Archivo diario: 26 agosto, 2008

En busca de estampillas

Lo único que deseaba el viajero era mandar unas postales a sus amigos de diferentes países, y para eso no le importaba que la vendedora exclamara “¡Increíble!”. No cambió la idea de comprar unas estampillas, de valores que excedían la tarifa postal requerida. Porque para él era mucho más increíble el tener que salir de este país sin siquiera lograr mandar unas postales luego de haber buscado las estampillas durante toda su estadía aquí, casi.

Primero fue en el pequeño hotel en que se alojó, donde una mañana, al salir a pasear, pidió al recepcionista que despachara las postales que había escrito. El hotelero se ofreció a ir a echarlas al buzón, eso sí pero con la condición de que el propio huésped consiguiera las estampillas previamente, o en otro caso el hotel solo podía guardar las postales hasta que el huésped volviera. O sea que aquí se ofrecía todo lo innecesario, pero no lo necesario.

Luego preguntó en una tienda de cosas de recuerdos, donde el empleado dijo que sí las tenía…. pero se equivocaba. Al aclarársele que no se trataba de estampas de camisetas, sino estampillas postales, la respuesta era otra: que los sellos se vendían en el estanco, ese famoso estanco que el viajero no encontraba, mientras que iba comprobando en todas las tiendas en que preguntaba, que en este país no existía una tienda que vendiera sellos, sino únicamente los estancos. Y eso al viajero le pareció una diferencia, porque en su país de origen nunca había tenido tanta dificultad para conseguir las estampillas, que se podía comprar en cualquiera de las llamadas “tiendas de conveniencia” que había en todas partes, abiertas las 24 horas del día y donde aparte del tema de estampillas, se podía pagar las cuentas de servicios públicos, mandar encomiendas, comprar boletos de conciertos, y todo, y por eso mismo que era natural que alguien de su país esperara que, el las tiendas parecidas aquí, por ejemplo, del letrero rojiblanco con letras de “¡HOLA! ¡HOLA! ¡HOLA!”, pudiera haber el mismo servicio.

Pero, bueno, en realidad el msimo viajero no estaba tan de acuerdo de la excesiva conveniencia o eficacia de su propio país, porque fácilmente se podría imaginar que detrás de esa supuesta eficacia y conveniencia están las largas horas de trabajo de tanta gente… y, simplificando y generalizando y extendiendo quizá en exceso las ideas, ¿no será que justamente por dar prioridad a esa eficacia a todo nivel social-industrial, la gente disponía de muy poco, y cada vez menos, tiempo libre para disfrutar de la vida? (Y de ahí, los viajes tan breves que ni siquiera dan tiempo para buscar las estampillas tranquilamente…, bueno, eso no se sabe, pero lo desafortunado fue que este corto viaje coincidió con un largo fin de semana en este país visitado, con que se dificultaba aún más la búsqueda de estampillas, seguramente….).

De todas maneras, el viajero encuentra un estanco abierto, al final y ya dentro del aeropuerto internacional, pero cómo puede ser que justo entonces estén agotadas las estampillas de valores requeridos para las postales. La vendedora dice que llegarán por la tarde, pero…. Inútil, para alguien que a esa hora ya va a estar a 10000 metros de altitud.

 

… y es un recuerdo de lo más insignificante, que se le viene a la cabeza cuando, años más tarde, el ex viajero se da cuenta de que ha puesto unas estampillas de más a una carta para alguien de otro continente. Esta vez, se ha equivocado nomás, al escoger de las varias estampillas que tenía. Pero, bueno, la diferencia es mínima, y qué importa…

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