Archivo mensual: julio 2008

Festivales de verano

…. Es la famosa tierra del té,
De gente cálida, que
mirá lo bien que la pasa
charlando y tomando té.
Vení a visitarnos un ratito,
un momentito o un ratito,
Si querés venite nomás,
que te serviremos un té…

… Así dice la letra de una canción folclórica, que suena mucho por acá y por allá en estos días (o más bien, en estas noches) de festivales de verano de cada barrio, con el infaltable baile popular… Bueno, yo de bon’odori no bailo nada, ni sé las letras de muchas canciones, pero la citada arriba me la sé de memoria porque es precisamente es de mi localidad. La canción en sí no es demasiado interesante, pero por algo se ha hecho famosa a nivel nacional en alguna época, y sigue sonando cada verano, y en festivales de deportes en las escuelas también. Bueno, no está mal tener una canción así de “mi tierra”.

Por otra parte, en la ciudad donde trabajo yo, se celebra un festival de verano más grande y vistoso, que no solo es de su gente local, sino que también atrae a turistas de otros lados. Se llama Festival del Millón de Farolitos, que se ve así:

Y, la verdad es que en estos días de verano es difícil decidir adónde ir a pasear, porque hay tantos eventos interesantes, tradicionales o nuevos, y de origen japonés o extranjero… Ocurre que justo con la temporada de festivales veraniegos coinciden las fiestas patrias de, al menos, tres países sudamericanos, y a veces uno termina yendo a una de esas fiestas patrias, para (re)encontrarse con amigos, para curiosear o, en fin, para pasarla bien….

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Un domingo por la tarde

- ¿Qué te pareció?
-
Yo respeto a quienes creen en esa religión, pero espero que sepan también respetar a los que no comparten su fe.

Es una respuesta que de seguro no le va a gustar a este tipo que está frente a mí, con quien acabo de asistir, en contra de mi voluntad, a un seminario de un grupo religioso. Fue un chico cualquiera, inofensivo a la primera vista, que nunca hubiera conocido si no por un trabajo temporal en que casualmente coincidimos, y que de ahí, al ver que íbamos a trabajar juntos un día más, me había invitado a tomar café un domingo por la tarde, oferta que acepté sin sospechar nada, aunque sí que me pareció raro que luego de concertar la hora y lugar me volviera a llamar una vez más para decirme que él posiblemente aparecería con vestido demasiado formal pero que no me asustara, que solo que vendría a verme luego de asistir a una boda. Y, bueno, así nos encontramos a tomar un café y conversamos un rato. Nada raro hasta ahí, si no por lo que vino después: Cuando, saliendo del café luego de pasar un rato conversando, pensaba que ya nos despediríamos, inesperadamente me dice que iba a asistir a una “reunión” en un local cerca, a donde quiere que lo acompañe. Bueno, lo acompaño, hasta un local de la Municipalidad, y recién ahí me entero de que se trata de un seminario de un grupo budista. Preferiría no meterme en tal cita, pero el chico insiste, que no pasará nada, y termino cediendo por una vez más. Y el seminario… En una amplia sala hay decenas, o casi cien o más de cien.. no sé, asistentes, que escuchan atentamente la enérgica prédica, centrada en cómo el Gran Maestro, fundador de esa escuela, vencía y convencía a sus enemigos, hasta que éstos no tuvieran otro remedio que aceptar totalmente la enseñanza de Él, basada en un determinado sutra que es, supuestamente, la única y verdadera manera de salvación, sin la cual la humanidad no tendría otro destino que el infierno, por más que recurra a otras religiones, otros profetas, otras ciencias o cosas por el estilo que son todos herejes malignos. De vez en cuando el seminarista invita a los presentes a repetir o recitar alguna oración o no sé qué, y todos obedecen con un auténtico fervor. Eso sí, es impresionante, cómo las personas pueden llegar a creer, de manera tan fanática, en algo que a mí no me interesa en absoluto. Como sea, al parecer, esa gente no solo busca su propia salvación, sino que pretende convertir al pueblo japonés entero, para establecer un Estado basado en su religión y construir un “Altar Nacional” o algo así que no termino de entender muy bien. Al menos se podría decir que es una religión muy excluyente y agresiva, cuyos creyentes son unos verdaderos militantes.. Por suerte, durante el seminario no pasa nada más que la “prédica”, que ya termina. Luego, sin embargo, él tipo aún no me quiere dejar, y ahora entramos a un restaurante a conversar un rato más. Bueno, yo estoy medio molesto pero hablar sí acepto, y de ahí la pregunta ¿qué te pareció?

