Archivo mensual: noviembre 2011

Duda informática

Si antes la principal amenaza eran las tormentas eléctricas y rayos, sobre todo en verano, ahora sería la política energética poco clara, que por una parte parece procurar implementar medidas más rigurosas de seguridad en las centrales nucleares y a la vez intentar reducir el grado de dependencia de la energía atómica pero que, por otra, aún no señala fuentes de energías alternativas convincentemente factibles y, más inmediatamente, no logra asegurar el abastecimiento de electricidad en algunas regiones del país durante este invierno.

La situación, a nivel muy personal, puede resultar más incómoda para los usuarios de computadoras de mesa y, todavía más, para quienes han pasado percances por apagones… Una solución para esas personas sería tener el SAI (Sistema de Alimentación Ininterrumpida, quizá más conocido por sus siglas en inglés, UPS, de Uninterruptible Power Supply). A ver qué tal funciona…

Fue en mayo que decidí tener un pequeño UPS para proteger mi computadora y así poder trabajar con un poco de tranquilidad. Si antes enchufaba la computadora directamente al toma corrientes de la habitación, ahora es el UPS el que se enchufa al tomacorrientes, para luego conectar la computadora al UPS. Lo más fácil sería mantener el UPS activado todo el tiempo pero no me atrevo, porque el UPS, por sí solo, consume algo de electricidad y eso no me parece muy indicado en esta época de crisis energética, así que no se me ocurre otra cosa que apagar y desenchufar el UPS cuando no uso la computadora. Pensé que de esta manera todo iba a ir bien…

Un pequeño detalle es que cada vez que quería usar la computadora, procedía a enchufar y activar el UPS y luego encender la computadora… y notaba desde el principio, que luego de activado el UPS, la computadora no se encendía (no reaccionaba aunque se presionara el botón de encender) inmediatamente, sino que se debía esperar cierto tiempo antes de intentar encenderla: unos tres o cinco, diez minutos, etc… Y esto no se debe a las características de mi UPS, que en momentos normales (sin apagones) no hace otra cosa que dejar pasar la electricidad del tomacorrientes, hecho comprobado porque el monitor de la computadora (que, al igual que la PC, está conectado al UPS) sí se enciende inmediatamente.

Bueno, unos tres, cinco o diez minutos… no pasa nada, no importa.

Sin embargo…, lo que sí importa es que esos minutitos vayan muy in crescendo… Esa pequeña espera que al principio eran unos minutitos, resulta que se convirtieron en unas horitas últimamente y en unas decenas de horitas más últimamente: “Una mañana uso la computadora y luego la apago (y a la vez apago el UPS) y… esa misma noche intento volver a usar la computadora pero no se enciende, a la mañana siguiente tampoco, y por fin logro despertar la PC la segunda noche, 37 horas después de la primera mañana, etc.”. Y la verdad es que así no se puede trabajar… o, al menos, yo no estoy dispuesto a esperar 30 horas diariamente para solo encender la computadora.

O no sé si estoy equivocado en el uso de computadoras y UPS. A mí me parecería una tremenda pérdida, por ejemplo, que en caso de apagones en ausencia del usuario (y, por consiguiente, con la computadora apagada) el UPS reaccione y gaste, en vano, su batería para no cortar el corriente eléctrico, pero ¿será que eso es lo indicado: mantener siempre activo el UPS? También sé que la placa madre de la computadora lleva una pequeña pila de litio (para mantener el reloj, etc.) que sí se gasta cuando la computadora está desenchufada, pero ¿podría eso llegar a impedir que se encienda la computadora, con el reloj adelantado o atrasado? (De todas maneras, ahora he cambiado la pila de la placa madre y el síntoma no cambia…)

Estoy en duda…

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Camino del pasado

Un día salimos a pasear por Okutama, vasta zona montañosa en el extremo noroeste de Tokio y conocida por el lago artificial del mismo nombre construido hace más de 50 años para reserva de agua potable. Bueno, por ahí hay innumerables rutas para subir a las montañas o simplemente caminar, y esta vez optamos por el “Camino del Pasado”, pequeño fragmento de una ruta que en tiempos pasados sirviera para conectar este apartado rincón de la hoy capital de Japón con localidades vecinas u otras partes y donde aún se puede disfrutar de un paisaje netamente rural y otras tradiciones folclóricas en un paseo a pie de nueve kilómetros entre la estación terminal de tren y el lago Okutama:

Así que salimos de la estación y empezamos a caminar.

