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Lectura electrónica (2)

Si bien mi principal motivo para tener un android fue el de contar con un aparatito GPS y una especie de “cronómetro inteligente” a la hora de correr, luego me empieza a parecer bien aprovechar algo de sus otras funcionalidades. De ahí es que, aunque no muy plenamente (por ser una pantalla tan chiquita), empiezo a probar algo de lectura electrónica, tema del que ya se ha hablado varias veces.

Lo primero que probé y ya no dejo de usar todos los días es esta aplicación, que permite leer los periódicos de la editora Sankei Shimbun en su totalidad. Lo particular de este caso es que:

Permite leer la totalidad de sus periódicos (con todos sus artículos, gráficos, fotos y todo en el mismo formato que la edición impresa), mientras que muchos diarios en línea solo colocan los principales artículos, titulares, resúmenes, etc. y eso nunca es lo mismo que leer la tradicional edición de papel de periódicos.

Y ofrece gratuitamente este servicio en caso de sus dos publicaciones diarias (edición matutina del periódico del mismo nombre, Sankei Shimbun, de temas generales, y otro diario llamado Business i, especializado en economía y negocios), aunque sí cobra precios en caso de sus otros periódicos (edición vespertina del Sankei Shimbun, y otro tabloide llamado Sankei Express).

Bueno, si es gratis, no se pierde nada por probar y, al menos, me parece conveniente poder leer Business i, porque así me mantendré más informado sobre la economía (y es que desde antes leía y sigo leyendo otro conocido periódico pero no solía leer uno de economía). Y…, bueno, dado el tamaño de la pantalla, no es cómodo pero sí que sirve. Creo que esto también podría ser para quienes estudian japonés y desean intentar un periódico japonés plenamente.

Aparte de leer unos periódicos, tuve también la curiosidad de probar la aplicación del famoso Kindle, que no dejaba de llamarme la atención. Bueno, antes de conocer su verdadera funcionalidad, capacidad o potencia, mejor empezar por cosas gratuitas, así que de entre sus libros electrónicos gratutos, termino eligiendo Wagahai wa neko de aru. Recuerdo que, cuando era chico de edad de primaria, tenía la edición impresa de esa clásica y tan conocida novela pero sin leer prácticamente nada; solamente los primeros párrafos y las últimas páginas nada más, así que ahora no estaría mal re-descubrir algo de literatura japonesa, al mismo tiempo de probar lo que vendría a ser mi primer libro electrónico de literatura. Y la verdad es que fue bien interesante la obra, y sí que disfruté. Bueno, de “Soy un gato” ya existen varias ediciones en castellano, que no serían demasiado difíciles de conseguir, así que si un día se animan, luego me pueden comentar qué tal les pareció.

Y ahora…, bueno, ahora me estoy animando a leer otra novela en mi android.  Es para la reunión de este mes del Club de Lectura y quiero terminar de leerla a tiempo (para el último sábado de febrero), situación en que resulta realmente conveniente poder encontrar/conseguir tal o cual obra en cuestión de segundos, aun en caso de que no haya existencia de su ejemplar impresa en ninguna parte del territorio japonés.

Bueno, por ahora solo estoy comenzando pero después ya veremos si de repente decido un día dar un paso más… o menos.

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Gaijin

 

Últimamente parece que está de moda cierto formato de programas televisivos aquí para presentar la vida de ciudadanos japoneses que en el exterior, especialmente aquellos que viven en regiones o países jamás imaginados por los japoneses comunes y corrientes y que llevan estilos de ida igualmente inimaginables. Uno de esos programas se llama más o menos ¿Por qué vive un japonés ahí, en el mundo? – Increíbles dramas de la vida (viernes por la noche), otro se llama ¡Los encontramos en las aldeas del mundo! – Japoneses en lugares así (viernes por la noche… justo después del programa citado antes) y hay más programas como ¡Lo vieron las esposas japonesas en el mundo!, “¡Encontramos en remotos lugares del mundo! – Restaurantes japoneses”, etc… Bueno, no sé si la existencia de tantos programas parecidos (algunos más o menos serios y otros no), será signo de que tantos japoneses están interesados en el tema o meramente se trata de una idea original de un productor y muchas imitaciones para ganar ráting de manera fácil, pero en todo caso puede ser una oportunidad para ver, de manera entretenida, diferentes formas de vida, de los japoneses poco “estándares” y de los habitantes locales de cada lugar, y es algo que no me disgusta.

