Archivo mensual: diciembre 2007

Nochevieja

Después de andar tanto tiempo hablando de la “gran limpieza” y otras tareas de casa, por fin llega el día de hoy, Ômisoka, que es el último día del año en Japón. Hoy por la noche ya estaré dejando de trabajar y pasando un tiempo tranquilo, viendo por televisión ciertas escenas típicas de Ômisoka y comiendo los infaltables tallarines para desear una larga vida, para al final escuchar las 108 campanadas, que la verdad no sé si voy a escucharlas todas, ya que de repente me quedo dormido antes pero, bueno, no importa…

En la sala de entrada de mi casa ya está el kagamimochi, que no se debe de colocar a última hora sino en la noche del 30 de diciembre a más tardar… Y, bueno, confieso que yo no soy muy buen heredero de las tradiciones pero aún así, el cambio de año me trae una sensación muy especial, de paz, de renovación total y de deseos por el año que recién comienza, donde entre otras cosas quiero mantener una buena amistad con las personas que conocí en el 2007, algunas de ellas en esta misma blogsfera, sin descuidar las viejas amistades obviamente.

A partir de hoy, mi pieza está llena de luz. Y deseo que sea así el nuevo año 2008 también: Lleno de luz, y esperanza para todos.

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El amor perjudica seriamente la salud

Muchas empresas privadas y oficinas de administración pública de Japón entran a sus mini vacaciones a partir de hoy.  La mía también, cuando solo faltan tres días para el Año Nuevo y yo sigo con mi “gran limpieza” de casa, donde entre otras cosas me queda limpiar todas las ventanas de la casa, por dentro y fuera. Es un trabajo sencillo pero bien pesado, que debe ser un buen ejercicio para fortalecer los músculos de los brazos, aunque no pienso convertirme en un culturista.  De todas maneras, lo bueno es que ahora está escampando luego de haber llovido durante toda la noche.

Otra cosa que quisiera hacer es cambiar la lámpara de techo de mi pieza. No es que me interesen esas cosas particularmente; pero el problema es que hace un tiempo que no funciona como debiera. Enciendo la luz y no quiere hacerme caso; no reacciona nada…. hasta que 30 segundos, uno, dos ó tres minutos más tarde, de súbito se acuerda de la orden de su dueño y por fin decide encenderse. Es un aparato viejo (de décadas ya), y quizá sea la hora de que se jubile… Así es que, aunque no soy de las personas que se vuelven muy consumistas durante los días de fiestas, ahora sí espero encontrar una buena oferta en alguna que otra tienda de electrodomésticos.

Y si hoy es mi primer día de descanso, espero que no me acusen de ocioso si me doy un tiempito de diversión antes de poner las manos a la obra. Hay una película que quisiera ver, El laberinto del fauno… pero, bueno, parece que va a estar en la cartelera por unas semanas más, y no tengo que apurarme a ir al cine… así que por hoy opto por ver un video, que hace poco encontré y compré al precio de una lata de Coca Cola en un videoclub aquí cerca que se está deshaciendo de las cintas de VHS. Se llama El amor perjudica seriamente la salud (España, 1996).

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De la noche a la mañana

A veces escucho programas de radio por Internet, y uno de mis favoritos se llama De la noche a la mañana, que se trasmite de 0.00 a 04.00 horas (hora local, o por la tarde del día siguiente en Japón), con informaciones, humor, entrevistas, conversaciones, y siempre con la participación de los oyentes a través de teléfono. Escuchar en Japón las emisoras de radio de Sudamérica, era inimaginable hace 10 años, pero ahora es una realidad que me gusta. Y no soy el único, porque ahí a veces entran llamadas desde Japón, sobre todo de parte de la gente que viene de ese país a trabajar aquí. Creo que es una manera que permite a esa gente mantenerse en contacto, y especialmente en estos días hay quienes llaman al programa para mandar saludos a sus familiares en su país de origen. Yo solo escucho y no llamo, pero simpre me interesa saber lo que vive o lo que siente la gente aquí y allá. Y, bueno, si de mandar saludos se trata, ahora estoy contento porque mis paquetes y tarjetas que mandé hace dos semanas, ya han llegado a sus destinos, y me están llegando saludos de vuelta.

