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Comida típica japonesa

En alguna parte leí que una de las situaciones que dejan más decepcionados a los extranjeros es cuando algún japonés los invitan a comer comida japonesa y resulta que esa “comida japonesa” no era sushi… Bueno, si es así, tendré que aclarar que, si algún amigo latino me visitara, ese amigo tendrá muy escasa posibilidad de probar sushi, a menos que me lo pidiera muy explícitamente, y es que soy capaz de vivir todo el resto de mi vida sin comer sushi, sin duda uno de los platos típicos japoneses, eso sí, pero que a mí no me atrae demasiado y… el hecho es que jamás se me ocurrió ir a comerlo por iniciativa propia, aunque lo tolero más o menos sin problema si es para acompañar a amigos o familiares/parientes amantes de ese plato. Bueno, esto no es para hablar mal ni bien de ningún plato; es meramente cuestión de mi preferencia personal pero en todo caso me llama la atención que ese plato llame tanta atención a los extranjeros…
Y si me preguntaran: “¿Qué plato japonés te gusta más?”, la verdad es que no tengo una respuesta muy clara, porque si bien hay cosas que me gustan o que no me gustan, el hecho es que son platos tan “normales” sin demasiada particularidad, que no serían para ser un atractivo o algo por el estilo para los extranjeros. De todas maneras, lo que puedo hacer sería colocar aquí fotos de mis almuerzos típicos que tomé cada vez que comí en diferentes restaurantes en estos últimos meses (solo en restaurantes abiertos a todos; y no en el de mi oficina porque dentro de mi centro de trabajo está prohibido el uso de cámaras), a ver qué tal…

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Los primeros dos menúes son del restaurante Tanita; el tercero es del restaurante del un “súper spa”; el cuarto y el quinto son de la cafetería del gimnasio de mi ciudada; el sexto fue mi almuerzo del día de mi segunda maratón (este no es un menú de restaurante, sino comida para llevar de una estación de tren; y el séptimo es de otra cadena de restaurantes que me gusta…. y en todo caso, mayormente son menúes consistentes en un tazón de arroz, un plato principal (de carne o pescados/mariscos típicamente asados o fritos con algo de verduras), otro platillo chiquito y una sopa de miso…  En los platos principales no sé hasta dónde son cosas muy originales de Japón y hasta dónde cosas importadas y adaptadas al paladar japonés, pero se podría decir que son “platos típicos” de aquí, en el sentido de que los comemos diariamente con toda naturalidad.

Si algún día me tocara abrir un “restaurante japonés” en el extranjero, creo que en mi local ofrecería este tipo de menúes, que los comensales japoneses podrían comer realmente como en Japón (bueno, en tal caso no sé qué me dirán los comensales extranjeros…)

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El comedor Tanita

Luego de dar vueltas por el Castillo de Edo decido ir a almorzar a un restaurante que queda bastante cerca y que también me interesaba hace tiempo: el “Comedor Tanita”, cuyo nombre viene obviamente de la Tanita, conocida fabricante de artículos dedicados a la salud, como balanzas y medidores de grasa corporal entre otros.

Es un “comedor” que no solo toma el nombre de la compañía sino la cantidad y caridad de la comida servida en el comedor para los empleados de Tanita. Bueno, considerando el área de trabajo de la empresa, es de suponer que en el restaurante de su oficina servirían comida bien saludable, por lo que su recetario, titulado “Comedor de los empleados de Tanita, conocida por sus medidores de grasa corporal” y publicado hace 3 años, resultó ser un gran éxito de ventas, y de ahí fue que se abrió un local para que el público en general pudiera probar exactamente lo que comen los empleados de Tanita. Yo guardaba cierta curiosidad y aún no había tenido tiempo para ir, así que esta es una buena oportunidad.

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Llegué relativamente temprano pero tuve que esperar un poco (mas no tanto) porque el local estaba bastante lleno ya.

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Para almorzar, básicamente se puede elegir uno de dos menúes: el del día y el de la semana. Yo elegí el del día, que consistía en un plato principal de carne y verduras, otros dos platos pequeños, una sopa y arroz. En cuanto al arroz, el propio comensal puede servirse la cantidad deseada, pero en el cuenco están marcadas dos líneas para indicar cantidades de arroz para las calorías recomendadas.

