Archivo mensual: marzo 2010

¿Voluntarios?

Los voluntarios son unos tontos, que por gusto echan a perder su tiempo y plata… No estaría mal que tuvieras ese pasatiempo si fueras lo suficientemente rico y te sobrara plata para botar, pero en otro caso, ¿cómo podrías andar ayudando a los demás, cuando mucho más tienes que pensar en cómo ganarte tu propia vida? Y mira que los demás esos, por más que tú los ayudes, no te van a ayudar a ti cuando tú necesites ayuda….”

Así dicen algunos (como mis padres), mientras que otros piensan de otra manera, o más concretamente tengo algunos amigos que dicen exactamente lo contrario, esos amigos que más que en sus propias vidas, piensan en ayudar a los demás. Si les hablo de mi muy real temor a perder el empleo y no tener la menor idea de cómo sobrevivir después, su consejo para mí es siempre (y más que nunca) el mismo “¡Ayudá a los demás!”. A mí no me disgusta ayudar, pero en caso de que yo me quede sin trabajo, no sé cómo quieren que ayude a los demás si, antes de dar, no tengo con qué vivir yo mismo… Les pregunto y la respuesta es la misma: “Eso no importa. Pensá primero en ayudar a los demás.” No tengo idea, pero lo cierto es que algunos viven así, de verdad, pensando en ayudar a los demás, antes de ganarse su propia vida… Los admiro, pero creo que yo no soy una persona tan admirable como ellos, lamentablemente.

De todas maneras, por ahora no he perdido mi trabajo todavía, y sigo de alguna manera ayudando a los demás, a veces de manera formal como “voluntario”, y otras, simplemente ayudando a mis amigos, conocidos o amigos de mis amigos, que me piden cosas cuando quieren. No me interesa saber si estoy haciendo algo “bueno” o no, porque eso que se llama “voluntario” tendría que ver con “querer” (o más fácil sería pensar en el verbo italiano “volere”, que es lo mismo que “querer” pero más directamente ligado a “voluntario” en su etimología), o sea que es algo que uno hace por que quiere hacerlo. Y si yo hago algo porque yo quiero, eso sería para satisfacer mi propio deseo, y para qué debe ser considerado algo bueno, socialmente, o no. Pero… no sé. A veces hago algo supuestamente “bueno” porque… cuando mi vida es ya un desastre insalvable al que no le queda más que irse decayendo y cuando ahí juntos se van pudriendo mis inútiles conocimientos (de las cosas que estúpidamente sigo aprendiendo cuando en realidad más debería estar estudiando otras cosas, mucho más imprescindibles para sobrevivir, si sobrevivir quisiera seriamente, en el mundo laboral y social en que me he metido), a veces llego a pensar que quizá no estaría tan mal darle a esos inútiles conocimientos míos una oportunidad para que sirvieran de algo o para alguien, en lugar de solo pudrirse. No sé, pero lo cierto es que solo estoy haciendo algo que a mí me gusta hacer, y si ese algo, por casualidad resulta ser más “bueno” que “malo” para alguien (y que además, yo mismo me siento bien compartiendo algo con otras personas), creo que eso no sería un motivo para quejarme… Pero, en fin, yo sigo andando, totalmente desorientado en esta vida.

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La carta

Ya la tenían parcialmente traducida pero con cierto descuido y desorden, y por eso deseaban que alguien elaborara una versión más completa y más presentable. No recuerdo cómo empezamos a hablar del asunto, pero me parece bien interesante y esta vez no dudo en aceptar intentarlo. Manos a la obra, conversando animadamente procuramos ordenar el contenido (que estaba realmente desordenado…) para que luego, yo en casa editara la deseada carta. Bueno, para realizar tal trabajo, tengo bastante voluntad y curiosidad, pero habría que admitir que no soy demasiado hábil, ya que no soy publicista ni diseñador gráfico. Me gustaría saber manejar ciertas herramientas bien poderosas y gratuitas, como GIMP (que alguna vez intenté aprender un poco, pero por falta de tiempo no llegué a avanzar mucho, y lo único que logré hacer fueron unos garabatos como éste, inspirado obviamente por las fotos de esta entrada…), pero por ahora me conformo con un trabajo de lo más simple, hecho solo con OpenOffice.

De todas maneras, por el momento la tenemos ASÍ (aún en construcción), un trabajo de lo más sencillo, pero sí que les está gustando a mis clientes o mis “amigos”. Bueno, al ser cosa de amigos sencillos, basta con algo bien sencillo y es lo que estamos haciendo sin prisa.

