Archivo mensual: octubre 2011

Festivales otoñales

Como cada año, en muchas localidades se están celebrando festivales otoñales, algunos muy grandiosos y otros no tanto, en octubre y noviembre, y pareciera que, en esta época, casi cada fin de semana hay algún evento en alguna parte. Bueno, atraído por los afiches que llenan las paredes de las estaciones y el interior de los trenes, salgo a pasear, a ver dos de esos festivales tradicionales celebrados uno tras otro en dos localidades en la prefectura de Saitama, al norte de Tokio, para compartir aquí unas cuantas fotos:

Las carrozas pueden tener una estructura más compleja y quizá más lujosa (izquierda) o más sencilla (derecha)

pero, de todas maneras, en ambos casos llevan a músicos-danzantes. Por la noche se ven así:

La calle se llena de puestos de comidas y juegos. Algunos puestos de comida indican de dónde son, y es que, aún siendo el mismo tipo de comida, puede haber diferentes variedades… “Okonomiyaki” de Ôsaka o de Hiroshima, “Takoyaki” de Ôsaka o de Tokio, etc.

En este puesto sirven piqueos de pescaditos y mariscos…, y también langostas de tierra, para deleite de los insectívoros.

Bueno, yo comí el “taiyaki”, que vendría a ser un panqueque en forma de tai (pagrus major) con algo dulce dentro.

En la parte de los juegos… aquí vemos el de sacar peces.

Esto es “mikoshi”, o andas en forma de un santuario shintoísta en miniatura, bien típico en los festivales tradicionales de aquí junto con las carrozas alegóricas.

Esta vez también tuve la suerte de ver shishimai o “danza de leones”. No recuerdo muy bien el argumento y puedo equivocarme, pero me pareció algo como… una lucha entre “leones” (que representarían algo terrible, desgracias, poderes indomables de la naturaleza. Aquí pondré la palabra “león” pero en realidad podría ser algún otro animal como “ciervo” o “jabalí”) y “tengu” (una especie de dios que habita en la montaña), donde el tengu termina venciendo a los leones. Bueno, algún día tendré que buscar informaciones más detalladas y correctas, pero por ahora es solo una impresión mía.


Tras la presentación de la danza, los leones se acercan a los espectadores y muerden la cabeza de los niños que así lo desean porque dicen que eso trae buena suerte. Me hubiera gustado tomar fotos de esta sesión pero no pude. Bueno, será para el próximo año…

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Los idiomas que [no] aprendí (1)

Fue un día de abril que mi madre decidió que yo y mi hermano estudiaríamos inglés por el curso “Inglés Básico” de Radio 2 de la emisora semiestatal NHK. Bueno, no se sabe exactamente en qué momento fue tomada la decisión pero lo concreto es que en aquel mes de abril en que yo iba a entrar al cuarto o quinto curso de primaria y mi hermano al quinto o sexto (sea, un año mayor que yo), empezamos a tener un nuevo rito diario, que consistía en prender la radio y pasar 20 minutos frente a ella cada mañana, abriendo el libro de texto que mi madre conseguiría mensualmente… Bueno, para mi madre, eso iba a ser un adelanto de lo que oficialmente íbamos a empezar a aprender desde el primer año de secundaria, ese idioma tan importante y necesario en cualquier especialidad y profesión… pero lo malo es que para mí, eso nunca fue más que un rito, que solo ritualmente soporté sin entender absolutamente nada, ni jota. Digamos que fue un desastre total y pérdida de tiempo y dinero (costo del libro de texto), y quizá lo entendió mi madre, pues el aburrido rito matinal quedó abolido al año siguiente. ¿La moraleja? Bueno, no sé pero parece que a veces no funciona obligar a alguien a aprender a algo que no le interesa…. o ¿algo así?

Un año o dos después, ya sin recordar nada del primer tropiezo, entro a la secundaria, donde comienzan las clases de inglés oficialmente. La verdad es que no sé cuál fue la diferencia… creo que no habría habido mucha diferencia entre el contenido del curso de NHK y de las clases de secundaria, y entonces yo bien hubiera podido repetir el primer fracaso pero ocurre lo contrario… Primero fui un alumno medianamente bueno pero luego pasé a ser el mejor de todo el colegio, llegando a sacar 99 puntos (de 0 a 100) en tres exámenes consecutivos. Eso sí, tuve cierto interés y estudié más o menos, pero sin demasiado esfuerzo… Pero, de todas maneras convendría aclarar que de lo que se trata no es del “inglés como segundo idioma”, sino como mera asignatura escolar, con todos los profesores y alumnos japoneses y sin tener ningún contacto con extranjeros. Bueno, la maestra era una japonesa soltera de mediana edad, que obligaba a sus alumnos a tratarla de “Mrs.” en vez de “Miss”, supuestamente para practicar la pronunciación menos fácil.

