Archivo mensual: junio 2009

Transplante de órganos

Mi estado de ánimo sigue nublado y gris como el cielo en la temporada de lluvias (aunque haya días soleados también, si del tiempo se habla) por tanta inseguridad que siento por el futuro, en lo personal, laboral y todo, y sin querer presto más atención a las noticias sobre la economía y las medidas económicas del Gobierno, a ver si mi compañía sobrevivirá o no, o si habrá alguna otra posibilidad para mí… Bueno, eso ya veremos, y si ahora hay otra noticia que también me interesó, fue sobre la modificación de la Ley de Transplante de Órganos, aprobada en la Cámara Baja, que pretende hacer cambios para ampliar la posibilidad de donación de órganos:

  • Reconocer la muerte cerebral como la muerte de la persona de manera generalizada, cuando la actual legislación reconoce la muerte cerebral solo en caso de existir la posibilidad de donación de órganos (con la voluntad expresa del “fallecido” de donar sus órganos, y el consentimiento de sus familiares);
  • Permitir que personas de cualquier edad puedan ser donantes, cuando la ley vigente solo permite ser donantes a las personas a partir de 15 años.
  • Dejar de exigir que el potencial donante haya expresado por escrito su disposición a donar sus órganos, y permitir la donación de órganos solo con el consentimiento de sus familiares, a menos que el fallecido haya expresado su voluntad en contra. (En todo caso, actualmente existe una tarjeta que cada uno puede rellenar y portar para expresar su disposición a donar o no donar qué órgano: (1) Donar corazón, pulmones, hígado, riñones, páncreas, intestino delgado y ojos luego de caer en estado de muerte cerebral; (2) Donar riñones, páncreas y ojos luego de haberse confirmado su muerte con el corazón sin latir; o (3) No donar órganos. Existe también otro formato, de pegatina que se puede colocar en el reverso de la licencia de conducir)

Aquí lo que ocurre es que hace 11 años se ha legalizado el transplante de órganos de donantes en estado de muerte cerebral, pero de ahí ha habido muy pocos casos en la práctica, por lo restrictiva que es la actual ley, que sobre todo no permite el transplante de órganos de niños, por lo que los niños con ciertas enfermedades sin otra posibilidad que transplante para salvarse, típicamente viajan a EEUU para ahí esperar la oportunidad de transplante, un verdadero lujo que pocos se pueden dar, por el elevado costo y muchas otras dificultades… y de ahí muchos dramas así.

Bueno, la modificación aprobada por la Cámara Baja no se sabe si se convertirá en Ley, porque aún falta la discusión y aprobación por la Cámara Alta, y si, por ejemplo, antes se disuelve la Cámara Baja (situación bastante posible), el proyecto de ley se va al tacho de basura. No sé cómo va a ser pero creo que la actual situación tendría que cambiar, porque, más allá de los diferentes conceptos de la muerte y otros detalles, no me parece nada aplaudible que los japoneses dependan de órganos de donantes de otros países.

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Ecopuntos

Aún no debe ser la época, pero ya empiezan a sonar truenos una noche de lluvias torrenciales, en que un mánshon (no existe una definición clara de mánshon, pero generalmente se dice de edificios de viviendas colectivas, de construcción en hormigón armado y de tres o más plantas) cerca de mi casa recibe el impacto de la descarga del rayo, que daña el sistema de teléfono y otros aparatos electrónicos de los habitantes. Y dicen que es bien engorroso arreglar los daños en este tipo de vivendas, porque hay cosas que no se pueden tocar sino con consentimiento de todos los inquilinos. Bueno, por suerte no pasó nada en mi casa…. o ¿pasó algo?

Resulta que el mismo día de la tormenta eléctrica, el televisor de mi casa deja de funcionar, aparte de otro raro hecho de que el aparato de aire acondicionado se enciende sin que nadie lo haya tocado, cosa que me hace sospechar… ¿tendrá que ver con el rayo, o no? Bueno, tal vez no; solo que el aparato, por los años de uso, se ha puesto de mal humor, y el hecho es que no se enciende. Así que de ahí, durante dos días vivimos sin televisión, y luego, no se sabe cómo, de repente vuelve a funcionar. Volvemos a la vida con televisión, pero que no dura mucho… ya que este televisor, renegón o caprichoso, se apaga solito cuando ya no quiere trabajar, y se vuelve a encender cuando le da la gana. Sospecho que quizá el botón de encender, o alguna otra pieza, ha quedado flojo, y solo eso está afectando el funcionamiento del aparato entero.

