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Teletón

¿Qué es una “teletón”?

Me pregunta una sudamericana que afirma ser instructora de español. “Es un evento benéfico así de música y baile….”, le contesto, pensando que debe ser una palabra relativamente nueva, inventada y difundida quizá solo en determinados países de Latinoamérica. Bueno, días más tarde consultaría el famoso Wikipedia, que dirá que el teletón es un “evento benéfico televisado ..”, citando casos de teletones a lo largo del mundo. No sé si será televisado el evento de hoy, esta pequeña “Teletón proColombia” realizada un domingo por la tarde en Tokio…, bueno, quizá no muy formalmente pero seguramente por algunos canales vía Internet.. Es un detalle de lo menos.


Me avisaron hace unos día y no necesité pensar mucho para estar aquí ahora, para “ayudar” no estaría mal saber a quién estamos ayudando, por qué motivo. Los afiches y el boleto dice “Damnificados del Invierno”, a ver… ¿A qué se refiere esto? Converso con la latinoamericana a mi lado y se me ocurre pensar, por ejemplo, que en las zonas andinas de algunos países suelen morir muchos niños en invierno, por el frío, neumonía, etc. ¿Será eso? ¿O se refiere a algún otro desastre en específico? Bueno, sería conveniente que haya más información al respecto, para que entendamos mejor la necesidad y sepamos también a qué será destinada nuestra colaboración? Eso debe ser importante porque aquí no todos están muy informados sobre lo que sucede en Colombia. Algunos, aun entre los latinoamericanos, ni siquiera saben que Colombia está en el hemisferio norte… Bueno, converso también con un colombiano que estaba cerca de mí, que resulta ser uno de los organizadores del evento y me explica que no se habla del frío en el altiplano, sino inundaciones…. sea, esto.


Dejando de lado esta pequeña falta de información, el evento está bien animado, con presentaciones de artistas de varios países: cantante peruana de la música criolla, grupo de baile folclórico de Bolivia, otro de Colombia, y luego una banda de salsa que convierte el local en una auténtica discoteca… La gente disfruta y es lindo ver que hay tanta gente dispuesta a colaborar, sin importar la nacionalidad….


Bonito evento… pero si hay algo que falta, es la presencia de japoneses. Es que, a pesar de ser un evento realizado en Tokio, digamos que el 99% del público asistente es latinoamericano. El local está abierto a todos y la entrada es bien barata, pero los japoneses no vienen, porque, seguramente, los organizadores tampoco hicieron la publicidad en los medios japoneses. Y el gran contraste es lo que ocurre en los eventos que realiza mi grupo de cooperación internacional: hace años que estoy colaborando con una ONG japonesa que ayuda a niños de otro país andino y que también realiza conciertos para recaudar fondos, pero con la gran diferencia de que ahí, a pesar de tener el mismo objetivo, el 99% de los espectadores es japonés y ningún latino, casi…

¿Por qué esta barrera entre japoneses y latinos, aun entre las personas dispuestas a ayudar? Bueno, por una parte puede ser el acceso a la información: los latinos pueden tener más contacto con los medios de información para latinos, en español, y los japoneses con los medios japoneses… Pero por otra, me parece que también hay una falta de voluntad. No conozco casos de otros grupos japoneses pero, concretamente, los dirigentes de mi ONG parecieran no desear mucho la presencia de latinos en nuestros eventos. Yo, al estar haciendo algo relacionado con Latinoamérica, estaría más contento de que haya más contacto e intercambio entre japoneses y latinos en Japón también, y así sería más interesante…pero, bueno, es solo un deseo mío, no compartido por muchos japoneses… No es para decir quién tiene más razón o quién menos; son solo diferentes opiniones, en fin.

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Monólogo de un coordinador

Un jueves, a las 5:30 de la mañana….

Antes de alistarse para ir a trabajar, el coordinador se da cuenta de que hay un nuevo correo. Resulta ser de la maestra de español, que le aclara que por un asunto urgente está de vuelta en su país de origen y le pide cambiar las fechas de sus clases de español…. Bueno, para este trimestre (enero-marzo) tenían programadas cinco clases, de las que quedan dos (para el cuarto sábado de febrero y el segundo de marzo), que la maestra quiere postergar al tercer y el cuarto sábados de marzo.