Todo comenzó un sábado por la tarde, cuando, por no sé qué, se me ocurrió visitar un restaurante latino y sus dueños se acordaban de mí a pesar de tanto tiempo transcurrido desde mi última visita: Unas cuantas veces había ido, pero hacía años que no iba allá. Antes que comer, empezamos a conversar y ahí viene el asunto de la carta en japonés. Bueno, este pequeño restaurante, o la tienda como dicen, es un típico negocio latino en Japón: Combinación de restaurante y venta de productos alimenticios importados de su país de origen, de administración familiar no demasiado formal, y para atender principalmente a sus compatriotas residentes en este país. A mí me gusta ese ambiente netamente sudamericano, con su sabor y su gente, algo que también atrae, según me cuentan, a algunos japoneses interesados en el aprendizaje del idioma español, que a veces vienen para conversar con la gente hispana, ya sea con los dueños del local o con otros clientes… Bueno, pareciera que todo anda bien, pero, para negocio, quizá se podría procurar captar un poco más clientela japonesa en general, porque está muy limitado el número de latinos aquí y japoneses familiarizados con lo latino, así que para eso y para que siga siendo un lugar de intercambios/encuentros tan interesantes, es que yo deseo aportar un granito de arena con mi pequeña y sencilla carta bilingüe.

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Estampillas japonesas

Si alguna vez hice lo increíble con tal de enviar unas postales con estampillas del país en que me encontraba, es que, más allá del pago de la tarifa postal, las estampillas mismas podían ser parte del recuerdo del viaje y para eso no me importaba pagar un poquito de más… Para mandar las postales, lo más fácil podía ser: subir al avión con las postales sin estampillas, y luego de llevar a Japón mandarlas con estampillas japonesas de 50 yenes, pero eso no me parecía nada gracioso…

A mí, al menos, me gusta recibir cartas con estampillas de otros países, apreciar sus diseños y ver también las diferencias entre los países…

Me parece interesante, entre otras curiosidades, que en estampillas de algunos países sudamericanos esté impresa la palabra “América”, cuando en Japón, a nadie se le ocurriría colocar la palabra “Asia” en las estampillas de aquí. A ver:


Aquí las dos estampillas de pajaritos (las que están arriba y a la izquierda de la de “Japón-Chile) son las “normales” y más usadas, donde, además del dibujo, solamente vemos su valor (“50” y “80”, solo números y sin unidad), la palabra “NIPPON” en alfabeto y otra palabra de cuatro kanjis que dice “Nihon Yûbin” (Correos de Japón). Otras son estampillas conmemorativas o de series con cierta temática, donde vemos (si no se ve bien, las fotos se pueden agrandar con un clic) que están con sus explicaciones, normalmente en chiquitos kanjis pero en algunos casos, hasta en español.

Bueno, para ver mejor, quizá sea mejor recurrir a la página del propio JapanPost o Correos de Japón, que tiene su catálogo de estampillas normales (en total son 28, de valores de un yen hasta 1000 yenes). Para estampillas especiales (conmemorativas, de temáticas, etc), hay un montón (de celebraciones, eventos, paisajes, culturas, héroes de dibujos animados…), pero aquí por ejemplo, vemos las más recientes.

Algo novedoso es que aquí cualquiera puede mandar hacer sus estampillas originales, ya sea con la foto de sus niños, bodas, viajes o de mascotas… El usuario solo necesita enviar su foto y especificar el tipo y número de hojas, y dentro de tres semanas recibirá las estampillas con su propia foto… En algo se parecería al famoso purikura, pero la gran diferencia es que son estampillas de valor oficial… A ver, ¿alguien se animará?

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Festival de muñecas

En el foro de intercambio de opiniones de los lectores del periódico que suelo leer..

Una mamá se queja: “Mi suegra nos ha regalado un juego de muñecas de Hina Matsuri de altar de siete escalones que consiguió de un conocido suyo. Es para nuestra hija, pero ¿cómo puede ser así? Las muñecas hina son para proteger a la niña de los males, y para eso no deben ser de segunda mano… ¿o me equivoco?”

Llegan más de 300 respuestas, en su gran mayoría de simpatía con la descontenta mamá. Algunos incluso afirman que no se deben dar muñecas usadas, ni entre hermanas. En caso de las familias con dos o más niñas, a cada una hay que darle sus muñecas nuevas.

El diario, en una columna en su edición impresa donde cada semana se publica el resumen de un tema interesante del foro, recoge esta vez el tema de las muñecas usadas, y agrega la opinión de un especialista, que consultado por el periódico explica que las muñecas hina ciertamente tenían el significado de “protección contra los males” al principio, cuando la costumbre era de dejar las muñecas llevarse por la corriente del río, en la era Heian, pero más tarde las muñecas pasaron a adquirir otros significados, de “juguete y tesoro de las niñas”, con que se empezaron a fabricar muñecas más preciosas, y de ahí también sucede que la gente común comienza a imitar lo que antes era una costumbre exclusiva de los de arriba. Las muñecas, de mucho valor, ya no eran para dejar al río, y en su lugar fue que se adoptó la regla de que, luego de la fecha del festival, las muñecas deben guardarse rapidito. Entonces , la verdad es que las muñecas usadas no acarrean problemas ya, y más bien si son unas preciosas obras de arte, se pueden pasar de generación en generación como tesoro de la familia.

Bueno, tratándose de cosas de nenas, el asunto no es para mí pero me pareció interesante, sobre todo, el hecho de que entre los propios japoneses puedan existir diferentes opiniones acerca de ciertas costumbres japonesas, y también el que no necesariamente sea muy “correcta” la opinión de la mayoría.

En todo caso… aquí, en media hora termina el tercer día del tercer mes, así que éste sería un tema bien atrasado ya…

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