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La pizza mágica

O lo que debió haber aparecido en la página 2 de El Terrícola

Vamos a usar una caja de cartón, de 20cm x 20cm x 60cm aproximadamente (o algo por ahí que me pareció; no hace falta que la medida sea exacta), que recubriremos por dentro con papel de aluminio. A la primera vista resulta difícil creer que una cajita  de cartón de tan sencillo refuerzo resista el calor, pero la verdad es que sí, increíblemente. Pondremos esta cajita en posición vertical, y cerca de la parte de arriba colocaremos una parrilla, que se puede fijar utilizando dos o tres varillas metálicas incrustadas en la pared.

Así está listo el horno y….

A encender el fuego: aquí usaremos carbón para parrillada, que previamente encenderemos y colocaremos en una bandeja metálica de tamaño adecuado. La bandeja de carbón encendido se pone en el suelo plano, y de manera de cubrirla se coloca el horno de cartón, con la pizza sobre la parrilla interior y tapado con un pedazo de cartón igualmente recubierto con aluminio.

Ahora solo falta esperar un momento y, ¡listo!

Si junto con carbón utilizamos pedazos de cierto tipo de madera, podemos también preparar ahumados de carne, pescados y mariscos también.

Una manera fácil e interesante de cocinar, pruébenla si desean.

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Mate del Sol

¡Comer! ¡Divertirse! ¡Y tomar mate!
Este es el biorritmo latino.”

Así dice la publicidad del recién aparecido Mate del Sol, que sinceramente me dejó pensando “¿Pero qué es esto?” cuando la vi por primera vez en una estación de tren. Esa idea tan simple de “comer-divertirse-tomar mate” y las chicas en bikini, aparentemente divertidas…, ¿es esa la imagen que los japoneses tienen de Latinoamérica? ¿Y es tan necesario recurrir a tal imagen para vender mate en Japón? Eso no es lo que representa el mate (o té de Paraguay) al menos para mí pero, bueno, de eso sería interesante escuchar la opinión de los latinos y, sobre todo, de los argentinos, paraguayos y uruguayos.

En todo caso, creo que no está mal que, de la forma que sea, el mate llegue por fin al público japonés en general y consiga ocupar un espacio en este mercado. Sé que la compañía Coca Cola tiene ya la experiencia de comercializar mate en alguna parte de Japón en el pasado pero debe ser el primer lanzamiento a nivel nacional, cuando, por otra parte, siempre ha habido pequeñas empresas, japonesas o latinas, que importaban la yerba mate desde antes pero a pequeña escala y prácticamente desapercibidas por la gran mayoría de los japoneses. Y por ahí es que me pongo a pensar en esa manera de publicitar el Mate del Sol, que… por lo rara y quizá inexacta de la impresión que deja, de repente podría ser una forma de llegar al consumidor común. Si en Latinoamérica hay tantos productos interesantes pero aún desconocidos aquí y, a la vez, tantos latinos deseosos de abrir un negocio en Japón (y para ellos muchos seminarios, cursillos, informaciones, etc…), sería interesante analizar la diferencia entre el mate de Coca Cola y el de otras pequeñas empresas latinas. Lo cierto es que por la aparición del Mate del Sol, no pocos japoneses ya están tomando su mate, en mi oficina por ejemplo, algo que era totalmente inimaginable hasta hace tres o cuatro meses.

Ahora averiguo un poco y lo que resulta llamativo es el interés que la Coca Cola muestra en el negocio del mate, no solo en Japón sino en la mismísima Argentina y en Brasil desde unos años atrás… Bueno, ignoro su verdadera intención pero concretamente debe ser mucho más saludable el mate que la gaseosa azucarada, y yo estaré contento de tener esta nueva opción, junto con el té verde, té chino (o té oolong) y té de cebada en cualquier tienda o supermercado.