Tal situación se podría manejar de dos maneras:

  1. Arreglar el asunto solo entre los alumnos y la maestra. Se avisaría a todos los alumnos y si todos se ponen de acuerdo, alguien irá a reservar una sala del Centro Comunitario para las nuevas fechas, y punto. No habrá mayores problemas.
  2. O consultar con la Asociación Internacional y pedir permiso para cambio de fechas de las clases. Bueno, así sería la manera correcta…

Un coordinador nominal y conformista elegiría la alternativa (1), pero esta vez opta por la (2) porque no encuentra el teléfono de todos los alumnos. Así que explica el hecho a la Asociación Internacional y pide avisar a los alumnos y reservar el local, a lo cual obtiene una respuesta no muy favorable… Bueno, la Asociación acusa de irresponsable a la maestra y, en lugar de permitir el cambio de fechas, propone buscar alguien que pueda realizar las clases para las fechas originalmente programadas. Faltando solo dos días para el último sábado de febrero, parecía difícil, pero la Asociación consigue que dos señoras, alumnas de japonés, aceptaran ser maestras de sustituto. Es así que las clases se realizarán sin cambio de fechas, solo que con otras maestras…

En realidad, las dos “suplentes“ son amigas de la maestra titular e incluso habían sido asistentes de las clases de español en anteriores ocasiones, por lo que no tendrían mayores problemas en el aula, pero el asunto es que… A la Asociación no le gustó que la maestra intentara cambiar las fechas unilateralmente. Y es que sería un incumplimiento de contrato el no respetar las fechas anunciadas en el boletín de la Asociación, porque, teóricamente, los alumnos se matricularon viendo esos datos. Así que, en caso de no poder asistir algunos de los días establecidos, la maestra debía pedir a alguien que la sustituyera durante su ausencia. Un argumento quizá válido, si tomamos en cuenta que no se trata de un negocio propio de la maestra, sino parte de las actividades de la Asociación Internacional donde debería haber cierta formalidad. Pero por otra, es que los alumnos están muy contentos con las clases de la maestra titular, que sí sabe enseñar de manera entretenida, por lo que quizá hubieran aceptado esperar hasta que volviera la maestra, aunque eso tampoco quita que las clases de las maestras suplentes sirvan, al menos, para que los alumnos no dejen de estudiar durante varias semanas.

Esta vez… no hubiera pasado nada si la propia maestra, antes de viajar, hubiera pedido a sus amigas que se encargaran de las clases. Pero ahora, ya pasó lo que pasó y el coordinador nominal y conformista presiente que la maestra quedará algo mal con la Asociación Internacional, que en lo peor de los casos podría decidir contratar a otra maestra desde el próximo trimestre. En realidad eso no afectaría a nadie, ya que la maestra y sus alumnos, si quieren seguir estudiando juntos, bien pueden hacerlo sin intermedio de la Asociación: solo es cuestión de que conversen, se pongan de acuerdo y reserven el local (que es gratuito)… solo eso, pero de todas maneras daría pena que las personas fueran quedando mal a causa de ciertas actividades que precisamente se estaban realizando para amistad e intercambio entre japoneses y extranjeros.

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“Creo que el catolicismo es problemático”

Así escribía una señora japonesa en su testimonio sobre su experiencia de ser “madrina” de una niña latinoamericana. Bueno, esta “problemática” frase aparecía en un determinado contexto en que la autora hablaba de su impresión sobre el espacio que ocupa el catolicismo en la vida diaria de los niños latinos con que había tenido contacto, por lo que para comprender bien las cosas hay que leer su mensaje entero con sumo cuidado. Pero, si alguien leyera muy a ligeras el texto y se fijara únicamente en la frase en cuestión… podría ser algo peligroso…

