Un año

Dicen que son unos 22 millones de toneladas de escombros en total, que no se sabe a dónde irán a parar. Y es que, aunque hay algunos alcaldes y gobernadores de diferentes partes del país que están dispuestos a aceptar, procesar o depositar parte de dichos residuos en su zona, también hay habitantes, y no pocos, que salen a protestar tan pronto como se anuncia tal disposición, principalmente por el temor a la contaminación radiactiva. Sería una reacción previsible, si se toma en cuenta que hasta hay gente que, antes de hablar de los escombros, ni siquiera soportó seguir viviendo en Tokio (a 200 kilómetros de Fukushima) y huyó hasta Kyûshû o Okinawa para estar lo más lejos posible de la central nuclear. Supongo que tal gente jamás aceptará tener cerca nada proveniente de las zonas afectadas del terremoto. Y si es así hablando de los escombros en general, ¿cuál sería el caso de los residuos radiactivos, producto de las labores de descontaminación de las zonas donde se detectó radiactividad (cuando se dice “descontaminación”, es en realidad “separación y concentración” de radiactividad, que obviamente produce residuos más densamente contaminados, que nadie querrá recibir…). El Gobierno quiere construir un botadero especial en el condado de Futaba, en la misma zona dónde se encuentra la central nuclear accidentada, pero demás estaría mencionar el sentimiento de la gente que vivía ahí hasta el 11 de marzo pasado.

Hablando del tema con unos amigos latinos, algunos (incluso mamás con hijos pequeños) dicen estar dispuestos a recibir parte de la basura radiactiva en su zona “porque, al estar viviendo en Japón, todos deberíamos colaborar para la recuperación de las zonas afectadas, y para eso a veces hay que aceptar cosas no deseables también; la basura radiactiva debería ser repartida entre todas y cada una de las prefecturas/municipalidades por igual…”.

Por otra parte, en estos 12 meses he leído bastantes historias sobre la gente de diferentes nacionalidades que ha hecho algo para ayudar a la gente afectada: participando como voluntario en las labores de limpieza (a veces dejando su propio trabajo), ofreciendo servicios de enfermería, construyendo baños públicos en las zonas afectadas, para citar algunos casos, mientras que yo…. cada día sigo quebrándome la cabeza solo por seguir aferrándome a mi actual puesto de trabajo, nada apreciable pero quizá con la excusa de que el trabajar “normal” también debe estar sirviendo para sostener la economía japonesa y, muy indirectamente, para la recuperación del Nordeste también.

De todas maneras, hace ya un año…

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