Archivo mensual: septiembre 2009

Haiku en inglés y la escritura japonesa

You might think but this morning’s some fish.

Acaba de escribirlo en la pizarra el maestro de caligrafía japonesa, que antes de comenzar su clase suele contar chistes durante unos 15 minutos, tiempo necesario para que los alumnos preparen su tinta china. Y el chiste de hoy es un supuesto “haiku en inglés”. Un “haiku” aparentemente incomprensible, pero los chicos tratan de adivinar su significado. Yo might thinkYo might think

Yo sigo sin entender nada, pero algunos, no se sabe cómo, poco a poco empiezan a lograr descifrarlo. El maestro aplaude el acierto,

Iumai to
omoedo kesa no
samusa kana

(“Pensaba no mencionarlo, pero qué frío hace esta mañana”)

y procede a dar la explicación:

  • You might” se pronuncia así nomás, aunque con la fonética japonizada: “Iu maito”, que pasaría a significar algo como “no mencionarlo” en japonés.
  • Think but” se traduce al japonés: “omoedo”.
  • This morning’s” se traduce también: “kesa no”.

Por si fuera poca la ocurrencia hasta aquí, a ver lo que viene después:

  • Some” se pronuncia por fonética japonizada: “samu”.
  • Fish” se traduce: “sakana”.

Con la transformación de “some fish” en “samu sakana” (sin significado alguno) que se convierte luego en “samusa kana” (“Qué frío”), toda el aula estalla en risas. Y, bueno, el chiste termina, y a comenzar la caligrafía….

Años más tarde descubro que este “haiku en inglés” no fue un invento de aquel maestro de secundaria, sino un chiste anónimo más o menos conocido, que está bueno para reírse, pero… de aquí, más allá de las risas, hay algo que muchos japoneses no se dan cuenta. Empecemos por repasar las técnicas utilizadas para inventar este haiku,

  1. Pronunciación de las palabras en inglés por fonética japonesa (a veces dejando de lado su significado en inglés).
  2. Traducción por partes de las palabras en inglés (olvídense de su pronunciación original y la gramática inglesa).
  3. Uso de las palabras de tipo (2), para solo representar la pronunciación de la palabra japonesa correspondiente (como ocurre con la palabra “fish” pronunciada “sakana”)
  4. Combinación indiscriminada de (1), (2) y (3) para formar otras palabras.

Y ahora imaginemos qué ocurre si, en la explicación arriba, reemplazamos “inglés” y “palabras en inglés” por “chino” e “ideogramas chinos”. Mi conclusión es de que esto no es cosa de broma, en absoluto; Es la perfecta descripción del uso de kanji en el idioma japonés, en serio.

La escritura japonesa, con su particular forma de leer/escribir kanji, puede ser considerada un gran invento, admirable y sin igual para algunos, eso sí, pero a la vez no deja de ser un tremendo juego de adivinanza, especialmente cuando se trata de nombres de personas, lugares, empresas, etc. De ahí que, si me preguntan cómo se lee, se escribe, o significa tal o cual nombre en japonés, suelo no dar una respuesta….

(Enseñándome una tarjeta, por ejemplo) ¿Cómo se llama este señor?
– Pues, no sé.
– Pero, aquí está escrito su nombre, o ¿no?
– Sí, está escrito.
– Entonces ¿cómo que no sabes?
– Está escrito, pero no se sabe cómo se lee…

Y es que para descifrar el nombre o dirección en kanji de un japonés desconocido, se necesita la misma capacidad adivinatoria para leer el haiku de “You might think…“, que además, al tratarse de una “traducción” (o “imaginación”, diría yo) muy libre, una misma frase, palabra, o ideograma puede tener diferente interpretación o lectura según cada autor….

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Oshisu

– ¿Qué vamos a comer?
– ¿Cómo que “
¿Qué vamos a comer?” recién a esta hora (pasadas las 9:00 de la noche)?  Debiste haber empezado a pensarlo más antes..
– Bueno… ¿qué tal si vamos a comer
oshisu?
– Ah, qué buena idea.

