Archivo diario: 15 agosto, 2008

Culto al Monte Fuji

Un verano del siglo pasado, yo iba a subir al Monte Fuji. Iba a ser una excursión en familia, que esperé con mucha ilusión pero que no se realizó, porque pocos días antes tuvo fiebre uno de mis primos que iba a participar y el plan se canceló. Desde entonces… muchas veces he estado cerca: unos campamentos a orillas del lago Yamanaka, otro paseo por el lago Kawaguchi, y alguna otra vez he llegado hasta la llamada Quinta Estación (a 2300 m.s.n.b aproximadamente, hasta donde se puede llegar en ómnibus), pero en fin, no he vuelto a tener un plan de subir hasta la cima del Monte Fuji, que sigue siendo uno de mis destinos dentro del Japón a donde ojalá pueda llegar algún día. No es que le dé demasiado caso a eso de “Todo hombre debe subir al Fuji una vez en la vida”, pero si es una montaña tan familiar, que puedo ver desde donde vivo, trabajo o transito diariamente,

y si es que de alguna manera es un símbolo del país, creo que estaría bien llegar una vez hasta la cima, y eso, especialmente si tengo tantos amigos, incluso latinos, que lo han hecho ya.

Bueno, todo esto del Fuji, para mí no es más que un interés turístico, pero habría que decir que históricamente, el Fuji ha sido una montaña sagrada-espiritual, que por eso aparece tanto en las obras de arte, ya sea en el famoso Ukiyo-e , en kakejiku,, o más simplemente en la típica pintura en la pared de baños públicos, etc…

Y mencionaré que el Fuji ha sido, además, un lugar de peregrinaje sobre todo desde mediados de la época de Edo, en que se formaron en la zona de Kantô y Chûbu (es decir, lugares desde donde se podía observar el Monte Fuji) numerosos grupos de culto al Fuji, cuyos miembros organizaban peregrinajes al Fuji anualmente y, en muchos casos, también construían su “pequeño Fuji” en su lugar para que quienes no podían viajar hasta el verdadero Fuji pudieran también tener la misma bendición al visitar su Fuji de imitación.

Estos pequeños Fuji artificiales, de 3-10 metros de altura en su mayoría, suelen tener caminos para subir,

a veces con lavas traídas de Fuji colocadas en su superficie, y un santuario shintoísta en su cima (foto izquierda.  Bueno, la de derecha es la vista desde la cima)

Bueno, en estos días de calor y clima inestable no decido ir a caminar por las montañas de verdad, porque temo que en cualquier momento pueda empezar a llover con vientos, truenos y todo… y quizá sea mejor dar un paseo más cortito, y de ahí es que se me ocurre ir a conocer el pequeño Fuji de las fotos, que quedaba a unos cuantos kilómetros de mi casa. Es uno de los más de 100 Fuji en miniatura que existieron o que aún existen en Tokio, y está, particularmente, registrado como patrimonio cultural folclórico de la prefectura de Tokio. La noche del primero de septiembre se hace una gran hoguera aquí con pajas de trigo, cuyas cenizas servirán de amuleto para evitar incendios y malos espíritus, en lo que podría considerarse como una pequeña imitación del Festival de Fuego de Yoshida… Bueno, esperaré algún día poder ir a ver la festividad original también, una vez en la vida, quizá.

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