 

No sé si habrá posibilidad de ver sus videos en español…, creo que no, pero si es para pensar un poco en inmigrantes japoneses en el mundo, aquí acabo de leer una novela “Gaijin” de Maximiliano Matayoshi, que sí está en español y es una historia de un adolescente okinawense que se va a vivir a Argentina poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial. El libro no da datos estadísticos ni explica ciertas circunstancias sociales (por ejemplo, el porqué de tantas tintorerías administradas por inmigrantes japoneses en la Argentina, mientras que en otros países de Latinoamérica hubo más inmigración para ser agricultores), sino que se centra más en experiencias personales del protagonista, y aun así no deja de ser interesante, especialmente para quienes comparten algo de esa vida de inmigrante o tienen contacto con esas personas, y quizá también para los gaijin interesados en la forma de pensar de los japoneses.

 

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Feria de libros (2)

En la feria no quería dejar de ver, entre otras cosas, libros importados, y justamente para amantes de libros del extranjero había una sección de ofertas… pero lo malo es que cuando se dice “libros extranjeros” aquí, es sinónimo de “libros en inglés” (y un poco de libros en francés y alemán). Lamentablemente en la sección de oferta no encontré ni un libro en español. Encontré algo de literatura latinoamericana, como Like water for chocolate y Aunt Julia and the scriptwriter, pero solo en inglés. También hubo oferta de la famosa novela 1Q89 de Murakami Haruki, que se vendía al precio de cuatro lata de Coca Cola, que me pareció una oferta bastante buena pero lamentablemente no leo novelas en inglés… (y en cuanto a la misma 1Q89, diré que yo no suelo seguir los bestsellers solo por el hecho de ser bestesellers pero debe ser bueno saber de qué se trata si es algo de la literatura japonesa con tanta aceptación aun en el extranjero). Bueno, ahora creo que debí haber comprado un ejemplar o dos de 1Q84, que aunque no para mí, hubiera podido ser para regalar. La próxima vez que encuentre tal oferte, ya sé qué voy a hacer.

Siendo una feria internacional, había también muchos puestos que presentaban libros de diferentes países, de sean de editoriales extranjeras o de gobiernos, entre los que me pareció interesante la presencia de no pocos países islámicos, como Irán, Malasia, Arabia Saudí, etc.

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Arabia Saudí, sobre todo, contaba con un espacio bien amplio donde, además de libros, exhibía utensilios típicos de su país, fotos, probador del vestido típico árabe, demostración de pintura en arena y de caligrafía árabe, etc.

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Aquí sentí bastante curiosidad por saber más, y es que también era practicante de este tipo de arte el protagonista de una novela que había leído recientemente, La mano de Fátima, donde abundan escenas sobre sus prácticas y preparación de sus herramientas. O, si de la mano de Fátima se habla, quizá hubiera sido interesante preguntar algo sobre ese mismo símbolo pero la verdad es que no me atreví, porque sentí miedo de decir cosas indebidas sin saber… (No habría habido problema si se tratara de comentarios sobre alguna obra literaria saudí, pero si es que en realidad solo había leído una novela española…)

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Feria de Libros (1)

No sé cómo se le ocurrió a mi nuevo vecino de escritorio en el trabajo pasarme la información e invitación de la Feria Internacional de Libros de Tokio, de la que yo había oído hablar muchas veces en anteriores ocasiones y que me atraía de cierta manera aunque nunca había tenido tiempo para ir a verla hasta el momento. De todas maneras, así me enteré esta vez, y justo estábamos a tiempo: era viernes y el sábado siguiente era el último día de la feria. Así que me animé.