Buena parte del camino es así.

Al lado izquierdo va un río bien profundo (Vista de un puente colgante).

A veces encontramos caseríos con sus diminutas chacras en terrenos muy inclinados.

A lo largo del camino encontramos muchas pequeñas lápidas o estatuas en piedra de creencias populares. Hay, entre otras cosas, “Kannon de Cabeza de Caballo” (para la paz del alma de los caballos muertos por accidentes durante el viaje), “Dios de Oídos” (los pobladores de esta área, sin médicos, recurrían a este dios cuando tenía dolencias de oídos. Le ofrendaban pequeñas piedras con huecos y pedían que les curara el oído), “Jizô para conseguir amores” (Si le ofrendas un nabo bifurcado sin que nadie te vea y oras de todo corazón…. conseguirás el amor de tu vida…), “Jizô de caries dental” (Como no había dentistas tampoco, la gente recurría a este Jizô en caso de dolores de muela. Ofrendándole frijoles asados y orando seriamente, dicen que milagrosamente desaparecía el dolor.), etc.

En uno de los caseríos, encontramos una “venta automática” de setas….

Luego de caminar 3-4 horas, llegamos ya al lago.

En fin, un día de buen paisaje otoñal y buen ejercicio…

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Los idiomas que [no] aprendí (3)

Fue un sábado de septiembre del año… ya inmemorial. Yo no fui a la tienda de libros usados cerca de mi casa a comprar una “Introducción al Español”, de cuya existencia no tenía la menor idea, pero terminé comprándola porque era barato (apenas costaba el equivalente de dos latas de Coca Cola), compacto y con un contenido bien estructurado, mínimamente interesante y digerible, reuniendo así mis requisitos para “libros para leer algo durante mi trayecto entre casa y oficina”, y es que estaba buscando un libro para eso, para no aburrirme en tren. Tenía en mente otro libro en particular, que ese día no encontré, pero si es que servía para lo mismo, estaba bien.

Yo no pensaba estudiar nada en serio ni esforzarme, pero leí muy atenta y repetidamente el libro (bueno… dado que mi objetivo original era de matar tiempo, me convenía prolongar la lectura, para no tener que estar comprando un libro tras otro) hasta terminar de aprender bastante bien las lecciones. Al cabo de unas semanas o un mes… era capaz de descifrar breves (y sencillos) textos en español y pensé que no estaría mal seguir aprendiendo algo más. Fui a un conocido barrio de tiendas de libros usados en el centro de Tokio a ver si con un poco de suerte podía encontrar un libro de bolsillo en español, una novela o lo que fuera… No tuve la suerte que esperaba (y me encontré con el contundente hecho de que en Japón, los “libros extranjeros” significaba solo “libros en inglés” (y un poquito en francés y en alemán) mas ningún otro idioma: en el barrio había muchas tiendas, pequeñas o gigantescas, especializadas en “libros extranjeros” y no tenían ni un solo libro en español… Pero, bueno… al menos encontré este libro, al mismo precio que mi primer libro y que incluía unos ejercicios de lectura/traducción de buen volumen, quizá adecuados a mi nivel de entonces. Así continué mi aprendizaje.

Luego de estudiar con los dos libros, ya era capaz de descifrar textos algo más largos en español y quise seguir aprendiendo algo más, pero todavía sin gastar mucho dinero, así que seguí recurriendo a tiendas de libros usados, donde de vez en cuando tenía la suerte de encontrar algo… De ahí mis primeras lecturas fueron, a ver..

Aquí habría que aclarar que este último libro de Luis Landero sí que resultó ser demasiado difícil para un principiante. Empecé a leerlo pero pronto desistí. Más tarde volví a sacarlo y disfruté bastante de la lectura hasta el final pero eso no sucedió sino ocho años después. De todas maneras, tratándose siempre de libros de segunda mano, son de géneros muy dispares pero me parece que fue una combinación bien interesante para comenzar. Creo que seguí así durante… año y medio, dos años o algo así.

