Archivo mensual: enero 2011

Date Naoto

Fue el protagonista de la serie de cómic y dibujos animados, “Máscara de Tigre”, que siendo luchador profesional enmascarado dona de manera anónima sus ganancias al orfanato en que se crio.

Cuatro décadas después de su publicación y adaptación a la televisión, su nombre va en boca de todos súbitamente en estas primeras semanas del año por el denominado fenómeno Date Naoto. Bueno, el comienzo de todo fue una semana antes, el 26 de diciembre, cuando se descubrió una donación anónima colocada frente a un Centro de Bienestar Infantil de la prefectura de Gunma. El regalo consistía en 10 randoseru (mochilas de cuero que usan los niños japoneses cuando van a la primaria) con un mensaje firmado por “Date Naoto” que aclaraba que las mochilas eran para los niños que ingresan en primaria en esta primavera. Cinco días después, la noche del primero de enero aparece otra donación anónima colocada en la entrada de sede del gobierno prefectural (que también albergaba su centro de bienestar infantil) de Kanagawa, consistente en seis randoseru con un mensaje firmado igualmente por “Date Naoto”, que explicaba su motivo, “impresionado por la donación en Gunma, yo también quise hacer algo”, y expresaba su deseo de que continuara el Movimiento Máscara de Tigre. No sé si el tal Date Naoto también tomó un descanso de Año Nuevo, pero el hecho es que a partir del día 7 u 8 comienza una verdadera ola de donaciones por personas anónimas bajo el seudónimo de Date Naoto en todas partes del país, consistentes típicamente en randoseru, otros útiles escolares o dinero en efectivo, colocados, entregados o enviados a centros de bienestar infantil, orfanatos y otras instituciones benéficas. Fue realmente insólito ver casi diariamente en los medios de prensa un listado o informes sobre decenas de donaciones anónimas halladas cada día… En total no sé cuántos Date Naoto aparecieron, pero serían centenares o hasta mil, considerando que en cada una de las 47 prefecturas aparecieron decenas de Date Naoto…

Y ¿el significado del fenómeno Date Naoto…? No sé. Algunos, como mis padres, opinan que es un acto hipócrita e irresponsable, ya que tratándose de donaciones unilaterales, no se sabe si sus “beneficiarios” realmente necesitaban las cosas ofrecidas (randoseru, típicamente), además de que para realizar una donación existen maneras más adecuadas, sin necesidad de provocar tanta reacción mediática. Puede ser cierto, porque de hecho algunos centros infantiles afirman que ya habían comprado randoseru para sus niños y ahora no saben qué hacer con lo que recibieron de Date Naoto. Y, bueno, para ayudar a la gente necesitada, también se podría hacer donaciones a UNICEF; la Pluma Roja, u otras entidades confiables… o, en caso de desear ayudar a algún orfanato en particular, por ejemplo, preguntar primero su necesidad, para que la ayuda no vaya en vano. Pero, por otra, pienso que si bien algunos centros infantiles no necesitaban randoseru este año, pueden guardarlos para el año que viene, o bien los podrían trasferir a otros centros que sí los necesiten. Y también es que la reacción mediática ha dado la oportunidad para que los japoneses reflexionaran sobre el tema, algo que no hubiera ocurrido si los Date Naoto no hubieran aparecido o hubieran optado por donaciones más ordinarias.

Aquí dicen que los japoneses no tienen la cultura de ayudar a los necesitados, donar parte de las ganancias/pertenencias para fines benéficos, etc… y no se sabe si los tantos Date Naoto son una prueba de que algo de eso también existe, o si son meramente una moda momentánea. Hablando de eso, también se podría pensar en la influencia de los medios de información. La reacción en cadena donde las personas, sin necesitar demasiada convicción, sencillamente imitan algo llamativo hecho por otros….participan en eso y se divierten viendo más reacción de la gente… (Creo que alguna vez hubo una serie de numerosos casos de fechorías como colocar bebidas envenenada en supermercados, siendo el primero de los casos un crimen con determinado motivo, pero el resto, puras imitaciones sin más razón que divertirse viendo la reacción, quizá… ). Bueno, en caso de los muchos Date Naoto creo que, sin importar sus verdaderos motivos, sus actos fueron para bien de las personas y, con o sin la cobertura mediática, sus beneficiarios están mayormente agradecidos. Eso, al menos, me parece muy bien.