Bueno, algunos dirán que parece una excursión de niños escolares pero, como siempre, me gusta desplazarme de diferentes maneras y por eso esta vez opto por el bus acuático para llegar al local, que queda en la zona costera de Tokio.

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En esta área de Tokio hay otras rutas fluviales que pueden ser más netamente turísticos pero eso sería para otra ocasión ya, y por ahora volver al tema de la feria de libros, que de verdad fue impresionante, por la cantidad de visitantes y de expositores, y eso sucede cuando muchas veces se dice que “la gente lee cada vez menos” o cosas así… Bueno, al ver esta multitud de gente que visita una feria de libros, pienso que todavía hay gente que lee, aunque no se sabe cuál sería la cantidad y calidad, etc.

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Como sea, lo primero que vi y toqué en la feria fueron varios aparatos para leer libros electrónicos, de diferentes marcas y tecnologías. Bueno, las tabletas Android y iPad no son novedades que digamos, pero sí lo fueron para mí los aparatos con la pantalla de “papel electrónico” o “tinta electrónica”, porque, aunque de teoría sabía mucho ya, por primera vez vi y toqué esos aparatos en directo. Y la verdad es que el papel electrónico me pareció bastante bueno y aceptable, y definitivamente mejor que cristal líquido si es para leer libros en blanco y negro (suficiente para novelas y periódicos aunque no tanto para revistas de moda, etc.) porque se ve casi lo mismo que el papel de celulosa y no cansa ni daña la vista, todo lo contrario de lo que ocurre con cristal líquido… al menos para mí (y es lo más importante para mí), así que creo que mi futura opción podría ser un aparato de papel electrónico para leer (quizá con otra tableta de cristal líquido para hacer otra cosa si es que llega un día que yo necesite trabajar de manera móvil).

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Descansando

Sigo frecuentando librerías de segunda mano porque ahí me gusta encontrar libros a precios de ganga y de temas/géneros bastante dispares, a veces nunca imaginados, y para mí es una forma de ampliar mi gama de lectura descubriendo cosas desconocidas. Bueno, lo bueno es que a veces tengo suerte y compro libros que me parecen bien interesantes pero lo malo es que luego no tengo tiempo, ni para leer su prefacio, y así solo voy acumulando libros no leídos. Y lo peor es que ya no puedo leer en la oficina porque últimamente apagan la luz durante la hora de descanso, por el tema de ahorro de energía… No tendría problema si mi escritorio estuviera cerca de la ventana, pero la realidad es lo contrario, resultado de lo cual viene a ser este listado de mis libros comprados y no leídos todavía:

Y de paso, algunos DVDs usados que he conseguido y no he tenido tiempo para ver todavía (aunque en este caso no es por la luz apagada en la oficina):

  • Voces inocentes de Luis Mandoki
    La vida de los niños salvadoreños en la época la guerra civil. Ya he visto esta película una vez en el cine pero me interesa verla de nuevo, yo solo o quizá con algunos amigos…
  • REC de Jaume Balagueró
    Otra película que ya he visto en el cine, que aparte del terror contiene ciertas escenas donde se puede observar la forma en que algunos españoles ven a los japoneses, coreanos y chinos, y por eso creo que podría ser también un pequeño material para analizar y buscar un mejor entendimiento mutuo.
  • Threshold de Charles Bowman
    Otra película de terror. Sin comentaros porque no la he visto todavía…

Bueno, ahora estoy en libertad temporal de fin/inicio de año y tendré por fin un poco de tiempo libre. Como siempre, no tengo planes para hacer gran cosa, pero ojalá pueda aprovechar el tiempo para algo útil o interesante y ahí, de repente un poquito de lectura también…

De todas maneras, que pasen un buen comienzo de año…

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La cucaracha

¿Qué vas a hacer si, al entrar al cuarto de baño, encuentras una cucaracha en la pared?

  1. Pegar un tremendo alarido, tan poderoso que llegaría quizá hasta el otro continente.
  2. Salir corriendo de ahí a buscar el insecticida en aerosol que seguramente tenías guardado en algún rincón de la casa.