Luego de los tres años de secundaria, vienen otros tres años de “secundaria superior” (bachillerato, preparatoria o como se llame según cada país), donde las clases de inglés se diversifican y se dividen en tres: la de lectura-gramática, la de conversación y la de composición, aunque creo que en el fondo no hubo mucha diferencia. Lo más novedoso fue que entre los alumnos había unos cuantos chicos que hablaban perfectamente el inglés, por haber vivido en el extranjero. En las clases, cada vez que les tocaba leer un texto o pronunciar algo, solían surgir gritos de admiración, “¡Ohhhh!”. Y lo chistoso: en una ocasión, durante un examen de inglés (composición) ocurre que… en el papel de preguntas hay una que dice: “Escriba su brief story (sobre no sé qué…)” y ahí viene a vigilar un rato el profesor, a quien antes de salir del aula se le ocurre decir: “¿Que qué es brief? Son calzoncillos, pues”. Una broma de mal gusto, pero cuenta la historia que algunos chicos, entre ellos el más aplicado de la promoción, cayeron en la trampa y terminaron redactando su breve “Historia de Calzoncillos”, para luego recibir un llamado de atención. Bueno, en el tercer y último curso yo decidí tomar, además de la clase de francés, otra de inglés donde durante un año se iba a leer The Graduate, novela que contenía, según el profesor, excelentes diálogos y por eso muy adecuada para un curso de inglés según el profesor encargado, quien a la vez aclaró que se elegiría otra novela en caso de no estar disponible suficiente número de ejemplares de The Graduate, aunque tal probabilidad era de menos de 4%. Sin dejar de lado la gran curiosidad que aún guardo hasta el día de hoy, de saber de dónde salió esa cifra de 4%, no dudé en tomar la clase porque me atrajo la idea de leer por primera vez una novela completa en inglés… Bueno, a pesar del elogio del profe y la fama, la novela resultó ser bastante aburrida para mí y también terminó siéndolo la clase, que no fue más que una monótona y lenta repetición de lectura y traducción párrafo por párrafo, sin llegar a leer ni la mitad de la novela en todo un año… (No sé si tendrá que ver con esto pero la verdad es que nunca agarré el gusto de leer literatura en inglés…)

Se podría suponer que, por lo menos en mi época, la enseñanza del inglés aquí tenía, principalmente, el objetivo de preparar a los estudiantes para que después, en los estudios universitarios o en el trabajo, pudieran leer, o descifrar, libros y otros documentos especializados, y para eso tener una base gramatical. De ahí, bueno, alguito se aprende a leer pero difícilmente a conversar libremente y expresarse. Y lo más normal era que los estudiantes no tuvieran contacto alguno con ningún extranjero dentro y fuera del aula durante toda su etapa escolar. O así fue mi caso y yo, habiendo sido un “excelente” estudiante de inglés alguna vez, la verdad es que prácticamente no hablo ni escribo nada en inglés (ni pensar tener un Meu Quaderno bilingüe). Pero, bueno, algo está cambiando últimamente. Parece que ahora se está procurando enseñar más inglés como medio de comunicación o algo así y se habla, por ejemplo, del inicio de la enseñanza de inglés en la primaria desde el próximo año lectivo. Ya veremos si todo este cambio, junto con la presencia de niños extranjeros en las aulas, ya bastante común en muchas localidades, ayudará a formar a jóvenes japoneses más bilingües y comunicativos…

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Cosas perdidas 2

Una inesperada llamada de la Cooperativa de Salud y…

- ¿A usted… no se le habrá perdido el carnet de Seguro de Salud?

una inesperada pregunta, pero algo me inquieta. Reviso mi billetera y, en efecto, no está mi carnet de Seguro de Salud. Al instante recuerdo lo que hice en una clínica hace unos días: al entrar entregué el carnet a la recepcionista, que me lo devolvió ya antes de la consulta y lo metí en el bolsillo de la camisa… y luego no tengo la memoria de haberlo guardado de nuevo en mi billetera. Debió haber sido entonces.

Del otro lado del hilo telefónico me dicen que llame enseguida a la Delegación Policial de una localidad cercana porque de ahí nos han avisado de que alguien encontró mi carnet en la calle y lo entregó a la policía. Así que marco el número indicado y sí, me explican dónde y cuándo encontraron mi carnet, situación que coincidiría perfectamente con lo que recuerdo del día en que pasé por la clínica. Y ahora me indican adónde tengo que acudir para la devolución de mi carnet. A la misma Delegación Policial, que no estaría demasiado lejos pero lo malo es que solo atienden de lunes a viernes de 8:15 a 17:15… Dudo un instante, entre ir ahí bien temprano por la mañana para luego llegar a la oficina a tiempo o, en otro caso, trabajar normal por la mañana y salir un poco temprano por la tarde para llegar a la policía antes de las 17:15… pero, en fin, descarto las dos opciones, ya que más cómodo sería recurrir a vacaciones pagadas, por medio día.