Anuncios

8 comentarios

Archivado bajo japón

Pretty Good

Habiendo visitado siete templos el día de la pequeña peregrinación, lo que me faltó fue comprar el omikuji mío de cada año. No fue por olvido, sino por las circunstancias. Y es que en los primeros templos pensaba que no tenía apuro; podría comprarlo después y resulta que en los últimos templos que visitamos no vendían omikuji, o muy posiblemente sí pero yo no logré encontrarlo, a pesar de mi ardua búsqueda antes de salir de ahí (porque precisamente es esta pequeña compra anual mi mayor objetivo de la “primera visita”….). Pero, bueno…

Así que decido hacer mi “compra del año” el día de la “Mayoría de Edad”, el primer feriado después del descanso de Año Nuevo. Sin ir muy lejos, voy a la localidad donde trabajo, por donde también hay numerosos templos y santuarios (e inclusive un itinerario suyo de los “Siete Dioses de la Fortuna”, aunque eso.. ya podría ser algún otro día) y elijo un santuario, que queda más cerca de la estación de tren y donde, para variar, no había comprado omikuji anteriormente..

Encuentro aquí varios tipos de omikuji: el más común, el “abanico” (en vez de papeleta, se saca un diminuto abanico que luego pretende ser guardado como amuleto), el de amor, el de grupo sanguíneo (que predice tu suerte según tu tipo de sangre), el de la omnipresente Kitty… y mucho más.

Bueno, me atrae el abanico pero es caro, así que… esta vez compro uno “bilingüe” para facilitar la comprensión. A ver:


Pillado por un aguacero y ves que el día oscurece. Estando en la cuesta montañosa, difícilmente encuentras camino….

Pequeña suerte”

Cuanto más te preocupes, más sufrirás
Cuanto más clames, más perderás…
Así es tu suerte que va acompañada de desgracias.
Mas si vives con modestia y calma siempre cuidándote y manteniendo fe,
llegarás a un final muy feliz.

  • Deseos: No te desesperes. Es mejor dejar las cosas en manos de otros.
  • Persona esperada: No llegará, porque hay un obstáculo en el camino.
  • Cosas perdidas: Se hallarán entre los objetos.
  • Viajes: No te apures. No vas a ganar nada.
  • Negocios: No vas a tener muchas pérdidas.
  • Estudios: Deja tu fragilidad y esfuérzate.
  • Especulaciones: Ten cuidado.
  • Juegos y apuestas: Ganarás, pero te guardarán rencor.
  • Amores: Controla tu ego.
  • Mudanzas: Éste no es el momento para mudanzas.
  • Partos: Cuídate y saldrá bien.
  • Enfermedades: Ten fe.
  • Casamientos: Tu temperamento puede empeorar las cosas. Es mejor dejar el asunto en manos de otros.

2 comentarios

Archivado bajo creencias, japón

La “primera visita” (3)

Caminamos un rato más y fácilmente llegamos al siguiente templo, Hongakuji. No tan grande como Tsuruoka Hachimangû, pero en su recinto hay mucha gente y también puestos de comida y cosas de la suerte.

El ambiente es bastante festivo, y de alguna parte se oyen gritos de “¡Prosperidad! ¡Éxito en los negocios!”, y es que aquí está presente el Ebisu, dios de prosperidad en negocios y de buena cosecha, que vendría ser el quinto de los siete dioses que estamos visitando hoy. Aquí desdimos descansar un poco, tomando una sopa de frijoles dulces. Bueno, luego de un rato salimos pero enseguida nos damos cuenta de no haber saludado al Ebisu, así que volvemos al templo y nos dirigimos al rincón donde está el también conocido aquí por una marca de cerveza… (con una “Ye” [exYgriega], de más…).

De aquí a Hasedera, nuestro siguiente destino, hay un poco de distancia. Podríamos tomar un tren, o caminar unos 20-30 minutos según lo que averigüe antes de salir de casa… Bueno, hace buen tiempo y tenemos tiempo, así que optamos por ir caminando, aunque a mitad de camino tomamos otro descanso al encontrar una cafetería que ofrecía amazake y otros productos orgánicos. Ya es la una de la tarde y sería la hora de almuerzo…

A Hasedera llegamos a las 14:20, pero esta vez desistimos… porque la entrada que cobraba, 300 yenes, nos hizo doler un poco el bolsillo…

Bueno, en este templo se podría apreciar muchos patrimonios culturales, un jardín bien cuidado con flores de cada temporada y otros atractivos más, pero para nosotros que queríamos solo saludar al Daikoku, de ascenso en la carrera profesional, el precio resultó un poco caro, así que, bueno… hoy día que terminamos visitando a solo seis (y no siete) dioses… Eso de haber renunciado al “ascenso en el trabajo”, a ver si me va a afectar o no en el futuro… no se sabe. Aquí solamente tomamos unas fotos en la entrada y ya nos dirigimos a nuestro séptimo y último destino de esta peregrinación.