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El menú viene con un volumen suficiente para dar la sensación de barriga llena pero solo da 500-600 kilocalorías (mientras que, por ejemplo, el “menú A” del comedor de mi oficina suele tener 800-900 kilocalorías) y la diferencia es que en el menú de Tanita, se usan más verduras, en cantidad y variedad, y menos cantidad de carne.

Además de eso, en la mesa están colocados cronómetros y balanzas para uso de los comensales: cronómetros para saber cuánto tiempo tardas en terminar de comer (recomendación: más de 20 minutos para comer) y balanzas para medir la cantidad de arroz (recomendación: … bueno, ya me olvidé las cifras pero se recomienda no comer arroz en excesiva cantidad, y en lugar de eso comer más verduras). Lo gracioso es que en la máquina expendedora de boletos del menú, también se podía comprar boletos para balanzas, podómetros, medidores de grasa corporal, etc…

Si se tratara de un restaurante comercial, lo más conveniente sería que los comensales coman y se vayan rápido para que haya cabida a más y más comensales durante el mismo horario, pero parece que en caso de Tanita no es así (por la recomendación de 20 minutos) y eso podría no ser muy favorable en cuanto al costo de operación, pero el precio me pareció algo normal y nada caro comprado con otros restaurantes de cierta decencia en la zona. Bueno, el comedar quizá no solo está ahí para funcionar como un mero restaurante, sino también para elevar la imagen ante el público de la empresa pero de todas maneras fue un almuerzo bastante satisfactorio.

Y… el comedor también cuenta con un consultorio para dar consejos sobre el hábito alimenticio, ejercicios, etc. No he entrado ahí pero quizá me anime la próxima oportunidad.

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Calorías

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De nuevo ha llegado el momento del examen de salud de cada año, que esta vez va a ser durante las primeras dos semanas de octubre. Bueno, no es que cada uno ande pasando de un chequeo tras otro durante las dos semanas, sino que, habiendo tantas personas en mi oficina, se fija un calendario para que cada uno de los empleados vaya al chequeo en un determinado día según la sección a la que pertenece. Y, como suele ser al acercarse la época del chequeo médico, no faltan personas que de súbito empiezan a comer menos (obviamente para perder unos kilitos de más justo antes de la hora de la verdad) y ocurre también que durante las dos semanas, el restaurante de la oficina está ofreciendo un “menú saludable (con menos calorías y más verduras, etc)” además de otros menúes habituales, campaña que a mí no me parece muy buena… y es que yo sigo creyendo que al chequeo médico de cada año, uno debería ir sin ninguna preparación, para así saber su verdadero estado de salud y de ahí pensar qué hacer para mejorar. ¿Para qué intentar sacar “buenas notas” solamente para el día del chequeo, y luego olvidarse de todo y volver a lo de siempre? Eso tendría sentido para los boxeadores que necesitan controlar el peso solo para el día de la pelea, pero no serviría de nada para control de salud de las personas comunes.

Bueno, yo por suerte nunca he tenido que preocuparme muy seriamente por bajar de peso; eran cosas ajenas para mí… pero ahora, por cierta costumbre que he adquirido últimamente, siento un poco de curiosidad y termino averiguando algunas cosas, a ver:

  • De manera muy simplificada, se puede calcular así las calorías quemadas durante un footing:
    Las Calorías Quemadas (kcal) = Peso de la persona (kg) x Distancia Recorrida (km).
    Si una persona de 55 kg de peso corre 4 kilómetros, por ejemplo, serían 55 x 4 = 220 kcal.
    (Influye también la velocidad, pero parece que no tanto si es para tener una idea aproximada en caso de footing).
  • No son pocas las personas que empiezan a correr con el objetivo de adelgazar y no consiguen el resultado esperado, y es que es muy fácil caer en la tentación: a ver, supongamos que pesas 55 kg y decides correr 4 kilómetros diariamente, por ejemplo, y… muy bien pero ¿qué pasa si luego de tu ejercicio, de repente sientes sed y te tomas una botella de Coca Cola? Resulta que Coca Cola tiene 42-44 kcal por 100 ml (sea, 210-220 kcal por 500 ml), con que al toque te repones las calorías que acababas de quemar. Si, luego de correr, sientes además hambre y agarras un poco de papitas fritas, son 160 kcal de más y ahora tendrías que correr otros 3 km para evitar caer en el inesperado superávit calórico. Si eres amantes de cosas dulces…., bueno, ni pienses darte un regalito (“premio por haber realizado el ejercicio”, o por el pretexto que se te ocurra) de un McFlurry o algo por el estilo, que puede ser una dulce pero muy calórica tormenta de 430-930 kcal (varía según el tamaño), a menos que desees tener que correr unos 8-17 km más…
  • En cambio, si habitualmente consumes cantidades de comida chatarra y bebidas azucaradas y quieres ahora adelgazar, es bien fácil y no hace falta hacer deportes ni ejercicios. Podrías comenzar por tan solo sustituir ese tipo de comidas y bebidas por otras más “saludables” y menos calóricas, y seguro que vas a empezar a adelgazar o, al menos, dejar de engordar más.