El traductor-editor también pensó en el riesgo de publicar tal frase en español, pero a la vez tenía bien en claro que las ideas expresadas eran de la firmante del mensaje, que nunca se deben mezclar con las opiniones del editor ni del traductor (porque eso no sería “traducción” sino “tergiversación” o “manipulación”), así que decidió traducir y publicar fielmente el texto sin quitarle ni agregarle nada. Si los lectores, tras leer el testimonio en cuestión, quieren expresar algo, su acuerdo, desacuerdo o dudas/preguntas, pueden escribir o llamar a la redacción y punto. O en caso de los niños becarios, podrían también preguntar a sus “padrinos” japoneses para saber sus opiniones al respecto. Así, un “problemático” comentario, ya sea sobre religiones o sobre cualquier otro tema, podría convertirse en un motivo para comenzar un interesante intercambio hacia un mejor entendimiento mutuo, que tal vez nunca se alcanzaría si siguieran publicándose solamente las opiniones menos polémicas. Y en ese sentido, también podría decirse que es positivo editar un boletín en español que sea una mera traducción de la versión en japonés, en lugar de una edición en español con contenidos preparados especialmente pensando en los lectores hispanos. Podría resultar aburrido y quizá fuera de interés de sus lectores, pero la idea sería que, si hay japoneses que piensan de una manera, los amigos latinos puedan ver esa realidad de que “hay japoneses que piensan de esa manera”…

Y… bueno, la expresión “Creo que el catolicismo es problemático” no salió publicada al final, porque la señora encargada del boletín en japonés, por decisión unilateral, borró la expresión sin pensar dos veces. Y la edición en español, lamentablemente pero en su calidad de “versión traducida”, no puede publicar lo que no publica la versión “original” en japonés.

Cosas interesantes y no tan interesantes del trabajo del traductor…

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¿Voluntarios?

Los voluntarios son unos tontos, que por gusto echan a perder su tiempo y plata… No estaría mal que tuvieras ese pasatiempo si fueras lo suficientemente rico y te sobrara plata para botar, pero en otro caso, ¿cómo podrías andar ayudando a los demás, cuando mucho más tienes que pensar en cómo ganarte tu propia vida? Y mira que los demás esos, por más que tú los ayudes, no te van a ayudar a ti cuando tú necesites ayuda….”

Así dicen algunos (como mis padres), mientras que otros piensan de otra manera, o más concretamente tengo algunos amigos que dicen exactamente lo contrario, esos amigos que más que en sus propias vidas, piensan en ayudar a los demás. Si les hablo de mi muy real temor a perder el empleo y no tener la menor idea de cómo sobrevivir después, su consejo para mí es siempre (y más que nunca) el mismo “¡Ayudá a los demás!”. A mí no me disgusta ayudar, pero en caso de que yo me quede sin trabajo, no sé cómo quieren que ayude a los demás si, antes de dar, no tengo con qué vivir yo mismo… Les pregunto y la respuesta es la misma: “Eso no importa. Pensá primero en ayudar a los demás.” No tengo idea, pero lo cierto es que algunos viven así, de verdad, pensando en ayudar a los demás, antes de ganarse su propia vida… Los admiro, pero creo que yo no soy una persona tan admirable como ellos, lamentablemente.

De todas maneras, por ahora no he perdido mi trabajo todavía, y sigo de alguna manera ayudando a los demás, a veces de manera formal como “voluntario”, y otras, simplemente ayudando a mis amigos, conocidos o amigos de mis amigos, que me piden cosas cuando quieren. No me interesa saber si estoy haciendo algo “bueno” o no, porque eso que se llama “voluntario” tendría que ver con “querer” (o más fácil sería pensar en el verbo italiano “volere”, que es lo mismo que “querer” pero más directamente ligado a “voluntario” en su etimología), o sea que es algo que uno hace por que quiere hacerlo. Y si yo hago algo porque yo quiero, eso sería para satisfacer mi propio deseo, y para qué debe ser considerado algo bueno, socialmente, o no. Pero… no sé. A veces hago algo supuestamente “bueno” porque… cuando mi vida es ya un desastre insalvable al que no le queda más que irse decayendo y cuando ahí juntos se van pudriendo mis inútiles conocimientos (de las cosas que estúpidamente sigo aprendiendo cuando en realidad más debería estar estudiando otras cosas, mucho más imprescindibles para sobrevivir, si sobrevivir quisiera seriamente, en el mundo laboral y social en que me he metido), a veces llego a pensar que quizá no estaría tan mal darle a esos inútiles conocimientos míos una oportunidad para que sirvieran de algo o para alguien, en lugar de solo pudrirse. No sé, pero lo cierto es que solo estoy haciendo algo que a mí me gusta hacer, y si ese algo, por casualidad resulta ser más “bueno” que “malo” para alguien (y que además, yo mismo me siento bien compartiendo algo con otras personas), creo que eso no sería un motivo para quejarme… Pero, en fin, yo sigo andando, totalmente desorientado en esta vida.