En una situación así, recuerdo que antes (cuando yo era pequeño) solíamos llamar a la tienda de electrodoméstico o al fabricante, que luego mandaba a un ingeniero a nuestra casa a reparar el fallo, pero es algo que no hacemos hace décadas, porque sale más barato y rápido comprar un aparato nuevo. Da pena que por el fallo de una sola pieza tiremos el aparato, pero es una realidad… Si fuera solo para mí, yo creo ser capaz de vivir sin televisión pero, bueno, esta vez creo que seguramente terminamos comprando un televisor nuevo.

No sé cómo, pero todo esto coincide con la adopción del sistema de ecopuntos, una medida tomada por el Gobierno para recuperación de consumo interno y economía a través de la promoción de electrodomésticos ecológicos (con menos consumo de energía), que consiste en otorgar los llamados ecopuntos a quienes compren aparatos electrónicos de determinada categoría (televisores compatibles con la televisión digital terrestre, aparatos de aire acondicionado, o refrigeradoras) reconocidos como “ecológicos” entre el 15 de mayo del 2009 a 31 de marzo del 2010. El número de puntos otorgados varía de acuerdo al tamaño del aparato comprado, pero puede ser de 12000 puntos en caso de un televisor de 26-32 pulgadas, 10000 puntos para refrigeradoras de más de 500 litros, 7000 yenes para aire acondicionado de capacidad de 2.6kw, etc., y los puntos acumulados se pueden utilizar para comprar otros productos o servicios, o canjear por vales de compras (en cualquiera de los casos, un punto equivale a un yen). La idea sería, con este sistema, incentivar el reemplazo de aparatos viejos por más modernos y ecológicos, y así reducir el consumo de energía, algo que no me parece mal.

Bueno, a mí en realidad no me interesa demasiado tener un nuevo televisor; no estaría mal volver a la vida con la radio, pero lo que sí quiero es dejar de usar el actual televisor en el estado en que está, porque un aparato malogrado, temo que en cualquier momento pueda incendiarse.  Ya lo veremos…

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La familia monolingüe en Japón

Un domingo por la mañana. Justo a la hora acordada llego a la estación y ya me está esperando JL. Está con su hijo, que me saluda “¡Buenos días!”. Me parece bien que sepa saludar así en español, pero lo que no me parece muy bien es que ese “Buenos días” es la única expresión que sabe del idioma de su papá.  (Bueno, no es la “única” expresión en realidad, porque también sabe decir Adiós y Gracias.   Son tres únicas expresiones en total, y nada más)

Empezamos a caminar, y JL y su hijo conversan 100% en japonés, el nene con toda naturalidad y JL con acento de sudamericano, mientras que entre JL y yo seguimos hablando todo en español desde el día que nos conocimos, cuando JL aún era soltero. Bueno, no recuerdo cómo llegamos al tema pero JL afirma que habla a su hijo en japonés porque quiere que aprenda dos idiomas. Pero ¿qué? Está equivocado, porque en ese caso, no hace falta que un extranjero le hable en un japonés esforzado, para nada, porque al vivir en un ambiente 99,9 por ciento japonés (viviendo con su mamá y abuela que son japonesas y no hablan ningún otro idioma que el japonés, y yendo al jardín de infancia con todos los maestros y amigos japoneses, etc.) el niño aprende ya a hablar perfectamente el japonés…. Entonces, si JL deseara que su hijo aprendiera dos idiomas, lo que se necesitaría es que JL le hablara el otro idioma, el español. Y entonces, cada vez que JL conversa con su hijo en japonés, lo que está haciendo en realidad no es más que quitarle a su hijo la oportunidad de aprender las palabras y expresiones en español necesarias para hablar de lo que están hablando. Se lo comento y no sé cómo es posible que recién se dé cuenta. Declara que de ahora en adelante hablará a su hijo en español… Bueno, bueno.

Seguimos caminando y a JL se le ocurre enseñarle su hijo la palabra peligroso. Le dice muy artificialmente pe-li-gro-so, y le explica en japonés que “peligroso significa abunai”. Bueno, creo que cuando yo tenía la edad del hijo de JL, no creo que mi papá me enseñara que abunai era el equivalente de la palabra española peligroso, sino que… no sé pero de repente me habrá dicho algo como “Mira que pasan carros, que te pueden atropellar, y te va a doler…”. Y pienso que eso es lo que ahora debe hacer JL con su hijo en español, pero eso no ocurre.  Peligroso es abunai, y punto.

