La división

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Supongamos que estamos ante una botella de refresco y dos vasos de formas dispares, y dos niños (A y B) que tienen sed. Ninguno de los dos se conformarían con una porción menor que el otro; ambos quieren tomar más, pero saben que no pueden quejarse si cada uno se asegura, al menos, la mitad exacta del total. Entonces, ¿cuál sería la forma de repartir la bebida? Bueno, una solución sería:

  1. El niño A reparte el refresco en los dos vasos, muy exactamente según él, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de los dos vasos.
  2. El niño B toma uno de los vasos a su gusto, y A toma el vaso que B no eligió.

Y ¿si fueran tres niños (A, B y C) con tres vasos en lugar de dos? El asunto se complica un poquito pero la solución existe:

  1. El niño A reparte el refresco en tres vasos, muy exactamente según él, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de los tres vasos.
  2. El niño B elige dos (los “mejores” dos según él) de los tres vasos . Si considera necesario, puede hacer ajustes entre los dos vasos elegidos, de manera que él mismo esté dispuesto a aceptar cualquiera de estos dos vasos. El tercer vaso, que no eligió, lo dejará sin tocar.
  3. El refresco quedó dividido y ahora se decide quién tomará de cuál vaso:
    El niño C elige a su gusto cualquiera de los tres vasos.
    (3a) Si C eligió uno de los dos vasos intervenidos por B: entonces B toma el otro vaso intervenido por sí mismo y A toma el vaso que queda.
    (3b) Si C eligió el vaso no intervenido por B: entonces A elige cualquiera de los dos vasos que quedan, y B toma el otro vaso que queda.

Bueno…

Ocurre un domingo por la noche, cuando estábamos tres amigos charlando de cualquier tema y pasándola bien. De un momento para otro nos acordamos de que teníamos una torta, así que uno de nosotros va a la cocina a dividirla… y de ahí se oye una carcajada:

¡Oh, este pedacito salió bien grandecito, ja ja!”

Alarmados, acudimos todos al lugar de los hechos y sí, presenciamos algo que, de darse ciertas condiciones, podría desatar una guerra total… Así es que les explico a los presentes que existe una manera para solucionar el conflicto según la cual, sin necesitar ningún instrumento de medición precisa, todos podríamos quedar conformes. Pero, bueno, a veces sucede que una autoridad puede más que la lógica, y el conflicto termina de una vez por todas, con la declaración de quien partió la torta:

No, no se preocupen. No hace falta ningún trámite ni ajuste; yo me quedo con este pedacito (el grandecito), y punto.”

Y…, bueno, no pasa nada. Estábamos charlando de cualquier tema y pasándola bien, y ¿para qué tanta guerra por el tamaño de unos pedacitos de torta?

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