Es un poco tarde para cenar en este caso, porque hay un visitante que luego de cenar y charlar un rato más ya se tiene que ir, antes de la hora del último tren. Y si ese visitante había llegado ahí horas antes…. Bueno, de todas maneras decidimos ir al restaurante de oshisu, que aún no sé qué clase de comida podría ser en este momento.

Salimos y caminamos, intercambiando preguntas y respuestas para adivinar. ¿Oshisu es de Japón o de Latinoamérica? (De Japón). ¿Cuántos por ciento de los japoneses lo habrán comido? (Quizá un 90%). ¿Cuántos por ciento de los visitantes extranjeros aquí lo prueban? (¿Más de 50%?, no se sabe). ¿Habrá locales de oshisu en Latinoamérica también? (Sí). ¿Sus ingredientes son de origen animal o vegetal? (Animal, principalmente). ¿Es picante? (Quizá… en algunos casos), etc.

Sin una conclusión todavía, llegamos ya al restaurante de oshisu. Al entrar, encontramos esta máquina con panel de tacto,

oshisu1

donde indicando cuántas personas somos, sacamos un papelito con un número de orden, y a la vez la máquina calcula el tiempo estimado de nuestra espera. Hay más de 20 personas en la cola y esperamos un buen rato.

El interior del restaurante es un tanto particular. Hay una mesa larguísima que va paralelo a una faja transportadora en movimiento.

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Las personas se sientan en línea, y además de lo que hacen en la superficie de la mesa, tocan la misteriosa pantalla, al parecer de tacto, colocada frente a cada comensal. No evito pensar que la escena se parece a la de una línea de producción, o de un local de pachinko. En fin, el sistema parece ser de que la faja transporta variados platos de oshisu preparados al azar o por algún plan, y cada comensal puede agarrar los platos que le parezcan ricos. En caso de querer un plato en específico, se puede pedir… Y mi curiosidad sigue: ¿Qué pasa si pedimos un plato pero si algún otro comensal lo agarra antes que llegue a nosotros? O, si tuviéramos la mala suerte de tener un “vecino de línea” con un gusto exactamente mismo que el nuestro, ¿acaso no sería que nuestros platos favoritos nunca llegarían hasta nosotros? Bueno, ya lo veremos. Un parlante colocado en el techo anuncia nuestro número de orden.

Nosotros no nos sentamos en línea. Vamos a una mesa más “normal”, pero, igual, al lado de la faja transportadora que es una verdadera curiosidad

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y con la mágica pantalla de tacto para hacer pedidos.

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Primero me doy cuenta de que aquí los platos preparados a pedidos van sobre una plataforma con la indicación de “PLATO PEDIDO”,

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para diferenciar de los platos “al azar” que van sin la plataforma. Si no terminan de aclararse mis dudas porque no sé si esos platos “a pedido” son para nosotros o si alguna otra persona los pidió también… Es entonces, que suena una alarma y cambia la imagen en la pantalla, que nos está avisando la llegada del plato nuestro.

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Bueno, pero… qué ocurre si aún a pesar de este increíble sistema de transporte y telecomunicaciones nos equivocamos, y tomamos o dejamos de tomar unos platos nuestros o ajenos…

Después de un buen rato y con la barriga llena, apretamos el botón de “Cuenta” de la pantalla y… Muy en contra de mi gran expectativa tecnológica-informática, aparece un señor de carne y hueso, que empieza a contar “ichi, ni, san, shi….” (tal como enseña el famoso “Minna no Nihongo”) los platos que tenemos acumulados en la mesa… Y es que aquí todos los platos tienen el mismo precio (equivalente a una lata de Coca Cola, aproximadamente), y basta saber el número de platos para sacar la cuenta. El postre tenía un precio diferente, pero se puede distinguir porque venía en un recipiente diferente.