Yo no tengo mucho que decirle: Que cada uno tiene derecho a profesar su religión preferida, pero nadie puede obligar a nadie a creer o no creer en nada. Solo eso. Creo que es algo bastante sencillo, pero lamentablemente este tipo no me quiere entender, y empieza inútilmente a tratar de convencerme de lo “verdadera” y “única” que es su religión, tratando de asustarme, inútilmente también, con el cuento de muerte, infierno, vida arruinada o cosas por el estilo que sería la suerte de los que no aceptan Su religión. Yo me niego a creer nada de lo que dice este chico, porque simplemente no soy capaz de decir “Sí, creo” en algo en que no creo. Porque, si bien es fácil pronunciar la palabra c-r-e-o, no sirve para nada si uno no cree de verdad, de corazón. Y por otra parte, no sé cuántos dioses, cuántas religiones existen en este mundo, y si la mayoría de los dioses/religiones son incompatibles entre sí, pienso que aceptar a un dios y tener su salvación significaría rechazar a los demás dioses y por ellos ser condenado al infierno según esas otras religiones rechazadas. Si aceptara la religión de este chico que está frente a mí, supuestamente me salvaría de Su infierno, pero estaría condenado a otros innumerables infiernos, igualmente horribles, o ¿no? Y en fin, si existen tantas religiones que afirman todas ser la única verdad, llego a pensar que quizá puede haber una verdadera, y todas las demás falsas. Y el problema es que por una simple cuestión de probabilidades, es mil veces o millones de veces más probable que aparezcan predicadores falsos frente a mí.. Y el tipo frente a mí, aparte de repetir sus explicaciones que ya hace rato que no tienen nada de novedad, me dice que se puede comprobar fácilmente la veracidad de su religión: Sentirás algo especial si rezas ese único sutra salvador, y eso será la prueba, así que por qué no vamos ahora mismo a casa de un compañero suyo a comprobarlo. Es una propuesta que no puedo más que rechazar rotundamente: Dice que me van a dejar en libertad si hago esa oración y no siento nada especial, pero ¿quién creería en tal cuento? Si no siento nada al rezar, seguro que van poner cualquier pretexto, tipo “Si no has sentido nada, es porque no has rezado de corazón”… y es demasiado probable que me vayan a retener o secuestrar mientras que no acepte su religión o ¿no?

Antes de que esta inútil conversación sea interminable, decido salir ya. Unilateralmente corto el diálogo y me dirijo a la cajera, cancelo la cuenta y salgo. Pero el tipo me persigue y ahora me retiene físicamente, agarrando mi brazo. Lo único que quiero es que me deje en paz, pero no, y dice que es porque si me deja sin convertirme, me voy a morir. Le digo que no importa, y entonces furioso me exige que declare en voz alta que no me importa morir por castigo de Buda. Eso sí, (si existiera tal castigo de Buda por haber rechazado la enseñanza de este tipo) sí estoy dispuesto a morir, y sin problema lo declaro. Y, este tipo, ahora más furioso, grita Si estás dispuesto a morir, muéstralo ahora mismo, y hace el gesto de empujarme a la calle para que me atropellen los carros que están circulando sin cesar…Bueno, yo acepté la muerte por castigo de Buda, pero nunca jamás acepté morir a manos de este loco. Eso no es castigo de Buda.

