“Todo empleador tiene la obligación de inscribir a sus empleados al Seguro contra Accidentes de Trabajo y pagar su prima. Es lo que estipula la ley pero hay empleadores, sobre todo en caso de pequeñas y medianas empresas, que no cumplen con su obligación, para “ahorrar” los gastos. Y también hay casos de empresas que, a pesar de estar pagando el seguro, no quieren, en caso de accidentes, tramitar debidamente el pago de indemnización de dicho seguro, porque temen que las autoridades, al enterarse de la incidencia del accidente, investiguen la condición laboral de la empresa y descubran, quizá, la falta de medidas de seguridad…”
Más o menos así puede ser lo que un japonés común entiende del Seguro contra Accidentes de Trabajo. Quizá no sea del todo exacto pero lo dejaré así, porque no pretendo que esto sea un dato de referencia (si es para buscar informaciones correctas, lo indicado sería acudir a especialistas en el tema: abogados)… Lo que acabo de poner es solo una vaga idea para comenzar la entrada. A ver, cómo sería el caso de hoy…
Llegamos al centro de trabajo de A.E., quien ingresa un código secreto para abrir la puerta. Entramos y noto que dentro también hay medidas de seguridad: cámaras ocultas que nos vigilan, advertencias en varios idiomas para que no se nos ocurra hacer travesuras ni fechorías, etc. Nos quitamos los zapatos y subimos hasta el tercer piso. La pared del estrecho pasillo está llena de carteles de anuncios e instrucciones sobre alguna campaña de seguridad laboral, objetivo de la empresa, metas para la temporada, etc., entre los cuales aparece un marcador

que dice:
REGISTRO DE TRABAJO SIN ACCIDENTES
Nuestro objetivo: 365 días sin accidentes.
Al día 19 de septiembre, llevamos 121 días sin accidentes.
Entramos a una sala y A.E. pregunta por un tal Sr. T., pero dicen que no está. Que acaba de salir, para ir al hospital acompañando a una latina que esta mañana se ha golpeado la cabeza… O sea, ¿otro accidente laboral? A.E. aclara que tiene cita con el mencionado señor y que para eso ha venido especialmente con un amigo (sea, yo) que va a ser traductor. Los de la fábrica insisten en dejar la cita para otro día porque no se sabe a qué hora volverá el Sr. T. Hoy, pero A.E. no cede… y, al final, quedan en que les dejamos nuestro número de teléfono para que nos llamen cuando vuelva el Sr. T. Son las 9:30 y no sabemos cuántas horas esperaremos la llamada, pero de todas maneras salimos de ahí para matar tiempo de alguna manera, quizá mirando en las tiendas y luego tomando café o almorzando.
A.E. dice que son así los jefes de esta fábrica de alimentos procesas (más precisamente, de sándwiches), que no quieren tramitar el pago de indemnización de su accidente, donde él, trabajando bien apurado un día, por error agarró un cuchillo al revés y se hizo profundos cortes en los dedos. Tres días reposó pero luego lo llamaron para que volviera a trabajar con esfuerzo, así que obedeció aguantando el dolor pero, días o semanas (no recuerdo bien el detalle) después, el dolor seguía insoportable y pidió permiso para descansar de nuevo… De ahí viene el tema del costo médico e indemnización por los días no trabajados… A.E. me muestra muchos papeles de no sé qué solicitudes, que su jefe no quiere tramitar, supuestamente. Sin saber demasiado detalle, a mí no me correspondería opinar nada pero no negaré que mi primera impresión de la fábrica no fue muy buena, por la actitud poco amable de las personas que hemos visto y por el hecho de que justo esta mañana acaba de ocurrir un nuevo accidente, que no sé si será por casualidad o si es cosa de cada día…
La esperada llamada llega horas después… Decidimos terminar nuestro almuerzo en el chifa (o restaurante chino) en que nos encontrábamos y en 20 minutos llegamos a la fábrica, a conversar con el Sr. T., quien nos explica el caso de manera aparentemente cortés: que en cuanto al costo médico, la fábrica ya ha realizado el trámite del seguro, por lo que, teóricamente, A.E. ya no está pagándolo de su bolsillo, ¿cierto? , y en cuanto a la indemnización por los días no trabajados, lo que debe hacer A.E. es llevar este otro formulario al hospital y pedirle a su doctor que rellene su espacio, para que luego la fábrica pueda enviar el documento a las autoridades competentes para finalmente decidir si se otorga o no la solicitada indemnización.
A.E. saca unos papeles más: recetas y certificados médicos para que su jefe compruebe que A.E. efectivamente sufre del dolor en los dedos, pero no sirve porque, según el jefe, el hecho de tener el dolor y/o estar en tratamiento médico no significa automáticamente que el paciente no pueda trabajar (algo que sí me parece cierto porque hay muchas personas que trabajan aún siguiendo algún tratamiento médico), por lo que es preciso que el médico dé su opinión y de ahí son las autoridades las que toman la decisión. Lo complicado es que hay dolores/síntomas que solo el paciente puede sentir, sin manera objetiva de diagnóstico o medición, casos en que a veces pueden darse decisiones oficiales no muy satisfactorias para el paciente, quizá… pero, en fin, las decisiones vienen de las autoridades y no del empleador…
Tras el intercambio de más preguntas, dudas, respuestas y aclaraciones, la conversación termina en aparente calma… Salimos de ahí.
A.E. y su otro amigo siguen comentando que la fábrica está tratando de no realizar no sé qué trámite y para eso nos está entregando no sé qué papeles ya entregados anteriormente o que a propósito está procesando el trámite con lentitud o no sé qué más… Bueno, sin saber demasiado detalle, a mí no me correspondería opinar nada pero la explicación del Sr. T. no me pareció tan ilógica… De repente puede estar realizando lo que debe realizar, sin que lo entienda A.E. por falta de conocimientos del idioma y sobre el sistema del Seguro contra Accidentes de Trabajo, o puede que sea yo el tonto al creer ingenuamente la versión de un malvado jefe. No sé cuál sería el caso.