Al día siguiente, hasta las 12:00 trabajo como cualquier día hábil pero de ahí salgo luego de almorzar (eso sí, preferí almorzar en el comedor de la oficina, por lo económico que es) y me dirijo a la policía, portando mi licencia de conducir (sustituto del inexistente Documento Nacional de Identidad en Japón) y mi sello personal (gran tontería, pero es el sistema) tal como me indicaron.

El trámite de recuperar el objeto perdido y encontrado es bastante fácil. Solo presentar el documento de identidad y rellenar un formulario (dirección, nombre, teléfono.. y poner el infaltable sello), y ya me entregan mi carnet perdido. Bueno, el asunto no termina ahí, porque, de acuerdo con lo establecido por el artículo 28 de la Ley de Objetos Perdidos, tengo la obligación de dar una recompensa (equivalente al 5-20% del valor del objeto recuperado) a la persona que encontró mi carnet. A cambio, esa persona me entregará su constancia de objeto guardado, que yo luego tengo que entregar a la policía, teóricamente… Pero, bueno, me explica el empleado policial que esta vez no se emitió tal constancia, así que sería suficiente notificar por teléfono luego de cumplir con lo de recompensa, que en algunos casos pueden ser meramente palabras de agradecimiento. Termina la explicación y me marcho. Creo que mi estancia en la Delegación Policial no duró más de 10 minutos.

Y esa misma noche… Con cierta inseguridad y nervios, llamo al tal Sr. U. y contesta una voz femenina, que afirma que no se encuentra el señor buscado. No sé si será su esposa u otra familiar pero, para no fastidiar llamando repetidas veces, decido terminar el asunto de una vez, aclarándole que es por el objeto recuperado.

- Ah, ¿sí? No lo sabía, porque mi niño no me dijo nada…

Sea que fue un niño y estoy hablando con su mamá. ¿Y lo de la recompensa?

- ¡No, nada de recompensas! Es suficiente su sentimiento ya. Y, más bien, muchas gracias por haberse tomado la molestia de llamarnos.

El agradecido debería ser yo…

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La Otra Orilla

Como todos los años se celebra el Festival de las Flores de la Otra Orilla a finales de septiembre y yo como siempre salgo con mi cámara fotográfica. La verdad es que dudo un poco porque esta vez no sé cómo habrán quedado las flores luego del paso del tifón número 15 días antes pero, bueno, no dejo de aprovechar un viernes libre…

Para empezar, las flores han resistido bien, seguramente porque son plantas bien bajitas y no muy afectadas por el viento.

Pero, en el bosque también hay árboles caídos… ¿será por el mismo tifón?

Bueno, este pequeño bosque está junto a la orilla de un río donde, en épocas de buen clima, se puede jugar con agua, pescar, hacer parrillada o simplemente echar una siesta… Hoy no está haciendo muy buen tiempo pero igual bajo hasta ahí y lo que encuentro…

Un derrumbe en la otra orilla

y un puente intransitable. Bueno, es un puente diseñado así, de tablas de madera que se desmontan cuando el río crece, así que se podría decir que está funcionando debidamente pero la verdad es que me hubiera gustado verlo transitable…

De todas maneras, en el sector de puestos ambulantes se siente el mismo ánimo festivo de todos los años. Esta vez, para variar, me fijé en los letreros y banderolas:

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Accidente de Trabajo

Todo empleador tiene la obligación de inscribir a sus empleados al Seguro contra Accidentes de Trabajo y pagar su prima. Es lo que estipula la ley pero hay empleadores, sobre todo en caso de pequeñas y medianas empresas, que no cumplen con su obligación, para “ahorrar” los gastos. Y también hay casos de empresas que, a pesar de estar pagando el seguro, no quieren, en caso de accidentes, tramitar debidamente el pago de indemnización de dicho seguro, porque temen que las autoridades, al enterarse de la incidencia del accidente, investiguen la condición laboral de la empresa y descubran, quizá, la falta de medidas de seguridad…

Más o menos así puede ser lo que un japonés común entiende del Seguro contra Accidentes de Trabajo. Quizá no sea del todo exacto pero lo dejaré así, porque no pretendo que esto sea un dato de referencia (si es para buscar informaciones correctas, lo indicado sería acudir a especialistas en el tema: abogados)… Lo que acabo de poner es solo una vaga idea para comenzar la entrada. A ver, cómo sería el caso de hoy…

Llegamos al centro de trabajo de A.E., quien ingresa un código secreto para abrir la puerta. Entramos y noto que dentro también hay medidas de seguridad: cámaras ocultas que nos vigilan, advertencias en varios idiomas para que no se nos ocurra hacer travesuras ni fechorías, etc. Nos quitamos los zapatos y subimos hasta el tercer piso. La pared del estrecho pasillo está llena de carteles de anuncios e instrucciones sobre alguna campaña de seguridad laboral, objetivo de la empresa, metas para la temporada, etc., entre los cuales aparece un marcador

que dice:  

REGISTRO DE TRABAJO SIN ACCIDENTES
Nuestro objetivo: 365 días sin accidentes.
Al día 19 de septiembre, llevamos 121 días sin accidentes.

