Con tinta y papel

Diccionario electrónico, de esos que en su reducido tamaño contienen decenas o hasta centenas de diccionarios y manuales de idiomas, leyes, cocina, protocolos sociales, ciencias naturales y, en fin, de cualquier campo y que, además, permiten diferentes métodos de consultar, a veces imposibles con ediciones impresas de los mismos diccionarios. Debe ser bien conveniente, sobre todo para estudiantes y traductores profesionales, etc. La señorita guía me invita a manosearlo un poco y pruebo, por ejemplo, que al abrir el diccionario de español para viajeros y apretar no sé cuál botón, la maquina pronuncia expresiones como “El menú, por favor”. Pero, son características naturales de los aparatos de este tipo, que la verdad es que a la primera vista no entiendo el porqué de su exhibición en la exposición Eco-Productos 2011 realizada la semana pasada en Tokio… ¿Acaso no parecería una promoción comercial de cualquier producto? ¿Qué tiene que ver eso con el eco?

Bueno, luego de pensar un rato cambio de idea, al darme cuenta de que el dejar de usar los montones de diccionarios tradicionales de papel puede servir para cortar menos árboles y también contaminar menos el ambiente (y es que al hablar del uso y fabricación de papel recuerdo que hay conflictos así, que pueden tener que ver con el tema).

Bueno, pienso ahora que para usar menos papel no solo pueden ser los diccionarios electrónicos, sino muchas otras tecnologías de información… las tabletas tipo iPad o Kindle para leer libros electrónicos, etc, aunque he de confesar que yo todavía no me animo. Hay, concretamente, dos revistas a las que estoy suscrito para recibir sus ediciones impresas mensualmente a pesar de poder leerlas en su totalidad y gratis en sus páginas web. Ojalá pronto aparezca un modelo de tableta que realmente satisfaga mi necesidad y que me guste…

Pero, con la tecnología de información… lo que me deja pensando Hmmmm es el tipo de servicio que está apareciendo en estos últimos años para mandar postales reales de Año Nuevo a amigos virtuales. No dista mucho de los servicios ya existentes de tarjetas electrónicas, pero la diferencia es que aquí las empresas operadoras se encargan de todo para permitir enviar postales a amigos sin saber nada más que su dirección virtual (correo electrónico, cuenta de twitter o facebook, etc): comunicarse virtualmente con el destinatario, pedirle la dirección física (que no se revelará al solicitante de este servicio), imprimir la postal y echarla al buzón. Bueno, las tradicionales postales de Año Nuevo… creo que son especialmente lindas y valiosas cuando llevan mensajes y/o dibujos escritos a mano pero en caso de los nuevos servicios, son netamente tarjetas electrónicas, con la única diferencia de que se encargan de imprimirlas las empresas operadoras en lugar del remitente o destinatario. Algo curioso es que entre los promotores de este servicio figura la propia Compañía de Correos de Japón, que por una parte vende postales de Año Nuevo con donaciones Carbon Offset pero a la vez parece estar incitándonos, digamos, a que usemos más papel, aun para cierto tipo de saludos que en realidad no se sabe por qué deben ser en forma de postales de Correos de Japón (saludos entre los conocidos virtuales que no quieren  pasar a ser amigos reales, etc. / ¿será para la sustentabilidad de la misma Correos de Japón, que obviamente no querrá ver esfumarse una  fuente de ingreso tan importantísima como la venta de sus postales de Año Nuevo…?)…

De todas maneras, para seguir consumiendo cierta cantidad de papel y tinta, creo que de ahora me voy a animar a usar los cartuchos de tinta reciclados, que estuvieron también presentes en la Eco-Productos 2011:

Los cartuchos usados, para cuya recolección se colocan contenedores en las tiendas electrodomésticos.

Se clasifican según el estado,

Algunos cartuchos se convertirán en materia prima de otros productos de plástico,

mientras que otros cartuchos, en buen estado, se vuelven a usar,, pasando por procesos de limpieza, carga de nuevas tintas, control de caliad y empaquetado.

Un pequeño problema es que los cartuchos reciclados suelen no contar con la autorización de las fabricantes de impresoras. Si se avería la máquina luego de haber usado la tinta no autorizada, sus fabricantes no se responsabilizan y la verdad es que no sé adónde puede acudir el usuario… (y por eso mismo yo siempre he usado los cartuchos oficiales pero, bueno, mi impresora es bastante viejita ya y a punto de terminar su vida útil, quizá, por lo que ya no tendré que temer nada, aparte de que ahora siento cierta confianza en la calidad de los cartuchos reciclados. Uy, qué tal efectividad publicitaria de la exposición…).

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