Muchos de los que escuchan De la noche a la mañana en su país, son personas que están despiertos de noche, estudiando, trabajando (camioneros y taxistas, entre otros) o por otros motivos… y hablando de estas cosas, ahora no dejo de pensar en las personas que trabajaron aquí anoche para cambiar, de la noche a la mañana literalmente, el look de Kurisumasu por el de Año Nuevo en muchos establecimientos comerciales. De arbolitos ornamentados a adornos de pino y bambú…

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El Año del Cuy

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El cuy es un roedor de 15 centímetros aproximadamente y domesticado en países andinos como Perú y Ecuador, donde se convierte en una importante fuente de proteína (o sea, se come). Es de la familia de conejillo de indias, a la que también pertenecen otras especies domesticadas para ser mascotas, como la que se conoce como “Morumotto” en Japón o “guinea pig” en inglés. Y por eso es interesante para mí ver que ciertos amigos míos, al visitar el zoológico y pasar por la sección de “Morumotto”, dicen “¡Qué rico!”, en lugar de “¡Qué lindo!” o “¡Kawaii!” como dirían muchos otros amigos.

A muchos amigos japoneses no les da mucho apetito comer un roedor así, y puede suceder lo mismo incluso con algunas personas de los países mencionados porque, al parecer, la costumbre de comer cuy es más común en la Sierra pero no tanto en la Costa. Yo sí he probado cuy unas veces y… ¿el sabor? Creo que en algo se parecía a pollo o a cierto plato de pescado frito, en mi impresión, pero la verdad es que no recuerdo muy bien ya que hace tiempo y además, debe ser diferente comerlo en Japón que en los países de origen..

De todas maneras, hoy, lunes de descanso (porque ayer fue un feriado nacional que cayó domingo, y cuando sucede esto, se descansa el lunes siguiente aquí) aprovecho el tiempo para seguir con mi “gran limpieza” y elaborar mis tarjetas de Año Nuevo, en las que esta vez pienso colocar una foto de cuy, porque el 2008 es, según el zodíaco chino, el Año del Cuy…..perdón, “del Ratón” para ser más exacto pero, bueno, son animales parecidos y parientes, así que espero no haya problemas.

El zodíaco chino tienen doce animales: Ratón, Buey, Tigre, Conejo, Dragón, Serpiente, Caballo, Oveja, Mono, Gallo, Perro, y Jabalí en este orden. Ahí figura el ratón pero no el gato, porque cuenta la leyenda que….

Un fin de año Dios dio una orden a los animales, para que acudieran a él la mañana del primero de enero, con la promesa de que los primeros 12 en llegar, quedarían elegidos para ser el “animal del año” en un ciclo de 12 años.

El gato no escucha bien las palabras de Dios, y el ratón le dice una fecha equivocada para tener un rival menos. El gato, tranquilo acude la mañana siguiente de la fecha indicada por Dios, y así queda descartado del zodíaco. Y dicen que es también por este incidente de engaño que el gato sigue persiguiendo al ratón hasta el día de hoy. (Bueno, he leído en alguna parte, que el gato sí figura en el Zodíaco de Vietnam, qué interesante.)

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23 de diciembre

Estoy leyendo un libro que se llama “Ecuador, Patria de todos”, que a pesar de ser un manual editado para los estudiantes de bachillerato de ese país, resulta interesante también para lectores que no son estudiantes ni ecuatorianos, porque permite saber lo que estudian los propios ecuatorianos sobre su país, que puede ser algo diferente de lo se enseña de ese país en la clase de geografía/historia mundial en el secundario de Japón, por ejemplo. Y mi deseo es tener libros similares de otros países como Argentina, Chile, México, Perú (por orden alfabético, y solo para mencionar los países de amigos que hasta el momento han aparecido en este blog) también.