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Mi primera clase de español

O lo que pudiera serlo.

Sin tener mucha idea pero con todo gusto acepto asistir, por la invitación de unos amigos que me dicen que están empezando a enseñar español. Llego al local y resulta ser una clase organizada (si no desorganizada…) por la asociación internacional de la zona.

Para empezar, habla la que parece ser la “jefa”, de que se trata de una clase con la colaboración de amigos latinoamericanos que viven en la zona, y de que va a ser una clase en pequeños grupos. La idea me parece buena, porque además del aprendizaje del idioma, podrá ser una oportunidad para intercambio y amistad entre latinos y japoneses. Bueno. Seguidamente, la jefa pide que se presenten los profesores (son cuatro hablantes nativos, y uno no nativo…), y luego procede a dividir a los alumnos en cuatro grupos, de uno o dos personas, de manera que cada profesor atienda a un grupo. Uno de los profesores insiste en que el chico “no nativo” también enseñe porque realmente sabe y habla muy bien…., pero la jefa rechaza la petición, porque se ha anunciado, a través del boletín de la municipalidad, que va a ser una “clase con profesores nativos” y la gente viene para eso. Por ahí sí que la jefa tiene razón y, en realidad, el propio chico no pretendía enseñar tanto, sino limitarse a ayudar. Bueno, los profesores deciden que el chico va a estar con el grupo de los más principiantes, ayudando a una “profesora” que igualmente es pura principiante, para enseñar.

Terminando de coordinar las cosas, la jefa dice “Así que, empiecen por favor”, y ahí empieza el verdadero problema, porque, en fin, no sabemos cómo y qué enseñar. Una “profesora” nativa y un ayudante no nativo, atendemos a dos alumnos principiantes, el Sr N y la Sra H sin más material que un papel donde aparecen números, del “ichi” (1) al “nijû” (20) , y de ahí, de “sanjû” (30) a “kyûjû” (90), y de “hyaku” hasta “kyûhyaku” (900)…, escritos únicamente en japonés. Pero ¿qué es esto? Parecería un suplemento de un libro de enseñanza del idioma japonés, y no del español… Bueno, a nuestros alumnos la jefa solo les ha entregado esa hoja de números nada más, pero los profesores tienen una carpeta con más hojas, y ahí veo que después de los “números” siguen más hojas de “Lección 1”, “Lección 2”, “Lección 3”, etc, con más palabras y frases en japonés y español, pero sin ninguna explicación…. O sea…, llego a la contundente conclusión de que son fragmentos del libro auxiliar para hispanohablantes del famoso “Minna no Nihongo” (“Japonés para todos”). Pero a quién se le ocurre…

Si existen unas asociaciones internacionales bien organizadas y otras no tanto, la nuestra pertenece sin duda a la segunda categoría. Seguramente se deberá a la falta de personal y presupuesto, y es algo que entiendo bien, pero para organizar clases, no gratuitas, de idiomas me gustaría que pensaran un poquito más para ofrecer algo mejor, para no defraudar a los alumnos y para responder a la voluntad de colaborar de los amigos latinos. Bueno, como un simple visitante curioso, a mí no me corresponde opinar; por ahora solo espero que nuestros alumnos hayan podido aprender algo de números, que logren pronunciar bien el “diez” (la pronunciación más difícil, según el Sr N), y que podamos volver a encontrarnos en la próxima clase…

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El Código QR

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A veces voy a eventos internacionales (tipo éste por ejemplo), y si ahí encuentro gente de habla hispana, debe ser una buena oportunidad para difundir la información sobre una ONG con que estoy colaborando y donde, particularmente, soy el editor de su boletín informativo en español que justamente es para repartir a amigos latinos. Pero, lo malo es que no siempre ando con tantos ejemplares de mi boletín en mis manos, y en la mayoría de los casos resulta que, habiendo gente interesada, no tengo nada que entregarles y me limito a pedirles que copien a mano algunos datos para contacto (teléfono, dirección de página web, etc), ese “contacto” que no se sabe si luego se hará efectivo o si terminará siendo una promesa perdida…..