Tras caminar largo rato dando vueltas por la zona seguido de este loco, al no ver la manera de cambiar la situación le pregunto… ¿En fin, qué quiere que haga? Y al toque percibo que se aflora la mano que me seguía agarrando…

- Visitar la casa de un compañero y recitar el sutra, nada más.
-
Y si, habiendo recitado ese sutra, no siento nada especial, ¿me dejarán en libertad?
-
Claro, te dejaremos ir, en caso de que reces y no sientas nada.
-
Pues está bien, vamos.

Ya no me agarra.  Con increíble rapidez recupera la serenidad, y caminamos hacia la estación de tren. Al llegar, me dice que va a hacer una llamada telefónica a alguien. Me pide que un rato agarre su bolsa, entra a la cabina de teléfono y empieza a hablar.

Fue el momento más esperado. Suelto su bolsa y me echo a correr, a más no poder….

Y ya no fui a trabajar al día siguiente.

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Calles japonesas

- … De frente vas por esta calle, y en el tercer semáforo volteas a la derecha. Y de ahí hasta el cuarto semáforo y…
-
Estee… ¿De esta esquina hasta ese semáforo, cuántas cuadras son?
-
No sé cuántas cuadras, pero son cuatro semáforos.
-
Semáforos, no. Yo te estoy preguntando cuántas cuadras.
-
Yo no sé contar las cuadras…
- ¿Cómo que no sabes…?
- …
- …

Recuerdo que alguna vez tuve una conversación así con unos amigos latinos. Yo trataba de explicarles cómo llegar a algún sitio, sin tener la menor idea del número de cuadras que tanto les interesaba. Ya no recuerdo a qué lugar íbamos a ir ni cómo era el camino, pero de súbito me viene a la cabeza esa conversación cuando, esperando a un amigo en una estación de tren, miro el mapa de la zona, que no resisto la tentación de fotografiar:

Me interesaría saber, qué clase de explicación me darían esos amigos si les preguntara cómo llegar de un lugar a otro en este mapa: De la flecha amarilla a la roja, por ejemplo, cuántas cuadras serían…. Yo sinceramente no podría explicar nada a nadie sino señalando el mapa, y lo más seguro sería que antes que nada, yo mismo termino perdiéndome, dando vueltas por las mismas cuadras (si se pudieran llamar “cuadras”) sin llegar a ninguna parte.

Y no es que yo sea especialmente despistado; sino cualquiera (japonés o extranjero) puede fácilmente en las calles japonesas, y eso explicaría el porqué de tanto desarrollo y tanta popularidad en Japón del sistema de navegación para automóviles, cuyo último avance es realmente impresionante, cómo se visualizan en su pantalla los mapas tan detallados, las imágenes tridimensionales cada vez más reales, etc. Y eso, mientras que sus fabricantes tuvieron que enfrentar mucha dificultad para introducir estos navegadores a los mercados europeo y norteamericano, por el simple hecho de que no había demanda de un mapa tan caro, en países donde para llegar a un lugar bastaba saber el número y nombre de las calles nomás. De ahí que para probar un navegador, no había otra que empezar con un sistema bien simple, solo para dar informaciones básicas (distancia, nombre de la calle, etc) y una flecha para indicar hacia qué dirección voltear, sistema que a su vez no serviría para transitar por las enmarañadas calles japonesas que ni tienen nombre en la mayoría de los casos.

Bueno, yo sigo perdiéndome en las calles de Japón (no sé si será por andar sin tener el sofisticado navegadora), pero en las ciudades argentinas no me he perdido, casi. En ese aspecto (y en ciertos aspectos más) pienso que las calles japonesas son menos simpáticas que las de otros países…

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Paseo de mascotas

Si se me ocurre contar algo...