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En fin, aquí se paga lo que se ha consumido. Está todo bien, pero yo me quedo con ganas de ver algún día el sistema de oshisu automatizado más completo. Para sacar la cuenta automáticamente, sería interesante que se implementara un mecanismo para detectar el tipo y número de los platos sacados de la faja y colocados en la mesa del comensal, cosa que se podría realizar quizá utilizando la etiquetas RFID. Bueno, en realidad dicen que los platos de este tipo de locales ya tienen la etiqueta RFID incorporada, para control de calidad, para poder retirar los platos viejos de la faja transportadora (sea, platos que no hayan sido consumidos en determinado tiempo luego de ser preparados y colocados en la faja), y para calcular la cuenta también (en algunos locales donde cada plato tiene diferente precio, se utiliza el lector de RFID en lugar de contar los platos manualmente….). Solo que en este local que visitamos, no se necesitaba tanto.

Y mi última duda de la noche: ¿Qué es oshisu, en fin? Bueno, debe ser osushi, o simplemente sushi, pero es que mis amigos tienen un sobrino de cuatro años que dice oshisu en lugar de osushi….

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Mi primera clase de español

O lo que pudiera serlo.

Sin tener mucha idea pero con todo gusto acepto asistir, por la invitación de unos amigos que me dicen que están empezando a enseñar español. Llego al local y resulta ser una clase organizada (si no desorganizada…) por la asociación internacional de la zona.

Para empezar, habla la que parece ser la “jefa”, de que se trata de una clase con la colaboración de amigos latinoamericanos que viven en la zona, y de que va a ser una clase en pequeños grupos. La idea me parece buena, porque además del aprendizaje del idioma, podrá ser una oportunidad para intercambio y amistad entre latinos y japoneses. Bueno. Seguidamente, la jefa pide que se presenten los profesores (son cuatro hablantes nativos, y uno no nativo…), y luego procede a dividir a los alumnos en cuatro grupos, de uno o dos personas, de manera que cada profesor atienda a un grupo. Uno de los profesores insiste en que el chico “no nativo” también enseñe porque realmente sabe y habla muy bien…., pero la jefa rechaza la petición, porque se ha anunciado, a través del boletín de la municipalidad, que va a ser una “clase con profesores nativos” y la gente viene para eso. Por ahí sí que la jefa tiene razón y, en realidad, el propio chico no pretendía enseñar tanto, sino limitarse a ayudar. Bueno, los profesores deciden que el chico va a estar con el grupo de los más principiantes, ayudando a una “profesora” que igualmente es pura principiante, para enseñar.

Terminando de coordinar las cosas, la jefa dice “Así que, empiecen por favor”, y ahí empieza el verdadero problema, porque, en fin, no sabemos cómo y qué enseñar. Una “profesora” nativa y un ayudante no nativo, atendemos a dos alumnos principiantes, el Sr N y la Sra H sin más material que un papel donde aparecen números, del “ichi” (1) al “nijû” (20) , y de ahí, de “sanjû” (30) a “kyûjû” (90), y de “hyaku” hasta “kyûhyaku” (900)…, escritos únicamente en japonés. Pero ¿qué es esto? Parecería un suplemento de un libro de enseñanza del idioma japonés, y no del español… Bueno, a nuestros alumnos la jefa solo les ha entregado esa hoja de números nada más, pero los profesores tienen una carpeta con más hojas, y ahí veo que después de los “números” siguen más hojas de “Lección 1”, “Lección 2”, “Lección 3”, etc, con más palabras y frases en japonés y español, pero sin ninguna explicación…. O sea…, llego a la contundente conclusión de que son fragmentos del libro auxiliar para hispanohablantes del famoso “Minna no Nihongo” (“Japonés para todos”). Pero a quién se le ocurre…