Aparte de la lectura, desde algún momento empecé a escuchar cursos de español por radio (de NHK y de la Universidad Abierta) sin jamás comprar sus libros de texto. Bueno, al principio solo escuchaba pero después empecé a hacer algo: escuchar el programa de NHK (de 20 minutos cada día) e intentar, durante esos 20 minutos, memorizar todo lo pronunciado en español (“texto del día”, “frases del día” o algo por el estilo, palabras, ejercicios, conversaciones libres entre el profesor y los ayudantes latinos/españoles…. y, en fin, TODO) solo por el oído, sin tomar apuntes ni abrir libros/diccionarios. Después de terminado el programa, se puede agarrar el lápiz y papel e intentar escribir todo lo memorizado durante el programa, y así queda perfectamente claro lo que se ha logrado aprender y lo que no. Bueno, no sé cómo empecé esta rara práctica para aprender un idioma que no necesitaba, pero debe haber sido un buen ejercicio de comprensión oral.

Aún no quería gastar mucho dinero, pero no siempre encontraba libros de segunda mano en español, así que poco a poco empecé a comprar libros nuevos en las pocas librerías especializadas en libros en español. Concretamente había dos librerías: una tienda japonesa especializada en libros en italiano, español y portugués; y otra, librería española, obviamente de libros en español. Al no tener mucha idea de qué leer, comencé con novelas originales de algunas películas que había visto, como

Y algo nuevo fue que en esos tiempos también me enteré de la existencia/aparición de algunas publicaciones en español dirigidas a latinoamericanos residentes en Japón, con que empecé a leer el periódico semanal, que era de horrible calidad pero me permitió saber algo sobre los países de habla hispana y, más que nada, sobre los hispanohablantes en Japón. Descubrí que cerca de mi oficina había una tienda de productos brasileños, donde podía comprar el periódico en español también. Bueno, con la dueña de la tienda podía entablar una mínima comunicación en portuñol pero mucho más cómodo era hablar con las señoras de la librería española, obviamente. De algún momento empecé a frecuentar la librería, adonde no se sabe si iba más para conversar un poco con la gente de ahí o para comprar libros como “Paula”, “De amor y de sombra”, “Eva Luna”, “Cuentos de Eva Luna”, “El plan infinito”, “Nada”, “La casa de los espíritus”… El hecho es que primero, por algún capricho, leí Paula, que me impresionó bastante y, como ahí se aclaraba cómo habían nacido sus otras novelas hasta entonces, quise leer y terminé leyendo esas otras obras suyas. Recuerdo que cada vez que compraba un nuevo libro, la señora que solía atenderme me preguntaba si había leído ya La casa de los espíritus pero es que yo tenía mi orden, y resulta que cuando por fin quise leer la novela tan recomendada, se había agotado la existencia y tuve que esperar un momento leyendo alguna otra cosa, Nada, que me recomendó la vendedora…

En la librería española había clases de español también y al final decidí matricularme, porque pensé que esa sería la correcta manera para tener la oportunidad de hablar, en lugar de quitar tiempo a las vendedoras de libros. Entré a la clase supuestamente “superior”, por el simple hecho de que era la única clase a la que podía asistir, por cuestión de horario (y también porque me pareció interesante poder conversar con su maestra catalana, que también salía en el programa de NHK). Bueno, mi gran error fue el haber leído tanto libros ya, y es que, al contrario de lo que me imaginaba de eso de “superior”, los demás alumnos parecían ser mucho más principiantes que yo, básicamente porque les faltaba vocabulario, conocimiento de la gramática y todo. Seguí ahí por un año pero un día, después de la clase, se me acerca la maestra para preguntarme: ¿No te aburres en las clases de tal nivel? Perdí las ganas y decidí buscar otras academias pero no encontré ninguna que me gustara. Me dio la impresión de que solo existían clases para muy principiantes o cursos muy especializados para formar profesionales… Para los “intermedios” como yo, la única opción eran clases particulares, algo que no quise porque me parecía demasiado para un pasatiempo.

La verdad es que no tuve suerte con las clases pero seguí leyendo mucho y creo que es lo que más me ayudó a aprender. Y años más tarde empecé a tener amigos latinoamericanos en Japón y de ahí muchas experiencias, algunas ya contadas y otras no.