En mi trayecto entre casa y trabajo, ayer me crucé con 14 personas que andaban con su(s) perro(s): Una persona paseaba a dos perros, y las demás personas, a un perro cada una. Todos (los perros) andaban desnudos, y todos andaban con sus propios pies. Bueno, la desnudez se deberá seguramente a este calor que está haciendo, y sería mucho más interesante hacer este conteo en otras épocas del año, donde realmente no sé cuál sería la mayoría, los perros vestidos o desnudos. Y acerca de la caminata por sus propios pies, quizá sea una observación de más, inútil, pero se podría agregar que, si bien esta vez no, en otras ocasiones he visto bastantes personas pasear cargando a su perro como si se tratara de un bebe, e incluso una pareja que llevaba a su perro en su cochecito… Bueno, fue por una única vez que vi un cochecito canino en acción, y me puse a pensar para qué podría servir un paseo así…pero, bueno, creo que los amos dispuestos a comprar un cochecito para su perro, seguramente podrían pagar gimnasio para mascotas o lo que sea, así que no habrá que preocuparse….

Lo que noto ahora es que, mientras que tanta gente saca a pasear a sus perros, rara vez encuentro a personas que hagan lo mismo con sus gatos. Y esto, podría parecer una duda rara, pero la verdad es que no. Un día conversando con unos amigos, alguien me afirma que sí hay gente que sale a pasear con sus gatos, con correa y todo. Y luego curioseando (o averiguando) en Internet, también llego a comprobar que sí hay gente interesada en el tema, dentro y fuera del Japón.

Pero, ¿por qué se me ocurre pensar en paseo de gatos? Bueno, para contar mi propia experiencia, es que yo también mantuve, por un tiempo, la costumbre de pasear a mi gato. En mi familia, al principio dejábamos que el gato saliera libremente, pero por ciertos problemas (peleas con otros gatos, heridas, y cuestión de limpieza, etc) que tuvimos, decidimos tener el gato siempre dentro de la casa… y en cambio sacarlo a pasear cada mañana durante la época de vacaciones. En nuestro caso, no fue un paseo para que caminara mucho por la calle, sino que llevábamos al gato a una área verde muy cerca (una especie de parque, con bosques, canchas de deportes y todo) donde podíamos dejarlo jugar un rato, y luego llevarlo de vuelta a casa…. Es un recuerdo de un verano poco común.

En todo caso, una dificultad a la hora de pasear es que al gato le gusta subir a lugares altos, trepar a árboles, etc, y es mucho lío porque muchas veces el felino no tiene la menor idea de cómo bajar de esa altura a donde para subir sube con tanta facilidad….

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Arrozales

Un día de descanso. Voy a visitar a un amigo que vive a las afueras de Tokio. Viajo media hora en tren y luego 15 minutos en ómnibus. Luego de bajar en la última parada, tengo que caminar un poquito, en una zona más o menos tranquila de casas y arrozales. No son arrozales demasiado extensos, sino más bien son parcelas relativamente pequeñas, pero de todas maneras es mucho verde ya.

Miro por ahí y noto que hay una “parejita” que está paseando por un arrozal…. Digo “paseando” pero a la vez “trabajando” quizá, aunque de parte de ellos simplemente la están pasando bien paseando y comiendo…. Bueno, como no tengo apuros, me detengo y saco mi cámara, y luego de unos breves intentos logro captar una imagen de esta simpática parejita:

Bueno, se supone que a partir de la década pasada se viene extendiendo el denominado “cultivo de arroz con patos”, una manera de reducir el uso de agroquímicos, reemplazándolos por estas aves que pueden comer los insectos y malas hierbas, además de que sus excrementos también pueden servir de abonos, etc. Y esto no solo es cultivo de arroz sino algo más, porque después de terminar de cosechar el arroz, los patos se van a la carnicería o restaurantes. Bueno, este último detalle no sonaría muy lindo, pero parece ser que existen ciertos motivos que impiden seguir criando los patos aún fuera de la temporada de cultivo de arroz.

