Archivo diario: 1 agosto, 2008

El terror en la noche III

Si no soy muy amigo de los diccionarios, es porque éstos rara vez me ayudan a resolver mis dudas. Y admito que, muchas veces, mis dudas lingüísticas son bien raras, y es natural que no se pueda encontrar una respuesta fácilmente… Pero, bueno, esta vez busco algo bien sencillo. Abro el Diccionario de la Lengua Española (vigésima primera edición) de la Real Academia Española, y busco la palabra zancudo, que según DRAE es:

adj. Que tiene las zancas largas. 2. Dícese de las aves que tienen los tarsos muy largos y desprovistos de plumas; como la cigüeña y la grulla. Ú.t.c.s. 3. f.pl. Zool. En clasificaciones hoy en desuso, orden de estas aves. 4. m. Amér. Mosquito.

Esta última acepción daría a entender que el zancudo es sinónimo de mosquito en el continente americano, pero sucede que no es una respuesta que esperaba, porque para alguna gente el zancudo y el mosquito son dos cosas diferentes, como bien lo demuestra este artículo de un periódico sudamericano donde podemos encontrar comentarios como “Aquí no sólo hay zancudos, sino mosquitos…”, etc. Y me interesa saber la diferencia entre zancudos y mosquitos que no explica mi DRAE.

Pero, bueno, por ahora, dejando de lado la (in)utilidad de mi diccionario, me fijo más en el contenido del artículo citado. Y es que, aunque yo en esa parte del continente no he estado, algo me hace recordar lo que vi en Iguazú, donde lo primero que noté al entrar al hotel fue el olor a incienso o el espiral que es un gran invento japonés, para luego, en un supermercado adonde fui a comprar fósforo para mi espiral propio, encontrar otra arma más poderosa que tenía un nombre japonés, El Kamikaze, de dudosa procedencia. Eso de “dudosa procedencia” podía haber sido un infundado prejuicio mío, pero no, porque más tarde descubro un comunicado de la autoridad argentina (ver el tercer artículo desde arriba) que recomendaba no utilizar dicho insecticida por ser potencial riesgo para la salud. Bueno, yo no recurrí al Kamikaze, pero al menos fue un acierto tener mi espiral propio para mi habitación, y era necesario porque ahí hubo un poco de defecto en la instalación del aparato de aire acondicionado, que dejaba un poco de espacio entre el aparato y la pared, suficiente para que pasaran mosquitos o zancudos, que podían tener enfermedades tropicales….

Por suerte y por mis medidas de precaución, volví sano y salvo de mi viaje al Cono Sur, y se podría pensar que en Japón no hay tanto peligro como en Sudamérica; que los mosquitos o zancudos, si bien nos fastidian con sus picaduras, no trasmiten enfermedades tropicales…. o ¿sí? Bueno, la verdad es que aquí también existe un poquito, aunque poquísimo, de riesgo, y las autoridades sanitarias recomiendan a la gente tomar medidas para evitar picaduras de mosquitos o zancudos, transmisores del virus de encefalitis japonesa. Se trata de una enfermedad para la que existe una vacuna, cuya aplicación sistemática a los niños, sin embargo, está suspendida por haberse registrado casos de encefalomielitis diseminada aguda (ADEM por sus siglas en inglés) provocada sospechosamente por efecto colateral de dicha vacunación. Y de ahí que es mejor evitar picaduras de mosquitos o zancudos, especialmente en caso de existir criaderos de chanchos cerca, y sobre todo en la región Oeste de Japón, donde se registran tazas más altas de chanchos portadores del virus. Bueno, todo esto no es para demasiada preocupación pero es que, al hablar de mosquitos o zancudos, no dejo de recordar que hace tres años alguien me pidió que tradujera un aviso de la municipalidad basado en este comunicado del Ministerio de Salud, Bienestar y Trabajo sobre el tema. (Sobre el caso citaré aquí la información de la OMS en español).

Y, bueno, dejando un poco la seriedad, y para terminar…. Mi terror en la noche no se limita a mosquitos o zancudos: Sucedió un día de verano, a esas horas ya oscuras en que algunos hispanohablantes empiezan a dudar si es la hora de saludar Buenas tardes o Buenas noches….. Ese ser estaba ahí, posando en la cortina de mi cuarto. Era negro, grande, y tenía alas. Creí que era una mariposa nocturna bien gigante, gigantota para ser una mariposa nocturna, y decidí encender mi lámpara matainsectos, que con su rayo azul atraía los insectos y los mataban electrocutados, supuestamente, pero no. A ese ser alado parecía no interesarle el rayo azul. Pero, bueno, habría que esperar para obtener un resultado. Y lo dejé nomás y observé que ese ser alado, de vez en cuando cambiaba de sitio, de mi cuarto a otro, y de un piso a otro…. y, bueno, era un ser alado nomás, en fin, no le presté demasiada atención, hasta que horas más tarde descuburí, que no se trataba de una mariposa nocturna gigantota, sino…. un ¡MURCIÉLAGO!

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