas veces aparece incluido en itinerarios de paseo por la zona, seguramente por su tranquilidad… o paz, y mucha naturaleza, y también porque ahí descansan algunos grandes escritores e intelectuales de antaño, como Natsume Sôseki, Lafcadio Hearn, Nagai Kafû entre otros. Bueno, me limité a caminar solo un rato y sin intentar ubicar la tumba de algún que otro famoso, pero se siente cierto aire diferente, por la presencia de algunas cruces entre otro tipo de lápidas. Y de paso comentaré que el edificio que se ve a lo lejos fue, en su momento, el más alto de Japón.

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Salimos de ahí para luego pasar por esta casa al estilo occidental.

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Fue vivienda de unos misioneros que llegaron por aquí antes de la segunda guerra mundial, y ahora se conserva como un pequeño museo para saber de la época. Se puede entrar gratis y ver el interior de la casa, los muebles, etc.

Y otro lugar conocido del barrio es este templo

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donde se venera a Kishimojin (literalmente, “Diosa Madre de Hijo de Ogro” o algo así), cuya historia aún no acabo de averiguar como debería y por el momento solo citaré algo de Wikipedia… , en cuya parte de abajo aparece una pequeña mención acerca del sincretismo japonés con algo de mitología hindú asociado con fertilidad, crianza de niños, etc. Bueno, sin saber muy exactamente de su historia, ya noté que había muchos visitantes con bebés pequeños.

Bueno, fue así un pequeño paseo en Tokio en el mes lluviosa sin muchas lluvias…

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Y… hasta la próxima.

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La velocidad

 

A veces no me siento muy a gusto cuando viajo con mis amigos, porque algún día suceda algo. Bueno, yo hace una eternidad que no manejo, y quien maneja maneja muy bien… Por ahí vamos sin ningún problema pero mi temor no desaparece, y es que, frente al volante, mi amigo se irrita, se llena de ira y no deja de pronunciar insultos hacia los demás conductores que, según él, son tortugas o lentejas y no sé qué, que parecieran no tener derecho de existir en este mundo…, o al menos en la vía pública. Por gran milagro, hasta el momento no ha pasado nada grave pero temo que algún día mi amigo pudiera protagonizar un incidente como este:

 

La policía de *** de la prefectura de *** arrestó in fraganti al desempleado ******* ******* (de ** años de edad) por el cargo de agresión física el día ** del mes **.

Según el informe de la policía, *******, al transitar por la carretera nacional n° ** por la altura de ** alrededor de las ** horas con ** minutos del día **, se adelantó a un carro de pasajero de un ciudadano desempleado (de ** años de edad) y un camión ligero de un obrero (de ** años de edad), obligó a parar a ambos vehículos y, golpeó al ciudadano desempleado en la cara acusándolo de su “lentitud”, además de propinarle un cabezazo al obrero cuando este intentó detener la violencia.

*******, que fue neutralizado por un agente policial que acudió al lugar de los hechos, afirma haber estado irritado porque (la víctima desempleada) iba a baja velocidad, de 50 km/h aproximadamente…

 

 

Lo horrible es que esto bien podía haber pasado, y puede seguir pasando, aunque las víctimas condujeran a la velocidad máxima legal y, teóricamente, ni las víctimas ni el agresor tuvieran derecho a subir más la velocidad. Sobre el caso arriba citado, que leí en los periódicos este mismo mes, desconozco más detalle pero es muy posible. Parece que la gran mayoría de los conductores aquí, entre ellos mi amigo, consideran que es uno de los crímenes más imperdonables del universo el de NO exceder, como mínimo unos 15-20km/h, la velocidad máxima legal, y a este respecto parece no existir nada de tolerancia ni consideración hacia los débiles en absoluto (¿se llamará ley de la selva?). Bueno, si así es la “regla” para dejar fluir el tráfico, está bien pero muy curiosamente sucede que si la tortuga es un carro de policía, nadie sale a acosarla, además de que muchos conductores incurren al crimen de bajar la velocidad en los lugares donde se sabe que está instalado el radar automático para control de velocidad… (realmente no entiendo por qué los conductores dejan de insistir en hacer fluir el tráfico en tales lugares).

 

En fin, no me parece muy lógico que existan dos reglas contradictorias, una que rige de hecho y la otra que es legal. Creo que la ley, si es justa, debe hacerse respetar, y si no, debe cambiar para ajustarse a la realidad, porque de todas maneras, creo que no necesitamos una ley no respetada por nadie.