En camino nos detenemos un rato a conversar de algo, y el niño quiere que sigamos avanzando. Y ahora a JL se le ocurre enseñar la expresión “Espera un momento”. Muy artificialmente pronuncia Es-pe-ra un mo-men-to, y agrega en japones que eso significa choto matte. El niño ahora intenta imitar lo que JL acaba de decirle: Esupe… ¿Esuperando? No logra decirlo, pero no insistimos.  Y para decirle que espere un momento, agrega en japonés “porque estamso conversando”.   (Y no sé si cuando yo tenía la edad de este niño, mi padre tuvo que explicarme en español que Chotto matte significaba Espera un momento. Creo que no…  De frente me habrá dicho todo en japonés “Porque estamos conversando…)

Luego entramos a un restaurante de comida latinoamericana, y los adultos (el dueño del local, JL, y yo) hablamos todo en español con toda naturalidad, el niño sigue hablando 100% en japonés, y todos les hablan en japonés porque es un niño japonés, y al niño japonés se le habla en japonés… (aunque es también latino, legal y genéticamente)

Si me dijeran a mí que conversara en español con cualquier amigo japonés (sin ningún conocimiento de español), nunca seré capaz de hacerlo, y más fácil me resultaría intentar enseñarle unas cuantas palabras españolas a un perro… Y es exactamente lo que ocurre con JL ante su hijo japonés.

Bueno, el caso de JL debe ser el más extremo de todos, y también he tenido contacto con casos menos graves pero, en fin, se necesitará bastante esfuerzo de los padres, si se desea que sus hijos sean bilingües. Los artículos que leo en los periódicos y revistas que hablan del tema, siempre dan las mismas recomendaciones: Que no se deben mezclar los idiomas; Que cada uno hable siempre en su idioma (el papá latino en español y la mamá japonesa en japonés, etc) a su hijo y nunca cambiar de idioma; Que el papá latino no debe hablar en japonés a su hijo, y cuando el hijo le habla en japonés, hay que exigirle que repita en español lo que acaba de decir en japonés, para así mantener la comunicación enteramente en español entre hispanohablantes, etc. Que cada uno siempre hable en su idioma con su hijo, pareciera fácil pero no es así. La verdad es que yo hasta ahora no he visto una pareja internacional que cumpla con esta recomendación, por diferentes motivos…

Bueno, el asunto es de cada familia, donde yo, un simple curioso, no estoy para meterme en nada, pero mañana voy a asistir a una Conferencia sobre Bilingüismo e Identidad Cultural, donde se hablará de “La riqueza y el reto de la familia bilingüe en Japón” y “Bilingüismo e identidad cultural para los hispanohablantes en Japón”. Interesante tema que me atrae, a pesar de que no sirve para nada para mi trabajo…

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Vida cotidiana

Aún recuerdo la sorpresa que me llevé cuando, al abrir y empezar a leer el periódico, encontré que faltaba una parte de la portada, donde al parecer salía un formulario, un cupón de descuento o algo así, pero que no estaba… Bueno, si esto sucediera en casa, no sería tan extraño; seguro que alguien habrá recortado algo útil que encontró, y punto. Pero si esto ocurre con un periódico que acabo de comprar en un quiosco en la calle… ¿Será el vendedor el responsable del hecho? ¿O será que equívocamente compré el ejemplar que no estaba a la venta, sino para uso personal del vendedor? No lo sé, pero lo cierto es que así pude tener un recuerdo original más, algo que solo sucedió en Latinoamérica. Y me gusta tener experiencias diferentes cuando estoy de viaje.

De todas maneras, yo no suelo recortar las páginas de los periódicos (recurro al escáner o fotocopiadora cuando necesito guardar alguna información), pero esta vez… Con tijeras recorto un anuncio (que debe ser el original y no una fotocopia), para remitirlo a la dirección y esperar una semana, a ver si tengo suerte.

Y mi suerte llega por correo:

japones

O, en realidad no se necesitó tanta suerte sino solo cuestión de rapidez, porque este premio era para las primeras 10 personas en remitir el aviso recortado. Como sea, es un libro de ayuda para conversaciones diarias entre japoneses e hispanohablantes en Japón, editado para que el latino pueda señalar con un dedo las palabras o expresiones deseadas (que aparecen siempre con dibujos y traducciones) y que su interlocutor japonés pueda entender lo que quiere decir su amigo. En las librerías abundan libros parecidos para los japoneses que quieren salir de paseo al extranjero (para turismo y compras, sobre todo), pero este libro que me llegó es para los extranjeros que viven aquí, y para eso recoge informaciones interesantes. Bien sencillo, pero espero que sea un libro de mucha utilidad.