En realidad no sé si lo que he visto hoy es precisamente esta práctica de cultivo de arroz con patos, o si simplemente se trata de unos patos callejeros, no sé, pero sí un motivo para averiguar un poquito las cosas. Y de todas maneras, al tener un poco más de tiempo, me quedo mirando un poco más y ahora sin mucha dificultad saco esta foto, de este otro bicho acuático:

Y pienso en el tremendo croar que oigo en ciertas épocas de verano, al caminar en medio de arrozales cuando voy y vuelvo del trabajo. Siempre oigo su canto, pero lo cierto es que casi nunca me detengo a ver el origen de ese ruido que, junto con el canto de las chicharras, pareciera dar cuenta de que estamos en pleno verano… Bueno, este año no sé si ya se habrá declarado el fin de la temporada de lluvias o no, pero el clima parece ya de pleno verano, con bastante calor

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Al otro lado del río

Media hora más tarde viene un auto, que me lleva a la terminal de Buquebús en Puerto Madero. Con el tema de tarjeta de embarcación (que no tengo porque no me la dieron en la frontera Brasil-Argentina) no tengo mayor problema porque aquí no más puedo rellenar un formulario nuevo. Paso por el control migratorio, y se supone que ya estoy en Uruguay, jurídicamente.

De ahí un largo rato, una hora más o menos, en la sala de espera para luego, por fin subir al buquebús, que sale a las 16.30, con media hora de retraso. El interior del barco es bastante espacioso, y pareciera una gran sala de cine. Solo que no está oscuro, y que en vez de pantalla hay tiendas de comida.

El asiento es libre, y decido sentarme al lado de la ventana…. aunque, para mi decepción, fuera no veo nada interesante; luego de un tiempo de navegación ya no se ve más que el superficie del agua, y un pequeño arco iris en la espuma de la ola levantada por el paso de la nave.

Pero, de todas maneras sigo mirando fuera, hasta que al cabo de tres interminables horas, por fin empieza a divisarse la tierra a lo lejos. Y esa tierra, poco a poco se ve más claro, y a las 21.00 arribo a la Banda Oriental.

Siento una inseguridad, ya que estoy llegando con 90 minutos de retraso (bueno, yo creía que la travesía duraría 2 horas, en vez de 3 horas que duró en realidad, además de que salimos con media hora de retraso desde Buenos Aires), pero me tranquilizo al oír la voz de NL que me estaba esperando pacientemente.

NL es docente de liceo, que una vez estuvo mes y medio en Japón participando en un programa de JICA para jóvenes educadores. Yo no participé en nada, pero acompañando a algún amigo fui al centro de JICA y así fue que nos conocimos por casualidad, hace seis años. Nos encontramos solo en dos ocasiones, pero por cartas hemos mantenido comunicación, sin imaginar que algún día nos volviéramos a reencontrar de esta manera….

Del puerto tomamos un taxi vamos al apartamento de NL. En el taxi, hay un panel de plástico que separa los asientos delanteros de los traseros, para evitar que los pasajeros se conviertan en asaltantes. Al llegar al destino, el taxista dice que son 18 pesos, a lo que NL responde: Cobre 19, colocando 20 pesos en la pequeña apertura del panel plástico (que parece ser de la boletería de estaciones de tren).

Es una zona de casa, bien tranquila. Para entrar al apartamento, primero pasamos un cerco metálico que tendría tres metros de altura y cerrado con llave, cruzamos otra puerta que está igualmente con llave, y pasamos un estrecho pasillo y recién estamos frente a la vivienda.

NL tiene un gato de 20 años de edad, cuya área de actividades no es muy amplia: La cama de NL donde descansa, y su sitio de comida, y también le gusta beber agua de canilla fuera. Cuando quiere algo, maúlla insistentemente.