En fin, me parece realmente impresionante lo “chatarras” que son las cosas que comemos sin pensar nada, pero a la vez es realmente difícil evitarlas… porque, por ejemplo, si salgo a pasear con amigos y comemos algo juntos (ya sea en su casa o en restaurantes) o asisto a alguna fiesta, es prácticamente imposible rechazar la oferta de Coca Cola y otras cosas en baño de aceite y ezúcar, aunque uno sepa que quizá sea mejor comer una zanahoria cruda o un pepino con té verde en vez de una hamburguesa, un pollo frito y papas fritas con Coca Cola… Ante esto, llego a creer que quizá tenía razón un tal señor Bloomberg de Nueva York en su polémico intento de prohibir la venta de bebida azucarada. Y por último, no dejaré de mencionar que si bien existen gaseosas que afirman contener cero calorías, existen dudas sobre otras sustancias que contienen que pueden no ser del todo seguras.

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Cosechando

Muchas veces había pasado por su lado y más de una vez había mirado con curiosidad desde fuera pero nunca había entrado, sin saber si algún día tendría o no una oportunidad. Y no importaba porque era solo una pequeña curiosidad y no una necesidad, pero, al fin, esa oportunidad llega tras comentarles hace poco a unos amigos que acababa de enterarme de la llegada de la temporada de cosecha de arándanos de las fincas de la zona en que vivían antes. Bueno, en esa localidad, en las afueras de Tokio, hay muchas fincas de arándanos y mis amigos antes vivían cerca de una, así que esta vez nos ponemos de acuerdo para ir allá juntos por primera vez.

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De aquí no haría falta muchas explicación; simplemente es que aquí no se cobra la entrada. Cualquiera puede entrar libremente a cosechar los arándanos, para saborear ahí mismo (esto sale gratis) o para llevarse a casa (y esto se paga al momento de salir).

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Yo nunca había cosechado arándanos (bueno, sí algunas otras frutas pero no arándanos) pero la pasé bien, y lo bueno fue que este día no hizo demasiado sol ni tampoco llovió.

Fuera de la finca encontré mirasoles,

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que parecieran estar ahí para recordarnos que estamos en verano (aunque ya estamos en otoño “según el calendario”) y yo me pongo a pensar en qué hacer con la cosecha del día: ¿será para comerla así entero, o para animarme a fabricar mermelada?

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Comida taiwanesa

Paralelo a la cena tailandesa ocurre que otros amigos, latinos que conocí fuera del trabajo, se convierten en asiduos comensales de un restaurante taiwanés que al parecer descubrieron recientemente. Y termino acompañándolos a comer ahí dos domingos, justo antes y después de mi experiencia tailandesa. No eligieron ese local para buscar experiencias exóticas sino netamente para llenar la barriga y, bueno, digamos que Taiwán puede ser menos exótico que Tailandia para mí, pero no del todo familiar tampoco, así que vamos con un poco de nervios, por aquello que siempre oigo de la gastronomía china: “los chinos comen todo lo que tenga cuatro patas, menos la mesa”, aunque no sé si esto ocurre o no precisamente en Taiwán también.

Bueno, llegamos y veo que no es un restaurante exclusivo, si un local principalmente para llenar la barriga, con platos bien voluminosos y económicos, entre los que elegimos un menú económico que nos ofrece un ramen, un plato principal, una ensalada y una porción de arroz, donde se permite elegir el tipo de ramen y el plato principal de entre varias opciones, además de permitir repetir el arroz ilimitadas veces. Su precio: aproximadamente el equivalente de seis latas de Coca Cola.

