Archivo mensual: septiembre 2010

“Me lo prestas ¿ya?”

- Mira este libro, que me prestó el amigo X. Está muy interesante.
– Ay, ¡qué bien! ¿Ya lo leíste?
- Sí.
- Entonces, me lo prestas ¿ya?
– Bueno… entonces voy a pedir permiso al amigo X cuando lo vea la próxima vez.
- Pero ¿¿para qué?? Préstamelo nomás. No seas malo.
– ……

El problema es que al tratarse de un libro que no es mío, yo tengo la obligación de cuidarlo bien y sin falta devolvérselo al amigo X en cualquier momento que él lo necesite o tan pronto como yo ya no lo necesite. Para cumplir con este compromiso, no debo incurrir en el “doble préstamo” (prestar a otro amigo ese libro que no es mío), a menos que me lo permita su propietario. Es la regla de “préstamo” para mí y creo que para muchos japoneses también, pero parece que no es así para muchos de los amigos latinos que he conocido…

Fue algo bastante chocante para mí al principio, pero estoy llegando a la conclusión de que algunos (¿no pocos?) amigos latinos, cuando prestan sus libros a otros, no esperan que se los devuelvan (o solo “prestan” los libros que no les importa que desaparezcan), y quizá por eso no se les ocurre evitar el “doble préstamo”, práctica que parece ser lo más natural del mundo para algunos… Para confirmar esta teoría mía, es que más de una vez he tenido conversaciones así:

- Mira, he traído el libro que me prestaste la vez pasada.
– Bueno, guárdalo si quieres. No hay apuro.
– ……

Bueno, en casos así no pasa nada, pero el problema es cuando yo presto mis libros a mis amigos latinos, sin darnos cuenta de que tenemos diferentes maneras de interpretar la palabra “préstamo”.

No pretendo generalizar las cosas y aclaro que aquí solo hablo de algunos amigos/casos aislados, pero es que he tenido experiencias así: Luego de haberles prestado los libros, pasan semanas, meses y años, y no me devuelven nada. Ni siquiera me comentan nada, si ya han terminado de leer o todavía, si les han gustado o no… Después de esperar una eternidad sin noticia al respecto, tengo la más firme convicción del mundo, de que mis libros deben haber quedado en el más profundo olvido de mis amigos, que ya a estas alturas jamás comenzarán a leer nada, o sea que ellos NO deben de necesitar mis libros mientras que yo sí. Un día me armo de valor y pido que me devuelvan lo que les había prestado. A regañadientes buscan el libro que seguro que no han leído ni les interesa leer ya, diciendo algo que yo no esperaba

- Pero, ¿¿¿¿¿es que no me los habías regalado?????

Bueno, si es así, yo preferiría que se usara el verbo “regalar” en lugar de “prestar” desde el principio: Que me digan “¿Me lo regalas?” y no “¿Me lo prestas?”. Y es que para mí, los libros interesantes no son para leer una sola vez. Son, más bien, como una base de datos que sigo consultando de vez en cuando, para repasar, recordar o citar los datos, informaciones, expresiones y palabras interesantes, etc…. y eso, especialmente sin son libros de temas que me interesan, como éstos por ejemplo.

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Cien años de soledad

Todo comenzó el jueves 29 de julio con el descubrimiento de una momia, de quien hasta esa fecha era considerado el hombre vivo más anciano de Tokio. Se supone que murió hace alrededor de 32 años, porque se encontraron periódicos del año 1978 junto a su lecho en la habitación donde, según las primeras versiones de sus familiares que aún viven en la misma casa, el ahora difunto se encerró tras declarar su intención de convertirse, ya de vida, en buda y prohibió terminantemente que abrieran la puerta. Ni los vecinos ni las autoridades municipales se enteraron del hecho durante tres décadas y el hombre siguió viviendo, oficialmente, y por ende recibiendo sus pensiones del seguro social.

Alarmadas por el caso, las prefecturas y municipios de todo el país comenzaron urgentemente a averiguar la situación actual de todos y cada uno de sus habitantes de 100 ó más años de edad, labor de investigación que viene dando resultados poco tranquilizantes, con numerosos casos de ancianos de paradero no confirmado, tipo

  • “Los familiares del anciano rechazan la visita del encargado del municipio, o afirman que el anciano salió a trabajar/pasear hace X años y no ha vuelto desde entonces o que simplemente no saben el paradero del anciano, etc”
  • “El encargado visita el domicilio del anciano y descubre que ahora vive otra familia.”
  • “El encargado visita el domicilio del anciano y solo encuentra el lugar convertido en terreno desocupado, parque, etc.”

Mientras tanto, también salen a la luz varios otros casos de muertes no notificadas, donde durante años o meses convivía un hombre de Tokio con el cadáver de su madre de “104 años” (porque no tenía dinero para realizar sus funerales, supuestamente), otro hombre de Ôsaka con el de su padre (de “86 años”), y otra mujer de Ôsaka con los restos de su madre que de vida hubiera cumplido 91 años, etc.

