Archivo mensual: enero 2010

Mi primera caja registradora

O, para ser más exacto, la mía no fue la caja misma sino la experiencia de lidiar con ella. Fue un día de ésos en que me convierto en un vendedor-ayudante de mis amigos de artesanías, donde la novedad esta vez era que no participábamos en un festival internacional en un parque al aire libre, sino que ocupábamos un puesto de venta dentro de un moderno y elegante centro comercia. Y como tal, teníamos que obedecer a tantas reglas y costumbres que regían en el establecimiento, y de ahí es que viene el uso de esta caja registradora que nos asignaban:


Antes de comenzar, me dieron unas instrucciones básicas sobre su uso, que, bueno, se podría decir que no debía resultar demasiado complicado. Veamos:

  1. (Atendiendo a cada cliente), ingresar el precio del artículo comprado (utilizando las teclas de números) seguido de su categoría (pulsando una de las cinco teclas especiales para eso, a las cuales teníamos asignadas las categorías de nuestros productos: Mates, Ocarinas, Tejidos, etc, etc.). Repetir esta operación hasta terminar de ingresar datos de todos los artículos comprados por el cliente.
  2. Habiendo ingresado los precios de todos los artículos comprados, pulsar la tecla de “SUMA”. En la pantalla aparece el monto total de la compra.
  3. Comunicar al cliente el monto total de su compra, y recibir el dinero correspondiente.
  4. Ingresar la cantidad del dinero recibido (utilizando las teclas de números), y luego pulsar la tecla grande de “Entrar”. En la pantalla aparece el monto para devolver, suena el timbre y sale el cajón.
  5. Guardar en el cajón el dinero recibido, y a la vez sacar el dinero para el vuelto, y cerrar el cajón. Entregar al cliente el vuelto junto con el recibo imprimido automáticamente durante las operaciones 1-4.

Digamos que es bastante fácil…. pero no tanto en realidad.

Y es que, primeramente, nuestros clientes no suelen comprar muchos ítems a la vez. Para una compra de solo un artículo o dos, la verdad es que no hace falta contar con una registradora ni calculadora para saber la suma de precios ni el vuelto. Basta tener una latita (una cajita de galleta…) donde depositar dinero, y hacer todos los cálculos mentalmente, tal como estamos acostumbrados a hacer en otras ocasiones. La caja registradora, que sería una necesidad en los supermercados (con clientes compran innumerables artículos a la vez…), no hace otra cosa que complicarnos la vida, y es ahí donde, al realizar para puro formalismo las operaciones cuyo resultado sabemos ya desde antes de tocar tecla alguna, nos olvidamos de pulsar el botón de “SUMA”, o de ingresar el monto de dinero recibido, etc. Y si tocamos una tecla equivocada, imagínense cómo se multiplica el fastidio, ya que de todas maneras tenemos que mantener siempre correctos los datos registrados en la registradora caja. Así que cada vez que fallamos en alguna operación, preguntamos cómo borrar los datos falsos, cómo volver a registrar los datos correctos y todo. O cuando algún cliente hace unas compras imprevisibles, recién preguntamos cómo atender… a ver qué se hace cuando se compra dos o tres unidades del mismo ítem, por ejemplo, ya que debería haber magia para no tener que ingresar los mismos números varias veces, ¿o no? ¿O cómo abrir el cajón solo para sacar más dinero, si equivocamente lo cierro antes de sacar suficiente dinero para el vuelto, etc.?

En fin, al manejar la bendita cajita registradora con tanto miedo e inseguridad, terminamos sintiéndonos como unos picapiedras repentinamente traídos a la modernidad…, (bueno, unos picapideras un poco descontentos de haberse quedado con esta “modernidad” a medias, pues, les hubiera gustado trasladarse a la última modernidad, donde seguro que se habrían sentido más cómodos y más a gusto, contando con el lector óptico de código de barras, por ejemplo, ya sin necesidad de lidiar con las numerosas teclas, y así definitivamente sin temor a fallar).

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Mi primera lectura del año

Cada mañana antes de ir a trabajar, veo un programa de televisión, que junto con informaciones útiles como noticias e pronóstico meteorológico, tiene una secuencia llamada “Predicciones A-ka-sa-ta-na” que supuestamente adivina la suerte de las personas según la primera consonante de su nombre: “Las personas cuyo nombre empieza con una vocal, pasarán un día así”, “Las personas cuyo nombre empieza con k, pasarán un día asá”, “Las personas cuyo nombre empieza con s, …”, “Los más afortunados hoy son las personas cuyo nombre empieza con…, y los más desafortunados hoy son ….”, etc. Bueno, son predicciones bien raras, que realmente no sé de dónde salen ni qué fundamento (quizá ninguno…) tienen, pero esto sería una excepción cuando, me parece, la mayoría de los demás canales (menos la semiestatal NHK, que definitivamente se ocupa de dar informaciones serias y no de procedencia dudosa) trasmiten horóscopos más comunes basados en los signos de astrología, como también sucedería en canales de Sudamérica. Y es que a veces consigo DVD de programas de televisión de países sudamericanos y también escucho por internet ciertas emisoras de radio, donde, al igual que en Japón, no faltan las secciones esotéricas. La diferencia sería que en la tv japonesa, las predicciones se anuncian sin más, mientras que en algunos programas de Latinoamérica aparecen en la pantalla las “brujas” que adivinan tiran las cartas del Tarot, o en caso de la radio, atienden también consultas de los oyentes por teléfono, para responder las preguntas anunciando las cartas tiradas sin antes dejar de confirmar el signo de horóscopo del consultante o de su pareja, etc… (Para algunos, estaría demás esta descripción, pero para mí es algo diferente).

