Sala de expulsión

Algunas grandes y muy conocidas empresas de Japón tienen algo que recibe el nombre de “sala de expulsión”, que, más que a una sala física, se refiere a una sección o puesto de trabajo adonde se trasladan cierto tipo de empleados que antes se dedicaban a otro tipo de labores en otras especialidades, quienes, ahora en su nueva sección, en algunos casos encuentran una tarea muy difícil, en cantidad o en calidad, con una meta prácticamente imposibles de cumplir, o en otros casos, al contrario, casi no encuentran trabajo y solo mata tiempo sin hacer nada desde la mañana hasta la tarde todos los días (situación bastante cómoda para las personas más descaradas, quizá…), dos situaciones extremamente opuestas pero con la misma finalidad: lograr que los empleados en cuestión se sientan lo suficientemente inútiles; que se resignen a que no hay espacio para ellos en la empresas y que decidan renunciar “por voluntad propia”.

Aunque sin usar el término “sala de expulsión” (y en cambio, el de “botadero final”), la revista económica Nikkei Business recoge, en un especial titulado “Renunciar o perseverar: balance económico de la jubilación anticipada” sobre la situación de quienes trabajan o han trabajado en ciertas empresas en tiempos de crisis (edición del 18 de junio del 2012), el caso de un hombre que de un momento para otro fue trasladado a una sección desconocida, que resultó ser una especie de central telefónica, con decenas o centenas de compañeros sentados en una sala de conferencias, cada uno con un aparato de teléfono y guía telefónica en la mesa para realizar su tarea, que consistía en llamar, sin cesar, a cuantas personas se pudiera y venderles cosas que se sabía que nadie querría comprar (tipo “cursos de inglés de dudosa fama y de elevadísimo precio”, etc). En la sala hay un vigilante para que los “vendedores” no dejen de trabajar, pero no se pone ningún objetivo numérico de venta ni tampoco hay elogios/reprendimientos por el resultado porque ya se sabe que nadie querrá comprar sus productos y eso no importa… El objetivo de la sala era… esperar la resignación y renuncia voluntaria de sus “vendedores”, a quienes no les dan otra salida y por eso era el botadero final

Bueno, no se sabe si mi compañía también tiene tal sala o botadero, pero ha anunciado que por enésima vez está planeando una decapitación masiva y una gran rebaja de sueldos… La vez pasada terminé sobreviviendo pero esta vez no sé cómo será. Sabremos el resultado dentro de cuatro meses.

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