Pensando en eso es que se me ocurre imprimir el popular código de barras bidimencional, o Código QR, en la contraportada a partir de la edición más reciente, para que yo pueda llevar un solo ejemplar y los amigos puedan guardar los datos necesarios con solo apretar un botón (dos o tres…) de su celular. Mi preocupación sería la calidad de impresión, porque recurrimos a la imprenta más barata (y por consiguiente, de mínima calidad) y, por encima, utilizamos papel de color, condición que no sé si permitirá la lectura del código de barras impresa… Bueno, luego de realizar varias pruebas de impresión y lectura, parece que todo ha quedado como yo deseaba, y ahora espero que mi nuevo boletín, un poco modernizado, sirva para mi objetivo.

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Dicen que Japón es un Galápagos tecnológico (donde abundan casos de productos y tecnologías muy originales que solo tienen éxito dentro de Japón sin llegar a ser aceptados en el mercado global, como si se tratara de animales autóctonos de las famosas islas a 1000 kilómetros al oeste de la costa ecuatoriana). No sé si el Código QR es otro caso del Galápagos japonés, pero es que aquí, cualquiera anda con su lector óptico de código de barras, en cualquier momento (aunque eso sí, no se trata de una caja registradora de supermercado ni nada parecido, sino una función más del teléfono celular equipado con cámara digital). Bueno, los interesados, en caso de no haberlo probado aún, podrían probar este lector, entre muchas otras herramientas que se pueden buscar desde Wikipedia

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Consultas de noche

¡Mira, mira, este dulcecito de chocolate sabe a pescado! Pruébalo….. Verdad, ¿que sí?

Dos chicas, traductoras japonesa y filipina, están charlando animadamente. La japonesa quiere compartir el sabor recién descubierto con los demás. Yo lo pruebo también, pero la verdad no capto eso… ese supuesto sabor a bonito seco. Pero, bueno, tomo su envoltura y reviso sus ingredientes, que no tienen nada de pescado… Qué raro pero curioso. Y la japonesa, con buen ánimo sigue invitando a los demás traductores y abogados, a probar su sabor… aunque yo diría que lo mejor sería que la gente lo probara y diera su opinión primero, para que luego, recién le dijéramos lo de sabor a pescado. Porque si primero aclaramos las cosas, la gente ya no siente sino que busca lo indicado…

Bueno, luego de un rato vuelve a su sitio la chica, encargada de indicar el paso a los visitantes y organizadores de este evento, otra ocasión para consultas para extranjeros de mi asociación internacional. La novedad de hoy es que por primera vez lo hacemos un día de semana y en horario de noche, de 19:00 a 21:00 más concretamente. Es algo experimental y somos relativamente pocos los voluntarios y profesionales que estamos participando. Y relativamente pocas las visitas también. Son las 20:30 y parece que ya no va a haber más gente….. y los desocupados seguimos charlando libremente. Ahora me sumo a la conversación de otras chicas, indonesia y japonesa, y un abogado, que están hablando sobre cosas que tendrían que ver con el Código Civil, ciertos sistemas y jergas legales de Japón, conocimiento que luego puede servir para traducir mejor.

Hoy nos visitaron 11 personas, incluidas dos hispanohablantes. Y yo….. no atendí a nadie, porque llegué tarde. Había calculado que podría llegar aquí a las 19:00 si salía corriendo de la oficina a las 17:20, y guardaba la esperanza de poder hacerlo, pero la realidad es adversa: A pesar de ser el “Súper Día sin Horas Extras”, no me dejan en libertad sino hasta las 18:40, y de ahí solo logro llegar a las 20:10 a la Asociación Internacional, donde me comunican que ha habido dos visitantes latinos, que, por ausencia del traductor en castellano, han sido atendidos en inglés. Bueno, en mi oficina desde siempre hay días sin horas extras (una vez a la semana, está prohibido trabajar horas extras) y, además, este año se han fijado unos súper días sin horas extras (dos veces al mes, terminantemente prohibido trabajar horas extras)…. y por eso pensé que podría participar en las consultas esta noche pero, en fin, todo depende de la marcha del trabajo.

Pero, de todas maneras fue un momento agradable con gente interesante y con voluntad, y en donde si llega mi turno espero poder ser útil para algo, con lo que sé de idiomas… Aquí me siento bien, y creo que quizá valió la pena haber venido esta noche aunque solo para pasar un rato relajado en esta sala de espera y, tras el cierre de consultas, al menos colaborar con la limpieza, ordenando mesas, sillas y paredes.

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