Los idiomas que [no] aprendí (3)

Fue un sábado de septiembre del año… ya inmemorial. Yo no fui a la tienda de libros usados cerca de mi casa a comprar una “Introducción al Español”, de cuya existencia no tenía la menor idea, pero terminé comprándola porque era barato (apenas costaba el equivalente de dos latas de Coca Cola), compacto y con un contenido bien estructurado, mínimamente interesante y digerible, reuniendo así mis requisitos para “libros para leer algo durante mi trayecto entre casa y oficina”, y es que estaba buscando un libro para eso, para no aburrirme en tren. Tenía en mente otro libro en particular, que ese día no encontré, pero si es que servía para lo mismo, estaba bien.

Yo no pensaba estudiar nada en serio ni esforzarme, pero leí muy atenta y repetidamente el libro (bueno… dado que mi objetivo original era de matar tiempo, me convenía prolongar la lectura, para no tener que estar comprando un libro tras otro) hasta terminar de aprender bastante bien las lecciones. Al cabo de unas semanas o un mes… era capaz de descifrar breves (y sencillos) textos en español y pensé que no estaría mal seguir aprendiendo algo más. Fui a un conocido barrio de tiendas de libros usados en el centro de Tokio a ver si con un poco de suerte podía encontrar un libro de bolsillo en español, una novela o lo que fuera… No tuve la suerte que esperaba (y me encontré con el contundente hecho de que en Japón, los “libros extranjeros” significaba solo “libros en inglés” (y un poquito en francés y en alemán) mas ningún otro idioma: en el barrio había muchas tiendas, pequeñas o gigantescas, especializadas en “libros extranjeros” y no tenían ni un solo libro en español… Pero, bueno… al menos encontré este libro, al mismo precio que mi primer libro y que incluía unos ejercicios de lectura/traducción de buen volumen, quizá adecuados a mi nivel de entonces. Así continué mi aprendizaje.

Luego de estudiar con los dos libros, ya era capaz de descifrar textos algo más largos en español y quise seguir aprendiendo algo más, pero todavía sin gastar mucho dinero, así que seguí recurriendo a tiendas de libros usados, donde de vez en cuando tenía la suerte de encontrar algo… De ahí mis primeras lecturas fueron, a ver..

Aquí habría que aclarar que este último libro de Luis Landero sí que resultó ser demasiado difícil para un principiante. Empecé a leerlo pero pronto desistí. Más tarde volví a sacarlo y disfruté bastante de la lectura hasta el final pero eso no sucedió sino ocho años después. De todas maneras, tratándose siempre de libros de segunda mano, son de géneros muy dispares pero me parece que fue una combinación bien interesante para comenzar. Creo que seguí así durante… año y medio, dos años o algo así.

Aparte de la lectura, desde algún momento empecé a escuchar cursos de español por radio (de NHK y de la Universidad Abierta) sin jamás comprar sus libros de texto. Bueno, al principio solo escuchaba pero después empecé a hacer algo: escuchar el programa de NHK (de 20 minutos cada día) e intentar, durante esos 20 minutos, memorizar todo lo pronunciado en español (“texto del día”, “frases del día” o algo por el estilo, palabras, ejercicios, conversaciones libres entre el profesor y los ayudantes latinos/españoles…. y, en fin, TODO) solo por el oído, sin tomar apuntes ni abrir libros/diccionarios. Después de terminado el programa, se puede agarrar el lápiz y papel e intentar escribir todo lo memorizado durante el programa, y así queda perfectamente claro lo que se ha logrado aprender y lo que no. Bueno, no sé cómo empecé esta rara práctica para aprender un idioma que no necesitaba, pero debe haber sido un buen ejercicio de comprensión oral.

Aún no quería gastar mucho dinero, pero no siempre encontraba libros de segunda mano en español, así que poco a poco empecé a comprar libros nuevos en las pocas librerías especializadas en libros en español. Concretamente había dos librerías: una tienda japonesa especializada en libros en italiano, español y portugués; y otra, librería española, obviamente de libros en español. Al no tener mucha idea de qué leer, comencé con novelas originales de algunas películas que había visto, como