Ahora voy por el capítulo que habla de símbolos nacionales (banderas, escudos, himnos, etc), y al mismo tiempo recuerdo haber oído hablar de “Día de la Bandera”, “Día del Himno Nacional” que no solo hay en Ecuador sino en algunos otros países…. También comento que he asistido unas veces a eventos de fiestas patrias de algunos países latinoamericanos, donde he visto la manera en que sus ciudadanos cantan su himno. Y me da la impresión de que los símbolos nacionales son algo que por encima de toda diferencia de opinión, credo, raza, clase social o lo que sea, representa al país y une al pueblo entero, lo cual ciertamente me parece lindo (cuando también hay países cuyos símbolos nacionales no cuentan con la aprobación de todos…). Bueno, otro caso, algo chistoso pero real, que recuerdo es de un agente de policía japonés que gracias a los himnos no se dejó engañar por un pasaporte falso: Detiene a un sujeto con un pasaporte de dudosa autenticidad, y entonces se le ocurre ordenarle al sospechoso que cante el himno de su supuesta patria, a lo que el detenido no logra responder de manera correcta, porque su nacionalidad es otra…

Y, bueno, pienso que hoy podría ser un día para hablar de estas cosas, porque el 23 de diciembre es cumpleaños del Emperador, que es el “símbolo de la unidad del pueblo japonés” y cuyo estatus se basa en el consenso de todos los ciudadanos, según la actual Constitución del Japón vigente desde 1947. El actual emperador, Akihito, que hoy cumple 74 años, es el 128º en ocupar el “trono de crisantemo” de una dinastía que es considerada la más antigua del mundo, con su origen que se remonta al año 660 a.C., aunque no se sabe a ciencia cierta si existieron de verdad o no los primeros 10-15 emperadores que son más bien unos personajes míticos. Y pasando ya a la Modernidad, bajo la antigua Constitución del Gran Imperio del Japón (1889-1947) el emperador era sagrado e inofendible a la vez que era soberano de la Nación, y durante la Segunda Guerra Mundial el entonces emperador, Hirohito, se convierte en Dios-hecho-Hombre al que los japoneses fueron obligados a rendirle culto y a estar dispuestos a morir por él, en tiempos sin libertad de opinión ni de credo. Tras el término de la guerra se emite un edicto en 1946 para negar la deidad del emperador y afirmar que es humano, y luego se adopta la nueva Constitución del Japón, donde el emperador pasa a ser un “símbolo”, tal como lo es actualmente el Emperador Akihito, hijo de Hirohito.

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Córdoba (2)

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A las 8.30 aparece PH y salimos a pasear por la Catedral y el Cabildo, el Museo Histórico de la Universidad, donde hacemos unas “visitas guiadas” con unos turistas más. Cuesta algo de 3-5 pesos (re barato comparado con lo que puede costar en los museos del Japón) y las guías, seguramente estudiantes voluntarias, nos explican la historia de los jesuitas aquí y su expulsión, sobre el interior de la construcción, sobre la catacumba en el subterráneo de la iglesia, donde las personas distinguidas tienen el privilegio de ser sepultadas en los mejores espacios y para lo que el suelo de mosaico se puede despegar fácilmente… o sobre la madera de cedro que fue traída de Paraguay porque en Córdoba no se conseguí material adecuado, etc. Bueno, antes de escuchar explicación, todo es impresionante, su estilo y tamaño de construcción, las piezas artísticas y religiosas, pero la historia también me parece interesante, al pensar que los jesuitas también llegaron a Japón en el siglo XVI, algo que nos enseñan también en la clase de historia japonesa en el primario y secundario. Pasamos también a ver la biblioteca de la universidad, y a averiguar algo sobre las clases o exámenes de PH, que es estudiante de Derecho de esta misma universidad.

Otro sitio que visitamos fue la Casa del Marqués de Sobremonte, una antigua casona que ahora es un museo, con cosas de la vida tradicional, y así voy curioseando también por cosas no religiosas.

Entramos a una heladería de recomendación de PH a descansar un rato, y noto que oigo una voz que dice “¡La vooooooooz!”, que fue la voz de un vendedor de La Voz del Interior, que corren por la calle anunciando el nombre de su periódico. Bueno, no estaría mal comentar que no recuerdo haber vendedor así de periódicos en Japón, donde lo más común es que cada hogar se suscriba a un periódico para recibirlo todos los días en casa. (se supone que en Japón se imprimen un total de 54 millones de ejemplares de periódicos, de los que solo un 6% se vende en los quioscos u otras tiendas, porque el resto llega directamente a los hogares suscriptores…)

