Archivo diario: 9 diciembre, 2009

El hombre insectívoro del Japón

El día que lo llevé a la oficina, era previsible la reacción de mis compañeros de trabajo: De curiosidad y suspicacia por eso que no se sabe de dónde y para qué trae ese raro chico. Y esta vez, demás, hubo una curiosidad mayor: ¿Quién se atrevería a tomarlo? “Oye, ¿por qué no lo tomas de una vez?” “Pues, tómalo tú si quieres….” “¿Yo? ¡No, gracias!” Bueno, realmente fue interesante ese contraste, entre la reacción de mis compañeros japoneses y la de amigos “compatriotas” de eso. Y es que eso que para mí es un objeto de curiosidad, para guardar y no para consumir, resulta ser de lo más cotidiano del mundo y, si se lo enseño, con absoluta naturalidad me piden que se lo regalara, n para guardarlo, sino para consumirlo de una vez. Bueno, espero que los amigos mexicanos sigan disfrutando de su sabor, pero yo guardaré en mi colección de curiosidades esta botellita de Mezcal con su gusano:

La reacción, no de demasiada aceptación, por parte de mis amigos se deberá a la presencia del gusano, muy posiblemente, ya que no estamos muy acostumbramos a comer tal cosa, pero, bueno, la verdad es que también creo haber escuchado hablar del gusano de avispa, que es rico, dulce, etc.. en Japón. O sea que en Japón también existe la costumbre de comer gusanos en algunas regiones, aunque yo nunca había tenido la oportunidad de probar nada…. Hasta ese momento.

Mi “Gusano Rojo”, tuve que retirarlo de mi escritorio un día, porque un día se dio la orden de no colocar nada en la oficina, sino cosas relacionadas al trabajo. Y parecía que nos olvidaríamos del asunto, para siempre. Bueno, del gusano nos olvidamos, sí, pero algo ocurre años después…

Un día de otoño visitamos a ese chico, que había renunciado luego de trabajar durante unos años con nosotros y cuya familia administraba una finca de manzanas en la zona rural de Nagano (prefectura que fuera sede de los Juegos Olímpicos de invierno de 1998). Ese año le habíamos “comprado” un manzano, y decidimos visitarlo ese día para recoleccionar los frutos con nuestras propias manos y a la vez volver a encontrarnos con nuestro ex compañero, pero, digamos, no necesariamente para comer eso. Algo que muchos deben haber oído mencionar, quizá, pero sin haberlo probado de verdad, como ocurre en caso mío, y por eso fue una cena de curiosidad. Puedo decir que no fue tan feo, ni nada asqueroso, no, y más bien me pareció un plato bastante normal; solo que no lo habíamos probado y punto. Al darnos cuenta de lo que era, un poco de sorpresa llevamos, pero no demasiado rechazo, y lo probamos. A la primera vista, se parecía a cierta especie de crustáceos o pescaditos pequeños, y su sabor… bueno, no lo recuerdo muy bien, pero creo que era normal y más dependía de la manera de condimentarlo. Fue la famosa langosta de tierra, cuya foto se puede ver en Wikipedia en japonés..

Y así fue mi primera, única e interesante experiencia de entomofagia. A ver ¿quién más habrá comido insectos?

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