Si existen unas asociaciones internacionales bien organizadas y otras no tanto, la nuestra pertenece sin duda a la segunda categoría. Seguramente se deberá a la falta de personal y presupuesto, y es algo que entiendo bien, pero para organizar clases, no gratuitas, de idiomas me gustaría que pensaran un poquito más para ofrecer algo mejor, para no defraudar a los alumnos y para responder a la voluntad de colaborar de los amigos latinos. Bueno, como un simple visitante curioso, a mí no me corresponde opinar; por ahora solo espero que nuestros alumnos hayan podido aprender algo de números, que logren pronunciar bien el “diez” (la pronunciación más difícil, según el Sr N), y que podamos volver a encontrarnos en la próxima clase…

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Concurso de negritos

En tiempos en que aún no se hablaba tanto de los daños del rayo ultravioleta, cáncer de la piel ni nada, tiempos en que los niños correteaban sin protección alguna bajo el sol de verano y si se bronceaban mucho, esa piel oscura era considerada como un signo de niño activo, niño saludable, niño que se divirtió mucho durante las vacaciones…. De ahí venía la idea, quizá.

En ese colegio primario, cada miércoles se organizaba una reunión matinal, donde todos los niños salían al patio y juntos realizaban una actividad colectiva antes de las clases. Y ocurre ahí que en una ocasión, en la primera reunión después de las vacaciones de verano, se anuncia que la actividad de esa mañana es un “Concurso de Negritos”: Cada uno de los 30 salones (5 salones por cada curso) elegirá a su “candidato”, que saldrá adelante y se presentará ante todos los chicos. De ahí, de los candidatos representantes de los salones se elegirá al “más negrito” de cada curso, de acuerdo a la cantidad de aplausos recibidos.

En uno de los salones había un chico que de nacimiento tenía la piel oscura, que permanentemente era motivo de burla por parte de los demás chicos. No se sabe por qué para cada ocasión tenían que hablar [hablar mal] del color de su piel pero era así y, alguna vez, hasta su propio hermano y primo se burlaban de él, diciéndole “¡Extranjero negrito! ¡Extranjero negrito!”. Entonces, está muy demás decir que ese chico odiaba hablar del color de piel, y que no le hacía ninguna gracia el tal “Concurso de Negritos”. Si es que algunos chicos están felices de su piel temporalmente “negrita”, está bien que ellos se diviertan haciendo su concurso o lo que quieran, pero que a mí no me metan, jamás

Sin importar el sentimiento de ese chico, sucede que ni bien se terminó de dar la explicación del evento, los chicos de su salón ya sabían quién iba a ser su candidato. Sin discusión ni conversación, era ya la decisión de todos (menos uno…). El chico “negrito” se resiste, pero uno contra todos, es una batalla perdida. Sus “compañeros”, con la única finalidad de que se haga el ridículo ante los más de 1000 chicos del colegio, lo agarran, lo empujan y lo arrastran hacia adelante para forzarlo a ser el candidato, en lo que pareciera ser la escena de una operación ilegal del Comando Especial Anti Terrorista al momento de capturar y llevarse a un sospechoso subversivo…

Es realmente curioso que, habiendo tanto desprecio hacia la piel oscura natural por una parte, por otra haya quienes se pongan felices de broncearse, o que hasta recurran a salones de bronceo para, a propósito, ponerse “negros” artificialmente… Bueno, si antes no se hablaba de los daños del rayo ultravioleta, tampoco había niños extranjeros en los colegios. Si hoy en día ha cambiado la situación, con la presencia cada vez más frecuente en los colegios de niños de diferentes colores, espero que haya más aceptación y tolerancia hacia lo diferente, y un poco más de cuidado a la hora de organizar eventos escolares también…

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En ómnibus

Para llegar a la granja de alpacas, esta vez optamos por participar en una excursión en ómnibus organizada por una agencia de viajes, tras descartar la posibilidad de ir en Shinkansen (demasiado caro, y además, la granja queda a 15km de la estación más cercana, en una zona donde no hay otro medio de transporte que el taxi) o de ir en carro desde Tokio (el alquiler del carro, el peaje de la autopista, la gasolina…, mucho gasto en fin).