No es algo muy grande, pero una pequeña alegría.

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Mordeduras

Estoy esperando que baje el precio del DVD de la película española [REC] que encontré en una tienda de libros usados hace varios meses pero es bien caro todavía. Espero pacientemente porque no es nada urgente, pero algún día me gustaría tenerlo en mis manos, no tanto por el terror sino por una escena que contiene, donde se puede observar la imagen que algunos (solo algunos) españoles tienen de los asiáticos. Pero, bueno, creo que ahora me atrae también la historia en sí… esa rara enfermedad que se va trasmitiendo de persona a persona (y sospechosamente, de perro a persona también) a través de mordiscos, y cuyo infectado, al instante se vuelve loco, monstruosamente violento…

Por mucho tiempo también, sigo con ganas de leer la novela original de Del amor y otros demonios. Una vez la leí ya, pero fue en japonés y en tiempos inmemoriales, así que ojalá un día pueda encontrar el libro, en el idioma original y a precio de ganga, a ver si ahora comprendo mejor la historia… Y su adaptación a la película, bueno, no sabía que existía pero espero que llegue a Japón también.

Mi espera sigue, pero lo que no esperaría sería que me sucediera lo que sucede a la Ángela de [REC] o a la Sierva María de Del amor y otros demonios… Bueno, al menos el doctor me dijo hoy que es poco probable que me haya contraído alguna enfermedad, porque de haber habido una infección, ya deberían haberse manifestado sus síntomas. Ojalá que el doctor no esté equivocado. En todo caso, fue el jueves de la semana pasada (sea, hace nueve días) que, al regresar del trabajo y al pasar al lado de un perro grande, tan o más grande que su amo que parecía ser un niño de primaria, el can suelta un ladrido nada amigable y no duda en morderme en mi pierna derecha, cosa que ocurrió en un instante y a la que realmente no le encuentro razón alguna. Siento el dolor y miro atrás (ya que la bestia me atacó desde mis espaldas), y el niño reprende al animal, que me suelta de una vez. Menos mal, aparentemente, fue que el mordisco fue sobre mis pantalones, no tan fuerte, y la herida fue muy pequeña, sin sangrado. Pareciera ser una leve rasguñadura, con que no vaya a pasar nada… Y de hecho, no he tenido inflamación, fiebre, enrojecimiento, pus, ni ningún síntoma muy visible, pero la verdad es que me queda una rara sensación: No sé describirlo muy claramente, pero desde el día del incidente, siento como que la pierna mordida está muy cansada pesada… aún sin caminar nada. Y ocurre eso, sobre todo cuando estoy sentado en la silla y con la rodilla doblada, pero no tanto cuando estoy caminando. No sé qué ocurre, y el no saberlo me preocupa, y en fin, decido ir al hospital.

Le digo al doctor lo que pasó y lo que siento.  El doctor revisa el estado de la herida, bien pequeña y casi desapareciendo, descarta la posibilidad de infecciones, por el tiempo que transcurrió sin síntomas aparentes. Me toma la temperatura corporal, y es normal.. Decide sacarme radiografías, que pueden servir para detectar la presencia de ciertas bacterias anaerobias metidas y activadas debajo de la piel, y esta vez no detectamos nada. Y al final me pregunta si tengo dificultad al hablar o al abrir la boca, etc., que vendría a ser el síntoma inicial típico de tétanos, y eso no me está pasando, hasta el momento.

La conclusión: Poca probabilidad de infecciones; lo que ahora siento podría desaparecer con el tiempo, y a lo mejor podría aplicarme alguna cataplasma. Muy optimista el doctor, que ojalá no esté equivocado.