Y algo curioso es que, al ver la bebida del nombre mate, algunos amigos peruanos creen férreamente que se trata del mate de coca de la sagrada hoja de coca de los incas. La dueña de un restaurante peruano que conozco, por ejemplo, insistentemente insiste que es el mate de coca e incluso afirma haber visto la palabra Perú en no sé cuál caja o envase del Mate del Sol, versión bastante despistada por no saber que existen dos cosas distintas: la yerba mate

y el mate de coca,

siendo esta última planta prohibida en Japón y en muchos otros países por ser la materia prima de cocaína aunque también habría que aclarar que la infusión no es droga, para nada. (Esto no es para reírse del desconocimiento de nadie, ya que nadie puede saberlo todo… pero creo que convendría intentar informarse un poco, sobre todo cuando uno está en el extranjero y puede ser considerado como un “embajador” cultural de su país de origen; no vaya a presentar como suyo algo que en realidad no lo es….).

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Arroz mágico

Si alguna vez he hablado del “arroz con hongos”, hoy les presento un sabor nuevo: “arroz con shiso y wakame”. Bueno, para hablar de esta sencilla comida no sé si hay que empezar por dar explicaciones sobre los ingredientes, con nombres en japonés que harían suponer que no serían demasiado comunes en Latinoamérica. Me parece, al menos, que en caso del alga he escuchado mencionarla así, “wakame”, en algunas programas de TV o radio sobre cocina saludable y ahora mismo comprueba que su nombre aparece así sin cambiar, en Paula por ejemplo, donde además aparece otra receta de wakame y los datos para conseguir sus ingredientes, así que todo resuelto.

En cuanto a shiso, según Wikipedia parece que se llama perilla, aunque para confirmarlo yo preferiría que alguien me dijera que esta hierba en efecto se conoce con ese nombre en tal país, etc. Algunos latinos en Japón recordarán que hace unos años a Pepsi se le ocurrió hacer una rara cola verdosa con aroma de esta hierba que más típicamente acompaña a umeboshi.

Pero, bueno, el cuento de hoy es del arroz mágico: un tipo de arroz de conserva, una vez cocido y luego deshidratado de manera que después se puede preparar solo echándole agua, fría o caliente, y esperar un rato. Esta característica se parecería al de la famosa Sopa Instantánea (que, por cierto, para los japoneses es fideos instantáneos antes que sopa) pero la gran diferencia es que rara vez saboreamos el arroz mágico, más conocido como arroz alfa: solo en caso de desastres naturales, viajes al extranjero u otras actividades en lugares donde no se puede conseguir/preparar el arroz normal… Así es que resulta ser una gran curiosidad conseguir un paquete de arroz mágico en tiempos normales. Esta vez la oportunidad se me presentó un jueves cualquiera, cuando, al salir del comedor de la oficina encontré que regalaban gratis paquetes de arroz mágico y kampan, con el objetivo de renovar periódicamente la despensa de alimentos para prevención de desastres naturales.

Así que… a aprovechar.

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Enrollado de la Bendita Dirección

A la hora del almuerzo, en el comedor de mi oficina.

B: …
A: Che, yo jamás vi ni oí hablar de eso cuando era nene.
B: Se supone que fue desde la década del 1990 cuando los supermercados, para aumentar su venta comenzaron a …
A: …

Escuchando la conversación de unos chicos desconocidos que por casualidad se sentaron a mi lado y justo hablan de eso que me llamaba la atención en estos días, noto la presencia de eso en el plato de otro chico, igualmente desconocido y que por casualidad acaba de sentarse a otro lado mío. Y este tercer hombre empieza a conversar con el cuarto hombre…

C: …
D: Dicen que eso existía desde antes en la región Kansai (centro-oeste de Japón)
C: …