El Mitama Jinja (que literalmente vendría a ser ser “Santuario del Espíritu Santo”, por lo redundante que fuere…) está a unas cuantas cuadras y justo al lado de la línea férrea. No es grande pero con muchos visitantes hoy. Miramos un rato y salimos, pero otra vez volvemos para no dejar de saludar al Fukurokuju, de sabiduría. Está en un diminuto oratorio, al lado del edificio principial. Bueno, aquí en santuario en sí es de ingreso libre pero parece que hay que pagar 100 yenes para ver al Fukurokuju… Pregunta a las vendedoras, o “sacerdotisa”, que vendían cosas de suerte en la recepción del santuario y resulta que no hay control. Hay que pagar 100 yenes, pero nadie está vigilando. Solo que hay una urna donde el visitante puede echar la moneda de 100 yenes. Bueno, entramos y no hay nada de otro mundo.

Solo un pequeño altar y algunas otras cosas (estatuas y escrituras) que no entendemos nada…

Bueno, así fue que terminamos nuestra pequeña peregrinación del primer día del año. Luego podíamos marcharnos enseguida… pero habiendo llegado a este lado, una opción más era visitar también el famoso Gran Estatua de Buda, que quedaba bastante cerca también. Bueno, hablar de eso ya podría ser para alguna otra ocasión…

Así es que por el día de hoy terminaremos este cuento, con una foto del primer atardecer del año en Kamakura.


2 comentarios

Archivado bajo costumbres, creencias, japón

La “primera visita” (2)

A la mañana siguiente nos encontramos en la estación de Kita Kamakura y empezamos a caminar. Hay un poco de gente que, al igual que nosotros, baja del tren y sale a caminar pero todos, pronto desaparecen de la vista y luego queda un silencio.

Vamos por una calle sin transeúntes y no tardamos diez minutos en llagar a nuestro primero destino de hoy, el templo Jôchiji de la escuela zen.

Rodeado de bastantes árboles y rocas, su amplio recinto inspira bastante paz. Luego de buscar un poco, llegamos a la cueva del primero de los siete dioses que visitaremos hoy, el Hotei (“Bolsa de Tela”), de armonía familiar. La barriga de su estatua aquí está ennegrecida por el tocamiento de muchos visitantes que creen que eso da suerte.

Aún no hay más visitantes y disfrutamos de la tranquilidad, cosa que hubiera sido imposibles en algunos otros templos demasiado famosos.

Bueno, entre esos “templos demasiado famosos” podría figurar nuestro segundo destino, el santuario Tsuruoka Hachimangû, que podría ser la más popular para la “primera visita” en la zona de Kamakura, supongo. A unos 10 minutos de Jôchiji, y lo primero que encontramos ahí es la cantidad de visitantes, grandes buses turísticos que llegan de lejos, etc. Entramos y es como en el metro de Tokio a la hora punta.

Su reciento está lleno de gente, que se dirige o sale del oratorio principal que está arriba de unas anchas escaleras de piedra. Por los parlantes se escuchan instrucciones tipo “Les rogamos que no se detengan para tomar fotos”, “(Frente al oratorio bien grande) Por favor, no se concentren al centro… Ahora hay espacio en la parte de derecha, así que pueden orar ahí también, y las bendiciones son las mismas”, etc…. Bueno, pasamos por esta típica escena de la “primera visita” y ahora buscamos a la diosa “Benten”. Estamos ahora en un santuario grande, que además de su santuario principal alberga a unos pequeños “sub santuarios” o algo así repartidos en ciertos rincones dentro de su recinto, que en este momento, con esta aglomeración de gente, resulta difícil buscar.. Vagamos un buen rato antes de encontrar a la Benten, diosa de arte y prosperidad, que, como suele ser, aparece en la orilla de un estanque.


El siguiente templo, Hôkaiji, queda bastante cerca.

A unos cinco minutos de Tsuruoka Hachimangû, fácilmente llegamos y aquí, a diferencia de lo que hemos hecho en otros templos hoy, entramos al oratorio, sin olvidarnos de sacarnos los zapatos, para saludar al nuestro tercer dios del día, “Bishamonten” de fortuna y curación de enfermedades. Su pequeña estatua está al lado del Buda principal del templo, y los visitantes, uno tras otro, se sienten ante él y hacen (digo “hacen” y no “hacemos”, porque yo no soy capaz…) el rito de encender un incienso y orar. En la pared están colgadas muchas pinturas de Budas y otros animales míticos, etc, que al parece solo se exhiben en ocasiones especiales.