A la una nos despedimos porque PH tiene trabajo, y yo voy a ver la estación de tren. En un mapa que sale en mi guía turística aparece una estación de tren, a unas cuadras de la Plaza San Martín y me interesa verla… así que voy, y encuentro un edificio al estilo antiguo, parecido a palacios de gobierno o algo así, pero a diferencia de las estaciones japoneses, no hay gente, casi, y no se sabe si está funcionando o no…. Bueno, veo que al interior hay andenes, vías, y vagones de tren. Saco mi cámara a tomar unas fotos, y fue cuando apareció un guardia, funcionario o quien sea, que me dice que no se puede tomar fotos. “O sea que es solo para mirar” “Así es.” Y bueno, por eso no pude tomar fotos del tren, y luego me alejo un poco a ver si puedo tomar una foto del edificio de la estación… y viene otra vez el señor que me da la segunda advertencia. Yo no tenía mala intención, y solo que pensé que estaba prohibido tomar fotos de los trenes (sin mencionar el edificio…), pero al ver el mal humor de mi interlocutor no deseado, decido largarme ya. Mucha pena me da el no haber podido tener unas fotos, y eso especialmente cuando más tarde, por casualidad me entero de la puesta en funcionamiento del tren entre Buenos Aires-Córdoba.

Vuelvo a la Plaza San Martín, y descanso un poco mirando el ir y venir de la gente, y de los colectivos que paran y arrancan, sin cerrar bien la puerta.

Ahí cerca también es una calle bien animada con mucho comercio. Mucha gente, muchas tiendas, y muchos vendedores, de los que recuerdo particularmente a un señor, que en medio de la calle gritaba “¡Tijeras de peluquero! ¡Tijeras de peluquero!”. Nada particular, pero queda en mi memoria. Por ahora no compro muchas cosas, quizá unas postales de esta ciudad y aparte entro a un supermercado, a mirar un rato y se me ocurre comprar un cepillo dental y una navaja de afeitador para mi necesidad, y para recuerdo unos mapas en blanco de Argentina y de Sudamérica, material para clases de geografía en las escuelas. Miro un rato más y encuentro que ahí se venden muchas cosas baratas hechas en China, cosas similares que se venden en Japón en las tiendas de todo a 100 yenes. Fue durante esa compra, que un señor me hace una rara pregunta más de una vez, de si yo me había operado o algo así. Le contesto que no y no le hago mucho caso. Luego de estar ahí un rato más, paso por la cajera, pago la cuenta, y voy hacia la salida, mas no llego a salir, porque me detiene el señor preguntón, que con unos compañeros suyos me invita a pasar por la parte trasera de la tienda, para interrogarme por sospecha de robo. Les interesaba saber qué tenía yo debajo de la ropa… Un hinchazón, resto de una supuesta operación, o qué… Bueno, les aclaro que solo tenía una billetera secreta, aunque mal escondida, con mis papeles importantes, tarjetas, pero todas las cosas mías y no robadas en ninguna parte. De paso me revisan el contenido de mi mochila y todo, y no encuentran nada sospechoso, obviamente. Por suerte, en las “tiendas de 100 yenes” no había comprado las mismas cosas que se vendían aquí; había cosas “parecidas” pero no las “mismas”… y así, el “sospechoso” muestra su inocencia y recupera su libertad.

Entro a un restaurante y pido algo para lo que podía ser un almuerzo tarde o una cena bien temprana. Mientras espero la comida, una chica anda repartiendo una pequeña revista a todas las mesas. La tomo a ojear unas páginas a ver qué tiene, sin saber que viniera la chica a decirme el precio, para por primera vez darme cuenta de que la revista se estaba vendiendo; no era para que se llevara gratis ni que se leyera libremente, como podría pensar un japonés cualquiera.  De todas maneras, devuelvo la revista a la mesa, y punto.

Sigo mi paseo por ahí, viendo las muchas iglesias que hay, un patio de recreación infantil donde están jugando niños cordobeses con la compañía de sus mamás, etc.

Hacia las 20 horas concurre una multitud de gente a la Plaza San Martín a escuchar un concierto de Navidad.