Bueno, creo que esta vez ahorro el tiempo de investigación, porque lo escuchado en el comedor es ya suficiente para saber que el común de la gente tiene más o menos la misma impresión y el mismo nivel de conocimiento sobre esta supuesta “tradición” poco tradicional en la zona de Tokio. La única diferencia sería que muy poca gente habría descubierto su existencia a través de un pequeño artículo publicado en febrero de 2007 en el ya desaparecido único periódico en español editado en Japón…

De todas maneras, en estos últimos años está llegando fuerte el ehômaki (algo como “enrollado de la bendita dirección”). A ver, salimos a la calle y lo que encontramos ahí…

Recomendado del día”, en la pizarra colocada en la puerta de una taberna:

En una tienda de comida para llevar:

 

En otra tienda:

Colgado del techo de una tienda tipo SevenEleven:

El Sánguche Ehômaki de la panadería “Vie de France”:

Yo la verdad es que no he probado ninguno de los ehômaki de las fotos, pero… a ver, ¿a ustedes cuál les parece más delicioso?

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Comida rápida japonesa

Un día cualquiera, nuestro almuerzo puede ser en un restaurante barato y rápido, de esos que se puede encontrar típicamente dentro o cerca de las estaciones de tren.

Antes de entrar vemos su escaparate de muestras,

de sus platos que básicamente son de tallarines (en los dos estantes de arriba) pero también hay de arroz (tipo oyakodon, katsudon, y arroz con curry, etc.), o combinaciones de las dos cosas (en las dos estantes de abajo). Bueno, algunos ya sabrán pero otros no, así que no estaría de más aclarar que las muestras no son reales, sino de cera y plástico, y por eso es que no caen a pesar de su posición que pareciera ir en contra de la Ley Universal de la Gravedad.

Al lado del milagroso escaparate, todavía fuera del local, está esta máquina expendedora automática,

donde elegiremos y compraremos un papelito con el nombre de nuestro plato deseado. O sea que aquí se paga primero.

Ahora sí, entramos al local y lo primero que hacemos es entregar el papelito a su empleado. En este tipo de locales, lo común sería que estén trabajando dos o tres personas al otro lado del mostrador y que ahí, en el mostrador, esté marcado un espacio para colocar el boleto. Así que ahí lo dejamos y entonces nos preguntan, en caso de pedir tallarines, si deseamos soba o udon, y caliente (tallarines en sopa, tal como se ve en la muestra) o frío (los tallarines y su sopa [o más bien salsa, en base a salsa de soja] vienen aparte y fríos). Especificamos el pedido y esperamos. Es cuestión de uno, dos o tres minutos, porque en este local no se cocina en realidad, sino que solo se pasan los tallarines por agua hirviendo durante unos minutos o algo así, y de ahí se colocan los ingredientes en el tazón, y ya está. Es bien rápido.

Esta vez pedimos una combinación de oyakodon con tallarines calientes.

Algo que me parece curioso es que dentro de este local, a pesar de tratarse de una “comida rápida”, haya carteles sobre la salubridad de los tallarines soba. Bueno, puede ser porque el soba presenta buenos factores nutricionales y poca grasa, aunque lamentablemente puede también provocar graves reacciones alérgicas en algunas personas. Y por otra parte, debe ser una excelente idea la de expendedora automática de boletos, que estaría sirviendo de gran manera para eficacia del trabajo del local (los empelados del local ya no tienen la necesidad de memorizar quién pidió cuál plato, ni estar contando dinero manejando una caja registradora).

De todas maneras, aquí llega nuestro plato y… ¡Buen provecho!