De Hôkaiji está solo a un paso nuestro cuarto destino del día, el Myôryûji de la escuela de Nichiren. Bastante pequeño y, si no andamos muy atentos, fácilmente pasaríamos sin darnos cuenta. Cerca de su oratorio y la estatua de Nichiren, se encuentra una diminuta construcción de madera con su “Jurôjin”, dios de longevidad.

Yo me pongo a recordar la enseñanza de Nichiren, que toma el Sutra del Loto como el único medio de salvación en estos tiempos en que se avecina el fin del mundo, mientras que todas las demás religiones son enseñanzas malignas que solo nos conducen al … Y, bueno, me parece bien curioso el hecho de que en esta ruta de Siete Dioses de Fortuna (que por sí es producto de una gran sincretismo entre varias religiones) estén participando juntos templos/santuarios de varias denominaciones/escuelas tan diferentes, tan incompatibles o excluyentes entre sí en algunos casos…

Bueno, habiendo visitado a cuatro de los siete dioses, ahora falta pasar por tres templos más. Seguimos con nuestra pequeña peregrinación del primer día del año…

2 comentarios

Archivado bajo creencias, japón

La “primera visita”

Muy demás está aclarar que aquí al comenzar un nuevo año mucha gente realiza su “primera visita” a algún templo budista o santuario shintoísta. Algunos pasan por el santuario de su barrio, pequeño y nada conocido, mientras que otros, a grandes santuarios/templos conocidos a nivel nacional y visitados por millones de personas solo durante los primeros tres días del año.

En mi caso recuerdo que, cuando era pequeño y aún no entendía nada, mis padres me llevaron unas veces a esos famosos lugares, bien temprano (horas antes del amanecer…) del primer día del año. Luego viene una época en que, estando en cuarto-sexto de primaria, creo, pasé a participar en una excursión de chicos para subir al Monte Takao a horas igualmente tempranas para observar la “primera salida del sol” desde una altura. No guardo más recuerdos de mis primeras “primeras visitas”, que dejaron de existir durante mucho tiempo, hasta que, ya habiendo terminado los estudios y entrado a trabajar, empecé de vez en cuando a hacer tales visitas, a veces solo y otras, con amigos. No soy budista ni shintoísta y, para agravar el asunto, no soy capaz de rezar/orar, jamás, ni pedir nada a dioses/budas en que no creo, por lo que mis “visitas” son de carácter  0% espiritual y 100% turístico-informativo y/o simplemente un pretexto para reunirme con amigos a salir a pasear, con que, bueno, espero no estar ofendiendo a los creyentes y de todas maneas creo que es un pequeño esparcimiento de Año Nuevo.

Bueno, terminando ya el preámbulo, la historia de este año comienza a tramarse en la noche previa, a esas horas en que no pocos japoneses habrían terminado ya los preparativos de Año Nuevo y ahora estaban esperando impacientemente, por ejemplo, el turno de la cantante Uemura Kana con su emocionante canción “La Diosa del Retrete” (léase también el artículo que aparece en las páginas 82-83 de esta revista) en el programa musical “Kôhaku Utagassen” de popularidad nacional del canal semiestatal NHK, cuando de súbito me doy cuenta de que hay un mensaje nuevo en mi computadora: Alguien me preguntaba mis planes para el día siguiente y, de ser posible, me pedía que fuera su “guía”, para presentarle algunos lugares interesantes, algún templo, etc. Sin ningún obstáculo, la solicitud queda aceptada y solo hay que decidir qué lugar presentarle, y es ahí donde, teniendo en cuenta la devoción budista y el interés por temas de espiritualidad de mi solicitante, se me ocurre proponerle realizar una pequeña peregrinación para visitar a los “Siete Dioses de la Fortuna”. En todas partes de Japón existen numerosos barrios o localidades que fijan un itinerario para visitar siete templos/santuarios, cada uno con uno de los “siete dioses” venerado en su recinto, en una buena caminata de un día. Busco una ruta, más o menos fácil de recorrer, no demasiado lejos, e interesante.

De las tantas opciones, elijo una, para dar un paseo por la antigua ciudad de Kamakura. Qué suerte que mi solicitante, viviendo en la prefectura de Kanagawa, aún no había visitado dicha ciudad…  Con entusiasmo queda aceptada mi propuesta y…

2 comentarios

Archivado bajo costumbres, creencias, japón