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A las 20.30 más o menos empieza, primero con unas palabras de no sé qué señores de la municipalidad, y luego la música de la Orquesta Municipal de Cuerdas y Coro. La plaza está totalmente llena de gente en media oscuridad. Cantidad de gente, que me recuerda a los espectadores de festivales de fuegos artificiales en verano o los que van a hacer la “primera visita” a templos/santuarios durante los primeros días del Año Nuevo en Japón…

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Córdoba (1)

Luego de llegar al hotel llamo a la oficina en Buenos Aires de la agencia de viaje, y se resuelve la duda sobre el pasaje aéreo. Se trataba del ticket electrónico, con que el viajero no necesita llevar nada más que el pasaporte. Dejo mi equipaje en la habitación y salgo a pasear por ahí.

El hotel está en el centro de la ciudad y a unas cuadras de la Plaza San Martín con la Catedral y el Cabildo. También está cerca la Universidad de Córdoba, por lo que hay muchas tiendas de fotos y fotocopias, y librerías.

Decido cambiar la moneda en una casa de cambio al lado de la plaza. Antes de salir de Japón había cambiado a dólares todo el dinero que iba a portar, y el problema era que me habían dado billetes de valores muy altos, que ahora se convierten en billetes de pesos argentinos de valores demasiado altos que nadie quiere aceptar, lo que condena al pobre viajero a andar siempre dando la excusa de “… es que no tengo moneda suelta, porque acabo de llegar a Argentina y de cambiar de dólares…”.

Por la noche llamo por teléfono a PH, que se ofrecía a acompañarme al día siguiente. Es hermana de CH, nikkei de Mendoza que había conocido años atrás en la fiesta del Señor de los Milagros en Kanagawa.  Era estudiante de una universidad del noreste de Japón y luego había regresado ya a la Argentina.  Yo esta vez no visito Mendoza pero igual le había avisado sobre mi viaje, y resulta que tenía una hermana en Córdoba.

Cuando estoy de viaje, suelo despertarme temprano, quizá por la diferencia de horario o no sé. A la mañana siguiente me levanto a las 5.30, y espero un tiempo hasta las 7.30, hora de desayuno. El restaurante está en un piso de arriba, de donde se ve bien la ciudad. A una distancia al frente del hotel hay un edificio, que tapa el sol hasta cierta hora, pero llega un momento en que sale el sol y súbitamente empieza a hacer calor. Los empleados del hotel colocan una tela blanca en la ventana, de modo de cortina. A una camarera le comento que vengo de Japón y estoy pasando mis primeros días en Argentina, me pregunta si el idioma japonés se escribe de derecha a izquierda. Bueno, es posible, aunque normalmente se escribe de izquierda a derecho, o de arriba a abajo.

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Mi llegada a la Argentina

arg_llegada 

Habían transcurrido más de 20 horas y había hecho tres escalas/transbordos en tres diferentes países (en Los Ángeles de EEUU, San Pablo de Brasil, Asunción de Paraguay) desde que saliera del Japón, y por fin se acerca el momento de llegar a mi primer destino. Abajo veo el paisaje de la pampa: campos verdes y montañas a lo lejos. El cielo está algo nublado….

En Los Ángeles había pasado por el famoso control biométrico, el mismo que sería implementado también en los aeropuertos del Japón en otoño del 2007 para protesta de algunos grupos de ciudadanos japoneses y extranjeros residentes en Japón que consideran que se trata de una media que viola los derechos humanos (o derechos a la privacidad)… pero confieso que yo casi no sentí nada de eso ni que me estuvieran tratando como potencial terrorista; sencillamente lo tomé como un procedimiento para seguridad y accedí a hacer la sesión de foto y toma de huellas dactilares. Mi vuelo iba de Japón hasta Brasil, pero al hacer escala en EEUU todos los pasajeros tienen que bajar una vez, para hacer este trámite, y luego subir al mismo avión en caso de los pasajeros que continúan su viaje hasta Brasil. Conducidos por unos empleados de Varig, hacemos una fila y avanzamos todos juntos, para que nadie se pierdan.