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La soja

Si me dijeran que identificara el olor que más impregnó mi infancia, mi respuesta podría ser aquel olor que respiré todas las mañanas y tardes durante los seis años de mi época de primaria. El particular olor del vapor que expedía aquel instalación que existía, y aún existe, en la cuadra contigua a la escuela, por donde, además del olor, había otra particularidad que eran los “granos” de color amarillento desparramados en cierta cantidad en el suelo, como si se tratara de gravillas mal repartidas. Nunca le presté demasiada atención y más bien lo tomaba como cualquier hecho… y ya no tengo la menor idea de cuándo supe que era una fábrica de esa rara comida japonesa, fanáticamente amada por algunos pero no reconocida como “comida para humanos” por otros (sobre todo por los del oeste de Japón), pero con numerosas propiedades beneficiosas para la salud (fortalecer los huesos, prevenir arteriosclerosis, reducir las bacterias malas y aumentar las buenas en el intestino, etc., aunque por otra parte está contraindicada para quienes están tomando cierto medicamento como Warfania) o, en fin, Nattô. No soy muy amigo ni enemigo de esta tradicional comida japonesa pero lo más cierto es que es muy pero muy útil para las personas tan abandonadas que ni se toman la molestia de cocinar, pues teniendo un paquete de nattô, ya se puede formar un mínimo menú sin hacer nada más que cocer una porción de arroz blanco.

Décadas después, ya no ando por esa zona de olor a nattô, pero en su lugar ocurre que ahora, cada mañana y tarde paso frente a una tienda de otra comida elaborada de la misma materia prima: Tôfu, esa comida conocida por algunos como “queso de soja”, tan frágil que requiere años de entrenamiento para sostenerla con palillos, pero su sola presencia podría animar grandemente aquel modestísimo desayuno, almuerzo o cena de arroz con nattô.

En caso de tomar el tôfu crudo, al menos habría que echarle salsa de soja, conocida como siyáu o sillao en algún país latino, variante muy posiblemente de su nombre original en japonés: shôyu. En otro caso, también es bastante popular agregar tôfu como ingrediente más de sopa de miso, cuya preparación no requiere de demasiado esfuerzo, ya que, para no complicarlas cosas, incluso existen paquetes de sopa de miso instantánea. Bueno, en caso de optar por preparar una sopa de miso, no sería una mala idea agregar también aburaage (una especie de tôfu frito) delgado cortado en pequeños trozos…

Y, en fin, en lugar de seguir citando más y más alimentos típicos de aquí, como kinako, okara, etc., simplemente comentar que aquí es realmente impresionante la variedad de alimentos procesados que se elaboran de los mismos granos, la SOJA.

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Una cena diferente

Tres semanas después, el día llega y por fin terminamos de trabajar. Habíamos planeado ir en dos carros, pero algunos chicos están trabajando ya, así que primero salimos solo tres chico, entre ellos yo, en un carro para esperar al resto del grupo en el restaurante….

Y así llegamos y entramos poco antes de la hora acordada (18:30). Esperando, decidimos tomar algo de té, y yo les recomiendo el “té relajante” (con valeriana, pero con un olor bien fuerte) y el de “uña de gato”. Solo les explico que es del Perú, y hubiera sido interesante que supieran qué significaba el nombre de “uña de gato” también pero esta vez ahorro el trabajo de guía… Bueno, llegan unos chicos más, con que empezamos a pedir bebidas y platos de entradas: Cervezas de mara Cristal, Cusqueña y Cusqueña Negra (las tres marcas disponibles, para que prueben de todo un poco), y unas empanadas, papas rellenas y un ceviche mixto (“ceviche” con b o con v, no estoy seguro.

No sé si la Real Academia se habrá pronunciado o no al respecto. Lo que sé es que algunos incluso lo escriben con s, “seviche”, pero yo prefiero con c…). Pido también yuca, y la señora dice que no la tienen hoy… (a pesar de que la habíamos pedido con tres semanas de anticipación), pero luego… no sé de dónde, al final sale.