Bueno, quizá no sirve para mucho el pegar un grito, que a lo mejor daría alerta al enemigo y le permitiría escapar, así que podría ser mejor la opción de buscar insecticida.

Y ¿qué vas a hacer si, ahí donde creías tener el insecticida, no lo encuentras y, en su lugar, solo aparecen dos latas de aerosol de otra cosa?

  1. Mini extinguidor de fuego
  2. Detergente para vidrios

Aquí no tengo la respuesta comprobada porque no he probado ninguna de las dos alternativas, pero estoy seguro de que funcionará perfectamente el detergente para vidrios mientras que quizá no el extinguidor. Y es que para matar cucarachas yo suelo usar el detergente de cocina, que es una poderosa y eficaz arma que diluye la grasa de la superficie de la cucaracha y tapa su conducto de respiración, provocándole la muerte casi instantánea por asfixia… sin necesitar nada de veneno. Así que, si funciona tan bien el detergente de cocina, supongo que dará el mismo resultado el de ventanas. Por otra parte, no se sabe qué contiene el extinguidor. En algunos casos, es agua básicamente y así no matará a nadie…

Bueno, el momento llegó hace unos días, con una cucaracha de mediano tamaño, bien quieta en la pared del cuarto de baño, que permanecía ahí aún después de mi búsqueda de armas. Perfecta oportunidad para comprobar la eficacia del detergente…, pero no. Salgo de ahí por segunda vez y busca algo en la cocina, donde encuentro un envase plástico vació, con el que vuelvo al baño y, medio minuto después, logro capturar la cucaracha, sana y salva, sin jamás tocarla directamente.

Con la cucaracha viva en cautiverio, bueno, en realidad no hay nada que hacer… solo observarla con mirada de entomólogo y, de todas maneas, asegurar que está bien cerrado el envase porque para nada quiero que la cucaracha salga a dar un plácido paseo por mi cuarto mientras que yo esté durmiendo.

A la mañana siguiente, todavía está viva la cucaracha y no sé qué hacer con ella. Para un niño sería una gran herramienta para hacer bromas o travesuras, pero esta vez opto por no hacer nada y…., en fin, como cualquier mañana (si no por el hecho de llevar la cucaracha) salgo y, a poco menos de un kilómetro de mi casa, le doy libertad incondicional al insecto.

Pues, nada. Es solo una tontería diaria, pero ahora me viene a la mente “El hilo de la araña” de Akutagawa Ryûnosuke, cuento ambientado en el infierno y cielo, donde el Buda en el cielo, al observar la escena de abajo, del infierno de estanques de sangre, decide darle una oportunidad de salvación a un condenado que, a pesar de haber sido un despiadado ladrón y asaltante, había obrado bien una única vez en su vida (dejando de aplastar una araña porque, porque se dio cuenta de que, por lo insignificante que sea, es un ser vivo y que él no debía quitarle la vida…)…

A ver, si es que uno puede salvarse del infierno por haber dejado de matar a una araña… ¿tendría yo esa suerte, por no haber matado a una cucaracha?

No… no es más que otra tontería mía.

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Cien historias

El verano aquí es la temporada de historias de terror, de fantasmas y otros seres/fenómenos sobrenaturales. No sé si tendrá que ver con el famoso período de Obon (en que se cree que los espíritus de nuestros antepasados nos visitan durante unos días, o sea, es un período de contacto con los no pertenecientes a este mundo), pero otra cosa que dicen es que al escuchar las terroríficas historias de fantasmas, sentimos un escalofrío y así, con ese (escalo)frío y con la sangre helada, nos “refrescamos” y soportamos mejor el calor de verano. No sé qué tan cierta puede ser esta teoría pero es lo que dicen y, de hecho, en verano los canales de televisión suelen (o “solían”, ya que últimamente no sé) trasmitir ciertas series, talkshows sobre el tema o películas de terror.