En San Pablo, ahora sí salgo del avión definitivamente, y busco la puerta para mi siguiente vuelo. Fuera está lloviendo pero no hace frío, sino algo de calor ya que ahora es verano en el hemisferio sur. Recuerdo el título de un tema de Bossa Nova, Chuva no Brasil o Lluvia en el Brasil. En lo que parecía ser la sala de espera para mí siguiente avión, no sale información en la pantalla ni el funcionario del mostrador da una explicación muy clara. Parece que ha habido cancelación o retraso de vuelos, y no sé a qué hora podré salir de aquí. En esta espera coincido con una pasajera del avión desde Japón. Paraguaya que iba a retornar a su país de origen temporalmente, con quien converso un poco, aún sin saber que de nuevo íbamos a subir a un mismo avión. Me doy cuenta más tarde, cuando por fin sale información, de que es un vuelo de Brasil a Argentina, con una escala en Paraguay. De ahí le comento mi deseo de hacer una breve visita a su país también, cuando esté en uno de mis lugares de destino, una localidad fronteriza entre Argentina, Paraguay y Brasil.

La primera impresión que lleva un turista extranjero de un país, a veces resulta ser sobre el cuarto de baño. En mi caso fue la puerta del sanitario la que primero me llamó la atención en Brasil. Fue una “puerta parcial”, que solamente tapaba hasta la altura de los ojos más o menos, y abajo también dejaba verse los pies del ocupante desde fuera. Sí había oído que en algunos países había baños así (para seguridad, para que no ocurran accidentes ni se cometan delitos dentro) por lo que no fue demasiada sorpresa, pero igual fue la primera vez que vi eso en vivo y en directo.

En Asunción muchos pasajeros bajan, y otros esperamos nomás sin salir del avión. Observo el paisaje desde la ventana. Aunque no veo más que la pista de aterrizaje y otras instalaciones del aeropuerto, me parece que es más campestre que Japón. Bueno, ahora que hay menos viajeros en el avión, me mudo y ocupo un asiento del lado de ventana. El cielo está despejado, y tras el despegue sigo mirando el paisaje abajo, rojo y verde, colores de tierra y bosque, con casitas y calles dispersadas. Paisaje subtropical.

Antes de llegar a Argentina, los tripulantes de cabina fumigan el interior del avión, para lo que antes se anuncia que avisen las personas que tengan alergias a no sé qué insecticida. Será un control fitosanitario, del que por ahora no me interesa averiguar mucho detalle.

A las 15.00, hora local y aproximadamente, aterrizo en el aeropuerto de Córdoba.  ¡Un gran aplauso de todos los pasajeros!, y tras pasar por el control de migración, sencillo, salgo a la sala de espera, donde me esperan dos chicos sosteniendo un papel con mi nombre. Me les acerco y me preguntan “Are you Mr. XXX?”, a lo que contesto que “Sí”. Bueno, en la agencia de viajes en Japón había pedido el servicio de recojo en el aeropuerto y traslado hasta el hotel, y durante el camino les pregunto sobre mis pasajes aéreos dentro de Argentina, porque en Japón solo me habían entregado los pasajes de ida y vuelta entre Japón y Sudamérica. Los demás pasajes me los iban a entregar en Argentina, supuestamente, pero ocurre que los dos chicos frente a mí afirman no saber nada de eso…

Fue un día de diciembre.

* * *

Iré de vez en cuando publicando mi “crónica latinoamericana” de este viaje que acaba de empezar, ya que eso fue uno de mis objetivos para crear este blog, como escribí en mi primera entrada.

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La edad del celular

Por algo me pongo a calcular la “edad” de mi celular, que es bastante viejo y se podría decir que es excepcionalmente longevo, porque está viviendo más del doble de la “esperanza de vida” de los celulares (menos de tres años, en el 98% de los casos) en Japón. El mío tiene ocho años, o nueve… un poco me confundo, porque al toque no me acuerdo si su vida comenzó desde el año cero, o desde el año uno….

Ahora sí recuerdo, y también recuerdo que en Japón hay dos maneras de calcular la edad de las personas: “edad cumplida” y “edad contada”.

La “edad cumplida” es la que se usa comúnmente tanto en Japón como en otros países, así que estaría demás tratar de dar una explicación. Lo que sí habría que mencionar es que en Japón, esa manera de contar la edad no fue introducida sino hasta 1902, y de ahí tuvo que pasar medio siglo para que se difundiera entre la gente. Y es que antes existía la otra manera, la “edad contada”, que se calculaba así: La edad no empieza desde cero, sino desde uno (sea, un nene recién nacido ya tiene un año de edad), y se le va agregando un año cada primero de enero (sea, todos “cumplen” años al recibir el Año Nuevo).