Y los chicos japoneses me preguntan si acaso no es una especie de papa. Pues no… es yuca, otra cosa que papa, pero en algo se parece, y de todas maneras les gustó. Y algunos tomaron jugo de tamarindo, bastante dulce… Yo no sé si alguna vez había probando tamarndo… pero, en fin, no sé cómo se llamaría en japonés y lo único que puedo explicarles es que se llama tamarindo…

No recuerdo a qué hora llegaron todos los chicos, pero sí recuerdo que de aquí hemos pedido:

  • Suprema (impresionante tamaño para los japoneses)
  • Chupe de mariscos (me gusta esta sopa con marsicos y arroz, pero nunca me había imaginado que, para compartir, nos trajeran cuencos y tazones tan dispares, entre ellos unos cuencos de madera para tomar sopa de miso)
  • Sudado de pescado… a ver ¿cuándo llega?
  • Lomo saltado (diría yo que es el plato menos chocante para los japoneses)
  • Anticuchos. Bueno, anticucho pedimos pero no lo tenían. La señora me dice que si le hubiéramos avisado con anticipación…. pero no importa. Si no lo tienen hoy, será para la próxima oportunidad. En todo caso, cada vez que como o pido ese plato llamado anticucho (no me pregunten quién es el “Cucho”, enemigo de anticucho), yo no dejo de imaginar lo que diría la vaca: “Esto es mi corazón que por vosotros es partido. Tomad y comed esto en memoria de mí…”, y es que así, el anticucho es el corazón de vaca partido y asado, y por eso a veces resulta llamativo para los japoneses curiosos, aunque en realidad existe también un plato parecido de corazón partido en la cocina japonesa (cosa de la que no me hubiera enterado si no por la carta bilingüe de un restaurante peruano)
  • Y de bebidas, cervezas de las tres marcas ya mencionadas, jugo de piña, y chicha morada (hecha del famoso maíz morado que también asombra a los japoneses).

Y ¿a qué hora llegará el sudado de pescado? Lo pidió Yuca, chica homónima del tubérculo parecido a papa, porque le atrajo la palabra que estaba en su explicación en la carta: un plato “tradicional” del Perú, que para qué dejar de probar en esta única (para muchos) oportunidad, pero lo raro es que nunca llega, a pesar de haber transcurrido muuucho tiempo ya. Y es que esta noche tenemos la hora límite que ya se acercaba: hora de cierre del parqueo de un gran supermercado cercano donde habíamos dejado los carros (porque el restaurante no tenía su propio parqueo). Pregunto a la señora y resulta que habían olvidado el pedido. Bueno, de nuevo lo pedimos y ahora sí, viene, y éste se convierte en nuestro último plato de la noche.


Una cena diferente y divertida par los japoneses. A ver qué tal la pasaron… creo que el lunes haré una pequeña encuesta.

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Expectativas gastronómicas

- Yo comeré y beberé de todo.- Estaré encantado de comer cosas del Perú, después de tanto tiempo.
-
Yuka…, perdón, digo yuca frita…
-
Papa rellena. Claro que no podemos dejar de probarla los que somos papa (léase papás)… Tampoco dejaré de probar la Inca Kola.
- Pues, yo también pensaba pedir yuca…

Comentarios que circulan entre un grupo de compañeros de trabajo desde hace tres días, luego del primer mensaje de un chico que nos propuso que un día vayamos a ir a cenar juntos y que para eso nos recomendaran restaurantes interesantes cerca de la oficina. Adjunto a la propuesta llegaba un archivo anexo como primera opción, que al parecer les encantó a todos. La decisión (de cenar ahí) fue unánime y ni se necesitó una votación, por lo que se procedió a realizar una encuesta para fijar la fecha, para la que se habilitó una especie de encuesta virtual donde los participantes podían marcar sus fechas preferidas en un formulario especificado, para así elegir una fecha en que pudieran asistir el mayor número de personas. El procedimiento sería el mismo que se utilizaría para programar una reunión de trabajo, por ejemplo, pero cabría destacar la rapidez en la toma de decisión esta vez, tan solo en una hora o dos y listo, mientras que una encuesta puede tardar días o hasta semanas en completarse si se trata de otros asuntos más aburridos. Y es que esta vez el interés del público era mayor.