Recuerdo particularmente que hubo un especial llamado “El mundo que no conoces”, que de vez en cuando trasmitía un canal de televisión y que consistía, en cada edición, en reproducciones visuales dramatizadas de testimonios de horror de televidentes y consejos de expertos para cada caso…. Bueno, los testimonios eran típicamente historias de almas en pena de algunas personas que murieron guardando grandes rencores o deseos frustrados y que por eso se aparecen ante las personas culpables (o ante cualquier persona que por casualidad se ha metido en lugares no debidos) para vengarse o hacerles saber su sufrimiento. Y la solución: ceremonias budistas para apaciguar a las almas, y siempre respeto a las almas en tal condición…

Si se habla de “fantasmas ruidosos” que no descansan en paz por ciertos rencores o frustraciones en este mundo, recuerdo también El Fantasma de Canterville, pero las historias japonesas dan mucho más miedo, incomparable… Bueno, aparte de los testimonios supuestamente reales, obviamente hay un montón de ficciones y tradiciones, de las que podrían citarse algunas muy conocidas:

Para quienes deseen, además de solo escuchar las historias, ver de verdad los fantasmas o fenómenos sobrenaturales, existe una sesión de lectura denominada “Cien Historias”, donde se reúnen 100 personas en una sala con 100 velas encendidas. Uno tras otro, los asistentes van contando historias de terror, apagándose una vela cada vez que se termina de contar una historia. Cuando termina la centésima historia, el ambiente queda en una oscuridad total y en ese momento se supone que aparecen fantasmas reales… Bueno, es solo lo que dicen y aclaro que yo nunca he probado nada pero, averiguando un poco, resulta interesante encontrar relatos así incluso desde Argentina.

De todas maneras… Una noche de velas con un método de refrescarnos sin consumir nada de electricidad… ¿No sería ideal para pasar un verano como el presente de crisis energética?

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Atrapa tu sueño

Tío: A ver, chicos, ¿qué les gustaría ser cuando sean grandes?
Sobrino1:
Funcionario público.
Sobrino2:
Pues, nada en especial…
. . . . . .
SobrinoX:
Empleado fijo (sea, de contrato directo sin límite de período)..
. . . . . .
Tío:
Este… ¿No querrán ser deportistas profesionales, por ejemplo?
Sobrinos:
¡Ay, no seas tonto, tío! Hay que mirar bien la realidad.


Luego de la conversación con sus sobrinos (de 6-8 años de edad, más o menos) reunidos en la ocasión de Año Nuevo, el tío expresa su decepción en una carta, que sale publicada en el periódico más gran del mundo…

Bueno, lo normal sería que a la edad de los sobrinos citados, aún se guardaran grandes sueños por el futuro, sean fáciles o difíciles (o prácticamente imposibles) de alcanzar, y por eso resulta poco lindo el realismo tan serio de los sobrinos… pero lo cierto es que una vez pasada la edad de soñar, a lo mejor sus propios padres y otros adultos empezarán a inculcarles esa mismísima idea de ser funcionario público o empleado fijo de alguna empresa de renombre para trabajar ahí hasta la jubilación, que vendría a ser la imagen preestablecida de una vida estable y segura (sin temor a quiebras, desempleos, etc.), por más aburrida e insoportable que pueda ser esa manera de vivir, que tan fácilmente puede dejar de ser “vivir” y transformarse en meramente “aferrarse al puesto de trabajo y sobrevivir” quejándose permanentemente de lo fea que es esa monótona y rutinaria vida.