Y…, en fin, resulta complicado aclarar cómo terminó uno aprendiendo un idioma que jamás había imaginado ni necesitado aprender, y cómo fue que mucho mejor se pudo aprender un idioma de manera autodidácta que otros idiomas de manera más formal. No sé pero en mi caso, muy particularmente, puedo decir que mucho mejor fue el español aprendido en los primeros tres meses que el francés en tres años. (Para que suceda esto, debe haber algún problema en el sistema educativo…) Y de todas maneras, creo que lo más fundamental fue la lectura indiscriminada porque luego de haber aprendido a leer, me parece que no fue un paso demasiado complicado aprender a hablar y escribir; eso más bien fue cuestión de acostumbrarse.

Bueno, la entrada está quedando bastante desordenada, que no sé si mejor terminar aquí o continuar….

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Cómo crear una cuenta bancaria en Japón

Acompañando a una señora latinoamericana que deseaba tener una tarjeta de débito que le permitiera sacar dinero desde su país de origen…

Su objetivo era bien claro: depositar dinero en Japón y sacarlo en los bancos o cajeros automáticos en su país de origen. Bueno, hay unos bancos japoneses y uno estadounidense que ofrecen tal servicio mediante sus tarjetas de débito comunes o especiales. Averiguo los datos y elijo Yokohama para punto de encuentro, porque ahí hay sucursales de todos los bancos averiguados. La idea mía era conversar un rato y comparar los bancos para luego decidir a cuál de los bancos iríamos, pero la amiga llega casi decidida ya, por el simple hecho de que el banco estadounidense opera en su país también (aunque después nos encontraríamos con que eso no sirve para nada), así que vamos directo.

Entramos y nos atiende un empleado japonés, que empieza por explicarnos las características de la cuenta y la tarjeta, pasando luego a preguntarnos el motivo para querer tener la tarjeta (presuntamente, la amiga viaja a su país unas cuantas veces al año para visitar a sus familiares, sobre todo una hija que está estudiando ahí, y en esas ocasiones no han servido tarjetas de débito de otros bancos japoneses…) y algunos otros datos más. Bueno, en resumen no es demasiado complicado: básicamente es que en Japón se depositaría el dinero en yenes, que desde el extranjero se podría sacar convertido en moneda local de cada país según la taza de cambio de VISA Internacional. Habría determinadas comisiones en cada operación, que se descontarían de la cuenta del usuario. Además de esta cuenta “normal”, se crearía automáticamente una segunda cuenta de ahorro en monedas extranjeras pero esta última sería solo para uso en Japón y en realidad no serviría para muchos en caso nuestro… Otro punto importante es que en este banco no es gratuito el mantenimiento de las cuentas, a menos que (1) se mantenga el saldo de las cuentas por encima de 500.000 yenes o (2) se realice por internet el trámite de apertura de las cuentas.

Bien, la amiga decide realizar el trámite ahora mismo, en la ventanilla. A ver…

El banquero le pide documentos de identidad, preferiblemente dos pero la amiga solo había traído su carnet de extranjería. Puede ser, pero la diferencia es que, en caso de presentar un solo documento, la tarjeta bancaria no se emitirá inmediatamente sino que se enviará por correo, demorando una semana aproximadamente. Bueno, un poco de demora…. no importa. Seguimos.

El banquero luego le pregunta en qué idioma desea rellenar el formulario, que puede ser en japonés o en inglés pero no en español… Bueno, es algo que no estaba escrito en ninguna parte de los folletos ni panfletos, pero se aclarar ahora que este banco acepta solamente a usuarios capaces de entender y rellenar el formulario en inglés o japonés…, buen obstáculo para los extranjeros no anglófonos en Japón. Teóricamente, yo estaba ahí para eso pero ahí resulta que el propio titular, y ninguna otra persona, tiene que rellenar el formulario. Pareciera un examen pero, bueno, no se está pidiendo redactar una composición sino tan solo rellenar (o, copiar del documento de identidad) los datos básicos como nombre, dirección, profesión, etc. La amiga decide seguir en japonés sin lograr completar nada. A mí me parece un extraño examen, que en realidad no tendría mucho sentido ya que por internet se aceptan trámites sin que nadie certificara quién manejó la computadora o quién tecleó (y por eso, el mismo banquero nos recomienda el trámite por internet…). Parecía que la derrota llegaría en cuestión de minutos, pero de repente cambia la situación cuando el banquero se acuerda de una cosa: Por si acaso… ¿usted usa nombre de medio? Y es que las personas con nombre de medio necesariamente deben usar el formulario en inglés. La amiga se salva, aunque no del todo…

