Primavera 2

Como ocurre aquí en cada primavera, de suroeste para nordeste del Japón avanza el denominado Frente de Cerezo, a cuyo paso se va emitiendo la Declaración del Estado de Floración de Cerezo en las zonas alcanzadas por el frente, algo que de una manera podría parecer cosa de niños pero definitivamente debe ser mucho mejor poder vivir hablando de esas niñerías (y no de un tal Frente Nosécuál de Liberación Nacional o algo por el estilo con sus Zonas Liberadas declaradas a su paso)…

En todo caso, lo inusual de esta primavera ha sido la rapidez del avance del Frente de Cerezo, que, batiendo todo el récord meteorológico en lo que se conserva el registro, recorrió el archipiélago japonés alcanzando muchas zonas antes de que la gente se preparara para la ocasión, lo cual no dejó de afectar a ciertos sectores, los de establecimientos comerciales, municipios y policía, sobre todo, que no pudieron montar a tiempo su oferta para la época de cerezo o no pudieron alistar bien los parques destinados a sus festivales de primavera, ni colocar personal para la seguridad durante los eventos, etc., inconvenientes que al parecer no afectaron demasiado al ánimo de los ciudadanos, con que en estas últimas semanas abundan noticias y reportajes sobre el tema en los medios de prensa, con amplios detalles sobre cómo se divierte la gente haciendo sus fiestas bajo árboles de cerezo en populares lugares para eso, como el Parque de Ueno (que tuvo un millón de visitantes en un solo fin de semana).

Y de esos reportes de prensa, lo que resultó especialmente interesante esta vez fue sobre la vida de los sinhogares que viven en el mismo Parque de Ueno, quienes terminaron siendo los más beneficiados de las fiestas de cerezo. Y es que su fuente de ingreso son las latas (de cerveza, refrescos, etc.) que tiran los visitantes, que los sin techos recogen y juntan para luego vender a empresas dedicadas a reciclaje de materiales, cuyo precio es de 100 yenes por kilo aproximadamente en la actualidad en caso de latas de aluminio. De ahí que con más visitantes al parque, más oportunidades para los sin hogares, aunque su trabajo no es fácil, ya que precisamente cuando hay más oportunidades, hay más rivales (sea, otros sin hogares) también y, por consiguiente, la necesidad de innovación…

  • Uno de esos señores, en vez de recoger solamente las latas ya tiradas, decidió hacer tratos con sus “proveedores”: a la hora que empiezan las fiestas, salió a recorrer el parque a conversar con el líder de cada uno de los grupos fiesteros, para entregarles una cajita de cartón y pedirles que al terminar sus fiestas, dejen las latas en dicha caja para su posterior recogida. El trato es beneficioso para ambas partes ya que el sin hogar asegura así sus latas para luego vender, mientras que la otra parte ahorra el trabajo de llevar las latas hasta el tacho de basura del parque.
  • A otro señor se le ocurrió una brillante idea de colocar una caja de cartón al lado de los basureros del parque. Si de antemano se deja unas latitas en su caja, la gente cree que las latas se depositan ahí y así, el señor ya no necesitará hacer nada más que venir a recoger sus cajas a la hora conveniente; ya no hace falta andar por todo el parque mirando hacia abajo en busca de latas tiradas en el suelo.

Y… ¿qué tal fueron sus resultados? Bueno, lo cierto es que en la vida pasan muchas cosas, no necesariamente como se imaginaba al principio. El primer señor, que sabe entablar conversaciones con gente porque fue taxista antes de ser sin hogar, va consiguiendo sus contratos pero a la vez ocurre que mucha gente alegre lo invita a tomar una lata de cerveza al charlar un rato. Una lata con un grupo se convierte en muchas latas con muchos grupos y el señor, medio borracho al final de su gira de negociaciones, termina a punto de no recordar cuál fue su primer objetivo: lo de recoger sus cajas de cartón después, mientras que los grupos que aceptaron el trato, tampoco es que recuerden siempre con quién fue el trato (y eso sí, porque, además de la borrachera, el sin hogar no les dio tarjeta de identificación ni nada) y a veces terminan entregando la susodicha caja de latas a cualquier sin hogar… Con estos y otros contratiempos, y quizá con algunos sucesos afortunados, algunos logran su objetivo inicial mientras que otros no. Un sin hogar afirmaba al principio que pensaba ganar cien mil yenes, por ejemplo, puede terminar conformándose con unos 5000 yenes, que de todas maneras debe ser una buena ganancia para él y, al pregúntarsele cómo usaría su dinero, contesta que quiere comer algo rico, como gyûdon… Otro sin hogar, que no recuerdo cuánto ganó, quería comprar unos zapatos…

En fin, así va la escena de primavera en Japón.

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Archivado bajo costumbres, general, japón

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