Un día de esos, de esa monótona y rutinaria vida que no es muy linda que digamos, por un brevísimo momento vuelvo a hacer algo que me gusta, participando en un festival internacional al aire libre con mis amigos que venden artesanías andinas…. Momento que de verdad pasamos bien, a pesar de tener esta vez la mala suerte de perdernos los choripanes del puesto albiceleste que tanto esperábamos, y la novedad en esta edición fue la exhibición de un carro de colección, con un gran cartel que dice “Spark your dream” que desafortunadamente no entiendo bien… Por curiosidad me acerco a mirar un poco y sus expositores están conversando con otros visitantes en inglés y también vendiendo un libro del mismo título en inglés, que al parecer habla de un viaje de Argentina a Alaska. ¿Serán unos aventureros norteamericanos? Sin pasar mucho tiempo ahí, vuelvo a mi sitio para no desatender el puesto de artesanías pero, bueno, más tarde tomamos un descanso y salimos a dar una vuelta por el parque… y pasamos de nuevo por ese curioso carro. El que parece ser el jefe está desocupado ahora y al ver mi camiseta me dice “I like your T-shirts”, pero desafortunadamente, yo no hablo tanto inglés, cuando mi amigo, igual empieza a hablarle en castellano y es entonces cuando se descubre que ese hombre era argentino y que tenía su libro en español también… Ahora sí, conversamos un rato sobre su increíble viaje y le compramos su “Atrapa tu sueño”.

Por el poco tiempo que teníamos, no terminé de entenderlo todo, pero luego de la feria empiezo a leer poco a poco el libro, y semanas más tarde, también encuentro un artículo de revista (páginas 12-18) sobre la misma familia y ahora sí, sé de qué se trata… Esa fascinante forma de vivir de verdad la vida tratando de atrapar el sueño, siempre en contacto con las personas y dejando de vivir meramente para sobrevivir dentro de lo preestablecido, con riquezas materiales…

Bueno, hace ya una eternidad que estoy resignado a nunca ser feliz en esta “normal” vida, y sé que para cambiar algo de mi vida, lo primero que necesito es dar el primer paso, como un día lo hicieron los Zapp… Bueno, la verdad es que entiendo y comparto perfectamente su mensaje, pero aún sigo sin tener la valentía para cambiar, no sé hasta cuándo…  Es que soy tan incapaz.

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Lectura electrónica

Antes de aquel fatídico día en que me mordió un perro desconocido, ya había conseguido el archivo en formato PDF de Del amor y otros demonios pero no lo había leído ni jamás lo leí. Para leer la novela esperé hasta el buen día en que encontré el libro en formato tradicional en una tienda de libros usados, mientras que el archivo PDF, solo lo usaba para realizar ciertas investigaciones muy innecesarias (para buscar, por ejemplo,  frases como “que costó trabajo enseñarla a que no se comiera sus propias miserias”, “Trató de enseñarla a ser blanca de ley”, “para enseñarla a bordar, y habían visto juntas el eclipse”, “Cayetano la enseñaba a leer y escribir”, etc., donde me llama la atención el uso de “enseñarla” y no “enseñarle”, algo que no me parece muy típico sino en las obras de Gabriel García Márquez).

Lo cierto es que los archivos digitales tienen sus ventajas (para usarlos como base de datos, etc), pero para leer largos textos, de literatura o de noticias, prefiero el formato tradicional, impreso en papel, porque no aguanto mucho la lectura en la pantalla de computadora, que cansa mucho la vista en mi caso. La situación cambiaría con el avance del llamado papel electrónico, que teóricamente presenta características (luminosidad, contraste, reflejo de luz exterior, etc) más cercanas a las del papel convencional que el cristal líquido, y por eso me interesarían más los aparatos con esta tecnología como Kindle que el popular iPad, pero, en fin, son cosas para el futuro, al menos para mí, y creo que por ahora seguiré con mi no tan moderna forma de leer. O así creía que iba a ser…

Sin embargo, ocurre que la modernidad me afecta tan de repente y tan directamente. Y es que esta misma noche acabo de recibir la última edición impresa de un periódico que leía desde hace más de una década. Se trata del único periódico publicado en español en Japón, que ya no va a salir en forma impresa y solo continuará su sitio en Internet de ahora en adelante. Este semanario, a pesar de su paupérrima calidad (capaz de confundir el Minshutô [Partido Demócrata] con el Shamintô [Partido Social Demócrata], escribir “Tokio” en lugar de “Hiroshima”, informar que Departures [“Okuribito”] es una película estadounidense, escribir como hecho concreto algo que aún no ha ocurrido, colocar en sus páginas un cuadro titulado “GLOSARIO” para explicar que un “despecho” (palabra aparecida en un artículo sobre los amores de una actriz) es un jimusho [oficina]… y errores por el estilo junto con numerosos horrores gramaticales y ortográficos cada semana), me permitía estar al tanto de las noticias de la colonia latinoamericana en Japón y compartir temas de conversación con mis amigos latinos, para comentar las noticias de Japón y Latinoamérica, etc., por lo que me gustaría seguir leyéndolo igual pero creo que quizá no tanto ya, por muchas inconveniencias antes que las ventajas. (Eso sí, sería una pena, pero parece que yo no soy una persona muy moderna….)