Entramos a una sala y A.E. pregunta por un tal Sr. T., pero dicen que no está. Que acaba de salir, para ir al hospital acompañando a una latina que esta mañana se ha golpeado la cabeza… O sea, ¿otro accidente laboral? A.E. aclara que tiene cita con el mencionado señor y que para eso ha venido especialmente con un amigo (sea, yo) que va a ser traductor. Los de la fábrica insisten en dejar la cita para otro día porque no se sabe a qué hora volverá el Sr. T. Hoy, pero A.E. no cede… y, al final, quedan en que les dejamos nuestro número de teléfono para que nos llamen cuando vuelva el Sr. T. Son las 9:30 y no sabemos cuántas horas esperaremos la llamada, pero de todas maneras salimos de ahí para matar tiempo de alguna manera, quizá mirando en las tiendas y luego tomando café o almorzando.

A.E. dice que son así los jefes de esta fábrica de alimentos procesas (más precisamente, de sándwiches), que no quieren tramitar el pago de indemnización de su accidente, donde él, trabajando bien apurado un día, por error agarró un cuchillo al revés y se hizo profundos cortes en los dedos. Tres días reposó pero luego lo llamaron para que volviera a trabajar con esfuerzo, así que obedeció aguantando el dolor pero, días o semanas (no recuerdo bien el detalle) después, el dolor seguía insoportable y pidió permiso para descansar de nuevo… De ahí viene el tema del costo médico e indemnización por los días no trabajados… A.E. me muestra muchos papeles de no sé qué solicitudes, que su jefe no quiere tramitar, supuestamente. Sin saber demasiado detalle, a mí no me correspondería opinar nada pero no negaré que mi primera impresión de la fábrica no fue muy buena, por la actitud poco amable de las personas que hemos visto y por el hecho de que justo esta mañana acaba de ocurrir un nuevo accidente, que no sé si será por casualidad o si es cosa de cada día…

La esperada llamada llega horas después… Decidimos terminar nuestro almuerzo en el chifa (o restaurante chino) en que nos encontrábamos y en 20 minutos llegamos a la fábrica, a conversar con el Sr. T., quien nos explica el caso de manera aparentemente cortés: que en cuanto al costo médico, la fábrica ya ha realizado el trámite del seguro, por lo que, teóricamente, A.E. ya no está pagándolo de su bolsillo, ¿cierto? , y en cuanto a la indemnización por los días no trabajados, lo que debe hacer A.E. es llevar este otro formulario al hospital y pedirle a su doctor que rellene su espacio, para que luego la fábrica pueda enviar el documento a las autoridades competentes para finalmente decidir si se otorga o no la solicitada indemnización.

A.E. saca unos papeles más: recetas y certificados médicos para que su jefe compruebe que A.E. efectivamente sufre del dolor en los dedos, pero no sirve porque, según el jefe, el hecho de tener el dolor y/o estar en tratamiento médico no significa automáticamente que el paciente no pueda trabajar (algo que sí me parece cierto porque hay muchas personas que trabajan aún siguiendo algún tratamiento médico), por lo que es preciso que el médico dé su opinión y de ahí son las autoridades las que toman la decisión. Lo complicado es que hay dolores/síntomas que solo el paciente puede sentir, sin manera objetiva de diagnóstico o medición, casos en que a veces pueden darse decisiones oficiales no muy satisfactorias para el paciente, quizá… pero, en fin, las decisiones vienen de las autoridades y no del empleador…

Tras el intercambio de más preguntas, dudas, respuestas y aclaraciones, la conversación termina en aparente calma… Salimos de ahí.

A.E. y su otro amigo siguen comentando que la fábrica está tratando de no realizar no sé qué trámite y para eso nos está entregando no sé qué papeles ya entregados anteriormente o que a propósito está procesando el trámite con lentitud o no sé qué más… Bueno, sin saber demasiado detalle, a mí no me correspondería opinar nada pero la explicación del Sr. T. no me pareció tan ilógica… De repente puede estar realizando lo que debe realizar, sin que lo entienda A.E. por falta de conocimientos del idioma y sobre el sistema del Seguro contra Accidentes de Trabajo, o puede que sea yo el tonto al creer ingenuamente la versión de un malvado jefe. No sé cuál sería el caso.

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