Tras conversar un rato ya descansamos. Antes de dormir, NL echa insecticida en la habitación porque hay zancudos. Para tranquilizarme dice: No te preocupes, no tienen dengue. Y antes de apagar la luz, enciende una vela para mí.

Son las 24.30.

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Buenos Aires (4)

Luego de desayunar, decido ir al barrio de Palermo. De la Plaza de Mayo tomo el subte y viaje hasta la Plaza Italia. La línea E del subte es una oscuridad, dada la poca luz que hay tanto en las estaciones como en los vagones. Al subir o bajar, el pasajero abre manualmente la puerta, la misma que sí se cierra automáticamente al momento de salir. Bueno, se podría aclarar aquí que en Japón las puertas de tren suelen cerrarse de esta manera: Tras cerrarse la mitad, se detienen un instante y luego vuelven a moverse despacio hasta cerrarse completamente. En cambio, las puertas del subte (línea E) de Buenos Aires se cierran de una vez y con toda fuerza, y me imagino lo doloroso que sería si te machucaras los dedos entre estas puertas. Y me parece curioso que aún así no haya una advertencia al respecto, algo que nunca falta en Japón: Una pegatina en las puertas, que dice algo como “Cuidado con las puertas: No se lastimen los dedos” (Bueno, en Argentina encontré una pegatina de diseño muy parecido y en el mismo sitio, pero con la instrucción de “Apertura Manual: Solo cuando el tren está detenido”).

Como sea, salgo del subte y por un rato paseo por ahí, mirando desde fuera la sede de la Sociedad Rural Argentina, un zoológico, y otros parques con mucho verde. El zoológico está bien concurrido, pero ahora me interesa más conocer el Jardín Japonés. Bueno, yo cuando estoy de viaje, no suelo andar buscando cosas del Japón, pero este famoso jardín me parecía algo especial, que me llamaba mucho la atención y no quería dejar de visitarlo… , por lo que grande fue mi pena al encontrar este aviso en su entrada:

Sin poder hacer nada, me quedo ahí un rato y observo que llegan varias familias que llegan una tras otra, se ponen tristes al leer el inesperado aviso, y se van… No sé si alguna de estas familias hubiera podido sentirse a gusto, si no entrando al Jardín, conversando al menos con un ciudadano japonés… pero, bueno, no sé.

Decido entrar al jardín botánico, que estaba cerca y de entrada libre. Miro las plantas, descanso un rato leyendo el periódico del día (donde, aparte de las noticias del tsunami y del incendio, sale una noticia del Japón, sobre la Princesa Sayako que se va a casar y así se va a convertir en plebeya…).

De nuevo tomo el subte y vuelvo a la Plaza de Mayo. Compro unas cosas de recuerdo y prosigo mi paseo.

…. De súbito escucho un ruido raro a mis espaldas. Miro atrás y hay una mujer, alterada, que se aferra a su pareja y grita algo que no forma palabra. Segundos antes creo haber visto a alguien huir corriendo, o de repente no vi nada… no estoy seguro. Pero, de todas maneras, la única idea que tengo sería así: Que hubo un asaltante o ladrón que arrebató un bolso o algo así de la mujer cuando ésta andaba con su pareja y un amigo más, o así me parece… Un transeúnte que viene de la Plaza me pregunta qué pasa, y yo, contestándole que habrá sido un asalto, no pienso en otra cosa que alejarme de aquí lo más rápido posible. Y para volver al hotel, prefiero llegar ahí pasando por otra calle.

Al hotel llego a las 14.00, justo a la hora de que vengan a recogerme, para llevarme a …

* * *

Este último suceso me llenó de miedo ya que, al ocurrir tan cerca de mí, bien hubiera podido ser yo la víctima. Pero, no sé si de alguna manera fui afortunado, al no haber tenido que presenciar esto hasta el último momento de mi estadía en este país.  Y, de todas maneras, junto con este pequeño terror llega el momento de despedirme de la Argentina….

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