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El ómnibus, con 40 pasajeros (mayormente parejas o grupos de amigos jóvenes), una guía y el chofer, sale de las estación de Tokio a las 8:00 y, tras viajar poco más de dos horas, llegamos a nuestro primer destino del día: El Jardín de Outlet de Nasu, una de las más de 30 gigantescas galerías de outlet repartidas en diferentes zonas de Japón, con tiendas de artículos de marcas recontra caras, que aquí están con un buen descuento por ser outlet, teóricamente, pero cuyos precios “rebajados” aún siguen siendo desorbitantes para nosotros. Realmente no tengo idea de qué clase de personas podrían darse el lujo de comprar ropa, zapatos, accesorios o lo que sea, que con dos, tres o cuatro ítems, ya pueden superar fácilmente el sueldo de un mes de un pobre trabajador japonés….

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Bueno, aquí los visitantes no necesariamente compran; creo que muchos vienen solo a mirar y pasar tiempo al igual que nosotros. Menos mal es que hay espacio para los no compradores también, y un poco nos divertimos en la sección de animales. Parece que a veces vienen alpacas aquí también, pero hoy día no.

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Luego de pasar dos horas en Outlet, salimos de ahí para por fin llegar a la Granja de Alpacas, donde también pasamos dos horas, y…

Ahora llegamos al tercer destino del día: Un lugar llamado Castillo de Dulces, donde nos dan dos opciones: entrar en baños de aguas termales o pasear por un jardín de flores.

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Bueno, es solo para comentar que es realmente impresionante el amor de tantos japoneses hacia baños termales. En caso mío es que si ocasionalmente salgo de viaje con amigos o compañeros de trabajo japoneses, es prácticamente imposible no pasar por algún que otro lugar de baños termales, porque, aún en caso de que el viaje tuviera otro destino u otro objetivo más principal, siempre hay chicos que buscan y encuentran un centro de onsen que se pueda visitar de paso… (Bueno, en esto se podría decir que yo no soy muy típico de aquí, ya que soy capaz de vivir solo con la ducha y sin meterme en la bañera. Soy incluso capaz de visitar un balneario  muy famoso y regresar de ahí sin bañarme, si es que el agua es demasiado caliente para mí… ¿Será que tengo la “piel de gato”?). En todo caso, me parece bien típico que un tour en ómnibus incluya una visita a un baño termal.

Salimos de Nasu a las 17:30, y llegamos a Tokio a las 20:40, con 40 minutos de retraso debido al tráfico del último domingo de agosto. Un domingo fuera de la rutina…, creo que no está mal participar a veces en un viaje organizado, en ómnibus.

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Granja de Alpacas

Si de los auquénidos o “camélidos andinos” se habla, quizá algunos habrán oído mencionar el nombre de la llama alguna vez, pero ¿cuántos japoneses habrían visto una aplaca, si no por el simpático comercial de una empresa japonesa fabricante de materiales sintéticos? No deben ser muchos, pero gracias a esa publicidad de esa empresa (que no se sabe qué tiene que ver con el animal…) es que descubrimos que en Japón también existía una granja de alpacas. Entonces, ¿por qué no vamos un día a conocer a la popular Hanako (la que sale en el comercial) y otras amigas alpacas?

Desde que se nos ocurrió la idea, en julio, tuvimos que pensar mucho porque la granja queda un poco lejos y de acceso no demasiado fácil, pero al final sí, encontramos una manera y decidimos ir hasta la altiplanicie de Nasu (en la prefectura de Tochigi, a 150 kilómetros al norte de Tokio) el último domingo de agosto, día de la histórica derrota del Partido Liberal Demócrata…

Bueno, sin más preámbulos, lleguemos de una vez a la granja. Entramos y caminamos entre mucho verde y pasando la pequeña zona de avestruces y caballos miniatura,

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ahora sí, encontramos a las alpacas.