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Relojes

relojsolar

Se supone que los relojes se pueden dividir en dos grupos: Los que miden fracciones de tiempo (al igual que los cronómetros para deportes, pero una vez ajustada su cuenta a la hora estándar de la zona, la medición del tiempo transcurrido indica la hora exacta), y los que directamente miden la hora, y no la acumulación del tiempo transcurrido. La gran mayoría de los relojes pertenece al primer grupo (ya sea de cuarzo, de péndulo, de cuerda, de átomo, etc), pero hay uno que pertenece al segundo grupo: el reloj de sol, que funciona con el sol, y no necesita el ajuste de cuentas como otros relojes…

Bueno, ahora tengo un reloj de pulsera que de alguna manera tiene características parecidas a las del reloj solar (aunque por dentro, nada que ver…), y es que funciona con el sol (bueno, “con panel solar”, mejor dicho, con que recarga su pila) y no necesito ajustar la hora (bueno, yo no ajusto nada, pero el reloj se ajusta a sí mismo, recibiendo automáticamente la señal de radio de hora estándar japonesa una vez al día, con que siempre marca la hora exacta, con menos de un segundo de atraso/adelanto).

El saber la hora exacta me ayuda, porque, por ejemplo, caminando de casa a la estación de tren para tomar el mismo tren cada mañana, puedo saber el tiempo que falta y de ahí acelerar el paso o no. (Si pierdo ese tren de siempre, no pasa nada en realidad, porque puedo tomar el siguiente tren e igual llego a la oficina a tiempo, pero para mí es importante poder tener esos siete minutos de tranquilidad). Y con lo del panel solar, la verdad es que tengo una duda: Si se trata de un sistema que funciona con un panel solar y una pila recargable, esta pila no se sabe cuántos ciclos de recarga/descarga resistirá. Si bien no se desecha de una vez, tampoco tiene vida eterna y algún día se tendrá que cambiar para seguir usando el reloj. Cuando hay algunos otros modelos de relojes que usan pilas no recargables y duran 5, 8 ó hasta 10 años, ¿la pila recargable usada con panel solar durará tanto o más tiempo? ¿O será que, sin cambiar mucho su tiempo de vida útil, sale más barato o gasta menos recursos/energía para su fabricación? Sería interesante investigarlo.

De todas maneras, si yo antes andaba con un reloj que llevaba ocho minutos de adelanto y me acostumbraba a tomar en cuenta esa diferencia para calcular la hora, lo cierto es que resulta cómodo tener un buen reloj. Y son cosas que se me ocurren para el día de hoy, 10 de junio, Día del Tiempo (o Día de Puntualidad) en Japón.

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Candy y Marco

– ¿Has escuchado esta canción?

Le pregunto y le paso el auricular de mi pequeño aparato reproductor de mp3. Es una grabación de En boca de todos, un programa radial de información sobre la farándula, con la participación de sus oyentes que dan sus opiniones a través del teléfono y con entrevistas y que yo no dejo de escuchar siempre que pueda. Normalmente no sería buena idea tratar de compartir algo así, un programa de radio de Sudamérica, con una amiga japones que sabe muy poco español, pero esta vez pienso que puede suceder algo.

Y ese algo sucede. La amiga reconoce la canción al toque, y con mucha alegría empieza a cantarla, aunque la letra es diferente: La amiga canta en japonés cuando por la radio escuchamos la canción en español, pero de todas maneras la música es la misma, es la canción de Candy Candy. Y es que el invitado hoy del programa es el autor de muchas canciones en español de series de monos animados (o “dibujos animados”) que resultan ser producciones japonesas en muchos casos, como Marco, Heidi, Abeja Maya, Ángel, además de Candy Candy.

Es impresionante cómo la amiga conserva los recuerdos de estas canciones, que aún logra recitar, casi, mientras que su pareja nos cuenta cómo, en su infancia en su país de origen, los niños dejaban de jugar y se apresuraban a volver a casa al llegar la hora de trasmisión de Marco, y sí, también recuerda su canción en español, con la letra y música diferente que la versión en japonés… (Y me parece increíble que una serie como Marco, producción japonesa de historia ambientada en Sudamérica, haya sido aceptada tanto en Japón como en Sudamérica…). Y nos ponemos a conversar un buen rato sobre lo que recordamos o no recordamos de los viejos dibujos animados, a pesar de que no somos especialmente aficionados a estas cosas, y es que pareciera que las canciones escuchadas después de tanto tiempo, nos hubieran mandado de vuelta a la niñez, donde parece que hemos tenido tantos recuerdos en común, sin barreas de idiomas ni fronteras (aunque eso sí, no todos hemos visto todas las series mencionadas; hay series que ni habíamos escuchado mencionar).  Es algo que pertenece al pasado, que debe ser muy diferente a la niñez de ahora, que ya desde el principio tiene su internet, computadora, videojuegos y todo, y con dibujos animados que no son los mismos de antes pero, bueno…

Una animada conversación y unos ricos alfajores. Fue un domingo lluvioso.

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