En la encuesta había un espacio para comentarios libres, donde una chica dijo:

- Quiero comer empanadas.

Bueno, aquí tenemos que tomar en cuenta que vamos a ir a un restaurante de ésos donde yo estoy acostumbrado a preguntar primero la disponibilidad del plato deseado y después pedirlo, porque aquí el hecho de que en la carta figure tal o cual plato no garantiza que lo tengan hoy. Incluso me pasó esto alguna vez en otro restaurante:

- ¿Tienen estofado de pollo?
- Sí, lo tenemos.
- Ya. Entonces, un estofado de pollo, por favor.
- Sí, señor.
Desaparece el camarero y
Vuelve a aparecer 10 ó 15 minutos más tarde, para decirme:
- Disculpe señor, hoy no tenemos estofado de pollo.

Hasta cierto punto (no en exceso) me divierte pasar estas y otras experiencias y así reconocer que hay partes del mundo donde las cosas no funcionan de la misma manera que en Japón. La verdad es que para mí estos restaurantes “no demasiado formales” son lugares ideales donde, sin viajar lejos, puedo sentirme como en Sudamérica y por eso me gustan… pero, bueno, para llevar ahí a mis compañeros japoneses, sería mejor que no faltaran los platos solicitados, así que les pido que me avisen de antemano si hay platos en específico que les llamen la atención.

Bueno, los pre-pedidos recibidos son más bien chistosos, como el papá que quiere papa, o el chico que pide yuca para bromear con una chica que va a ir con nosotros, que corresponde al nombre de Yuka, etc. Y es así porque, al no saber casi nada sobre la comida peruana, les resulta difícil o imposible hacer pedidos muy serios…., a pesar de lo cual, algo que está garantizado es que la van a pasar muy bien, y por el momento solo nos queda esperar.

A ver, qué estaré escribiendo aquí dentro de tres semanas…

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La carta

Ya la tenían parcialmente traducida pero con cierto descuido y desorden, y por eso deseaban que alguien elaborara una versión más completa y más presentable. No recuerdo cómo empezamos a hablar del asunto, pero me parece bien interesante y esta vez no dudo en aceptar intentarlo. Manos a la obra, conversando animadamente procuramos ordenar el contenido (que estaba realmente desordenado…) para que luego, yo en casa editara la deseada carta. Bueno, para realizar tal trabajo, tengo bastante voluntad y curiosidad, pero habría que admitir que no soy demasiado hábil, ya que no soy publicista ni diseñador gráfico. Me gustaría saber manejar ciertas herramientas bien poderosas y gratuitas, como GIMP (que alguna vez intenté aprender un poco, pero por falta de tiempo no llegué a avanzar mucho, y lo único que logré hacer fueron unos garabatos como éste, inspirado obviamente por las fotos de esta entrada…), pero por ahora me conformo con un trabajo de lo más simple, hecho solo con OpenOffice.

De todas maneras, por el momento la tenemos ASÍ (aún en construcción), un trabajo de lo más sencillo, pero sí que les está gustando a mis clientes o mis “amigos”. Bueno, al ser cosa de amigos sencillos, basta con algo bien sencillo y es lo que estamos haciendo sin prisa.

