Archivo diario: 30 agosto, 2008

Más lluvias

En un terreno donde se acaba de demoler una casa y allanar el suelo, están haciendo preparativos de un rito shintoísta, al aire libre obviamente, y yo me detengo un instante a sacar unas fotos. Una mañana agradable.

Luego de llegar a la oficina y trabajar 3 horas y 45 minutos, es la hora de almorzar. Hace calor y el cielo está despejado. Un día cualquiera, normal, de lo poco que queda de este verano.

Un día cualquiera y normal, o es lo que parecía que iba ser, hasta que unas horas más tarde tarde me doy cuenta de que la realidad es otra, o es que este mes pareciera que hubiera habido un sustancial cambio entre lo “normal” y lo “no normal”: esta tarde ocurre lo “normal en estos días”.

A eso de las tres noto que el cielo empieza a nublarse parcialmente, y a las cuatro empieza a prenderse una “alarma” en mi mente, y a las cinco en punto (sí, a las 17:00), suena el primer trueno de la tarde. Ese estruendo que primero suena muy espaciadamente, pero cada vez más seguido y fuerte. A esta hora el cielo está ya cubierto de nubes grises, en un 95 por ciento, y no tarda en ennegrecerse ese restante cinco por ciento. Algunos, incluido yo, dejan de concentrarse en su trabajo, dejan su escritorio y se pegan a las ventanas a ver el espectáculo, de agua, luz y sonido…

A las 18.30, al pensar que ya no voy a trabajar hoy y que la lluvia no va a parar pronto, decido salir de aquí. Me pongo impermeable de plástico, y a la vez uso paraguas.

El recinto de mi oficina está dividido en dos por un pequeño río, o un canal, de tres metros de ancho y dos de hondo, aproximadamente, que normalmente tiene muy poca agua, solo en la parte de fondo, pero en este momento está desbordado, y yo al caminar al lado, ya no necesito preocuparme por no mojar mis zapatos. Claro, si mis zapatos no están en sino debajo del agua ya, ¿de qué preocuparme más?.

Prosigo mi camino y, aún donde no hay ríos cerca, hay varios tramos inundados, por donde observo cosas como tachos de basura que flotan cerca de una máquina expendedora de bebidas, o esas piezas o bloques que se colocan en el desnivel de la entrada de cocheras que ahora también están desplazados por la fuerza del agua.

Tras caminar dos kilómetros y medio, ya a un paso de la estación de tren, una parte de la avenida está cerrada al paso.

En los dos lados de la parte sumergida se han colocado carros de bomberos para vigilar, y el tránsito de vehículos está impedido. Y los peatones, algunos dudan si andar en el agua o no, y otros se deciden, mientras que de cuando en cuando los oficiales advierten “Quienes quieran pasar, caminen por la acera. Que en el calzado hay pozos de visita”.

Bueno, yo, ya bastante mojado, paso no más, sin temor a nada,…y llego a la estación, pero lo que no esperaba era

AVISO: Debido a las torrenciales lluvias, la Línea S está suspendiendo sus servicios entre la estación H y la estación M en este momento. Sentimos la inconveniencia causada.” Que el tren no llega hasta esta estación terminal, H. Y como suele ser en estos casos, se nos están dando tres opciones, de (1) caminar hasta una de las dos estaciones cercanas de otras líneas de tren, que sí están funcionando, o (2) tomar el ómnibus que la compañía ferroviaria nos está ofreciendo como alternativa para llegar hasta la estación M, de donde sí hay trenes, o (3) esperar aquí hasta que se reanude el servicio de tren.

Yo hubiera podido optar por la vía (1), porque tomando esas otras rutas también podía llegar a mi casa sin demorar demasiado tiempo y sin pagar pasajes de más, con el boleto gratuito que reparte la compañía ferroviaria para “transporte alternativo” (solo para pasajeros con tarjeta de abono para la ruta impedida), y así hubiera sido más cómodo, pero esta vez preferí tomar el ómnibus (2), decisión de la que me arrepiento en realidad, porque la espera fue bien larga y, además y para peor, el ómnibus avanza lento y lento, hasta convencerme de que caminando hubiera llegado más rápido.

En todo caso, menos mal fue que eso ocurrió la noche del viernes, porque peor hubiera sido tener que salir a trabajar a la mañana siguiente, como si nada…

Y ¿qué ha sido del rito shintoísta? Bueno, será tema para otra entrada, quizá.

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