De todas maneras, lo concreto es que ya no tengo que pagar el periódico y se me ocurre que, con el dinero que dejo de gastar, podría ser interesante comprar alguna revista latinoamericana de vez en cuando, para seguir las noticias de la región y para no perder el hábito de lectura. A ver, ¿alguien me recomendará alguna revista interesante?

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“Me lo prestas ¿ya?”

– Mira este libro, que me prestó el amigo X. Está muy interesante.
– Ay, ¡qué bien! ¿Ya lo leíste?
– Sí.
– Entonces, me lo prestas ¿ya?
– Bueno… entonces voy a pedir permiso al amigo X cuando lo vea la próxima vez.
– Pero ¿¿para qué?? Préstamelo nomás. No seas malo.
– ……

El problema es que al tratarse de un libro que no es mío, yo tengo la obligación de cuidarlo bien y sin falta devolvérselo al amigo X en cualquier momento que él lo necesite o tan pronto como yo ya no lo necesite. Para cumplir con este compromiso, no debo incurrir en el “doble préstamo” (prestar a otro amigo ese libro que no es mío), a menos que me lo permita su propietario. Es la regla de “préstamo” para mí y creo que para muchos japoneses también, pero parece que no es así para muchos de los amigos latinos que he conocido…

Fue algo bastante chocante para mí al principio, pero estoy llegando a la conclusión de que algunos (¿no pocos?) amigos latinos, cuando prestan sus libros a otros, no esperan que se los devuelvan (o solo “prestan” los libros que no les importa que desaparezcan), y quizá por eso no se les ocurre evitar el “doble préstamo”, práctica que parece ser lo más natural del mundo para algunos… Para confirmar esta teoría mía, es que más de una vez he tenido conversaciones así:

– Mira, he traído el libro que me prestaste la vez pasada.
– Bueno, guárdalo si quieres. No hay apuro.
– ……

Bueno, en casos así no pasa nada, pero el problema es cuando yo presto mis libros a mis amigos latinos, sin darnos cuenta de que tenemos diferentes maneras de interpretar la palabra “préstamo”.

No pretendo generalizar las cosas y aclaro que aquí solo hablo de algunos amigos/casos aislados, pero es que he tenido experiencias así: Luego de haberles prestado los libros, pasan semanas, meses y años, y no me devuelven nada. Ni siquiera me comentan nada, si ya han terminado de leer o todavía, si les han gustado o no… Después de esperar una eternidad sin noticia al respecto, tengo la más firme convicción del mundo, de que mis libros deben haber quedado en el más profundo olvido de mis amigos, que ya a estas alturas jamás comenzarán a leer nada, o sea que ellos NO deben de necesitar mis libros mientras que yo sí. Un día me armo de valor y pido que me devuelvan lo que les había prestado. A regañadientes buscan el libro que seguro que no han leído ni les interesa leer ya, diciendo algo que yo no esperaba

– Pero, ¿¿¿¿¿es que no me los habías regalado?????

Bueno, si es así, yo preferiría que se usara el verbo “regalar” en lugar de “prestar” desde el principio: Que me digan “¿Me lo regalas?” y no “¿Me lo prestas?”. Y es que para mí, los libros interesantes no son para leer una sola vez. Son, más bien, como una base de datos que sigo consultando de vez en cuando, para repasar, recordar o citar los datos, informaciones, expresiones y palabras interesantes, etc…. y eso, especialmente sin son libros de temas que me interesan, como éstos por ejemplo.

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