La siguiente cuestión es sobre la ocupación (bueno, sería “empleada a tiempo parcial” como instructora de español…) y sobre el origen del dinero que se va a depositar (sería “salario”…). No debería ser muy complicado, pero desafortunadamente la amiga no se acuerda exactamente del nombre y dirección de su empleador (sea, su academia de idiomas)… “¿Este… estos datos son absolutamente necesarios?”Así es, señora, son absolutamente necesarios.” Vemos que entre las opciones de ocupación figura la de “ama de casa”, que no requeriría datos del empleo, así que preguntamos y el banquero no hace problemas. Así que la “ama de casa” se libraría ya del lío, pero no, porque al haberse convertido en “ama de casa” ahora tiene que explicar la procedencia del dinero, que ya no podría ser su salario. A ver, ¿ahorro del anterior trabajo (entonces, ¿seria necesario aclarar sobre el anterior trabajo?), ingreso de algún familiar (esposo, hijo…), o qué? Bueno, la amiga dice que sí tiene otro hijo en Japón… pero el banquero le pregunta su edad, para luego sentenciar que un menor de edad no puede trabajar ni ganar dinero. Parece bien riguroso el trámite. La amiga tacha lo de “ama de casa” y vuelve a marcar “trabajo a tiempo parcial”, y resuelve poner incompletamente el nombre de la academia de idiomas en el espacio del empleador.

Bueno…

La prueba ha pasado, por fin, y ahora solo falta definir los datos que poner en la deseada tarjeta de débito. Porque en la tarjeta, por cuestión de espacio limitado, a veces no se puede imprimir el nombre completo, así que ¿cómo desea que aparezca su nombre? Podría ser, por ejemplo, “PrimerNombre LetraInicialDelNombreDeMedio ÚltimoNombre”. Intentamos pero no cabe, así que optamos por eliminar completamente el nombre de medio, para poner solamente el primer nombre y el último nombre. (No sé cómo lo harían las personas con nombres más complicados, como “Fernanda María de la Trinidad del Monte Montes”, etc).

Y…

La última pregunta del banquero: ¿Desea registrar en la cuenta su nombre en katakana también? La amiga, teniendo cuentas de otros bancos así, contesta afirmativamente, y se aparta de la ventanilla porque justo en ese momento entra una llamada a su celular. El banquero mira la pantalla de su computadora para ingresar los datos, piensa y duda un rato y me dice que en su banco no se puede registrar en katakana los nombres con “nombre de medio”. Y, al no saber cómo está registrado exactamente su nombre en otros bancos, sería mejor que la amiga no registre aquí el nombre en katakana, porque pueden quedar impedidas las transacciones entre sus cuentas de diferentes bancos en caso de no coincidir exactamente el nombre en katakana con el registrado en otros bancos, problema que se puede evitar si se deja de registrar nada en katakana.

En fin, qué tal lío con la prueba de japonés e inglés, con la procedencia de dinero y con el nombre de medio. Bueno, el “examen de idiomas” podría parecer poco simpático pero ahora pienso que quizá está bien así, porque teóricamente el usuario, al solicitar el servicio del banco, debe haber leído y entendido la totalidad del contrato y otras explicaciones en letras chiquitas, y para eso es absolutamente necesario entender el idioma en que recibe el servicio. En cuanto al interrogatorio sobre el origen del dinero, supongo que será para contrarrestar lavado de dinero, crímenes organizados o cosas por el estilo; poco agradable pero sin demasiado problema para la mayoría de los clientes. Solo que el lío con el nombre de medio (¿o el “nombre de por medio“?),  me parece bien extraño porque, al menos, un banco extranjero en Japón debería estar ya acostumbrado a manejar diferentes formatos de nombres…

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