Al dentista (1)

Mientras que la sociedad japonesa enfrenta una severa escasez de obstetras y pediatras, lo contrario ocurre con los dentistas, que más bien pueden estar de sobreoferta, al menos en las grandes ciudades, algo que a uno le conviene en caso de necesidades, ya que no hace falta correr buscando consultorios ni marcar innumerables números para conseguir hacer citas. En algunos casos basta pararnos en una intersección y mirar por ahí, y puede saltar a nuestra vista un gigantesco letrero de dentista en lo alto o paredes de los edificios de cada una de las cuatro esquinas… De ahí no nos toma mucho tiempo pasar por las puertas de los cuatro consultorios para así comparar sus horarios de atención, grado de modernización, nivel de horrores, etc…

Y así fue una noche a finales de noviembre del año 2012 de nuestra era, cuando decidí poner fin a unos dos problemas que cada cierto tiempo (una vez, dos o tres al año, ya desde hace más de una década) me fastidiaban por una semana o dos. Bueno, un problema tenía que ver con una muela de juicio y el otro con las encías, y los dos tenían algo en común: dolores, que me imagino que muchos preferirán no tener. El tema es que eran dolores que, si bien eran bien fuertes, duraban solo una semana o dos (y desaparecían antes que yo decidiera acudir al dentista, aunque bien sabía que sin debido tratamiento, los problemas nunca iban a terminar definitivamente).

Me parece que una tendencia es la prolongación del horario de atención: si antes los dentistas no atendían por la noche y descansaban uno o dos días a la semana, ahora es fácil encontrar consultorios abiertos hasta las 8, 9 o incluso hasta las 11 de la noche y sin dejar de atender los sábados y domingos, seguramente por la feroz competencia por la sobreoferta y también por captar la necesidad de la gente, que anda cada vez más ocupada y cada vez menos tiempo tiene para ir al dentista. Bueno, además del horario, también hay mucha oferta en cuanto a su ubicación conveniente: en un rincón de un edificio de establecimiento comercial anexo a una estación de tren, por ejemplo. No debe salir barato el alquiler de locales tan convenientes y no sé de dónde sale tanto dinero (¿del bolsillo de sus clientes…?) y supongo que alguna gente podría temer que en los consultorios así modernos con cierto toque comercial además del médico, de repente pudiera darse más importancia a contar dinero para recuperar la inversión que curar dientes enfermos… Bueno, esto último es solo una imaginación infundada, y no para desprestigiar a nadie, para nada.

El hecho es que por la necesidad mía, en cuanto al horario y lugar para poder acudir después del trabajo, por primera vez opté por ir a un consultorio de esos, de atención hasta las 21:00 en un rincón de un edificio comercial…

(Continuará)

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