Y algo nuevo fue que en esos tiempos también me enteré de la existencia/aparición de algunas publicaciones en español dirigidas a latinoamericanos residentes en Japón, con que empecé a leer el periódico semanal, que era de horrible calidad pero me permitió saber algo sobre los países de habla hispana y, más que nada, sobre los hispanohablantes en Japón. Descubrí que cerca de mi oficina había una tienda de productos brasileños, donde podía comprar el periódico en español también. Bueno, con la dueña de la tienda podía entablar una mínima comunicación en portuñol pero mucho más cómodo era hablar con las señoras de la librería española, obviamente. De algún momento empecé a frecuentar la librería, adonde no se sabe si iba más para conversar un poco con la gente de ahí o para comprar libros como “Paula”, “De amor y de sombra”, “Eva Luna”, “Cuentos de Eva Luna”, “El plan infinito”, “Nada”, “La casa de los espíritus”… El hecho es que primero, por algún capricho, leí Paula, que me impresionó bastante y, como ahí se aclaraba cómo habían nacido sus otras novelas hasta entonces, quise leer y terminé leyendo esas otras obras suyas. Recuerdo que cada vez que compraba un nuevo libro, la señora que solía atenderme me preguntaba si había leído ya La casa de los espíritus pero es que yo tenía mi orden, y resulta que cuando por fin quise leer la novela tan recomendada, se había agotado la existencia y tuve que esperar un momento leyendo alguna otra cosa, Nada, que me recomendó la vendedora…

En la librería española había clases de español también y al final decidí matricularme, porque pensé que esa sería la correcta manera para tener la oportunidad de hablar, en lugar de quitar tiempo a las vendedoras de libros. Entré a la clase supuestamente “superior”, por el simple hecho de que era la única clase a la que podía asistir, por cuestión de horario (y también porque me pareció interesante poder conversar con su maestra catalana, que también salía en el programa de NHK). Bueno, mi gran error fue el haber leído tanto libros ya, y es que, al contrario de lo que me imaginaba de eso de “superior”, los demás alumnos parecían ser mucho más principiantes que yo, básicamente porque les faltaba vocabulario, conocimiento de la gramática y todo. Seguí ahí por un año pero un día, después de la clase, se me acerca la maestra para preguntarme: ¿No te aburres en las clases de tal nivel? Perdí las ganas y decidí buscar otras academias pero no encontré ninguna que me gustara. Me dio la impresión de que solo existían clases para muy principiantes o cursos muy especializados para formar profesionales… Para los “intermedios” como yo, la única opción eran clases particulares, algo que no quise porque me parecía demasiado para un pasatiempo.

La verdad es que no tuve suerte con las clases pero seguí leyendo mucho y creo que es lo que más me ayudó a aprender. Y años más tarde empecé a tener amigos latinoamericanos en Japón y de ahí muchas experiencias, algunas ya contadas y otras no.

Y…, en fin, resulta complicado aclarar cómo terminó uno aprendiendo un idioma que jamás había imaginado ni necesitado aprender, y cómo fue que mucho mejor se pudo aprender un idioma de manera autodidácta que otros idiomas de manera más formal. No sé pero en mi caso, muy particularmente, puedo decir que mucho mejor fue el español aprendido en los primeros tres meses que el francés en tres años. (Para que suceda esto, debe haber algún problema en el sistema educativo…) Y de todas maneras, creo que lo más fundamental fue la lectura indiscriminada porque luego de haber aprendido a leer, me parece que no fue un paso demasiado complicado aprender a hablar y escribir; eso más bien fue cuestión de acostumbrarse.

Bueno, la entrada está quedando bastante desordenada, que no sé si mejor terminar aquí o continuar….

4 comentarios

Archivado bajo naderías

4 Respuestas a “Los idiomas que [no] aprendí (3)

  1. Rony

    Hola querido amigo, me identifico con su amena historia. En estos momentos estoy más o menos en la misma situación que usted, al principio de su relato, solo que en lugar del español para mi es el portugués.

    En realidad no se por que me parece tan atractiva la idea de aprender a hablar ese idioma, creo que me identifico con la cultura Brasileña de alguna manera.

    En fin, la idea es tomarlo como un pasatiempo de bajo presupuesto, y descubrir poco a poco cual es ese atractivo oculto que me impulsa a aprender un idioma que no necesito saber, que no estoy obligado a aprender pero que luce sumamente interesante.

    Gracias por compartir sus vivencias, son de mucha utilidad; por ejemplo con lo de las clases, ya me pasó con el inglés. Me di cuenta que el hecho de asistir a una escuela o un instituto o algún centro de educación en donde impartan clases con programas estructurados no garantiza que el nivel es alto o al menos aceptable. Creo que lo que si garantiza es que el costo de las lecciones se incremente bastante además del cumplimiento de orarios y el pago de material extra cada mes.

    Y por favor continúe que el tema está vacilón…. Pura vida…

  2. jasminee

    wow y eso que solo era para matar el tiempo, nunca has considerado ser profesor de japones en un pais hispanoablante la verdad te desenvuelves bien y si asi de facil aprendiste tal vez tengas la facilidad de enseñar.
    En la universidad de mi edo hay clases de japo solo que el sr que las imparte da la impresion de no expresarse bien en español o por lo menos esa fue la impresion que me ha dado.
    Bueno como siempre un gusto leerte, saludos

  3. Muy interesante tu historia con el español. Felicitaciones.

  4. 759

    Hola Julián,
    Una rara historia, ¿no?
    Gracias por el comentario. Saludos.

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