 

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La división

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Supongamos que estamos ante una botella de refresco y dos vasos de formas dispares, y dos niños (A y B) que tienen sed. Ninguno de los dos se conformarían con una porción menor que el otro; ambos quieren tomar más, pero saben que no pueden quejarse si cada uno se asegura, al menos, la mitad exacta del total. Entonces, ¿cuál sería la forma de repartir la bebida? Bueno, una solución sería:

  1. El niño A reparte el refresco en los dos vasos, muy exactamente según él, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de los dos vasos.
  2. El niño B toma uno de los vasos a su gusto, y A toma el vaso que B no eligió.

Y ¿si fueran tres niños (A, B y C) con tres vasos en lugar de dos? El asunto se complica un poquito pero la solución existe:

  1. El niño A reparte el refresco en tres vasos, muy exactamente según él, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de los tres vasos.
  2. El niño B elige dos (los “mejores” dos según él) de los tres vasos . Si considera necesario, puede hacer ajustes entre los dos vasos elegidos, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de estos dos vasos. El tercer vaso, que no eligió, lo dejará sin tocar.
  3. El refresco quedó dividido y ahora se decide quién tomará de cuál vaso:
    El niño C elige a su gusto cualquiera de los tres vasos.
    (3a) Si C eligió uno de los dos vasos intervenidos por B: entonces B toma el otro vaso intervenido por sí mismo y A toma el vaso que queda.
    (3b) Si C eligió el vaso no intervenido por B: entonces A elige cualquiera de los dos vasos que quedan, y B toma el otro vaso que queda.

Bueno…

Ocurre un domingo por la noche, cuando estábamos tres amigos charlando de cualquier tema y pasándola bien. De un momento para otro nos acordamos de que teníamos una torta, así que uno de nosotros va a la cocina a dividirla… y de ahí se oye una carcajada:

¡Oh, este pedacito salió bien grandecito, ja ja!”

Alarmados, acudimos todos al lugar de los hechos y sí, presenciamos algo que, de darse ciertas condiciones, podría desatar una guerra total… Así es que les explico a los presentes que existe una manera para solucionar el conflicto según la cual, sin necesitar ningún instrumento de medición precisa, todos podríamos quedar conformes. Pero, bueno, a veces sucede que una autoridad puede más que la lógica, y el conflicto termina de una vez por todas, con la declaración de quien partió la torta:

No, no se preocupen. No hace falta ningún trámite ni ajuste; yo me quedo con este pedacito (el grandecito), y punto.”

Y…, bueno, no pasa nada. Estábamos charlando de cualquier tema y pasándola bien, y ¿para qué tanta guerra por el tamaño de unos pedacitos de torta?

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Billiken

Si hay algo que puede ser pariente del tanuki y el gato y que me llama la atención desde hace tiempo, es el Sr. Billiken, que posa en la entrada de un bar japonés a cuyo lado paso cada mañana y noche cuando voy y vuelvo del trabajo:

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Es un… muñeco o estatua de expresión bien rara, del tamaño del gato suertudo, y con un cartel que el dueño o la dueña del local colocó con un mensaje que dice en el dialecto de Ôsaka:

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Se cumplirán tus deseos si le frotas la planta de los pies al Sr. Billiken.

Bueno, en realidad no sé distinguir muy bien los dialectos de diferentes partes de Kansai pero supongo que es de Ôsaka porque el nombre del local es de un popular barrio comercial de dicha prefectura. Aparte de eso, dentro del local hay muchos carteles con frases graciosos en el mismo dialecto, con que supongo que su dueño o dueña será de allí.

Volviendo al tema del Sr. Billiken, bueno, por mucho tiempo seguí sin averiguar nada pero un día supe, por un programa televisivo, que el Billiken era más conocido y popular en Ôsaka, algo que me pareció bien cierto…. Y, bueno, ya sería la hora de intentar buscar más información, y no resulta tan difícil ya que, buscando por su nombre aparece ya la página oficial del Billiken de Ôsaka y también un artículo en Wikipedia. Así es que, al contrario de lo que creía yo (de que se trataba de algo de origen confuso de Japón o China), tenía su origen bien concreto: era creación de una artista norteamericana hace algo más de 100 años y se difundió en todo el mundo aunque, aparentemente, es en Ôsaka donde más se mantiene su popularidad…

Así es que… puede que lo hayan visto o no lo hayan visto dentro o fuera de Japón, pero si algún día lo ven en alguna parte, ya saben de qué se trata y qué hay que hacer para que les traiga suerte.

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