Todo comenzó un sábado por la tarde, cuando, por no sé qué, se me ocurrió visitar un restaurante latino y sus dueños se acordaban de mí a pesar de tanto tiempo transcurrido desde mi última visita: Unas cuantas veces había ido, pero hacía años que no iba allá. Antes que comer, empezamos a conversar y ahí viene el asunto de la carta en japonés. Bueno, este pequeño restaurante, o la tienda como dicen, es un típico negocio latino en Japón: Combinación de restaurante y venta de productos alimenticios importados de su país de origen, de administración familiar no demasiado formal, y para atender principalmente a sus compatriotas residentes en este país. A mí me gusta ese ambiente netamente sudamericano, con su sabor y su gente, algo que también atrae, según me cuentan, a algunos japoneses interesados en el aprendizaje del idioma español, que a veces vienen para conversar con la gente hispana, ya sea con los dueños del local o con otros clientes… Bueno, pareciera que todo anda bien, pero, para negocio, quizá se podría procurar captar un poco más clientela japonesa en general, porque está muy limitado el número de latinos aquí y japoneses familiarizados con lo latino, así que para eso y para que siga siendo un lugar de intercambios/encuentros tan interesantes, es que yo deseo aportar un granito de arena con mi pequeña y sencilla carta bilingüe.

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El hombre insectívoro del Japón

El día que lo llevé a la oficina, era previsible la reacción de mis compañeros de trabajo: De curiosidad y suspicacia por eso que no se sabe de dónde y para qué trae ese raro chico. Y esta vez, demás, hubo una curiosidad mayor: ¿Quién se atrevería a tomarlo? “Oye, ¿por qué no lo tomas de una vez?” “Pues, tómalo tú si quieres….” “¿Yo? ¡No, gracias!” Bueno, realmente fue interesante ese contraste, entre la reacción de mis compañeros japoneses y la de amigos “compatriotas” de eso. Y es que eso que para mí es un objeto de curiosidad, para guardar y no para consumir, resulta ser de lo más cotidiano del mundo y, si se lo enseño, con absoluta naturalidad me piden que se lo regalara, n para guardarlo, sino para consumirlo de una vez. Bueno, espero que los amigos mexicanos sigan disfrutando de su sabor, pero yo guardaré en mi colección de curiosidades esta botellita de Mezcal con su gusano:

La reacción, no de demasiada aceptación, por parte de mis amigos se deberá a la presencia del gusano, muy posiblemente, ya que no estamos muy acostumbramos a comer tal cosa, pero, bueno, la verdad es que también creo haber escuchado hablar del gusano de avispa, que es rico, dulce, etc.. en Japón. O sea que en Japón también existe la costumbre de comer gusanos en algunas regiones, aunque yo nunca había tenido la oportunidad de probar nada…. Hasta ese momento.

Mi “Gusano Rojo”, tuve que retirarlo de mi escritorio un día, porque un día se dio la orden de no colocar nada en la oficina, sino cosas relacionadas al trabajo. Y parecía que nos olvidaríamos del asunto, para siempre. Bueno, del gusano nos olvidamos, sí, pero algo ocurre años después…

Un día de otoño visitamos a ese chico, que había renunciado luego de trabajar durante unos años con nosotros y cuya familia administraba una finca de manzanas en la zona rural de Nagano (prefectura que fuera sede de los Juegos Olímpicos de invierno de 1998). Ese año le habíamos “comprado” un manzano, y decidimos visitarlo ese día para recoleccionar los frutos con nuestras propias manos y a la vez volver a encontrarnos con nuestro ex compañero, pero, digamos, no necesariamente para comer eso. Algo que muchos deben haber oído mencionar, quizá, pero sin haberlo probado de verdad, como ocurre en caso mío, y por eso fue una cena de curiosidad. Puedo decir que no fue tan feo, ni nada asqueroso, no, y más bien me pareció un plato bastante normal; solo que no lo habíamos probado y punto. Al darnos cuenta de lo que era, un poco de sorpresa llevamos, pero no demasiado rechazo, y lo probamos. A la primera vista, se parecía a cierta especie de crustáceos o pescaditos pequeños, y su sabor… bueno, no lo recuerdo muy bien, pero creo que era normal y más dependía de la manera de condimentarlo. Fue la famosa langosta de tierra, cuya foto se puede ver en Wikipedia en japonés..

Y así fue mi primera, única e interesante experiencia de entomofagia. A ver ¿quién más habrá comido insectos?

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