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La granja fue fundada con 200 alpacas traídas del Perú hace algo de 10 años. En los primeros años tuvieron que enfrentar muchas dificultades, por el desconocimiento sobre la crianza del animal, sus enfermedades y todo, pero poco a poco vienen solucionando los problemas y el año pasado, con cerca de 400 alpacas ya, abrieron la puerta a los visitantes. Su objetivo es la sanación, o que a través del contacto con las alpacas la gente se libre del estrés, se relaje y recupera la energía… (es lo que más necesito, justamento) y para eso buscaron el lugar no demasiado lejos de las grandes ciudades (bueno, digamos que Nasu tampoco está demasiado cerca, pero para criar a animales originarios de las zonas andinas, a más de 3000 metros de altura y con el clima más cercano al de Hokkaidô, no pudo ser cualquier lugar).

Las alpacas son muy cautelosos y difícilmente se acercan a las personas desconocidas. Uno de los guías de la granja, peruano, afirma nunca haber logrado acercarse, a menos de 20 metros de distancia, a una alpaca en su propio país, pero aquí es diferente…

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Las alpacas bien entrenadas se nos acercan a pedir la comida, comen de nuestras manos, se dejan fotografiar muy de cerca

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y hasta podemos pasear con algunas de ellas, como si fueran perritos… Bueno, no para sacarlas a la calle, sino por una zona especificada dentro de la granja.  A la hora de pasear con una alpaca, especialmente hay que tener especial cuidado para no tocar su trasero (porque no le agrada, y te puede dar una tremenda patada) y para no permitirle desviarse y entrar al pasto, porque una vez ahí, come y come y nunca se mueve.

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No nos queda más que seguir mirando y manoseando su apreciado pelaje, y así se acaba el tiempo. Viene un empleado de la granja, que no se sabe qué obra de magia hace para mover la comelona de nuestra alpaca para llevársela al punto de partida. Bueno, no está mal, igual nos divertimos y seguimos gastando mucha memoria (por no decir rollos de película que ya no uso) en diferentes secciónes, de machos, de hembras, de crías, etc.

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Y, bueno, ésta es la famosa Hanako, la del comercial. Parece que hoy está bien tranquila.

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Colores de verano

En algunos países se supone que el otoño empieza desde el 23 de septiembre mientras que en Japón estamos en otoño ya desde el 7 de agosto. En cualquiera de los casos no parece tener mucho significado el cambio del mes, de agosto a septiembre, pero en realidad… creo que es en estos días de inicios de septiembre cuando más gente siente la llegada de otoño o el fin de verano, porque empiezan las clases. Bueno, eso de clases podría ser solo para los escolares, sus padres y maestros, y yo no tengo nada que ver con eso, pero esta vez sí siento el otoño, por el clima. Ya no hace calor, casi, llueve, y las chicharras ya no cantan con tanta intensidad.

Este verano que se va, me parece que fue corto y poco caluroso. Hubo días de calor también, eso sí pero no tanto como para soportar temperaturas máximas más altas que la temperatura corporal durante días o semanas seguidas, o no sé si ya no me acuerdo… Y más que calor lo que recuerdo serían terremotos, tifones, lluvias e inundaciones en algunas regiones de Japón, sin que pasara nada en Tokio, milagrosamente. Y las elecciones, donde se acaba de producir otro milagro, que por mucho tiempo parecía imposible… Y ahora se me ocurre pensar que podrían ser los señores del PLD quienes más están sintiendo el fin de una época.

Bueno, antes que se vaya definitivamente el verano, aquí colocaré unas fotos de los últimos días de calor.  Es un campo de cien mil girasoles, que no está tan lejos de mi casa pero que por primera vez fui a ver:

girasoles1girasoles2

girasoles3girasoles4

Bueno, ahora me falta ordenar las fotos del otro paseo, del día de las elecciones, que ya no parecen de verano…

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