Lo tranquilizante es que entre las opciones figuraban platos más o menos conocidos en Japón también. Yo elegí esto de camarones en la primera ocasión

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que resultó, eso sí, picante pero no tan mortal, y en la segunda ocasión el cerdo agridulce, que ciertamente fue más dulce. Un amigo pidió de postre un helado de “dragon fruit”, sin saber de qué clase de fruta se trataba exactamente. Más de uno creyeron que en español se llamaría granadilla y otros insistieron que no, que es algo que no existe en Latinoamérica y por eso se llamaría así igual, “fruta del dragón”, por no existir su nombre propiamente español… Bueno, esto es lo que apareció:

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Ahora que me pongo a averiguar para escribir estas líneas, resulta que la “fruta del dragón” proviene de México y Centroamérica y se produce incluso en Perú según Wikipedia… Bueno, habría que avisar a mis amigos (peruanos) de que no estuvo tan acertada su teoría de “no hay dragon fruit en Latinoamérica y por eso no tiene nombre en español”.

En todo caso, si algún día me tocara sobrevivir en Taiwán creo que no moriré de hambre al menos… Y a ver, ¿alguien más habrá probado comida de Taiwán?, y ¿qué le pareció?

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Comida tailandesa

Entre las dos categorías en que se puede clasificar la comida del mundo (la que es peligrosamente picante y la que no), no cabe la menor duda de que la tailandesa pertenece a la primera categoría para mí, razón suficiente, aunque no demasiado fundada, para no haberme acercado hasta el momento a los varios restaurantes de ese tipo de comida que he encontrado por donde vivo, trabajo o simplemente transito. Si es así, sería fácil imaginar mi primera reacción -espanto- al saber que mis nuevos compañeros de trabajo han elegido precisamente un restaurante tailandés para invitarme a ir a cenar juntos así para darme la bienvenida al nuevo grupo de trabajo. Bueno, no se trata de un acoso; el hecho es que todos sabían de mi interés por la gastronomía internacional (y es que yo mismo los había llevado a probar algo de comida latina en algunas ocasiones… antes de mi reciente traslado a la misma sección en la oficina) y eso era suficiente para que quien organizó la ocasión, con la experiencia de haber vivido varios años en Tailandia y con el deseo de volver a vivir ahí algún día, nos propusiera comer algo de ahí. La idea encantó a algunos y amenazó a otros pero básicamente no hubo oposición. Solo que se tomó la precaución de pedir que prepararan la comida menos picante posible. Y…

Llegamos al local y

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empezamos a probar, comenzando por “enrollados de primavera” que expedían un holor algo particular

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y una sopa bien picante con camarones, que creo que se llama tom yum goong

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para continuar con más platos así

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y un pescado y un arroz chaufa (o arroz satado).

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Bueno, ahora puedo afirmar que, si se elige bien los platos y se modera bien cuidadosamente el uso de ají, la comida tailandesa puede ser menos peligrosa de lo que me imaginaba.

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La pizza mágica

O lo que debió haber aparecido en la página 2 de El Terrícola

Vamos a usar una caja de cartón, de 20cm x 20cm x 60cm aproximadamente (o algo por ahí que me pareció; no hace falta que la medida sea exacta), que recubriremos por dentro con papel de aluminio. A la primera vista resulta difícil creer que una cajita  de cartón de tan sencillo refuerzo resista el calor, pero la verdad es que sí, increíblemente. Pondremos esta cajita en posición vertical, y cerca de la parte de arriba colocaremos una parrilla, que se puede fijar utilizando dos o tres varillas metálicas incrustadas en la pared.

Así está listo el horno y….

A encender el fuego: aquí usaremos carbón para parrillada, que previamente encenderemos y colocaremos en una bandeja metálica de tamaño adecuado. La bandeja de carbón encendido se pone en el suelo plano, y de manera de cubrirla se coloca el horno de cartón, con la pizza sobre la parrilla interior y tapado con un pedazo de cartón igualmente recubierto con aluminio.

Ahora solo falta esperar un momento y, ¡listo!

Si junto con carbón utilizamos pedazos de cierto tipo de madera, podemos también preparar ahumados de carne, pescados y mariscos también.

Una manera fácil e interesante de cocinar, pruébenla si desean.

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