Sea o no para satisfacer la rara curiosidad mía, mi primera lectura de este año fue “El juego de la vida”, una novela sobre el Tarot y sus misterios, que narra la historia una protagonista en plena crisis que por casualidad encuentra a una misteriosa tarotista que con sorprendente eficacia y sencillez le va enseñando el significado de cada una de las cartas del Tarot y sus mensajes para la vida, y en poco tiempo, en la época de Navidad, logra que la protagonista restablezca totalmente su vida. Y, digamos que yo también ando en profunda crisis sin salida, y cómo quisiera transformar mi vida… Bueno, yo aún no encuentro a esa misteriosa tarotista capaz de cambiar mi vida, pero… ¿acaso será este mismo libro (de segunda, como siempre), que por algo quiso aparecer ante mí sin que yo lo buscara, justo en la misma época (días antes de la Navidad) en que su protagonista encontrara a su maestra?

Bueno, no estoy para tomar las cosas tan en serio, pero lo cierto es que fue una sencilla y entretenida lectura, para por un momento olvidarme de las demás cosas, y eso creo que no estuvo mal.

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Nº 79

No es que sea muy necesario, en absoluto, pero en fin termino haciendo mi compra de cada año, aprovechando una soleada tarde libre para salir a pasear un rato, a visitar esta vez un tal “Gran Maestro” (uno de los típicos nombres de templos/santuarios de aquí, entre otros nombres igualmente comunes como “Palacio de Dios”, “Inmóvil”, “Carga de Arroz”, etc.).


No es para tomarlo nada en serio y tampoco sé su validez, si será para el día, para la semana, para el mes o para el año, etc., ya que el omikuji en realidad se puede comprar durante todo el año y no solo durante los primeros días de enero, aunque yo en estos últimos años no lo he comprado sino en estos días…

De todas maneras, veamos…


Mala Suerte Nº 79

Eres una persona realmente desafortunada,
en medio de neblinas

y sin encontrar camino para ningún lado.
Todos tus actos te acarrearán más problemas.

  • Mala suerte en cualquier asuntoy también sufrirás desgracias. Los demás te tratarán mal, y todo lo que emprendas te saldrá mal. Mas si actúas con prudencia y esperas el momento oportuno, podrás tener suerte. Te hará bien orar a dioses/budas.
  • Personas esperadas: no vendrán.
  • Casamientos. saldrán bien.
  • Partos: sin complicaciones.
  • Cosas perdidas: difícilmente aparecerán.
  • Litigios: perderás.
  • Ingreso a nuevo puesto de trabajo: bien.
  • Compraventa: no saldrá bien.
  • Oficios indicados: textiles, herramientas, carpintería, albañilería
  • Enfermedades: te mejorarás completamente.
  • Asuntos de vida o muerte: tendrás la posibilidad de 60-70% de sobrevivir.
  • En todos los aspectos, deberás seguir a los demás, para no ganar rencores de nadie.
  • Mucha fertilidad si se mantiene la armonía familiar.

Reiteramos que no es para tomarlo muy en serio…

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De vuelta

Para el Año Nuevo, lo habitual aquí es dejar de trabajar por lo menos los primeros tres días del año, y luego…. Si el 4 cae jueves o viernes, quizá tengamos la suerte de que nos permitan seguir descansando unos días más, para que volvamos a ir a trabajar recién desde el lunes. O si al menos el 4 cae sábado… Bueno, este año el calendario no quiso favorecernos, y parece que todo ha vuelto a la normalidad ya. O no sé si es algo desafortunado o afortunado. Yo al menos vuelvo al trabajo, cuando los telediarios emiten imágenes de la llamada “Villa para recibir el Año Nuevo de los trabajadores enviados”, un refugio temporal (solo para unos cuantos días o una semana, etc durante la época de Año Nuevo) para las personas que, por la crisis económica, han perdido vivienda y trabajo al mismo tiempo, personas que típicamente trabajaban en fábricas de automóviles o electrónica por contrato indirecto por medio de agencias de envío de personal, modalidad laboral que funcionaba perfectamente cuando la economía andaba bien y las fábricas aumentaban la producción, una vez llega la época de crisis…. Solo esperar que la situación mejore.

Yo esta vez pasé los primeros días del año sin mucho ruido. Estuve dos días sin salir de casa, entre traducción (del boletín trimestral de mi ONG, que tengo que preparar en menos de una semana ya) y lectura (de libros comprados de segunda, como siempre), y un día estuve con unos amigos…. y ya. Un Año Nuevo bien atareado en que ni he tenido tiempo para ir a comprar mi omikuji de cada año pero, bueno, no importa y ya veré un día… Y de todas maneras, un ¡Feliz Año! (algo atrasado) a todos,

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