¡Trabajadoras del mundo, uníos!

En mi rato libre tengo el deseo de no dejar el hábito de leer y últimamente sigo con “M.C.: un intruso en el laberinto de los elegidos”, que resulta no ser una lectura tan liviana ni tan “entretenida” y me está tomando mucho más tiempo de lo imaginado. No recuerdo cuándo empecé a leerlo ya pero debe haber sido hace meses atrás y apenas voy por la página 120, de las más de 500 que hay… y realmente no sé cuándo terminaré (o si algún día terminaré o no), con la sensación de andar en la oscuridad total a veces….

Y, bueno, digamos que lo de “oscuridad total” no es una metáfora. De alguna manera es real porque, con tal de ahorrar todo lo ahorrable (no en términos energéticos, sino para reducir mínimamente el enorme déficit financiero de la empresa), se apaga la luz en mi oficina durante la hora de almuerzo, justo cuando dispongo de más tiempo para leer… Mi escritorio está en el “interior” del edificio, un poco alejado de las ventanas y…. de cualquier modo no entran sol por las ventanas, tapadas doblemente con cortinas y persianas, quizá para la siesta de nuestros superiores que tienen sus escritorios justo al lado de las ventanas. Bueno.

De ahí, al menos encontré un refugio, que son unos espacios para conversaciones, con mesas y sillas y, para mi suerte, al lado de unas ventanas lejos de los espacios de los jefes, así que ahí podía ser el lugar para mi lectura después de almuerzo… PERO realmente no se sabe cómo sobreviene un contratiempo tras otro: en mi sección hay cierto número de mujeres, que a diferencia de los varones que suelen comer en el restaurante de la oficina, traen su comida preparada ya de su casa, el famoso “obentô” (casero o comprado). Hasta aquí no hay problema. Está muy bien… pero la desgracia mía es que estas chicas ocupan esos espacios para conversaciones que bien hubieran podido ser míos para mi modesta lectura. Alguna vez se me ocurrió que como había dos espacios con esas mesas, podría ser que las mujeres ocuparan un espacio y yo el otro, y resulta que muchas veces el mundo no anda como me gustaría que anduviera. Y es que aparentemente, entre las chicas hay varios grupos, que no se juntan a comer en una mesa, sino divididas en dos mesas, dejándome a mí sin mi sitio preferido para leer.

Es cuando me dan ganas de gritar: ¡Trabajadoras del mundo, uníos!

1 comentario

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Una respuesta a “¡Trabajadoras del mundo, uníos!

  1. 😂😂😂😂😂😂😂😂 Le donne!

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