Así, la “desaparición” de los ancianos fue el tema que, junto con el tremendo calor y la incertidumbre política de siempre, siguió ocupando espacios en los medios de prensa durante todo este verano y no se sabe si tendrá una solución definitiva. Lo cierto es que aquí hace tiempo que se daban casos de “muerte en solitario” (cosa que pudo ocurrir incluso a una renombrada actriz, por ejemplo) y para prevención aparecían insólitos productos y servicios como el “termo que cada día envía informes sobre su uso automáticamente por correo electrónico” (para que los familiares puedan saber que el anciano/a que vive solo/a se encuentra bien porque está tomando su té a la hora de siempre o que le pasó algo porque hoy no ha tomado té durante todo el día…), pero se creía que los ancianos que vivían acompañados tendrían menos problemas… Y resulta que ahora las autoridades tendrán que cambiar de idea, porque los casos destapados últimamente han demostrado que con o sin familiares que vivan juntos, igual pueden suceder problemas.

Se supone que Japón es uno de los países de mayor longevidad en el mundo, pero en realidad habría que ver no solo la duración sino la calidad de la vida.

Para pensar en el Día de Respeto a los Ancianos

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Escena de un día en mi oficina

A la hora de comenzar a trabajar después del descanso para almuerzo:

- “Ahora vamos a comenzar la reunión de la tarde. Para comenzar, pues, ¿tiene algo que decir, jefe?”

- “Pues…, seguramente lo habrán leído ya en el tablón de avisos de la División de Asuntos Generales, pero les reitero que el día ** cerraremos la ejecución del presupuesto para la primera mitad del año, así que si necesitan solicitar la compra de algo antes, pues apúrense en sus trámites. Y otro aviso, este viernes llevaremos acabo un … blablablá…”

- “¿Y hay más anuncios, de parte de ustedes?”

- …

- “Si no hay más anuncios, pues, de mi parte les cuento que en el trabajo estoy con el proyecto *** para desarrollar el programa controlador del aparato ***. El proyecto está en la fase *** y yo en estos momentos estoy preparando la documentación ***, que espero terminar para el día ***…
Y en lo personal, bueno, les comento que el otro día asistí a la boda de un amigo, y…. Pues, yo pienso que cada uno tiene sus colores preferidos y está bien así, pero es que… el ambiente de ese salón era de colores un poquito oscuros para una boda. Y no solo eso: para colmo fue que, ahí entre los presentes se encontraba un bonzo, con ese típico
kesa (hábito de monje budista). Y así pues, les juro que me pareció el ambiente más auténticamente funerario que nupcial…
Más tarde me enteré de que el bonzo estaba ahí porque lo invitaron como amigo del novio, y de que para los monjes budistas, el
kesa es su vestido formal, con el que asisten a todo acto formal. O sea que no hubo nada extraño ahí en realidad pero… Pues, permítanme recomendarles que, en caso de invitar a un bonzo a una boda (aunque no creo que sea muy probable), ese monje lleve un vestido de color un poquito más alegre…”

(Risas)

Bueno, de mi parte no tengo nada más que decirles y, si nadie tiene más anuncios, pues damos por terminada la reunión de la tarde.”

Bueno… En mi oficina, antes volver al trabajo por la tarde se hace una breve reunión para compartir avisos e informaciones importantes entre todos los miembros de la sección.  Se turnan todos los chicos para dirigir dicha reunión.  El encargado del día, además de moderar los anuncios, tiene que informar sobre su trabajo y también contar algo de su vida privada, alguna anécdota, cosas interesantes o lo que sea…, siendo el mayor quebradero de cabeza para algunos el encontrar un tema interesante para esta última parte de “anécdotas” el día que les toca hablar.

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Por primera vez

Un día de verano, aprovechando un poquito de tiempo libre salgo a caminar en lo que no iba a ser más que un pequeño paseo cualquiera, pero donde termino encontrando algo que me impresiona…

Y es la cantidad de cigarras que veo, por aquí, por allá y por acullá… Bueno, sabido es que aquí durante todo el verano soportamos (o disfrutamos, según cómo se lo tome) el canto de estos insectos alados, y no es nada raro ver [además de oír] una cigarra o dos de vez en cuando, pero confieso que nunca antes las había visto tan a montones y a la vez, y sin siquiera buscarlas. Tan solo caminando por una vereda arbolada y encontrarlas en cada uno de los árboles… Esta vez no procedí a cazarlas con el entusiasmo que hubiera tenido de chiquillo de primaria pero, en lugar de eso, no dejo de tomarles cantidad de fotos (fotos que luego, a no ser que aspires ser entomólogo, no tendrían más utilidad que llenar un “cuaderno” cibernético…):

tomando notas de las diferentes especies que hay

y presenciando también la escena de metamorfosis

y sus restos,

en cantidades industriales…

Impresionantes escenas que nunca antes había visto, aún cuando, en mi época de chiquillo de primaria, innumerables veces andaba cazando insectos en los bosques.

Bueno, unos días después, vuelvo a salir y vuelvo a captar una imagen más… y todavía más impactante:

Qué tremendo monstruo, jamás había visto en mi vida…

Y otra cosa más que vi por primera vez este verano:

Unas vacas de berenjena, que estaban en el patio de una casa en mi zona. Debo decir que yo nunca había tenido contacto directo con estas costumbres, que la verdad es que, para mí, eran cosas ajenas que solo se contaban. Bueno, ahora sé que esa tradición existe, de verdad…

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