La idea de que todos cumplen años en la misma fecha, puede parecerse a lo que sucede en las escuelas, donde todos los chicos, sin importar su fecha de nacimiento, pasan de un curso al siguiente al comenzar un nuevo año lectivo. Y por otra parte sucede que la gente acostumbrada a la “edad contada”, no le da importancia a su fecha de nacimiento (es un día más), porque su “cumpleaños” es el primero de enero. Por eso hay personas de cierta edad que ni recuerdan su fecha de nacimiento, o que hablan así: “Uy, ya viene el Año Nuevo, y yo voy a tener un año más…”, sin que necesariamente hayan nacido en los primeros días del Año o en enero.

En Japón creo que no son pocas las personas que consideran que celebrar cumpleaños es cosa infantil, o las familias que, al llegar sus hijos a cierta edad, ya dejan de festejar los cumpleaños.  Lo cual podría parecer muestra de una supuesta “frialdad” japonesa, pero en realidad puede tratarse de una diferencia cultural. Aquí la tradición era celebrarlo todo en Año Nuevo, y no existía la costumbre de festejar la fecha de nacimiento, que fue importada desde fuera al igual que la fiesta infantil de Kurisumasu Ibu (24 de diciembre)…

Y, bueno, quizá sea por ser costumbres de origen extranjero, que veo cierta similitud entre la manera de celebrar los cumpleaños y Kurisumasu Ibu en Japón: Son fiestas infantiles para familias con nenes pequeños, que luego pasan a convertirse en unos “días de los enamorados” (cumpleaños de la chica y Kurisumasu Ibu, junto con Barentain Dê o 14 de febrero) para algunos grandecitos o días cualesquiera para las personas no muy interesadas, aunque, claro, también hay gente que la pasa bien con amigos y/o familiares.

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Dióxido de carbono y la corbata

Mañana me voy a poner la corbata. Pareciera cosa de cada día, pero es un acontecimiento para mí porque yo casi nunca uso esa prenda. Y es que en mi área de trabajo, algo de tecnología-ingeniería, no se necesita mucho formalismo en la vestimenta, y yo siempre ando “sporty” salvo cuando hay algo especial, atención a visitantes de otras empresas o asistencia a algún evento, como sucede esta vez. Y si es así, me parece algo gracioso el denominado Cool Biz (pronúnciese “kûru bizu”).

Se llama así, Cool Biz, la campaña promovida por el Ministerio de Medio Ambiente desde el año 2005 para elegir un modo de vestir más ligero y menos formal durante los meses de junio-septiembre, con el fin de reducir el consumo de electricidad, y así frenar la emisión de dióxido de carbono. Se supone que si uno deja de usar saco y corbata en verano, la sensación térmica bajará en dos grados, y que por esa misma diferencia debe usarse menos el aire acondicionado. Según el cálculo del Centro de Ahorro de Energía, se podrá dejar de emitir 1600-2900 mil toneladas de dióxido de carbono si todas las oficinas de Japón suben de 26,2 grados (promedio actual) a 28,0 grados la temperatura de aire acondicionado durante un verano.

Por otra parte, para invierno hay otra campaña denominada Warm Biz (pronúnciese “wômu bizu”), que es para ponernos ropa más gruesa o abrigadora, y así depender menos de la calefacción. En Warm Biz no hay un símbolo tan llamativo como el de “dejar la corbata” de Cool Biz, pero igualmente es eficaz y se supone que el año pasado el 30,3 por ciento de las empresas tomó una acción por esta campaña, logrando dejar de emitir 1,43 millones de toneladas dióxido de carbono…

Como sea, yo en la oficina no enciendo ni apago el sistema de climatización. Lo dejo para otras personas, y no sé si mi oficina está acatando la recomendación de las dos campañas. Pero lo que concretamente puedo decir es que aquí, en casa, no uso nada de aire acondicionado ni calefacción en mi cuarto. Durante el verano aguanto el calor nomás, y durante el invierno me abrigo. Vivo así porque no me gusta la idea de depender demasiado de no sé qué aparatos artificiales… o temo, si una vez recurro a esas cosas, caer ya en esa dependencia. Solo eso, pero a veces pienso, si todos los japoneses vivieran como yo, no sé si estaríamos emitiendo un poco más dióxido de carbono, o un poco menos…

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